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sábado, 27 de junio de 2009

Traumatizados niños soldado regresan a sus hogares en Congo



Algunos se golpean la cabeza contra la pared hasta que los médicos les inyectan tranquilizantes. Otros permanecen mudos días enteros, con sus ojos moviéndose en todas direcciones, como si fuesen animales aterrorizados.

En semanas recientes, centenares de niños soldados, que peleaban drogados y cometieron toda clase de atrocidades en la guerra del Congo, han retornado a sus hogares, en ocasiones, a las mismas poblaciones donde mataron civiles y saquearon sus propiedades.

Algunos han sido obligados a abandonar sus hogares, amenazados por sobrevivientes de las matanzas. En otras ocasiones, sus propias familias no quieren saber nada de ellos.

Esos niños fueron secuestrados por rebeldes y usados como combatientes, trabajadores, maleteros o esclavos sexuales en una guerra que devastó durante años la parte oriental del Congo, rica en minerales.

Los niños soldados ayudaron en noviembre a asesinar a 150 civiles en una matanza que se prolongó durante dos días en Kiwanja, pero en enero el presidente Joseph Kabila invitó a soldados de la vecina Ruanda a ayudar a poner fin al conflicto.

El líder rebelde Laurent Nkunda fue detenido y sus milicianos integrados en el ejército. Esa circunstancia ha hecho que grupos de defensa de los niños, aprovechando la estabilidad relativa, intenten persuadir a milicianos y a rebeldes que dejen partir a aquellos combatientes menores de 18 años.

Por lo menos 478 niños, entre ellos 15 jovencitas, fueron desmovilizados en la parte oriental del Congo entre enero y febrero, informó la Unicef.

Despojados de sus uniformes, armas de fuego y machetes, muchos de esos menores mantienen su agresividad, fomentada durante años en los que fueron drogados y lanzados al combate. Algunos tienen cicatrices en sus brazos, pues sus jefes solían cortarles la piel con cuchillos a fin de frotar hierbas en ellas y convencerlos de que las balas rebotarían de sus cuerpos sin hacerles daño.

Los trabajadores de grupos de asistencia humanitaria dijeron a un periodista de The Associated Press que esos menores habían sido programados para mentir. Tanto milicianos como rebeldes les ordenaban que no revelaran su edad, sus nombres, de donde provenían y cómo habían sido reclutados.

Cuatro de los menores hablaron con el periodista de The Associated Press a condición de no revelar sus identidades y describieron cómo se unieron de buena gana al Frente de Resistencia Patriótica Mai-Mai un mes antes de la matanza de Kiwanja.
“Nuestra tierra fue invadida. Por lo tanto, nos vimos obligados a pelear. Decidimos ir y combatir juntos'', dijo uno de los menores.

Su amigo dijo que sus padres lo alentaron a que se uniera a los rebeldes. “Los niños fueron usados como carne de cañón. Algunos tenían apenas 10 años'', afirmó Joseph N. Giza, quien trabaja para el grupo congoleño Curar al Africa.

Los empleados de agencias de ayuda humanitaria tienen esperanzas de que los ex niños soldados puedan ser rehabilitados.

Desde 2004, más de 30,000 niños de diferentes partes del Congo han sido desmovilizados y reintegrados a sus hogares y a sus escuelas con ayuda de la Unicef, pero se estima que unos 3,500 menores siguen combatiendo en Congo.

En los meses finales de 2008, rebeldes leales al general desertor Nkunda capturaron grandes sectores del este del Congo, desalojando a soldados del gobierno y a milicianos. Nkunda, de la tribu tutsi, comenzó combatiendo a perpetradores del genocidio de Ruanda. En 1994, miembros de la tribu hutu masacraron a medio millón de tutsis en Ruanda y luego huyeron al este del Congo.

Civiles congoleños también formaron milicias y se alzaron en armas contra los rebeldes. Los políticos que financiaron esas milicias alentaron el reclutamiento de niños.
“En vez de defender al pueblo, el ejército comenzó a saquear y a violar, del mismo modo que los rebeldes. El pueblo se sintió absolutamente abandonado'', dijo Giza.

Un funcionario encargado de proteger a los ex niños soldados y quien pidió no ser identificado por temor a represalias, dijo que está ayudando a crear grupos comunitarios y a persuadirlos de aceptar a los niños combatientes, "pues éstos fueron manipulados por los adultos y no entienden qué estaban haciendo. Esos niños necesitan gran cantidad de amor y de atención'', añadió.

Sin embargo, decenas de menores que retornaron a sus hogares fueron amenazados de muerte.

Fidele Rutabagisha, director del grupo congoleño Curar al Africa, dijo que desde el 20 de enero la organización ha logrado reunir a 360 niños con sus familiares, pero 35 han debido abandonar sus hogares, pues temen ser asesinados.

Entretanto, en Kiwanja, los ex niños soldados también se preocupan por su futuro. Uno, que es un apasionado de toda clase de máquinas, ha tenido suerte. La Federación de Niños Exploradores del Congo le ha encontrado un empleo como aprendiz de mecánico.

Otro dice que desea retornar a la escuela, pero su madre señala que carece del dinero necesario. La madre muestra su cabaña de adobe, con un techo que filtra agua y los repollos que vende para sobrevivir.

Faustin Lyabahinduka, un empleado de un grupo de asistencia humanitaria, dice que “debemos preocuparnos por lo que ocurrirá cuando esos niños tengan 20 años, pues lo que hemos cometido contra ellos hasta ahora es un genocidio intelectual''.

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