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lunes, 27 de junio de 2011

"La horca es para los pobres"

Edmary Mpagi y su primo Fred Masembe fueron condenados en un tribunal de Uganda y sentenciados a muerte por el asesinato de un hombre que luego fue hallado vivo. Fred Masembe falleció en prisión antes de sufrir la horca, en tanto que Mpagi pasó 18 años en el corredor de la muerte. Mpagi dijo que su condena se basó en evidencia fabricada por el Estado.Él afirma que un médico fue sobornado para testificar falsamente que había realizado una autopsia al cuerpo de William George Wandyaka, la supuesta víctima del crimen.

Mpagi fue liberado de prisión en julio de 2000 luego de recibir un perdón presidencial. Ahora pasa gran parte de su tiempo haciendo campaña contra la pena de muerte.

¿Por qué se opone a la pena capital?
Hago campaña porque hay muchas personas esperando la ejecución o que ya fueron ejecutadas a pesar de ser inocentes. La pena es también cruel y bárbara en naturaleza.
Muchos inocentes, los pobres por ejemplo, mueren porque no pueden pagar una representación legal. Algunos son acusados de delitos capitales por alguna rencilla, y otros son condenados porque la investigación policial es mala. Aunque algunos sí cometieron crímenes, es mejor liberar 99 personas culpables que matar a un inocente.

¿Su campaña ha tenido algún resultado?
Sí, he trabajado con Amnistía Internacional en la Organización de las Naciones Unidas para pedir una moratoria de las ejecuciones en los estados miembro del foro.
En Uganda, 170 prisioneros en el corredor de la muerte han sido perdonados y las sentencias a 400 han sido conmutadas por cadenas perpetuas luego de una apelación a la Corte Constitucional.
Ese tribunal falló que la pena de muerte obligatoria era inconstitucional. Fue algo bueno para nosotros, pero queríamos que declarara también inconstitucional la pena capital en sí. Sin embargo, los jueces no lo hicieron. No hemos tenido una ejecución desde 1999, aunque aún hay cientos de prisioneros en el corredor de la muerte en Uganda.

¿Qué es lo que personalmente lo mueve a realizar esta campaña?

No le estaría hablando hoy si el Estado me hubiera asesinado. Tuvimos un juicio completo y el Estado llamó a varios testigos. El juez y los asesores concluyeron que el Estado había demostrado su caso más allá de la duda razonable y que habíamos cometido el delito. Fuimos condenados y sentenciados a muerte.
Todo esto ocurrió mientras George William Wandyaka, el hombre que afirmaban había sido asesinado, se escondía en el distrito de Jinja y gozaba de la vida. Pasé 18 años en el corredor de la muerte y dos años en libertad bajo fianza. Mi primo y yo no podíamos creer que un sistema legal podía condenar a personas inocentes.

Entonces su condena se debió a un error del sistema judicial. ¿Esto es común en Uganda?

Siempre he dicho que los errores en el sistema judicial han llevado a la ejecución de personas inocentes. Mi condena fue un ejemplo típico. En un país como el nuestro, en el que las investigaciones son hechas desde la oficina, no se puede descartar la posibilidad de que la evidencia llevada a los tribunales sea defectuosa y derive en conclusiones erróneas.
La mayoría de los prisioneros ejecutados mientras yo estaba en el corredor de la muerte eran inocentes, pero sufrieron la horca porque eran pobres. No podían contratar a abogados para que los defendieran. En nuestro caso tuvimos a un abogado del Estado con el que sólo nos reunimos dos veces. No tuvimos un defensor en el sentido real. También hay casos de torturas durante los interrogatorios a determinados sospechosos, sobre todo los acusados de traición, que terminan admitiendo crímenes que no cometieron.

¿Cómo es estar en el corredor de la muerte en Uganda?

Es terrible. A nadie se le informa nunca que va a ser ejecutado. Siempre éramos tomados por sorpresa. Sentíamos miedo ante cualquier actividad inusual de los guardias.
En Uganda, las condiciones en el corredor de la muerte son crueles, degradantes e inhumanas. Siempre nos negaron medicamentos. En 1984, mi primo contrajo malaria y tuvo complicaciones estomacales. Solicité a las autoridades de la prisión que le dieran tratamiento, pero me dijeron que habíamos sido traídos a la cárcel para morir y que curarlo era un derroche de dinero de los contribuyentes. Mi primo falleció en 1985. Esto realmente me asustó.
 ¿Hubo ejecuciones durante el tiempo en que usted estuvo en prisión? 
Hubo cinco rondas de ejecuciones. La última fue en 1999, cuando el Estado mató a 28 reclusos. Pero para empeorar las cosas, las ejecuciones fueron realizadas en un lugar cercano. Escuchábamos el llanto de los reos. Las ejecuciones por lo general eran llevadas a cabo en la noche. Cuando un prisionero llegaba a la horca, todos lo escuchábamos. Después de unos momentos, oíamos un sonido fuerte como una explosión: era cuando se abría la trampilla en la plataforma de la horca.
Fuente: IPS

lunes, 25 de abril de 2011

"Occidente no es la policía de África"

Lleva 20 años luchando para que las niñas de Costa de Márfil sean mujeres respetadas, ofreciendo comida a los huérfanos y dando refugio a madres con sida. El Padre Maximiliano Herraiz ahora está indignado. Asegura que Occidente ignora que allí ha habidoun genocidio. Lo dice en Alicante, antes de un encuentro en Vitalea.


