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jueves, 24 de noviembre de 2011

El portero que hacía vudú a sus contrincantes

Robert Mensah, ex guardameta de Ghana, fue asesinado un día como hoy hace 40 años y desde ese momento nació su leyenda

En Ghana existe un estadio con su nombre, “Robert Mensah Sports Stadium” y pertenece al Mysterious Dwarfs Club (“Los Enanos Misteriosos”). La leyenda del golero, máxima estrella en la historia del equipo, se las contamos a continuación.
Nació en Ghana en 1939 y de él se puede decir que fue el único arquero en el mundo que solo inspiraba miedo. Un miedo real. Robert Mensah vestía siempre de negro, igual que el portero ruso Lez Yashin, ‘La Araña Negra’, pero su característica particular era una gorra blanca que había heredado de su abuelo, un brujo. Desde que cogió la gorra del lecho de muerte de su antecesor, jamás se la quitó mientras estuvo bajo los tres palos. Se dice que la gorra le servía como arma tenebrosa para realizarle vudú a sus rivales. Conocida la leyenda por ese entonces, los jugadores contrarios intentaron muchas veces arrebatarle la gorra, pero fue inútil, el poder maléfico pudo más.
En los partidos Mensah instalaba un ambiente de odio en el estadio y gozaba haciéndolo. Bostezaba cuando el rival no lo atacaba y hasta sacaba un diario para hacer el ademán de leer durante los partidos.
Una vez un equipo rival ‘compró’ al árbitro para vencer al club de Mensah, que por ese entonces era el Asante Kotoko, y el juez cobró un penal. Todos los compañeros de Mensah protestaron, mientras que el golero esperó tranquilo bajo los tres palos sabiendo que atajaría el remate. Pero le pidió que se quitara la gorra. Mensah montó en ira, hizo caso a la orden, se acercó al rematador y lo miró fijamente de manera amenazante. Al rival le temblaban tanto las piernas que pateó la pelota varios metros por arriba del arco.
Cuando era considerado el mejor futbolista africano en 1971, fue atacado por tres hombres en un bar y la herida de una botella rota terminó por provocarle la muerte el 2 de noviembre de 1971. Fue enterrado con su gorra blanca y la maldición se fue con él.
Fuente: El Comercio.pe


lunes, 21 de noviembre de 2011

Retienen el envío sanitario de una ONG a Togo porque la mafia lo utilizaba para introducir armas


El cargamento que la delegación alicantina de la ONG Oasis enviaba a Togo ha estado paralizado durante un mes en el Puerto de Marsella (Francia), después de que se descubriera que la mafia había introducido armas -granadas, minas antipersona y metralletas- en su interior, según ha confirmado un portavoz de la ONG, Javier Sanz.

Los hechos comenzaron en el mes de junio, cuando, como todos los años, la ONG Oasis enviaba material sanitario a Togo, donde participan en un proyecto con niños con discapacidad física, aportando sus conocimientos y material de traumatología y cirugía ortopédica y cirugía plástica y reconstructiva.


Este envío era previo a la expedición que desde hace nueve años hacen a este país, concretamente con la orden italiana que asiste a estos niños y que tienen su misión en la ciudad de Dapaong.

Normalmente, Oasis enviaba el cargamento en un único contenedor cerrado, pero en esta ocasión, ante las dificultades económicas, la ONG decidió seguir el consejo de la empresa de logística y enviar el cargamento mediante el sistema de grupaje, es decir, pagar únicamente la parte de contenedor que se llena.

Al no recibir confirmación desde Togo de que el material había llegado, se pusieron en contacto con la empresa, que "tampoco sabía nada" y no tenía "ninguna notificación de incidencia". Sin embargo, según ha explicado, poco después averiguó que el contenedor había quedado paralizado en el puerto porque cuando pasó "el cargamento por el escáner, detectaron armas: minas, metralletas y granadas, junto con el material médico".

