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viernes, 30 de diciembre de 2016

Los bebés prematuros, los más frágiles de Malawi

Mi abuela era una mujer de montaña. Nació y creció en un pueblo donde las nevadas fácilmente podían empezar en octubre y acabar en mayo o junio. “Así nevaba antes”, decía ella. Y en medio de todo eso, la vida. Y fue durante uno de esos inviernos cuando su vecina dio a luz a unos mellizos sietemesinos. Me contaba que durante meses aquellos pequeños vivieron literalmente envueltos en algodones arropados con sus mantitas y permanecían todo el día sobre la trébede, la superficie que había sobre la lumbre de la cocina. Esa fue su particular incubadora en aquel lugar y aquellos tiempos de hace más de 50 años.

Recordé esta historia cuando hace unos meses visité en Malawi una de las unidades de bebés prematuros que apoyamos desde Save the Children. Allí 17 madres permanecían ingresadas con sus pequeños para recibir la formación y los cuidados que necesitan. Entre ellas había una madre de 37 años con sus mellizos, niño y niña. Me senté junto a ella mientras, con uno de sus bebés sujeto a ella, cambiaba la tela que servía de pañal al segundo. Me contó que tenía otros 5 hijos esperándola en casa, y que hacía 8 días que había dado a luz a sus mellizos. “¿Cómo se llaman?”, le pregunté. “Todavía no tienen nombre”, me contestó. Y no me atreví a preguntar el por qué.

En Malawi, 1 de cada 5 niños nace prematuro o con bajo peso. A esta unidad acuden desde las zonas rurales del sur muchas madres con bebés que apenas superan el kilo de peso. Aquí la batalla por sobrevivir es doble para estos niños. En la unidad no hay incubadoras, pero el calor no falta. Al que generan los calentadores que permanecen encendidos día y noche en varios puntos del espacio que comparten las mujeres, se suma el de sus propios cuerpos. El trabajo del equipo médico se centra en enseñar a las madres el método canguro; un método tan sencillo como valioso que permite a los bebés permanecer 24 horas pegados piel con piel a sus madres y recibir de ellas la fuente de calor que necesitan. El equipo de enfermeras que permanece constantemente junto a ellas les enseña cómo colocar a sus bebés en la posición adecuada sujetos con las telas de algodón tradicionales y las pautas de alimentación que deben seguir. Muchos de estos bebés apenas tienen fuerza para succionar y las madres deben sacarse la leche y dársela con ayuda de unos pequeños vasos de plástico. Madres y enfermeras se turnan y se ayudan con esta tarea. Violet, la enfermera jefe de la unidad, me decía que la receta que le da a todas las madres que atiende es la misma: Alimento, calor y amor. “Lo primero le corresponde a ellas dárselo. Pero del amor –decía– nos ocupamos juntas”.

El equipo médico cuida también de estas madres y trata de enseñarles cómo deben de cuidarse durante el embarazo. Como decía Violet, “muchas volverán a ser madres, y si conseguimos que se cuiden correctamente podremos evitar que sigan naciendo más niños con bajo peso”.

LA ALIMENTACIÓN DE LA MADRE ES CLAVE

Una de las causas de estos nacimientos prematuros o con bajo peso es la mala alimentación que han tenido las madres durante el embarazo. Malawi sufre en los últimos años las peores inundaciones y sequías de su historia como consecuencia de los efectos de El Niño. Las cosechas se han perdido y los casos de desnutrición han aumentado de manera alarmante, afectando de manera muy significativa a los niños y las embarazadas. En unidades como esta cada gramo ganado es una victoria. Cuando los bebés alcanzan 1,8 kilos empiezan a estar en condiciones de irse a casa y tienen que volver periódicamente a las revisiones para comprobar que siguen ganando peso. De no ser así, vuelven a quedarse ingresados.

Si nacer en Malawi es ya de por sí una dura batalla por sobrevivir, nacer prematuro o con bajo peso dobla las dificultades. Con el riesgo de la desnutrición cada vez más presente y la escasez de recursos médicos o la lejanía de centros sanitarios que viven la mayoría de mujeres durante el embarazo y el postparto, el método canguro está ayudando a salvar miles de vidas en Malawi.

15 MILLONES A AÑO

Cada año nacen en todo el mundo más de 15 millones de bebés prematuros, y el 96% de ellos lo hacen en países en vías de desarrollo donde los recursos y el personal médico escasean. Contar con unidades de prematuros como esta de Malawi y con el apoyo y los cuidados médicos adecuados durante el embarazo, en el momento del parto y en los primeros meses de vida de estos bebés, es fundamental para lograr que millones de niños sobrevivan y tengan la oportunidad de un futuro.

En Save the Children trabajamos cada día para seguir formando personal médico y dotando de recursos a los equipos sanitarios para que miles de bebés como estos mellizos de Malawi puedan sobrevivir, y para que sus madres puedan sonreír mientras les acunan y les llaman por su nombre.

Fuente: El periódico.com
Texto: María Cimadevila

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