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jueves, 24 de septiembre de 2009

El monstruo de la mortalidad infantil

Enfermera de Mozambique

"Están tan débiles... Tienen ocho meses y ni siquiera se pueden incorporar", dijo a IPS en una clínica rural de Homoine, en la sureña provincia mozambiqueña de Inhambane. La otra gemela es cuidada por Daniel, el hijo de cinco años de Christina. El pequeño intenta calmarla mientras camina por el sanatorio, llevándola en una tela atada a su hombro y observando su débil cuerpo y sus ojos apagados.

Un par de horas después, llega el diagnóstico: las gemelas padecen de paludismo severo (malaria). Su tratamiento será difícil, alerta la enfermera, porque también tienen anemia y, al igual que la madre, VIH (virus de inmunodeficiencia adquirida, causante del sida).

Daniel, raquítico para su edad, probablemente debido a una desnutrición crónica, faltó a la escuela varios días para acompañar a sus hermanas. Él y su madre tuvieron que caminar dos horas para llegar al sanatorio, donde ahora deberán quedarse varios días mientras las gemelas reciben quinina intravenosa para tratar la malaria.

Christina tiene razones para su miedo. Mozambique posee una de las tasas más altas de mortalidad infantil: más de 10 por ciento de los bebés no llegan a cumplir un año, según el informe Estado Mundial de la Infancia 2009 del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef).

La principal causa de mortalidad infantil en Mozambique es la malaria, seguida de cerca por el VIH/sida, señala el mismo estudio. No obstante, Stella Langa, médica del sanatorio de Homoine, es optimista sobre las posibilidades de supervivencia de las gemelas, pues su salud mejoró levemente desde que llegaron al centro.

Aunque es improbable que Mozambique reduzca la mortalidad infantil un tercio para 2015 respecto de los niveles de 1990, como establecen los Objetivos de Desarrollo de la Organización de las Naciones Unidas para el Milenio, este país ha hecho algunos avances para mejorar la atención sanitaria a niños y niñas, cree el médico Roberto De Bernardi, jefe de Salud y Nutrición Infantil de la oficina de Unicef en Mozambique.

Un gran avance ha sido la iniciativa Manejo Integrado de Enfermedades Infantiles, con un enfoque integral de la salud de los más pequeños, explicó. "Esto ha implicado actualizar las habilidades de los trabajadores de la salud, fortalecer el sistema sanitario, mejorar las prácticas familiares y comunitarias y tratar las enfermedades neonatales y el VIH/Sida", indicó.

Hoy, alrededor de 10.000 niñas y niños VIH positivos de Mozambique (15 por ciento) reciben tratamiento con medicinas antirretrovirales, contra 500 en 2004, destacó De Bernardi. La mayoría de estos viven en las capitales provinciales, y unos 6.000 en Maputo.

Pero el acceso a las instalaciones públicas de salud sigue siendo un problema: alrededor de 60 por ciento de los 19,4 millones de mozambiqueños viven a más de 30 minutos de distancia a pie de la clínica más cercana. Además, los centros de atención médica fuera de las áreas urbanas tienen pocos medicamentos y escaso personal, sobrecargado de tareas y con limitada capacitación.

El número de niñas y niños mozambiqueños que reciben medicamentos antirretrovirales se incrementó desde que se hizo disponible hace pocos años el sistema de exámenes de sangre seca (DBS, por sus siglas en inglés). Este método puede ser usado en bebés poco después de que nacen. Antes, una mujer tenía que esperar que su bebé cumpliera 18 meses para poder realizarle pruebas de VIH.

El sida (síndrome de inmunodeficiencia adquirida) se desarrolla rápido en bebés y niños, y, sin tratamiento, un tercio de los VIH positivos mueren antes de que cumplan un año, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Por lo tanto, la OMS recomienda que todos los niños VIH positivos comiencen de inmediato un tratamiento antirretroviral, sin importar los síntomas o la cuenta de CD4 (proteína encontrada en las células, que ayuda a combatir el virus), pero esto será difícil de lograr en un país como Mozambique, donde la infraestructura sanitaria es pobre.

El tratamiento a niñas y niños presenta no sólo desafíos médicos sino también psicológicos, dijo Alima Momad, enfermera en la clínica pediátrica de Maputo. "A algunas de las madres les asusta hacerle exámenes a sus hijos porque temen ser discriminadas por la gente que las ve entrar al sanatorio", explicó.

Las gemelas de Christina comenzarán a recibir antirretrovirales pronto. Langa le explicó la importancia de proveerles suficientes alimentos y una dieta nutritiva para apoyar el tratamiento. Le recomendó que visitara la clínica regularmente, aun cuando se encuentra a dos horas de distancia a pie de su casa.

Todo esto será difícil para Christina, madre soltera de 35 años y que apenas tiene ingresos. "Fui a Maputo a buscar trabajo como empleada doméstica. No tuve suerte, pero conocí al padre de las gemelas. Me abandonó cuando quedé embarazada", contó.

Regresó a Homoine para vivir con sus padres y sus dos hermanas. La familia cultiva frijoles y mandioca en su parcela para comer. Como no hay excedentes, Christina debe trabajar en las tierras de otras personas para ganar dinero. "Pero no es suficiente para satisfacer nuestra hambre", afirmó. Está preocupada por la salud de sus hijos, y no sabe cómo encontrar una salida a la pobreza y al hambre. "Quiero hacer algo para ellos, pero no sé qué", lamentó.

Fuente: IPS Noticias
Texto y foto: Ruth Ayisi

2 comentarios:

Mª Mercè dijo...

Éste es un monstruo imparable, hasta que la comunidad internacional no haga algo para evitarlo.

Fátima dijo...

Mientras las ONGS sigan desempeñando el papel que le corresponde a las administraciones, me temo que no hay solución al problema.
Bicos
Fátima

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