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domingo, 9 de marzo de 2014

Malabo la ciudad colonial


El sector turístico en Guinea Ecuatorial ha ido creciendo en los últimos años gracias a la estabilidad y la apertura del país. La mejora de las infraestructuras permite además al país ofrecer al turista unas instalaciones más modernas y mejor acondicionadas para poder albergar a los visitantes. 
El importante patrimonio natural y lugares excepcionales como la isla de Bioko han permitido a Guinea Ecuatorial convertirse en un interesante atractivo turístico para numerosos viajeros.


Malabo, la capital situada en la isla de Bioko, es sin duda uno de los lugares más interesantes para instalarse durante la estancia turística y desde donde el visitante puede realizar interesantes excursiones. La ciudad posee un importante patrimonio arquitectónico, reflejo de su larga historia. La presencia sucesiva de los portugueses, británicos y españoles que ocuparon la isla desde principios del siglo XV, así como el paso de los comerciantes que trataban con las Antillas, han dado un carácter muy particular a su arquitectura.

El centro histórico con un trazado cuadrangular característico de las ciudades coloniales españolas, en las calles como Nigeria y Rey Boncoro el visitantes puede encontrar además con bonitas casas de madera con galerías y balcones de hierro forjado, levantadas en el siglo XIX. Malabo es una ciudad pequeña que permite al visitante recorrerla a pie. 


Se trata del centro económico y financiero del país. Conserva edificios de la época colonial tales como el Palacio de la Presidencia y el edificio del Palacio de Justicia de Malabo, o construcciones importantes como la Catedral de Santa Isabel, que es a su vez sede de la Archidiócesis de Malabo. Se trata de un templo de estilo neogótico, construido entre 1897 y 1916. Su arquitecto fue Luis Segarra Llairadó y se costeó con aportaciones del gobierno de España y donaciones de fieles. Cuenta con dos torres de 40 metros de altura. Puede que el mismo Antonio Gaudí supervisara los planos.

Otros lugares de interés son La Gaditana, casa conocida anteriormente como Finca Amilivia, anterior a 1918 la casa Teodolita, de 1902 y uno de los más antiguos de la ciudad, el edificio del ayuntamiento de Malabo, la iglesia de Elá Nguema, la Plaza de la Independencia, la Casa de España y la bahía del puerto.

Otro de los atractivos turísticos de la ciudad son las compras además de varios los centros comerciales y calles de tiendas, el visitante también encontrará mercados donde poder comprar desde souvenirs, a ropa, o frutas, pescado o carne fresca.

lunes, 1 de agosto de 2011

La Guinea prohibida

Sipopo ya no es una pequeña aldea con casas bajas clavada en la selva tropical, al noreste de la isla de Bioko (Guinea Ecuatorial). En su lugar, diez empresas extranjeras han levantado en menos de dos años el capricho imaginado por el presidente Teodoro Obiang: una ciudad africana que parezca europea. Hay un hotel de lujo, dos palacios de conferencias, 52 chalés para jefes de Estado, un hospital, un campo de golf, una playa privada, y una autovía iluminada de 16 kilómetros y tres carriles para llegar hasta allí.