Acaba de llegar de Costa de Marfil. ¿Cómo ha dejado la situación?

Dicen los europeos que está bien, pero creo que va a ser peor la segunda etapa que la primera. A quienes se les impone un presidente como Alasane Ouattara por las bravas y les pisotean sus derechos civiles no pueden estar contentos. He dejado al pueblo muy soliviantado. La gente no quería que Gbagbo se fuera, yo el primero. Pero ninguno de los dos puede gobernar ya y así lo dije. Se tenía que haber aprovechado para hacer un gobierno de concentración para calmar a la gente por la invasión rebelde que se produjo en el año 2000.

¿Cree que en Europa se tiene la información real de lo que está pasando?

No, no. Todo lo que he leído es mentira. Ni hay guerra religiosa de cristianos contra musulmanes, ni hay matanza de cristianos. Vivimos en una parroquia con muchos proyectos sociales y nadie se ha metido con nosotros. Esto es un genocidio, es una cuestión de derechos humanos. Nos imponen un presidente, nos tienen cerrados los bancos dos meses, prohíben la entrada de medicinas, impiden el atraque de barcos en el puerto, no hay agua... Yo tuve que viajar 2.400 kilómetros para ir a Lomé y poder conseguir dinero para dar de comer a 47 huérfanas en el orfanato y a 300 personas en los comedores.

¿Todo vuelve a ceñirse a un juego de intereses por el cacao y el petróleo?

Claro. Francia tiene el 80% de la riqueza de la nación y el 70 % de las exportaciones del cacao y eso es lo que no le han consentido a Gbagbo, porque quería quitarle el monopolio a Francia. Pero esto empezó en el 2000. Entonces se inventaron una rebelión; después se han inventado las elecciones con la mitad del país en manos de los rebeldes. Yo pregunto a Obama, que de africano le queda solo el color y ya desteñido, si convocaría unas elecciones con la mitad de su nación en guerra.

¿Por qué confía tanto en Gbagbo?

Porque antes del recuento Gbagbo ya dijo que había quejas por los atropellos que estaba habiendo y propuso que fuera una comisión internacional a recontar los votos, pero no quisieron y dijeron que sería una injusticia que no se diera el triunfo a Ouattara.... una injusticia que no sabemos cuántos muertos ha traído. Si eso no es genocidio pues no sé qué será. Que vengan Obama y Sarkozy y vean lo que hay. Y si dicen que ha ganado Ouattara pues que le den pruebas al pueblo porque no las dan. Además el proyecto de Gbagbo es precioso, quería una Costa de Marfil en la que se produzca, se procese y se exporte el cacao, el jugo, el petróleo, los diamantes para que no se los lleven otros. Esos son sus pecados. Pero ahora han envenenado a la sociedad y está dividida. Deberían elegir un independiente que pacifique el país y dentro de unos años se podrán celebrar unas elecciones libres.

Usted, al margen de ideologías, centra su preocupación en la población, en los niños y mujeres que ya de por sí tienen una vida muy dura y que con estas revueltas se acrecienta.

En nuestra zona, en Abiyán, no hemos sufrido ninguna revuelta, pero no teníamos dónde comprar ni dinero para comprar. Es durísimo. Que la gente se muera de hambre es muy triste. Pero los que roban no quieren la verdad. La gente de Occidente se tiene que enterar de qué ha pasado. Es como los ataques en Libia. Nada de defensa de civiles. Ustedes matan y no pueden hacerlo, Occidente no es la policía del mundo. Siéntense a dialogar antes de empezar a tirar bombas porque así vacían sus stocks.

¿Cree que la Iglesia, como estamento y desde El Vaticano, también está alejada de la realidad del mundo del que usted es testigo diario?

No, no. Los obispos escribieron una carta al pueblo francés diciéndole que vienen a otra colonización y que han ido a sembrar la muerte. Esas palabras son exactas de los diez obispos de Costa de Marfil. Incluso el Papa mandó a un representante y los de Ouattara no le dejaron pasar.

¿Qué le pediría a Europa?

Que respete enormemente a África, que no la empobrezca más y que la deje ejercer la democracia a su estilo, que no es el europeo. Y que no queme las grandes selvas de allí porque están cortando madera diaria de una forma indiscriminada. Que no maltrate a África.

¿Y qué le gustaría encontrarse a su vuelta a Abiyán?