Así, la investigación ha apuntado a que alguien -probablemente redes organizadas dedicadas al tráfico de armas- lo había introducido en el cargamento médico, por lo que éste ha llegado con retraso a su destino, ha relatado Sanz.


'Ajustar el material'

De esta forma, según ha añadido, tuvieron que "ajustar el material" y llevar "el material quirúrgico necesario para la expedición" con los miembros de la expedición. Sanz ha precisado que se llevaron en avión 300 kilogramos de material y que el envío será para las necesidades que tengan en la zona, donde no puede adquirirse productos sanitarios. El material que del contenedor retenido salió de puerto, finalmente, el 20 de septiembre.

La ONG Oasis lleva 9 años realizando una misión sanitaria anual en el norte de Togo, donde colaboran con la orden italiana Don Orione, que atiende a muchachos con discapacidad. Durante los 9 años de ejecución del proyecto, la ONG ha atendido en consultas a 1856 niños y ha intervenido a 290, 195 de ellos menores de 14 años.

La expedición está formada por dos anestesistas, un traumatólogo, un cirujano plástico, una enfermera, un auxiliar y dos cooperantes. De ellos, los anestesistas, el traumatólogo, la enfermera y la auxiliar son profesionales sanitarios que desempeñan su labor asistencial en el Hospital Virgen de la Salud de Elda (Alicante), y el cirujano plástico en el Hospital Santa Lucia de Cartagena (Murcia).

Fuente: El Mundo

viernes, 18 de noviembre de 2011

La Universidad de Navarra pone en marcha la IX Olimpiada Solidaria del Estudio


La Universidad de Navarra, a través de la asociación UAS (Universitarios por la ayuda social), ha puesto en marcha la IX Olimpiada Solidaria de Estudio en colaboración con la ONGD Coopera. Bajo el lema '¿Quieres ser solidario?', cada hora de estudio servirá para que uno de los patrocinadores de la iniciativa destine 1 euro a la financiación de cuatro proyectos educativos en Angola, Camerún, Ecuador y Haití.

   La Olimpiada comenzó el 5 de noviembre y se desarrollará hasta el 5 de diciembre en las salas habilitadas para la contabilidad de las horas de estudio: Biblioteca de Ciencias, Biblioteca de Humanidades (sala de lectura y sala de consulta) y Biblioteca de Arquitectura. Para colaborar con el proyecto, los estudiantes podrán registrar en estos lugares cada hora completada introduciendo el papel moneda equivalente en una urna.

   La Olimpiada Solidaria de Estudio de 2010 recaudó 17.987 euros en la Universidad de Navarra, con la participación de 4.072 estudiantes. El dinero se destinó a un proyecto de reconstrucción de 4 escuelas en Haití.

martes, 15 de noviembre de 2011

La fiebre y sangre de oro en África


De extracciones de minerales a extracciones de derechos humanos, la maquinaria no suele diferir. El Gobierno de Sudán anunció la pasada semana la concesión de 50 contratos internacionales para la explotación de sus yacimientos de oro en seis estados del país, entre ellos, la región de Kordofán del Sur, sede de violentos combates fronterizos. «El mayor reto ahora es contener el agujero presupuestario que han dejado los ingresos del petróleo. No hay intenciones ocultas», asegura Abdel Baqi al Jailani, ministro de Minería del país africano.

Sinceras o no (de los tres nuevos países que participarán del pastel minero -Jordania, Turquía y China-, tan solo el primero reconoce plenamente la autoridad del Tribunal Penal Internacional, quien ha ordenado la detención del presidente Omar al Bashir por crímenes contra la humanidad), las palabras del político reflejan el actual agujero económico de Sudán.

No es un problema menor. Desde la independencia del Sur el pasado 9 de julio, la producción de crudo por parte de Jartumse ha reducido hasta los 117.900 barriles diarios (cuando la conjunta entre ambos territorios ascendía a 459.900). «Jartum siempre mintió sobre la capacidad real de sus reservas. Ahora le toca asumir sus consecuencias», asegura a este diario Deng Alor Kuol, titular de Exteriores de Sudán del Sur. Y es precisamente, tras el embuste, cuando la búsqueda de ingresos alternativos se presenta necesaria por parte del Gobierno de Bashir (porque la defensa de los derechos humanos es ya otra historia).

