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miércoles, 30 de noviembre de 2016

El silencio de la violencia: millones de niños huérfanos en la R.D. Congo

Huérfanos en el Centro Don Bosco de Goma

Más de 4 millones de niños han perdido al menos a uno de sus progenitores en la República democrática del Congo, a lo largo de las dos últimas décadas. El silencio de estas víctimas sigue inmerso en oleadas de violencia.

Más de 26 millones de huérfanos vievn en el Oeste y Centro de África, uno de estos países es la R.D.Congo, el segundo en el mundo detrás del Sudeste Asiático, según Naciones Unidas. 

Estos niños crecen en un ambiente de conflicto, con continuos enfrentamientos étnicos y luchas por la extracción de minerales. La violencia y los desplazamientos provocan además la separación de familias enteras. Estas rupturas familiares obligan a muchos niños huérfanos a buscarse una vida sólos desde muy pequeños. Los más vulnerables son reclutados por grupos armados y milicias, y otros muchos son víctimas de la expotación sexual en un país donde la violación se ha convertido en un hecho habitual en las calles.

"Se trata de huérfanos con historias llenas de violencia desde 1994, es una generación de víctimas contínuas" dice Francisca Ichimpaye, un monitor del Centro Les Enfants INUKA. 

Algunos de estos huérfanos, que viven en Goma como:


Alpha Meleki, de 6 años, que a comienzos de este año fue encontrado entre un montón de cadáveres tras el ataque de los rebeldes en Beni, el pueblo en el que vivía, situado al Este del país. A pesar de que recibió un disparo logró sobrevivir. Las heridas de bala y la cicatriz de cirugía sobre el vientre inflado se han curado recientemente. 

Las cicatrices emocionales todavía son recientes. Todavía desconfía de los desconocidos y sólo busca la mano de los adultos que conoce. Mientras se acaricia la cicatriz que todavía está visible en su cabeza. "Ellos me golpearon con un machete" repite el pequeño.

No soporta oir los gritos de otros niños cuando llegan con heridas y tienen que recibir asistencia médica en el centro INUKA.  Desde el centro nos dicen que el niño puede tardar años en encontrar a algún miembro de su familia, porque los ataques persisten en el Este del pais.

O como Jeannette Umutsi de 17 años, que cuida de su hermano pequeño intentando que no conozca los horrores que ella ha sufrido. Al principio ella cuenta su historia que comienza unos años después del genocidio de Ruanda. Los guerrilleros armados asaltaron su casa la golpearon en la pierna con una pala y casi mataron a su hermana. 



Ella y su familia escaparon de su ciudad natal Kirolarwe en 2008 para evitar la violencia. En el siguiente pueblo, ella se ocultó en una caseta de madera durante 3 días para salvarse de otro ataque. Mientras escuchó disparos y vió cadáveres, incluyendo el de su tío. "Tengo tantas pesadillas ahora. Tantas pesadillas" dice. 

Su madre volvió para salvarla. Pero más tarde murió tras el parto en el que nació su hermano Shukuru, ahora de cinco años. Su padre solía ser un luchador, ella dice. Una vez, él amenazó con matarla con un machete. Cuando Jeannette habla de él, ella se inclina y mete la cabeza entre sus piernas, el miedo es palpable en sus ojos. Finalmente logró escapar de la familia, envolvió a su hermano pequeño, se lo cargó a la espalda y caminó durante días hacia el Campo Mugunga en Goma. Actualmente es la mayor de una docena de niños en el Centro de INUKA, donde ayuda a cocinar el pescado y el arroz para el almuerzo y cuida de los niños durante las siestas.

Moise Munoka, de 7 años, que habla susurrando mientras relata la pérdida de su madre. Ella murió en 2013 después de sufrir varias violaciones y las enfermedades que padeció. 



Las violaciones en la R.D.Congo son constantes, en el Centro la Voz de los Niños en la ciudad de Goma, Moise y su hermana Agata son algunos de los 30 menores nacidos fruto de violaciones a mujeres congolesas. Aunque Moise nunca ha conocido a su propio padre, él sabe que él era probablemente un  guerrillero que violó a su madre. 

