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miércoles, 7 de marzo de 2012

Mensajeros de la Paz solidarios con las reclusas de Benin

Mensajeros de la Paz suministrará colchones y construirá media docena de duchas en la cárcel civil de Cotonú, capital de Benin, donde la organización trabaja desde hace una décana, según el compromiso que ha trasladado a la dirección de la institución penitenciaria el presidente de la entidad, el padre Ángel García, que se encuentra en el país para conmemorar el 50 cumpleaños de esta asociación española, que desarrolla proyectos en medio centenar de países en apoyo a los colectivos más vulnerables.


En Benín, la asociación mantiene dos centros infantiles y colabora con distintas instituciones, como la citada Cárcel Civil de Cotonú, donde Mensajeros de la Paz lleva trabajando varios años en la mejora de las condiciones de vida de los reclusos. A la tarea ya realizada, como la construcción y equipamiento de un módulo para las internas, se suma ahora el compromiso de levantar media docena de duchas para las mujeres y de suministrar, este mismo viernes, colchones para los presos menores de edad.

Ese es el acuerdo al que ha llegado el Padre Ángel tras una visita a la institución penitenciaria donde se hacinan más de 2.400 hombres, mujeres y niños, aunque de ellos sólo 318 han sido condenados por un juez. El resto, 2.217 hombres, 122 mujeres y 55 menores, se encuentran en prisión preventiva en espera de juicio, pero, tal y como reconoce la misionera de la parroquia madrileña de San Bruno Begoña Díez, "en esta cárcel se sabe cuándo se entra y no cuándo se sale". 

Aunque Benín oficialmente ya no aplica la pena de muerte, que sigue reconocida en la Constitución del país, no son pocos los presos que fallecen mientras están en prisión, en la mayor parte de los casos, por enfermedad. Esta situación ha llegado también a la zona de encarcelamiento de menores, una corrala de arena con muros de hormigón adyacente al patio de los adultos, que cuenta con un barracón de 10 metros por cuatro donde la podredumbre de los colchones de espuma está intoxicando a los niños.
"Cuando vine la primera vez, visité la cárcel y me quedé encogido viendo que las mamás y los bebés dormían allí, en la misma tierra y me dije que esto no podía ser. He visto muchas cárceles y esta ha sido la más inhumana. Había que hacer algo", ha señalado el padre Ángel en declaraciones a Europa Press.

Díez señala que toda la población de la cárcel, que se concentra buscando la sombra en un laberinto de pasillos en torno a barracones austeros y pequeñas chabolas, es encerrada en los pabellones donde deben dormir a partir de las seis de la tarde. La superpoblación del centro es tal, que en estos recintos tienen que colocarse prácticamente "unos encima de otros" y aprovechar cada centímetro cuadrado de suelo para aguantar hasta el amanecer. Por eso, afirma, "si enferma uno, enferman muchos".
Esta es la preocupación que los propios menores han trasladado al padre Ángel, a quien han leído una carta acordada por todos en la que demandan además de los colchones, material escolar --disponen de dos pizarras viejas y gastadas--, maestros para no perder los estudios que cursaban antes de entrar en prisión, medicamentos, materiales para poder fabricar cualquier producto que se pueda vender dentro o fuera de la cárcel y un futbolín para matar el tiempo.


El encargado de la lectura ha sido Rodriguez, un joven beninés que ronda ya la mayoría de edad y que lleva 28 meses en la cárcel esperando a ser juzgado. Es uno de los mayores del grupo y, por eso, no tardará en ser trasladado a la zona donde se hacinan los adultos. Convive con otros 54 chicos, entre los que hay niños de 12 y 13 años de edad. La religiosa explica que si bien alguno de ellos tiene delitos de sangre, la mayor parte han sido acusados de hurto.

HACINADAS SIN VENTILACIÓN Y CON SUS BEBÉS

En la zona de las mujeres, donde viven 122 féminas, la situación es similar. El único barracón como tal, con ventilación y espacio para las literas es el construido por Mensajeros de la Paz, ya que los otros dos de que disponen las reclusas apenas cuentan con diez metros de largo por tres de ancho y, pese a que muchas viven allí con sus bebés, no hay camas, colchones ni esterillas suficientes para todas. Además, sólo disponen de dos duchas que hacen también las veces de retrete.

Por este motivo, sus peticiones de ayuda a Mensajeros de la Paz se han centrado en la necesidad de más espacio para su higiene, aunque también necesitan máquinas de coser y bordar para poder seguir produciendo algo que les permita tener ingresos suficientes para subsistir dentro de la prisión, donde los propios reclusos han organizado una especie de mercado en el que se compra y vende desde la comida hasta el agua potable.

En este caso, la portavoz del grupo ha sido Prisca Legba, que lleva 18 meses esperando a que se vea su caso y que aún confía en la justicia. Más intranquila está Amina Adebolá, una mujer mayor que lleva cuatro años encerrada en espera de juicio. Su mayor preocupación es la pérdida de contacto con la realidad ya que, según ha denunciado, las internas no tienen "papeles en ningún lado" por lo que fuera de los muros de prisión es "como si no existieran". "Ni siquiera sabemos cuándo vamos a salir, tienen que arreglarlo", ha pedido.

La religiosa recuerda que en esta cárcel conviven violadores con asesinos, con ladrones de comida y "con muchos, muchos inocentes" y coincide con el padre Ángel al destacar que sean o no culpables, son seres humanos y las condiciones de reclusión deben ser en cualquier caso, respetuosas con sus derechos fundamentales.

"En el transcurso de estos cincuenta años de Mensajeros de la Paz me he encontrado muchos técnicos y listos, pero hagop mía la afirmación de la Madre Teresa de Calcuta: 'a mí dejadme darles de comer, que para lo demás ya estáis vosotros'", ha añadido García, para incidir en que aunque estén encarcelados, no merecen que la sociedad les olvide.

Texto: Isabel Vega
Fuente: Informativos Telecinco

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