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miércoles, 7 de diciembre de 2016

El héroe que salva niños en el Chad

El chamán le había frotado el cuerpo con un manojo de plantas y, entrado en éxtasis, se puso a recitar un conjuro para quitarle la fiebre al niño y sanar el dolor de su vientre. Pero aquella tarde cálida de mayo, cuando la malaria más aprieta, los dioses pasaron del brujo y el pequeño, en brazos de su madre, no pudo llegar a tiempo a la consulta del doctor español. Terminó en una fosa de tierra, envuelto en una sábana blanca. Y no fue solo. "Perdíamos tres o cuatro niños al día...". Jorge acababa de llegar al Chad, corazón de África, dejando atrás el confort de su moderno hospital en las Islas Baleares. Lo cambió todo por una camilla, unas cuantas vendas, algunas pastillas y una mesa blanca desconchada. "Ni siquiera había oxígeno". Fue su aterrizaje en el quinto país más pobre del planeta, donde el 80% de la población malvive con menos de un dólar al día (muy por debajo del umbral de laextrema pobreza) y la gente se muere antes de cumplir los 47.


"Tres mil, cuatro mil, cinco mil... Ya he perdido la cuenta", dice el jefe de Pediatría del Hospital Quirón de Palmaplanas al hablar de los niños y adultos que ha salvado con Ayuda al Chad, su ONG. Va para seis años que este galeno de 48 y padre de cuatro hijos, con pinta de explorador romántico, baja a lo que él llama "el infierno más bonito que conozco". Donde los rayos X apenas hacen falta para ver por dentro los huesos de una criatura. Ahora ha sido finalista de los Premios One a los héroes anónimos (promovido por el Grupo Atenea), que se fallarán el 30 de noviembre. Por no importarle el riesgo. Porque los secuestros y los asesinatos son moneda corriente allí donde él se la juega para sacar adelante su labor humanitaria. Por eso su nombre en la categoría Mi héroe. Aunque Jorge, humilde, lo vea de otra manera: "Los héroes de verdad están ahí abajo, muy lejos de nuestros ojos, cerca de los huracanes, las epidemias, el hambre, la muerte...", dice.

En ese infierno de miradas profundas, negras, demasiadas veces perdidas, el hombre de éxito, el galeno del ojo clínico al que Paco de Lucía, amigo y escudero en las campañas a favor del Chad, acudía con sus hijos, experimentó su cambio radical. "He aprendido a ser más generoso, más paciente, a escuchar más, a sentir más...", resume el nuevo Jorge. Se entiende al contemplar las imágenes de Pep Bonet, ganador en 2013 del World Press Photo Multimedia, sobre el hombre blanco en medio de unos cuerpos oscuros como sombras. Entre el hueso y la piel no hay nada. Están vacíos. Muchos de ellos, moribundos. Otros, con gomas de alimento unidas a unas venas que parecen resecas.
Hay que completar 600 kilómetros y 12 horas de viaje por carretera arenosa desde Yamena, capital del país, para llegar al Hospital St. Joseph, en Bebedjia, donde oficia nuestro pediatra con su colega Reina Lladó, a la que ha embarcado en la aventura. Urgen antibióticos y sueros. Y manos, muchas manos abiertas. Basta un euro para pagar una cama y el tratamiento durante todo un día. Un lujo donde el salario medio ronda los 70 euros. 

"Y más que enseñaremos a la gente", adelanta el candidato a héroe. Habla del documental, firmado por Bonet, que verá la luz en febrero. Toma el nombre de El infierno más bonito que conozco, libro en el que Muñoz relata con desgarro sus primeros años en ese lugar maldito de África. Cuando se topó con Yahel, año y medio de vida. "Sentir esos huesecitos bajo una delgada y estropeada capa de piel (a causa de una desnutrición severa) te deja huella". O cuando la pequeña Charlene, con un quiste del tamaño de un melón en el estómago, fue a pedirle ayuda. O cuando al niño serpiente, sin cura y con parálisis cerebral por la malaria, lo vio marchar para siempre. Es la ley ancestral. Los niños que ya no son de utilidad para la familia son entregados a la abuela de la tribu. "Después de darle a beber su orina, quizás para intoxicarlos y aturdirlos, los llevan a una zona alejada, normalmente de juncos, poblada por serpientes...". 

Los reptiles se encargan de hacer el resto.Mensaje: "El mundo acomodado tiene que ver y escuchar lo que hay al otro lado". ¿Es lo que pretende con el documental? "Exacto... Un mazazo en las entrañas". En la conciencia.

Fuente: El Mundo
Texto: Paco Rego

1 comentario:

prisaediciones dijo...

Enhorabuena por vuestro labor.
Un saludo a todos.

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