El sueño de Obiang es un escaparate de edificios de cristal construido expresamente para acoger la cumbre de la Unión Africana, celebrada hace 15 días. Como presidente de la organización, quería mostrarse ante los líderes de los 52 países africanos como el poderoso mandatario de un país pequeño pero cargado de petróleo. La nueva ciudad ha costado más de 580 millones de euros y las autoridades han asegurado que el complejo de 300 hectáreas se convertirá ahora en una zona turística de lujo que permitirá diversificar la economía del país
Uno de los hoteles de lujo levantados en Sipopo
Pero el lugar es inaccesible para la mayor parte de los ecuatoguineanos, que solo pueden llegar hasta allí si es en compañía de los diplomáticos extranjeros. La llaman la ciudad prohibida. "Conseguí entrar hace poco invitado por un diplomático. Es un lugar lujoso pero no hay nadie ahora. Ni un gato. Y las luces de la autopista ya no funcionan. ¿Cómo se va a mantener todo eso si no se dan visados para que los turistas visiten el país?", dice Wenceslao Mansogo, médico, concejal en la ciudad de Bata y miembro del principal partido opositor, Convergencia para la Democracia Social (CPDS), con un solo escaño de los 100 que tiene el Parlamento.
Sipopo no es el único lugar donde el dictador guineano, que gobierna la excolonia española desde el golpe de Estado de 1979, ha decidido expandir su afán urbanístico. En los últimos años, Obiang se ha embarcado también en la ampliación de Malabo, ha construido un mausoleo en Bata y ha ensanchado los límites del Palacio África, su residencia en la misma ciudad, obligando a muchas personas a buscar otro sitio en el que vivir. Uno de ellas es el propio Mansogo, que estos días ha visitado Madrid para denunciar las políticas del Gobierno de Obiang.
El 18 de junio de 2007, Mansogo se enteró de que Obiang había estado recorriendo a pie la orilla del río Ekuku, en el límite del Palacio África, mientras señalaba a su séquito varias extensiones de terreno ocupado por familias. En uno de esos terrenos estaba la casa de Mansogo y su familia. Al día siguiente, las excavadoras estaban allí para empezar a hacer zanjas. Armado con un machete, el médico consiguió sacarlas de su tierra, pero poco después las excavadoras regresaron, esta vez con agentes de policía. "Tenía los documentos de propiedad y denuncié los hechos, pero no sirvió de nada en este país sin justicia", relata Mansogo.
La construcción de palacios presidenciales se ha extendido por toda Guinea Ecuatorial. Además del de Bata, Obiang ha mandado levantar nuevas residencias en Luba, Malabo II, Moka y Mongomo. El nuevo sueño del dictador es construir una nueva capital para el país en Oyala, una ciudad en medio de la selva, en la parte continental de Guinea Ecuatorial. El proyecto es semiclandestino y, aunque todo el mundo sabe de su existencia, no aparece en los presupuestos generales ni se anuncia en la web del Gobierno.
"La gente está excluida de estos proyectos", señala un abogado guineano que prefiere no dar su nombre. "Se está gastando mucho dinero en cosas que no son beneficiosas para un país tan pobre como este". Las cifras macroeconómicas en Guinea Ecuatorial son engañosas. La renta per cápita estaba en 34.843 dólares en 2010, algo más alta que la de España, según el Banco Mundial. El dato solo sirve para demostrar las fuertes desigualdades en un país donde más del 60% de la población vive con menos de un dólar al día.
Obiang insiste en que sus inversiones traerán beneficios al país, rechaza las críticas por considerarlas contrarias al progreso y trata de aparecer ante el resto del mundo como un hombre que quiere modernizar África. La ciudad costó 580 millones de euros, unas doce veces el presupuesto dedicado a sanidad y educación juntos en 2011.
Fuente: El País
Texto: Álvaro de Cózar

sábado, 9 de enero de 2010

¿Enfermedades psíquicas? no, son esríritus malignos

"Desaté en la selva a una persona que llevaba siete años encadenada a un árbol: no sabía donde se encontraba y apenas podía caminar. Tenía esquizofrenia", explica el presidente de la Fundación NEPP, el psiquiatra Dr. Jordi Domingo.

Si casi todo está mal atendido en África, la psiquiatría ni siquiera lo está. Por ello, las personas con enfermedades psíquicas –las más habituales son psicosis, epilepsia y trastornos de conducta– son vistas como humanos poseídos por el mal. "Los chamanes dicen que tienen espíritus malignos. Por eso los matan o los abandonan atados durante años", expone Domingo.
Para luchar y poder mejorar la situación de los enfermos psíquicos en África, la Fundación NEPP lleva seis años trabajando con el objetivo de instaurar un modelo de salud mental que asista y eduque a la población local. Crea infraestructuras, como centros psíquicos o orfanatos, forma a profesionales sanitarios especializados, realiza cursos, asiste a la población y construye pozos de agua.

Su ayuda no se centra sólo en enfermos mentales, también ayudan a enfermos físicos y a mejorar la vida de la población en general. Actualmente, la entidad desarrolla diversos proyectos en los países de Guinea Ecuatorial, Guinea Bissau y Mozambique. El próximo año empezarán la construcción de un psiquiátrico en el Sahara Occidental y emprenderán un proyecto para ayudar a niñas violadas en Sierra Leona.