Cuando alguien le pregunta si le gustaría conocer a su padre algún día, Moise responde con un "no". Él es feliz tras haber dejado a trás la guerra en el pueblo de Massissi. " Es un lugar malo porque hay guerra, la gente se odia y les gusta matar, " dice él. " Hay gente siempre muerta, y la sangre", recuerda. 
Actualmente él y su hermana están a cargo de una mujer viuda Arlette Kabuo Malimewa, de 45 años y madre de otros tres niños y que también se ocupa de un bebé.  Agata duerme en la sala de estar, que tiene varios posters de Jesucristo. Moise tiene su propio espacio, donde sus dos bolsas de libros cuelgan de dos clavos en los tablones de madera. Malimewa vende sábanas para la cama y consigue unos 5 dólares a la semana. 

Fuente: AP

sábado, 13 de agosto de 2016

Chad, el lago de los olvidados

El mítico lago de Chad, antiguamente una de las reservas de agua dulce más grandes del mundo, aparece en el horizonte mutado, reconvertido en una sucesión de ríos, islas y balsas salpicando masas verdes de vegetación y el ocre de la tierra. Al fondo, el agua se confunde con el reflejo del intenso sol que nos aguarda.

En los años sesenta, el lago de Chad medía 25.000 kilómetros cuadrados –algo más que la Comunidad Valenciana– pero lleva años en retroceso. La falta de lluvias, el avance de la desertización y la sobreexplotación humana han llevado a que actualmente ocupe entre 2.500 y 12.000 kilómetros cuadrados, según el año y la temporada. En sus orillas viven 20 millones de personas de cuatro países diferentes (Chad, Níger, Nigeria y Camerún) que se lo repartieron a golpe de tiralíneas. No reina la paz en este medio natural único. En el último año, el lago se ha convertido en “un escenario de guerra”, según Acnur, por el avance de la secta terrorista Boko Haram.



En sus orillas hay alrededor de 2,3 millones de personas desplazadas –la mayor parte de ellas en Nigeria, ver mapa adjunto– debido a las acciones de Boko Haram pero también a las operaciones de seguridad llevadas a cabo por los ejércitos nacionales para cortarle el paso. La región, proclive a los problemas de desnutrición, vive inmersa en una crisis humanitaria que no cesa y que ha escapado del radar de la opinión pública internacional.

Boko Haram surgió en Nigeria como movimiento de contestación social en el 2002. Se pasó al terrorismo en el 2009 y el año pasado juró fidelidad al autodenominado Estado Islámico. La falta de educación, infraestructuras y perspectivas de futuro han arrojado a muchos a sus brazos. Su territorio está en retroceso pero aún controla unos 20.000 kilómetros cuadrados al este de Nigeria. El grupo ha causado más de 20.000 muertes.


Boko Haram (literalmente, la educación occidental es pecado) ha encontrado en las orillas e islas del lago un escondite ideal desde el que lanzar ataques terroristas a los países vecinos, como empezó a hacer con intensidad a finales del año pasado. Los milicianos de Boko Haram llegaron al pueblo de Mawua hace un año. “Vinieron un jueves por la mañana y nos dijeron que teníamos que irnos esa tarde. Algunos nos negamos pero al final todo el mundo se fue, salimos huyendo” mientras arrasaban el pueblo, explica en el campo de desplazados internos de Melea, a unos 40 kilómetros de Bol (Chad).

Mawua tiene 31 años y cinco niños. Con su marido, recorrieron los 60 kilómetros a pie y en piragua para buscar refugio. Llegaron con lo puesto. No tenían mucho pero antes podían vivir de la agricultura y la pesca. Ahora pasa los días sin nada que hacer. Quieren instalarse pero no pueden trabajar la tierra y no tienen útiles para pescar. “Nuestra vida es mucho más difícil ahora que antes pero no quiero volver, no es seguro allí”, cuenta, negando con la cabeza. Es buduma, etnia de la que los kanembu sospechan de simpatizar con Boko Haram.


