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jueves, 8 de noviembre de 2012

Una región del Congo registra más de 600 violaciones cada mes

¿Quién viola a la República Democrática del Congo? A la pregunta, desde un punto de visto figurado, tiene varias respuestas. De las compañías mineras que operan en la región de los Kivus, al este del país, a la amalgama de actores internacionales (reconocidos o no) que batallan en el eterno conflicto hutu-tutsi, el país africano ha sido expoliado en las últimas décadas de manera criminal.

Sin embargo, si nos atenemos al propio concepto real de violación, la situación es aún más compleja.
Solo en los primeros nueve meses del año y en la región de Kivu norte, se han producido al menos 5.779 agresiones sexuales, según denuncian a ABC fuentes de la organización Heal Africa, que gestiona un hospital en la localidad de Goma. Es importante, no obstante, recordar que la cifra tan solo corresponde a los casos denunciados en este centro médico, por lo que su valor absoluto sería mucho mayor.

Y a nadie sorprende. Recientemente, un informe de Human Rights Watch ya lamentaba el acuciante aumento de ataques sexuales cometidos por combatientes de la milicia tutsi M23, quienes se encuentran amotinados desde el pasado mes de abril al este del país. En el reporte, por ejemplo, se documentaban las violaciones practicadas por este grupo rebelde a 46 mujeres y niñas en regiones como Rutshuru. La víctima más joven tenía solo ocho años de edad.

«Aunque es cierto que hay cierta influencia de grupos armados como el M23, cada vez nos encontramos con más civiles que cometen actos de violencia sexual. Esto se explica por una cierta banalización de la violencia en la comunidad, lo que fomenta este tipo de ataques», señala a este diario Wassy Kambale, portavoz de Heal Africa.

Los números demuestran la tesis. Ya en en 2011, la organización de Kambale documentó hasta 9.404 violaciones en su centro médico, mientras que ese mismo año, un informe del American Journal of Public Health aseguraba que al menos 1.100 mujeres eran agredidas sexualmente cada día en el país africano. En el análisis, centrado en el periodo 2006-2007, se narraban las vejaciones sufridas por más de 400.000 mujeres de edades comprendidas entre los 15 y los 49 años. Sin embargo, Naciones Unidas tan solo reconoció 15.000 casos.

Viejos depredadores
Eso sí, pese a que sea imposible culpabilizar del origen de estos crímenes tan solo a un grupo rebelde, algunos de los actuales «maestros» de la depredación sexual a gran escala son viejos conocidos.

Por ejemplo, el actual líder de la milicia M23, Bosco Ntaganda, cuenta desde 2006 con una orden de busca y captura por parte del Tribunal Penal Internacional. En su papel de comandante del Congreso Nacional para la Defensa del Pueblo (CNDP) antes de que esta milicia tutsi se integrara en el Ejército congoleño en 2009, Ntaganda está acusado de crímenes de guerra, así como por el reclutamiento forzado de centenares de menores y la práctica de violaciones masivas.

De igual modo, tres de sus colaboradores actuales (a principios de abril, decenas de excombatientes del CNDP desertaron de las fuerzas estatales, y generaron el movimiento M23)- los coroneles Sultani Makenga, Innocent Zimurinda y Baudouin Ngaruye- están acusados de dirigir algunos de los más infames crímenes sexuales de la historia reciente del Congo. Éste es el caso de la masacre ocurrida en la localidad de Shalio donde, durante tres días, al menos 40 mujeres fueron violadas en masa a finales de abril de 2009.

Aunque más preocupante resulta que, en ocasiones, el enemigo se encuentre en casa. En 2008, una investigación interna de la ONU reveló que «cascos azules» indios habrían cometido, presuntamente, abusos sexuales contra miembros de la población local.

Y ahora, los civiles parecen haber tomado nota.

Fuente: ABC


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