Una fundación diferente

La ayuda llega a los africanos, si llega, a cuenta gotas. Muchas veces por culpa de la corrupción que mancha a organizaciones del llamado primer mundo. "He visto muchos proyectos para África elaborados y pagados en el papel, que luego no están hechos", sentencia Domingo.
La corrupción es lo que llevó a Domingo a organizar su propio equipo de trabajo. "Formábamos parte de otra fundación y empecé a ver que alguien se metía el dinero en el bolsillo". Una práctica común para Domingo en muchas ONGS.
En su organización, según cuenta, el dinero que llega va exclusivamente a los proyectos: "No se paga ningún viaje ni dieta a nadie". Pero, ¿cómo puede la gente saber cuándo una ONG es corrupta o no? "No se puede saber", declara.
Lo que sí pueden conocer es la filosofía de la entidad. "Desde NEPP pretendemos montar un movimiento revolucionario pacifista y cultural en la juventud, basado en los valores humanos para poder llegar a salvar a la sociedad en la que vivimos", sentencia Domingo, quien para empezar a cambiarnos propone la lectura de 'El viaje de Tánatos', una guía para acompañar y comprender en la muerte y en el duelo.

Caravana a Mozambique

En la misma linea, la fundación tiene en mente realizar con una caravana una ruta de Mozambique a Barcelona para difundir y concienciar sobre los valores humanos que pueden variar el actual sistema.
Un viaje que seguirá adelante como todos los proyectos, a pesar de los últimos secuestros en suelo africano. "A veces, en alguno de los viajes, he pasado miedo, pero no por ello traicionaré a mis conceptos", dice Domingo. Un ideal, el suyo, que puede con todo y con el que pretende mejorar el mundo.

Fuente: El Mundo
Texto: Cristina Fernández Sánchez

sábado, 23 de mayo de 2009

El reino de los baobabs


El sentimiento de la urgencia animó al piloto perdido en el diminuto planeta de El Principito a dibujar un baobab, planta conocida de forma indistinta como Adansonia, árbol botella o pan del mono, y que ofrece ocho especies similares. Cuando por primera vez leí que estos son grandes como iglesias, lejos estaba de saber que su tronco alcanza 25 metros de altura y un perímetro de hasta 40 metros, por lo cual sólo pueden abarcarlo más de una decena de mujeres u hombres entrelazados. En buenas condiciones, sobre suelo arenoso, con un clima templado y lluvia regulares, puede vivir hasta 1000 años, y se habla de ejemplares que han alcanzado los cuatro mil años. Algunos Baobabs se ahuecan en la madurez y se convierten en grandes depósitos almacenando más de seis mil litros de agua.
Un rebaño de elefantes no acabaría con un solo baobab, asegura el francés Antoine de Saint-Exupéry, en la obra que despertó múltiples interrogantes a varias generaciones y las acompañan para toda la vida.

"Las semillas son invisibles. Duermen en lo secreto de la tierra hasta que, tomada por la fantasía, una de ellas se despierta. Entonces se estira y tímidamente comienza a empujar hacia el sol una maravillosa ramita inofensiva".

¿Será también este el principio de los baobabs? Cuesta creerlo ante la imponente fuerza que transmite el tronco de este árbol leñoso, frente al cual la reacción humana por excelencia es la admiración o la mudez.

Entonces se corre el riesgo de creer la predicción: "si un baobab no se arranca a tiempo, ya jamás se podrá arrancar. Cubre todo el planeta. Lo perfora con sus raíces. Y si el planeta es demasiado pequeño y los baobabs demasiado nume rosos, lo hacen estallar".

Según Saint-Exupéry, el peligro de esta variedad es poco conocido. Leyendas populares cuentan que si una persona bebe agua con semillas de baobab, quedará protegido del ataque de los cocodrilos, pero si osa arrancarle una flor al árbol, morirá devorado por un león.

Otros mitos refieren que, consciente de su potencia, el baobab osó desafiar a los dioses y en castigo, estos lo condenaron a crecer con la copa bajo tierra y las raíces hacia arriba.

El parecido entre las ramas y las raíces de estos árboles indujo también a afirmar que crecen de cabeza o que son los brazos de antiguos guerreros allí enterrados, quienes luchan por salir y volver a la batalla.

Existe, dicen, un ejemplar tan inmenso que en su interior puede alojar una estación de autobuses y hasta 40 personas. Igual hablan de otro, situado a 500 kilómetros de Johannesburgo, donde tiene cobija una cantina y pueden llegar a juntarse 50 seres humanos.