Expolio consentido
A finales del pasado año, Sudán firmó cuatro acuerdos para la extracción de oro y hierro con empresas internacionales, entre ellas, una filial de la británica Toro Gold. De igual modo, la canadiense La Mancha cuenta con el 40% de los derechos de explotación de la mina de Hassai, cuyas reservas ascienden a 579.000 onzas de oro. Curiosamente, el yacimiento se encuentra a tan solo 30 kilómetros de Bir Ajam, localidad natal de Bashir.

«Sudán es uno de los últimos países africanos que tiene un potencial significativo de oro y no ha sido objeto de intensa exploración sistemática en la era moderna», reconocía Howard Bills, de la empresa minera Toro Gold, durante la cumbre celebrada a comienzos de octubre en Jartum. En otras palabras, en este expolio consentido, es ahora el turno de Sudán. No en vano, desde el pasado año, esta industria da empleo a cerca de 200.000 personas en el país africano.

Aunque otros ya tuvieron (y tienen) similar destino. En 2005, un informe de Human Rights Watch denunciaba que la sudafricana AngloGold Ashanti subvencionó, en la República Democrática del Congo, a la milicia Frente Nacionalista e Integracionista para proteger la mina de Mongbwalu. En sus alrededores, cerca de 2.000 personas fueron asesinadas. «Estas muertes son sólo una parte de los cuatro millones de civiles que han perdido la vida en el Congo (a partir de 1998), el conflicto más sangriento desde el final de la Segunda Guerra Mundial», reconocía el informe.

Aunque el enemigo, a veces, se encuentra en la propia casa. Solo tres años después, otra investigación, en este caso de la ONU, revelaba la implicación de «cascos azules» paquistaníes en una trama de venta de armas a grupos rebeldes a cambio de oro procedente de los yacimientos del Este del país. En la región, a nadie pilló por sorpresa. Convertido en los últimos años en el centro financiero del coltán –mineral indispensable para la fabricación de productos electrónicos–, la región de los Kivus, en la frontera entre el Congo y Ruanda, ejemplifica a la perfección las contradicciones del llamado «oro azul». Un verdadero Wall Street del coltán y el oro, cuyos 200.000 habitantes sobreviven bajo la más absoluta miseria, pero que cuenta con dos de las principales distribuidoras dedicadas a su exportación: JMT y Olive Depot.


Contaminación
Precisamente, para paliar esta carnicería, el Gobierno de Kinshasa obligó, en septiembre de 2010, a todas las compañías mineras de oro que operaban al este del país a cesar su actividad. La medida, de la que estuvo exenta la canadiense Banro, tan solo duró seis meses (algunas analistas aseguran que el veto fue ideado para beneficiar a la propia empresa norteamericana).

Sin embargo, las miserias en la extracción de este mineral no se limitan al Congo y Sudán. Recientemente, la organización Action Aid denunciaba en un informe -«La fiebre del oro: el impacto de la extracción en Ghana»- la escandalosa contaminación sufrida en las zonas lindantes a la mina de Obuasi. Las cifras eran pavorosas: solo los acuíferos de esta localidad del sur ghanés contaban con unos niveles de hierro y manganeso 38 veces superiores al máximo legal. ¿La compañía gestora de este yacimiento? De nuevo, la infame AngloGold Ashanti. Porque la carretera entre Sudán, Congo y Ghana, a veces, es de línea recta.