No vuelvo hasta junio, pero me gustaría que hubiera una paz inmensa y que las niñas hayan podido acabar el curso ordenadamente.
Fuente: Información.esTexto: Cristina Martínez

domingo, 12 de julio de 2009

"Muchos albinos mueren jóvenes y en la pobreza"


La primera diputada albina de tanzania desea que su trabajo haga visible a una población ultrajada y asesinada durante años por sufrir una enfermedad.
El sol es su enemigo pero no es el único. En África los albinos viven en la sombra y no sólo porque su piel lo necesita -por la ausencia total o parcial de melanina- sino por el estigma y el peligro de muerte que los rodea: cáncer de piel y brujos convencidos de las propiedades mágicas de 'utilizar' su cuerpo. Desde hace dos años, Al-Shayamaa Kwegyr, la primera diputada de Tanzania con esta condición, intenta luchar por los suyos desde lo más alto, desde el Parlamento. Nacida en la región de Tanga pero 'viajada' por la mayor parte de la nación, debido al trabajo de su padre, que era funcionario de prisiones, Kwegyr sabe lo que supone pertenecer a una población marginada hasta el extremo de morir a manos de los propios progenitores.




Pregunta.- ¿Qué significa ser albino en Tanzania?
Respuesta.- Es algo terrible, sobre todo por el estigma, es el gran reto que hay que afrontar. Pero tras mi nombramiento las cosas han cambiado un poco. Hay una mayor concienciación y el presidente ha demostrado que un albino puede conseguir lo que se proponga, como yo. Ahora, si alguien te insulta en Dar er Salaam puedes llamar a la policía y se lo llevan a la cárcel durante uno o dos meses. En esa ciudad, y en general en todas las de la costa de Tanzania, la discriminación siempre ha sido mayor, continuamente recibimos insultos como la palabra 'fantasma'.
P.- ¿Y ser albina y mujer?
R.- Todavía es peor. No hay amor siendo una mujer albina, sólo quieren utilizarte. Ellos desean tu dinero o tu cuerpo, ver la diferencia entre una albina y una normal, pero no hay amor. Con los hombres es distinto. Yo lo veo en mi familia. De nueve que somos, tres tenemos este problema en la piel. Mi hermano sí se ha casado con una mujer negra y tienen hijos, pero ni mi hermana ni yo lo hemos logrado. Yo llegué a casarme pero no era bueno para mí. A veces encuentras a alguien que te quiere pero, entonces, sus allegados no te aceptan, no desean a una persona de distinto color en la familia.
P.- ¿Desde pequeña le inculcaron la importancia de rehuir el sol?
R.- Siempre lo evito, no me gusta nada. Lo odio desde niña. Siempre llevo ropa larga, de colores claros y de algodón. Me tapo la cabeza, me cubro todo. También tengo problemas de vista que, junto con la discriminación, me impidieron seguir en el colegio. Me arrepiento mucho de eso. Luego me saqué un diploma en Derecho y quiero empezar Relaciones Internacionales.
P.- Gracias a los cuidados que ha llevado a lo largo de su vida, ahora tiene 49 años. Son muchos para una población, la albina, que en su país cuenta con una esperanza de vida de entre 30 y 40.
R.- La gente se muere joven y sumida en la pobreza. Es terrible ver a un albino con cáncer de piel. Cada vez que visito a alguno en el hospital no puedo evitar el llanto. Nosotros tuvimos suerte, mis padres aceptaron lo que somos, para ellos somos un deseo de Dios, pero muchos no actúan así y llegan a participar en el asesinato de sus propios hijos.
P.- ¿Cuál ha sido el peor momento que ha vivido?
R.- El más horrible, y que no olvidaré jamás, fue cuando organicé mi boda y un día antes mi prometido decidió abandonarme. Yo tenía 21 años y perdí la fe en el amor. Es verdad que me casé pasado el tiempo pero me equivoqué, él quería mi dinero. Desde entonces, decidí estar sola.
P.- También habrá experimentado la felicidad.
R.- Lo mejor que me ha sucedido fue ser nombrada parlamentaria. Hemos hecho mucho en estos casi dos años y espero ser reelegida. Las muertes se han reducido y en julio se celebra el juicio contra 24 casos de abusos contra albinos. Me encanta trabajar para las personas, quisiera ser lo suficientemente rica como para ayudar a todos. Los veo sufrir y siento mucha lástima porque, además de la enfermedad, muchos viven en la pobreza.
P.- ¿Cree que desde los medios de comunicación se alimenta el morbo que gira en torno al albinismo? Brujería, asesinatos, imágenes impactantes de albinos negros.
R.- Es fundamental lograr la visibilidad, para concienciar, pero también es cierto que eso no siempre se traduce en ayuda. El sol es un reto para los albinos y se necesitan apoyos en muchas áreas: la educación, la salud, la política... Sobre la brujería y los abusos confío en que acaben ya. Queremos mirar hacia adelante.
Texto: María Saínz

Si quieres saber más:
El País: "A los albinos les digo: soy como tu y llegué a diputada"
Agencia Fides: "El drama de los albinos africanos"
El País: "El peligro de ser albino en África"

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