Sus flores son blancas, con forma de mano, y producen un fruto al final de la estación seca o principios de la húmeda que son parecidos a un melón o sandía pequeña. El fruto de Baobab, llamado también pan de mono o bouy, tiene un gusto agridulce y se utiliza en algunos paises africanos para elaborar una bebida (zumo de bouy) y es envasada para su consumo a gran escala. La pulpa también es consumida simplemente como si fuera una apetitosa golosina.


Los frutos del árbol de la vida, para los africanos, son ricos en fibra, vitamina C, azúcar, potasio y calcio. De ellos se obtiene una refrescante bebida, pueden ser consumidos como pasta y de sus hojas se hace sopa. Las hojas del baobab brotan en la época de las lluvias, se usan cocidas para el consumo humano, y sirven también de pasto para el ganado. Los brotes tiernos y las raíces de los ejemplares jóvenes se comen como si fueran espárragos. La madera es fibrosa que no se comercializa, ni los árboles se tala.

Fuertes cuerdas pueden fabricarse de la corteza de los baobabs, usados por las tribus de zonas desérticas -al sur del africano Sahara, en las montañas Lebombo, en Madagascar y otras- como reservorio de agua. La corteza, de un tono gris rojizo, y que en el árbol adulto tiene de 10 a 15 cm. de grosor, da una fibra tan utilizada que no queda ningún árbol del que no se haya extraído a una altura de dos metros para hacer tejidos, ya que se regenera fácilmente.

En los troncos ahuecados de modo natural por la vejez se pueden almacenar hasta 120 mil litros del indispensable líquido y alguna que otra vez sirvieron de cárcel, casa, granero, establo, capilla y sala de reunión.

Pero el baobab puede vivir a su vez en alturas comprendidas entre el nivel del mar y los mil 250 metros. Tal vez por ello se explica que en la caribeña isla de Barbados existan dos ejemplares de esta planta.

Puede que estos llegaran al pequeño territorio antillano - de apenas 416 kilómetros cuadrados de extensión y alrededor de 270 mil habitantes- provenientes de Guinea, en 1738. Desde entonces, constituyen una de las reliquias más apreciadas en ese país tropical.

Mientras, organizaciones ecologistas de todo el mundo procuran frenar la desaparición progresiva de algunas variedades de baobabs, por el uso y abuso al que son sometidos por las transnacionales interesadas en comercializar productos alimenticios, cosméticos y farmacéuticos obtenidos a partir de sus frutos y semillas.

Si quieres saber más:
"Baobab, adansonia digitata"
"El fruto del baobab"

martes, 12 de mayo de 2009

Españoles en el Mundo: Guinea Ecuatorial


Aquí os pego el enlace al programa emitido ayer en TVE1 sobre Guinea Ecuatorial y los españoles que viven allí. Dura cerca de una hora, pero si podeis vale la pena conocer más a fondo este pequeño país (no más grande en extensión que la provincia de Badajoz) y que en su día fue colonia española. Logró la independencia el 12 de octubre de 1968 bajo la presión de los nacionalistas ecuatoguineanos y de las Naciones Unidas.

Españoles en el Mundo: Guinea Ecuatorial (Emitido en TVE1 el 11 de mayo de 2009)

jueves, 16 de abril de 2009

Expedición de Cirujanos a África

Desde luego si no fuera por la increible labor que realizan diariamente cientos de médicos y sanitarios en el continente africano, las cifras de muertos y enfermos se multiplicarían. Un ejemplo del trabajo que llevan a cabo los sanitarios extranjeros en África lo tenemos en el equipo de cirujanos, enfermeras y anestesistas -profesionales especializados en pediatría- de los hospitales Gregorio Marañón y Niño Jesús que cada año se desplazan a Guinea Ecuatorial para sanar a cientos de niños enfermos.

Os pongo la información que publica ABC sobre la labor de estos profesionales que es digna de admirar.


Operan de sol a sol hasta veinte veces al día. Se han tenido que apañar con la luz de una linterna, bajo un calor y una humedad de justicia y, encima, con cuidado para que no les pongan una bombona de butano en vez de la de oxígeno. Esto, claro, no pasa en España. Pero sí en Bata, en Guinea Ecuatorial.
Muchas familias les esperan como agua de mayo; otras, no. Tanto es así que, en ocasiones, también han tenido que bregar con la brujería. Pero ellos lo cuentan como una anécdota más. Están curados de espanto. Por ver, han visto hasta un cerdo y unas gallinas «facturados» saliendo por las cintas del equipaje. Pablo Morató, Esther Molina y Agustín del Cañizo son tres de los cirujanos pediátricos. Candelaria Villanueva y Concha Lozano, dos de las enfermeras y Enrique Teigell, el anestesiólogo pediátrico. Ellos nos han contado su experiencia.

