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miércoles, 4 de agosto de 2010

"Zungueiras" reinas de Angola


Vendedoras ambulantes en calles y barriadas angoleñas, conocidas popularmente como "Zungueiras", más que motoras de la economía informal, son parte del paisaje cotidiano de este país africano, de más de 17 millones de habitantes. Ellas son, con sus luchas maternales y sacrificios a cuestas, parte del pueblo angoleño: acogedor, alegre y amigo, que baila a golpe de ritmos musicales como la kizomba, la samba y hasta con los nuevos estilos africanos "zouk" y "kuduro".

Cuando los humanos no son más que siluetas móviles al amanecer, ellas despiertan la ciudad con un sonoro: "¿Quien quiere peeeez?" o un "se vende matabicho" (desayuno).

Es el pregón, el anuncio de las "Zungueiras" -a quienes todos respetan- que se multiplican por cientos en la geografía de este país africano, en busca del sustento familiar. Resulta muy común ver a las "Zungueiras" en perenne movimiento en las cercanías del Puerto de Luanda, por caminos estrechos y edificios de la época colonial, que contrastan con las nuevas construcciones erigidas en los centros urbanos de esta capital.



La denominación de Zungueira tiene su origen en la lengua nacional Kimbundo, que significa andar de un lugar para otro sin parar. Para algunos, esas féminas, muchas de ellas jóvenes y carentes de un empleo fijo, poseen el don de la sabiduría, ya que para cada fecha significativa, celebración o época del año, ofertan su canasta de productos, acorde con la ocasión.

En enero, cuando se realizan las matrículas escolares, tocan de puerta en puerta y frecuentan colegios desde los distantes Sao Paulo a la Mutamba y de Prenda a Rocha Pinto, en esta capital, para apertrechar a los escolares de libretas, lápices y hasta libros. Cada febrero, con motivo del Día de San Valentín (el 14) y festividades carnavalescas, ofrecen perfumes, flores e incluso máscaras para todas las edades y gustos.

Tan marcada es la presencia de esas vendedoras, que si el visitante o el nativo las dejara de ver algún día en su deambular por barriadas, sentiría un vacío en el corazón de Luanda, ciudad con más de ocho millones de habitantes.

"Lo que más me impresiona aquí, junto a las playas de la Ilha do Cabo, la cual bordea el océano Atlántico, son las esbeltas "Zungueiras", con sus palanganas sobre la cabeza, repletas de verduras, ropas o zapatos," valoró un turista español, alojado en el hotel Trópico. Y es que en días de sol o de lluvia, o en medio del abigarrado tránsito, ellas, muchas veces con niños de dos o tres años amarrados a las espaldas con los tradicionales paños africanos, dan un toque humano a esta capital, salpicado con un amable "Bom día".



En el Mercado Roque Santeiro, donde se expenden mercaderías de Brasil y otros países, la zungueira Adelina Viera manifestó: "Aquí y en la Plaza Los Congoleños compro las mercancías que luego vendo en las calles. A veces me canso de este oficio tan duro, pero no sé hacer otra cosa y pienso que moriré siendo vendedora ambulante, aunque me gustaría tener un empleo fijo".

Luego de ofertar a un cliente dos pepinos por 200 kwanzas (unos dos dólares), expresa: "Tengo cinco hijos pequeños y cuando llego a la casa, les preparo la comida con lo que gano en el día".



En la céntrica calle Kinanxixi, el joven técnico medio en telecomunicaciones Amancio da Silva, de 26 años, dijo que el nivel de instrucción alcanzado se lo debe en parte a su madre, quien se dedica al comercio ambulante. "Mi mamita, antes de que nos despertáramos mis hermanos y yo, cuando pequeños, ya estaba fuera de casa, con un cesto sobre la cabeza que contenía paños multicolores, libretas, libros, y juguetes para los niños", aseguró.

Mamá Kuiba, una de las sencillas mujeres de pueblo más famosas de Angola, quien durante 34 años trabajó en mercados, consideró que una comerciante no sólo debe preocuparse por vender, sino, sobre todo, debe cautivar a los clientes. Conocida como la Diva de Angola, Kuiba, de 72 años, expresó que cuando las "zungueiras" pasan por la puerta de su casa, con los niños llorando a cuestas, las llama para que descansen, tomen un vaso de agua, aprendan cómo calmar a los bebés y luego puedan continuar su jornada.

Ella, toda sabiduría, trasmite un mensaje de amor: "Deseo que la mujer angoleña tenga la voluntad de estudiar y trabajar, sea unida y buena madre, con disposición y esperanza".

Fuente: Prensa Latina
Texto: Oscar Bravo Fong
Fotos: Global Voices, Jorge Ramos,  M.JO

1 comentario:

Aída Holguín dijo...

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