Nadie sabe por cuánto tiempo estará en este campo de desplazados, uno de los más de cien de Chad y que acoge entre 4.000 y 5.000 personas que dependen de la ayuda alimentaria. A Bintu, una abuela de 82 años, la sacaron como pudieron de su casa. Tiene las dos piernas inmovilizadas. Llegó en dromedario y piragua y ahora pasa los días quieta bajo una chabola de paja, luzca el sol o llueva. “Estoy enferma y agotada, y no tengo ningún deseo de volver”, remata la anciana, que en la huida perdió de vista a sus hijos. Depende de la solidaridad de sus vecinos para alimentarse porque, cuenta, no tiene los papeles para recibir ayuda.

En otros casos, fue el ejército chadiano quien ordenó a la población abandonar sus casas en las islas para limpiar la zona de elementos de Boko Haram. Es la historia de la mayoría de los habitantes del campo de desplazados de Yakoua, que La Vanguardia también visitó en un viaje organizado por la Oficina Humanitaria de la Comisión Europea.

La crisis provocada por los siete años de campaña de terror de Boko Haram alcanza dimensiones gigantescas en su país de origen. Los desplazados siguen llegando a miles cada día a los pueblos e inmensos campamentos en el estado de Borno, al noreste del Nigeria, huyendo por sus propios medios de los terroristas o evacuados por el ejército.

La prioridad del Gobierno nigeriano, afectado por la caída del precio y la producción de petróleo, es derrotar a Boko Haram, no las necesidades básicas de los desplazados. Borno, antiguo granero del país, está devastado y la región se encuentra al borde de la hambruna, alerta Naciones Unidas, acusada por algunas oenegés de haber abierto los ojos tarde ante el drama que se estaba gestando.


“Lo que vi hace unos días en mi visita a tres campos fuera de la capital, Maiduguri, fue terrorífico. Gente tirada por el suelo, que no podía ni mantenerse en pie, esperando la muerte. Niños muriendo a diario. Gente que no ha tenido ningún tipo de asistencia de nadie durante demasiado tiempo. Podemos preguntarnos porqué ha sido así pero lo importante es decidir qué vamos a hacer”, replica Toby Lanzer, coor-dinador de ayuda humanitaria de la ONU para el Sahel. Lanzer confía en que las partidas de ayuda humanitaria anunciadas por la UE y EE.UU. para la región del Lago de Chad (18 y 58 millones de euros respectivamente) permitan actuar.

La crisis de Boko Haram saltó a los países vecinos a través del lago el año pasado, con atentados en Níger, Chad y Camerún. Los desplazamientos de personas no cesan. En mayo y junio, los combates en la región de Diffa (Níger) expulsaron a 76.000 personas. En Chad, el presidente, Idriss Déby, decretó el estado de emergencia en la región del lago en noviembre después de varios atentados suicidas perpetrados por Boko Haram en su territorio. En algunos emplearon niñas drogadas, cargadas de explosivos.

También Yamena, la capital chadiana, está sujeta a medidas de seguridad especiales. Hay toque de queda y se ha reforzado la ya importante presencia militar en las calles. La ciudad acoge la Fuerza Militar Conjunta creada por Chad, Níger y Camerún. Dotada con 8.700 efectivos, libra una guerra brutal contra los yihadistas. El balance de sus operaciones es por ahora discreto. Su lucha contra el yihadismo ha convertido a Déby, que lleva 26 años en el poder y acaba de ser reelegido, en el aliado de preferencia de Occidente en la región.

“Boko Haram no es sólo un problema militar. Sus raíces están en unas condiciones socioeconómicas muy difíciles y hay que buscar soluciones desde varios ángulos. Es lo que hemos transmitido a las autoridades de Chad”, explicó Christos Stylianides, comisario europeo de Ayuda Humanitaria al término de una visita conjunta con Lezard y Susan Richards (US Aid).

Stylianides defiende actualizar el concepto de asistencia e incluir más acciones en el terreno de la educación. “Hay que trabajar en la educación y la extrema pobreza. Ambos factores son por desgracia un caldo de cultivo fértil para la radicalización. Debemos afrontar estos problemas para reducir la influencia de Boko Haram y los flujos migratorios a Europa”. Con otras palabras, Kantuma Abaka, una desplazada del campo de Melea, comparte su análisis. “Donde hay educación no hay crisis, no hay Boko Haram. Si hubiera habido escuelas, esto no habría pasado. Mucha gente llegó aquí pero como no hay de nada, porque no hay escuelas y muchos no encuentran nada que comer, volvieron a las tierras de Boko Haram”.