El proyecto nació en 2001. Ese año la ONG Aldeas Infantiles SOS contactó con alguno de estos doctores del Gregorio Marañón y del Niño Jesús para ver la posibilidad de realizar «expediciones quirúrgicas» y poder operar a niños en Guinea Ecuatorial. El panorama era desolador. Allí, el índice de mortalidad infantil es elevado. Los críos se mueren por cualquier infección, pero nuestros especialistas madrileños se resistían a que ningún chaval falleciera por una hernia estrangulada, o por una apendicitis.
«Visitamos todos los hospitales y clínicas de Malabo y de Bata. Fue decepcionante. Era imposible operar en esas condiciones. No había oxígeno, no funcionaba la máquina de esterilizar, los guantes se reciclaban, el índice de infección de cirugía limpia era del 75 por ciento... ¡Un horror!», cuenta el doctor Morató, del Niño Jesús.
No desistieron. Por fortuna, les enseñaron el recinto de Aldeas Infantiles SOS de Bata. Allí, además de las casas de acogida, tenían un colegio. Y lo mejor: un centro de salud, un paritorio y una sala de ingresos. Un lujo. Con unos pequeños arreglos para mantener la esterilidad se había cumplido su sueño: un quirófano operativo.
Así empezaron. Así siguen todos los años. La expedición se realizan cada seis meses, puntual a su cita. A veces, han tirado de sus días de vacaciones. No les importa. Van alegres y trabajan duro. Vuelven con «bajón» porque, sin un seguimiento adecuado, «puede pasar lo peor», comenta la doctora Molina, del hospital Gregorio Marañón.
Cada vez que van a Bata están unos nueve días. Ven a casi mil pacientes y llegan a 300 consultas y a las 150 operaciones. Lo mejor, dicen todos, es la cara de satisfacción y de agradecimiento que les ponen los chavales a los que curan. Los medicamentos y el material sanitario ya van llegando con más regularidad, a través del Gobierno regional. De lo que más se opera a los niños de Bata es de hernias inguinales y umbilicales, circuncisiones, orquidopexias, apendicectomía y descenso anorrectal.
«Cuando se van de alta, les damos un regalito del «todo a cien» y ellos lo guardan como si fuera un tesoro», cuenta Morató. Lo que más cala en el corazón de estos sanitarios es el gesto de gratitud de los niños. Es el mejor pago. Así pasa, que todos quieren volver.

Texto: Mª Isabel serrano
Foto: Sigefredo

sábado, 21 de febrero de 2009

Bioko, la isla bella

Bioko es una isla perfecta para visitar, se encuentra en el Golfo de Guinea, y tiene una historia increible desde que los cartagineses la visitaran en el Siglo VI a. C hasta nuestros días. Los Bubis fueron los primeros moradores de esta isla, hasta que a finales del Siglo XV llegó el conquistador portugués Fernando Poo, con ímpetu de aventura y sed de naturaleza.
Deslumbrado por las cascadas, la selva tropical y las laderas de un volcán dormido, bautizó a la isla como Formosa la Bella.


Después fueron los españoles, los ingleses, y finalmente, los guineanos los que se hicieron con las riendas de la isla a fines del Siglo XX, con su independencia en octubre de 1968. El nombre de Bioko de esta isla se le puso allá por el Siglo XX, cuando se alcanzó la independencia. Las principales ciudades de la Isla, además de Malabo, la capital, son Luba y Riaba. La Guinea Ecuatorial moderna surge en 1926, cuando España fusiona todas sus colonias en el Golfo de Guinea creando la llamada Colonia de la Guinea Española y desarrollando grandes plantaciones de cacao en la isla de Bioko con miles de trabajadores nigerianos importados como braceros.
Foto: Mercado indígena

