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lunes, 26 de diciembre de 2016

La colonia de las focas monje de Mauritania se triplica desde su crisis en 1997



La colonia de focas monje de la península de Cabo Blanco, en Mauritania, ha triplicado su número desde el duro revés que sufrió en 1997, cuando una epidemia redujo su población a un centenar ejemplares e hizo temer por su futuro, gracias a un programa financiado por España.

Los planes de recuperación que se pusieron en marcha entonces han conseguido elevar de forma notable su censo, hasta el punto de que la península de Cabo Blanco va a cerrar 2016 con unos 270 ejemplares de foca monje y 83 nacimientos, cifras especialmente significativas para un animal que llevó a figurar en la lista roja de especies amenazadas entre los diez mamíferos con mayor riesgo de desaparecer.

El director del programa de conservación de la foca monje en ese enclave de Mauritania, Pablo Fernández de Larrinoa, de la Fundación CBD-Habitat, ha dado a conocer estos datos durante la decimocuarta Conferencia Atlántica de Medio Ambiente de Fuerteventura, una isla que sueña con reintroducir en el futuro esta especie en sus costas.
La colonia de focas monje de la península de Cabo Blanco, en Mauritania, ha triplicado su número desde el duro revés que sufrió en 1997, cuando una epidemia redujo su población a un centenar ejemplares e hizo temer por su futuro, gracias a un programa financiado por España.

Los planes de recuperación que se pusieron en marcha entonces han conseguido elevar de forma notable su censo, hasta el punto de que la península de Cabo Blanco va a cerrar 2016 con unos 270 ejemplares de foca monje y 83 nacimientos, cifras especialmente significativas para un animal que llevó a figurar en la lista roja de especies amenazadas entre los diez mamíferos con mayor riesgo de desaparecer.

El director del programa de conservación de la foca monje en ese enclave de Mauritania, Pablo Fernández de Larrinoa, de la Fundación CBD-Habitat, ha dado a conocer estos datos durante la decimocuarta Conferencia Atlántica de Medio Ambiente de Fuerteventura, una isla que sueña con reintroducir en el futuro esta especie en sus costas.


Canarias figura como uno de los puntos negros en el mapa de los hábitats históricos de la foca monje (Monachus monachus), cuya presencia se extendía en el pasado desde el mar Negro hasta el Mediterráneo y el Atlántico oriental (de este a oeste) y desde el mar Cantábrico hasta las costas de Mauritania, de norte a sur.

En una entrevista con Efe, este experto de la CBD-Habitat recuerda que esta es "más amenazada" de todas las especies de focas, después de que "haya sido extirpada de todo su rango histórico de distribución al ser explotada, desde edades muy tempranas, para aprovechar su aceite y piel".

En la actualidad, el número de focas monje del Mediterráneo es de unas 600 repartidas por las islas del Egeo y Jónico, algunos ejemplares entre la frontera de Libia y Egipto y las dos poblaciones del Atlántico: la del archipiélago de Madeira, con unos 30 o 40 individuos, y la de Cabo Blanco.

En 1996, se calculaba que la familia de focas monje que vivía en esa zona fronteriza entre Marruecos y Mauritania estaba compuesta por unos 300 individuos. Al año siguiente, la colonia sufrió una gran mortandad debida a una marea roja que provocó que 200 animales adultos y subadultos desapareciera en dos meses.

Ante la situación crítica de esta especie, Portugal, España, Marruecos y Mauritania acordaron crear un plan de acción, dirigido por el Ministerio de Medio Ambiente español, para su conservación en el Atlántico oriental.

Fernández de Larrinoa señala que el objetivo de este plan era "mejorar su estado y llevarla a una situación de conservación favorable", para se tomaron decisiones como crear una red de zonas de especial protección que permitieran enlazar las poblaciones de foca monje en un futuro.

En resumidas cuentas, se trataba de asegurar que las áreas protegidas o de interés de los cuatro países que lideraban el proyecto fueran adaptadas para albergar poblaciones con el objetivo de ampliar el número de hogares de este mamífero marino.

Uno de los primeros pasos sobre el terreno fue la creación en 2001 de una reserva marítimo-terrestre, la Reserva de Costa de las Focas, en la península de Cabo Blanco, de seis kilómetros de largo.

La nueva reserva permitió proteger las cuevas de cría (tres en la actualidad), evitar la presencia humana desde costa y prohibir la instalación de redes de pesca.

Según explica Fernández de Larrinoa, la creación de "una línea de apoyo social, especialmente a los pescadores para conseguir su implicación y complicidad, permitió una relación muy positiva con ellos y delimitar un área de protección para las cuevas de cría".

Este especialista se muestra también optimista con el número de hembras reproductoras que habita en la reserva mauritana: "En 2015 había 99 identificadas y este año superaremos el centenar, un dato importante, porque la reproductividad es otro de los indicadores de que se está recuperando la colonia de forma muy clara".

Si el número de crías tras la mortandad quedó reducido a unas 26 por año, en 2016 se batirá el récord en nacimientos con unos 83.

Otro de los retos de la foca monje del Mediterráneo es la traslocación. En 2014, los países que firmaron el plan de acción acordaron en Fuerteventura explorar vías que permitieran crear nuevas colonias y la isla española figura entre los emplazamientos con más opciones para acoger focas de Mauritania, si esa idea se pone en práctica.

Fuente: El Diario
Texto: Eloy Vera

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