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domingo, 11 de enero de 2009

El preso 46664






«Siempre he atesorado el ideal de una sociedad libre y democrática, en la que las personas puedan vivir juntas en armonía y con igualdad de oportunidades. Es un ideal para el que he vivido. Es un ideal por el que espero vivir, y si es necesario, es un ideal por el que estoy dispuesto a morir». Lo dijo en 1961. Ante un tribunal que lo juzgaba por alta traición. Su alegato era sincero. Tanto, que le llevó a la cárcel durante 27 años.


La coherencia de Nelson Mandela (Qunu, 18 de julio de 1918) le ha convertido en una leyenda política viva. Otros, como el Che Guevara, Gandhi o Martin Luther King, también son admirados por llevar sus ideales hasta las últimas consecuencias, pero contribuyeron al mito sus asesinatos, que dejan, a su vez, la duda de si hubiesen sucumbido al poder. En el caso de Mandela no hay espacio para la sospecha.

'Madiba' —como le conocen en Sudáfrica y que significa 'abuelo venerable'— ha soportado muchos varapalos a lo largo de su vida. Familia de los jefes supremos de la tribu de los 'Tembu', fue formado para convertirse en dirigente de su clan. Pero se rebeló contra su destino: estudió Derecho y se metió en política para combatir las prácticas xenófobas del 'apartheid'. Era negro en un país dominado por blancos que practicaban la exclusión racial. Y no quiso conformarse.

















En 1948, el Partido Nacional de Sudáfrica (PN) había ganado unas elecciones en las que sólo podían votar los blancos y había instalado un sistema de segregación racial. Enfrente tenía al Congreso Nacional Africano (CNA), formado en 1912 para luchar por los derechos de la población negra, al que se unió Mandela en 1942. Recorrió el país promoviendo actos de desobediencia civil, entre los que se incluyeron numerosas acciones violentas. Finalmente, fue arrestado y acusado de alta traición.


El régimen de Sudáfrica le consideraba un terrorista y le tuvo cerca de tres décadas entre rejas. No pensaba lo mismo la comunidad internacional, que orquestó una campaña en su apoyo que dio frutos el 11 de febrero de 1990. Ese día, Mandela salió en libertad después de pasar 27 años en la cárcel.


Durante su primera intervención ante la prensa apostó por encontrar una solución que no menoscabase los derechos de los blancos. Sin rencor. Fiel a sus ideales. Tomó entonces las riendas de la transición de su país y cambió su condición de 'peligroso opositor' por la de presidente, previo paso por las primeras elecciones democráticas a las que acudían sus compatriotas. Fue en abril de 1994.







Una vez en el poder, mantuvo esa coherencia. No se aferró al sillón. Se retiró cuando llegó el momento y siguió luchando por causas nobles, como erradicar la pobreza en África o combatir el sida. Además, ha trabajado como mediador en conflictos como los de Angola, Burundi y la República Democrática del Congo y ha recibido numerosos premios y homenajes.
Mandela es venerado por miles de personas. Lo demuestran las ovaciones que recibió sobre el escenario en la gira '46664' para recaudar fondos contra el sida. Y las palabras que entonces le dedicó Bono (U2): «No es sólo un presidente para Sudáfrica, no sólo para África; es un presidente para quienes aman la libertad: 'Madiba'».
Texto: Raquel Quilez
Fotos: AP
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