Fuera de lo común, ese pedazo de tierra flotando situada entre Camerún y Gabón, cuenta con 2.000 kilómetros cuadrados de extensión, una población de 140.000 habitantes y representa sólo una parte de Guinea Ecuatorial, a pesar de que es en esta isla donde se sitúa la capital del país, Malabo. Los numerosos volcanes a lo largo de la línea del Camerún propiciaron el nacimiento de las islas del Golfo de Guinea. Específicamente en Bioko, territorio de Guinea Ecuatorial, reposan sin ruido tres de ellos que han adquirido la forma de montañas con cráteres abatidos.
Foto: Finca de cacao

Altas montañas, cascadas, hospitalarias tribus, melancólicos estuarios, hermosas islas, solitarias playasesperan ser descubiertas por los sorprendidos ojos del viajero que anhela recuperar la naturaleza y tranquilidad perdida. La Isla se caracteriza por poseer un clima ecuatorial de tendencia boreal, con dos estaciones. La estación seca boreal se extiende de diciembre a febrero, con precipitaciones inferiores a 50 mm/mes. La estación de lluvias dura meses, de los cuales 8 cuentan con precipitaciones superiores a 100 mm/mes.

Las vertientes del sur, expuestas al monzón reciben precipitaciones todo el año, las cuales oscilan entre los 4.000 y los 10.000 mm/año. En cambio, las zonas bajas, protegidas del monzón, tienen una pluviosidad media anual comprendida entre los 2.000 y los 2.500 mm. La temperatura media anual en la Ciudad de Malabo es de 24 ºC.

Fotos: Monte Alen y Cascadas de Moka

La isla de Bioko se ha convertido en un importante centro de la conservación global de la biodiversidad, gracias en parte a su localización en el golfo de Guinea veinte millas de la costa de Africa Occidental, una existencia insular que permitió que sus monos en peligro y la otra fauna prosperaran en abundancia relativa. Al ser una de las áreas más importantes biológicamente en toda el África, el gobierno de Guinea Ecuatorial ha guardado más del 17% de las tierras del país para conservación de la vida silvestre.

Sobre sus pobladores se sabe que grupos de pigmeos y después poblaciones de bubis se establecieron en la isla de Bioko hacia el siglo V, procedentes de Camerún y pertencientes al grupo Bantú. Los Bubis se establecieron en las zonas altas de la isla para poder divisar la presencia de posibles enemigos. El poblado bubi estaba formado por unas veinte o treinta familias y se contituía por la agrupación de chozas, separadas unas de otras. Estas chozas (wetchá) se agrupaban por familias separadas o se separaban mediante unos setos o troncos de lecho. Los Bubi vivían de la caza con trampas, redes o perros.

Foto: Miembros de la tribu Bubi

Actualmente esta etnia constituye solo el 6,5% de la población total de Guinea Ecuatorial.


Si quieres saber más:
Nacimiento y muerte de la escritura Bubi

viernes, 12 de diciembre de 2008

Protestas por el encarecimiento de los alimentos

Violencias impulsadas por la carestía de la vida provocaron en Camerún decenas de muertos y cientos de detenidos. Desde principios de año hubo también disturbios en protesta por los precios de los alimentos en Mozambique, Mauritania y Senegal entre otros países. Más recientemente conmovieron a tres ciudades de Burkina Faso, y en ciertos países (como Guinea, donde en el último año y medio hubo cinco violentas protestas por la carestía de la vida) la intranquilidad popular parece volverse crónica.

El monto de las alzas varía de país a país, pero por casi todas partes va teniendo efectos dramáticos para los sectores pobres. En Djibouti los precios de los alimentos se han estado manteniendo un 20% por encima de sus promedios históricos; Sudáfrica ha visto duplicarse el costo del trigo y aumentar sensiblemente el del maíz; en Kenia, donde en 2007 las familias ya gastaban más de la mitad de sus ingresos en alimentación, a principios de 2008 el dinero necesario para pagar por esos productos –liderados por los cereales, la leche, los huevos y la carne– subió un 50%, y ello sin dudas desacelerará el crecimiento, impulsado en los últimos años por el consumo.