Fuente: ABC
Texto: Eduardo S. Molano

jueves, 3 de noviembre de 2011

La empresa que expulsó a 20.000 campesinos africanos


La New Forests Company (NFC) fue fundada en Londres en 2004 con un ambicioso objetivo: convertirse en la principal empresa forestal del África oriental. Siete años después -y con una superficie de plantación y tala de 27.000 hectáreas que se extienden por Uganda, Tanzania, Mozambique y Ruanda-, no solo ha alcanzado su meta, sino que en el camino se ha convertido en un centro de poder e influencia en el cada vez más rentable negocio de la compra de tierras en los países pobres. Nombrada “Inversionista del Año” por las autoridades ugandesas en 2008, la NFC ha llamada la atención de importantes financiadores e instituciones internacionales de desarrollo, desde el Banco Europeo de Inversiones hasta el HSBC o un gran fondo de inversión respaldado por el Banco Mundial.
No es para menos. Como destaca la NFC en su página web, su negocio es “garantizar tanto retornos atractivos para los inversores como beneficios sociales y medioambientales significativos”. De hecho, la responsabilidad social y medioambiental constituye una marca de identidad para esta compañía, que parece tener las cosas claras: “prevenir es mejor que curar”. 
Los hechos, sin embargo, muestran el peculiar concepto de ‘responsabilidad social’ de la National Forest Company. De acuerdo con la minuciosa investigación realizada por Oxfam, las inversiones de la NFC en Uganda han provocado la expulsión de entre 20.000 y 25.000 personas de los distritos de Kiboga y Mubende. Miles de familias fueron expulsados de sus tierras entre 2005 y 2010 por la Autoridad Nacional Forestal, que les acusó de haber ocupado ilegalmente este territorio. Aunque en un país cuajado de limbos legales pocas de ellas pudieron demostrar sus títulos de propiedad, existen pruebas de que buena parte de los habitantes han residido en estas áreas desde hace al menos veinte, treinta e incluso cuarenta años.
Apoyándose en el ejército y la policía, la NFC podría haber sido responsable del desalojo violento, el maltrato y la destrucción de las propiedades, cultivos y animales de estas personas. Peor aún, de la pobreza a la que han sido condenadas. Su reacción, sin embargo, ha sido negar cualquier responsabilidad. Durante las últimas semanas se ha producido un amargo intercambio de acusaciones entre Oxfam y la NFC, que afirma que los habitantes de estas regiones abandonaron sus tierras de manera “voluntaria y pacífica”. La compañía niega su implicación en los episodios de violencia y se remite a una evaluación independiente que investigará las alegaciones. Pero todavía no está claro si se permitirá una investigación en profundidad por parte de observadores no controlados por la empresa. Lo único que sabemos hasta ahora es que varias de las personas que denunciaron las acciones de la NFC han sufrido amenazas. Tras un llamamiento de Oxfam a la sociedad británica, la compañía ha realizado el compromiso público de detener los interrogatorios.


Los episodios de Kiboga y Mubende no solo han volatilizado la imagen de fantasía de uno de los principales inversores europeos en la agricultura africana, sino que también han puesto de manifiesto la inutilidad de los códigos voluntarios de conducta promovidos por el Banco Mundial y otros organismos internacionales para regular un fenómeno conocido como ‘acaparamiento de tierras’. Como señala un contundente informe de Oxfam publicado hace algunas semanas, el único modo de garantizar que las inversiones en la tierra de los países pobres no violan derechos  fundamentales de sus poblaciones es someter a todas las partes a reglas firmes, transparentes y equilibradas, incluyendo leyes nacionales de consentimiento libre e informado. Hasta que eso ocurra, los 227 millones de hectáreas vendidos o arrendados desde 2001 en decenas de países pobres ofrecen las garantías jurídicas del Salvaje Oeste.
El vídeo que les presentamos a continuación ha sido cedido en exclusiva este blog por el diario The Guardian y sus autores, Simon Rawles y Noah Payne-Frank, que viajaron a Uganda para documentar este caso. Sus autores han dudado hasta el último momento sobre su publicación en España, ya que varias de las personas que aparecen en él han sufrido coacciones y amenazas. Sin embargo, sus rostros ya eran públicos, así que el modo mejor modo de contribuir ahora a su protección es multiplicar el alcance de estas imágenes.
Texto: Gonzalo Fanjul
Fuente: El País 

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