También puede verse comprometido el crecimiento de Botswana por una inflación que –alentada por la subida de precios de alimentos y combustibles– se acerca al 9%: en Burkina Faso los disturbios fueron motivados por encarecimientos de los alimentos y otros productos básicos en un rango del 10-65%.
Un informe de la FAO de febrero pasado observa que 21 de los 36 países que experimentan crisis de seguridad alimentaria son africanos: la agricultura fue afectada por la sequía en Lesotho y Swazilandia, pero también ha habido inseguridad en Sierra Leona, Ghana, Kenia y Chad. En países como Djibouti los crónicos problemas climáticos son los principales causantes de retirados fracasos de las cosechas, que hacen muy vulnerable al país a las alzas de los precios mundiales de los alimentos. En una amplia zona del África occidental las cosechas sufrieron irregularidades climáticas, y hubo rumores de que en Nigeria septentrional, Ghana y otros sitios, los especuladores acaparaban comida, aunque lo cierto es que la caída de la producción en el norte nigeriano por falta de lluvia impulsó el alza de precios en toda la región debido a la enorme escala de la economía nigeriana. La crisis provocó acusaciones enfiladas contra los ministerios de Agricultura de varios estados del norte de Nigeria por desoír advertencias de tomar oportunas medidas contra la sequía.


Como en la mayoría de los países, las autoridades de Burkina Faso atribuyen la aguda espiral del costo de los alimentos a la revalorización de los combustibles. Empresarios de la industria láctea de Namibia también culpan a estos (y a los precios del forraje) por el encarecimiento de la leche, pero observan que las causas se extienden más allá, a toda la estructura económica y financiera mundial, al vincularlo también a la creciente demanda de trigo y al alza de las tasas de interés en casi todas partes.


La escasez de alimentos en Kenia, y su concomitante encarecimiento, puede atribuirse en parte a los disturbios en el país tras los recientes comicios, que asolaron la región productora de dos tercios del maíz y las tres cuartas partes del trigo nacionales, donde los manifestantes incluso quemaron importantes reservas de granos y obligaron a desplazarse a unas 50 000 familias campesinas. Aunque las reservas nacionales de cereales deben alcanzar para unos siete meses, se advierte que podría haber una hambruna este año por el creciente costo de insumos del cultivo (el precio de los fertilizantes se duplicó), el desplome de los circuitos comercializadores y la irregularidad de las lluvias. De seguir caros los fertilizantes, los campesinos volverían a recurrir al estiércol de res, reduciendo así los rendimientos y, en cualquier caso, se vaticinan nuevos encarecimientos de los alimentos este año.


La intervinculación del problema de los precios de país a país es muy evidente en ciertas regiones africanas: buena parte de la carestía en Botswana es importada de Sudáfrica, donde los alimentos cuestan cada vez más desde octubre pasado. Igual pasa en África oriental, donde a pesar de la tensa situación alimentaria, los comerciantes de Kenya acaban de exportar 12 000 t métricas de maíz a la vecina Tanzania para cubrir un déficit causado allí por la falta de lluvias. También los alimentos en la enclaustrada Uganda se encarecieron por el conflicto que recién conmovió a Kenya, donde varios cargamentos destinados al vecino país fueron destruidos por los manifestantes, si bien las autoridades de Kampala esperan que la firma del acuerdo para cesar la violencia post-electoral permita mover las mercancías detenidas en el puerto keniano de Mombasa y que ello contribuya a bajar los precios.


El gobierno de Sudáfrica está investigando si, aparte de otras causales, el alto costo del trigo pudo deberse también a fijaciones erróneas de precios de la producción nacional. En ese país los opositores a la reforma agraria aprovechan la situación para llamar a paralizar cualquier medida que ponga en riesgo el aumento de la producción, aunque es cierto que –por ejemplo– muchos nuevos granjeros comerciales negros, beneficiados por dicha reforma, no han podido poner a producir sus tierras por la interposición de una variedad de reclamaciones sobre ellas presentadas a la justicia. Mientras tanto, en Zimbabwe la reforma agraria sigue demorando en producir el esperado despegue de la producción alimentaria, de modo que, de nuevo este año, el país necesitará importar muchos cereales.


Otros países que aun se encuentran en fases diversas de reconstrucción tras conflictos armados nacionales seguirán requiriendo ayuda alimentaria del exterior: es el caso de Guinea–Bissau, donde se requerirán más de 20 000 t de alimentos del Programa Mundial de Alimentos. Pero como en otras partes, no se trata solo de secuela de guerra: los campesinos guineenses, habituados a cultivar no solo arroz, sino también maní con el cual comprar arroz importado, descubren que los precios mundiales del maní se desplomaron y los del arroz suben vertiginosamente.
Y no solo aumenta el costo de los alimentos producidos en tierra: en Sierra Leona y otros países el pescado se encarece, debido a los impuestos a pagar por los pescadores, la creciente escasez de los peces y –de nuevo– los altos precios de los combustibles.

No es fácil contrarrestar la tendencia. Los disturbios en Burkina Faso ocurrieron apenas dos semanas después de que el gobierno anunciara “fuertes medidas” para controlar los precios: lanzar al mercado las reservas de emergencia, bloquear las exportaciones de cereales y reducir en el 30–35% los impuestos a ciertos productos básicos. En Ruanda y otros países se urge desesperadamente a los campesinos a emplear fertilizantes en aras del rendimiento, aunque habría que garantizar la accesibilidad al producto. Benin y Senegal impusieron controles de precios y eliminaron aranceles, Zimbabwe impuso controles y precios subsidiados a los cereales importados y Zambia reintrodujo la prohibición de nuevos contratos de exportación de cereales. Etiopía también prohibió las exportaciones de sus principales cereales (incluso suspendió las ventas locales al Programa Mundial de Alimentos) e impuso una sobretasa del 10% a las importaciones suntuarias para subsidiar el trigo para los pobres. Muchos elogian la estrategia de prevención y enfrentamiento de desastres de Etiopía para hacer frente a sus crónicas crisis de alimentos, pero se observa que por más voluntad política que exhiban países pobres, de frágil institucionalidad y pocos recursos, seguirán requiriendo por bastante tiempo ayuda externa para ejecutar sus programas.

En Sudáfrica muchas voces que antes pedían el alejamiento total del Estado de los asuntos del mercado ahora critican al gobierno por su falta de protección a los granjeros mediante subsidios o aranceles. Pero allí, como en muchos otros países africanos, el impacto social de las alzas de precios, la polémica en torno a los biocombustibles, los efectos del crecimiento de la demanda de economías emergentes como las de China y la India, así como los sombríos pronósticos del cambio climático parecen estar empujando al centro del escenario político las discusiones en torno a la agricultura y a la seguridad alimentaria, que pocos años atrás, según los funcionarios de muchas agencias internacionales, iban a ser garantizadas por el mercado. Por ello no son totalmente justas las generalizaciones de esos mismos funcionarios cuando arguyen que es “la falta de voluntad política para invertir en la agricultura” la que imposibilita cumplir los objetivos de reducir a la mitad la pobreza y el hambre en África para el 2015.

Otro problema es el de los biocombustibles, al que ya hay amplio consenso para identificar como una de las principales y probablemente más duraderas causas del encarecimiento mundial de los alimentos: Desmond van Jaarsveld, director-gerente de Lecherías de Namibia observó su impacto en la oferta y demanda de varios alimentos; Kanayo Nwanze, vice-presidente del Fondo Internacional para el Desarrollo Agrícola, los mencionó junto al cambio climático, la crisis económica global y los precios de los combustibles –agregando que, por tanto, la solución requiere “un esfuerzo concertado de las agencias de la ONU”.
Incluso un reciente informe del Banco Mundial advierte que el alza de precios –que, dice, deberá continuar “a mediano plazo”– es producto de “los altos precios de la energía y los fertilizantes, la demanda de cosechas de alimentos para producción de biocombustible y las bajas reservas de alimentos.” Un artículo de la prensa de Gambia advierte que la explotación de biocombustibles acelerará el cambio climático que ya está erosionando las costas del país y afectando su industria turística. Y aunque un equipo de expertos de la FAO acaba de anunciar la puesta a prueba de una herramienta analítica que ayudaría a los países a determinar si es o no riesgoso para ellos producir biocombustibles (valorando su potencial técnico de biomasa, costos de producción de esta, potencial económico de bioenergía, consecuencias macroeconómicas, impacto nacional y a nivel de hogares y consecuencias para la seguridad nacional) son muchas y muy serias las interrogantes que siguen pendiendo, cual espada de Damocles, sobre las cabezas de legiones de pueblos del mundo subdesarrollado con respecto a las implicaciones de los biocombustibles.
Texto: David González

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Árbol Babobab de Madagascar (Foto de Viaje a Africa)

Se acuerdan de nosotros y nos premian. Gracias

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(Marzo 2009)

Concedido por Ong Mediterránea (Marzo 2009)

Concedido por Cristina y Diego desde "Mi trocito de África" (Marzo 2009)

Concedido por Bet y Marc de "Camí d'África" (Julio 09)

Concedido por Kagurafrica (Octubre 2009)