En Chad, la problemática humanitaria es más amplia. El país, con un 11,7% de su población afectada por desnutrición aguda, ha acogido a miles de personas que huyen de los conflictos que lo rodean por los cuatro puntos cardinales. Al norte, Libia, paraíso de yihadistas y traficantes. Al sur, República Centroafricana, donde continúan las matanzas religiosas. Al este, Sudán y Sudán del Sur. Y al oeste, Nigeria, cuna de Boko Haram, la siniestra sombra que planea sobre el lago.



Nigeria permite acceder a la zona

El panorama que las organizaciones internacionales se han encontrado al entrar a las zonas del estado de Borno, al noreste de Nigeria, que han pasado dos años bajo el control de Boko Haram es desolador: ciudades arrasadas llenas de personas desplazadas sin acceso a agua, alimentos ni la higiene más básica. Las autoridades de Nigeria, volcadas en el combate militar contra el grupo yihadista, se han resistido a facilitar el acceso a estas zonas recuperadas alegando problemas de seguridad pero finalmente han permitido entrar a parte del territorio.

A la vista de la situación, el Gobierno se ha comprometido a permitir la llegada de ayuda humanitaria. Tras visitar la zona escoltada por el ejército, la agencia Unicef ha advertido que 250.000 niños sufren malnutrición severa grave y un elevado riesgo de muerte. Hasta 49.000 perderán la vida si no se actúa urgentemente. La magnitud real del desastre humanitario se desconoce porque siguen habiendo amplias zonas del estado de Borno que son inaccesibles.

Fuente: LA VANGUARDIA

sábado, 19 de diciembre de 2015

El líder golpista de Burkina, acusado de la muerte del expresidente Sankara

El general Gilbert Diendéré, líder del reciente golpe de Estado en Burkina Faso y aliado del expresidente Blaise Compaoré, fue acusado por un tribunal militar de la muerte del expresidente Thomas Sankara, asesinado en extrañas circunstancias en 1987. Diendére fue acusado de "asesinato, ocultación del cadáver y conspiración", según anunció a última hora de ayer el tribunal militar que realiza una investigación para esclarecer las circunstancias de la muerte de Sankara, un político conocido como el "Che Guevara africano".

Sankara
El Gobierno de Burkina, por su parte, aseguró que con esta acusación, se pone "fin a la impunidad" en el país y agradeció el "compromiso de los jueces para que triunfe la verdad".

Otras diez personas, precisó el Gobierno en un comunicado, han sido acusadas en relación con el asesinato de Sankara durante el golpe de Estado liderado por Compaoré en octubre de 1987. Diendéré, que recientemente también fue acusado de crímenes contra la humanidad, fue jefe del Estado Mayor en el antiguo Gobierno de Campaoré, derrocado por una revuelta popular a finales de 2014 tras permanecer 27 años en el poder.

El pasado 16 de septiembre, Diendéré lideró un golpe de estado en Burkina Faso perpetrado por una facción del Ejército contra el Gobierno de la transición, liderado por Michel Kafando.
Gilbert Diendéré
Precisamente, Kafando autorizó en marzo la exhumación de los restos enterrados en la tumba de Sankara, después de que su familia -su mujer y dos hijos que actualmente residen en Francia-, amigos y simpatizantes llevaran años reclamando la identificación de los restos, una petición rechazada en varios ocasiones por Compaoré. La autopsia desveló que el expresidente murió tras recibir diez tiros en el pecho, cabeza y piernas. En 1983 Sankara, que por aquél entonces tenía solo 33 años, lideró una revolución marxista-leninista en el Alto Volta, país al que renombró como Burkina Faso, que en las lenguas locales significa "tierra de la gente honesta".

En Burkina Faso todavía hoy se le recuerda como el hombre que intentó modernizar el país y que demostró a los burkineses que su valor como pueblo no estaba ligado a las materias primas o los recursos naturales que tuvieran.

Fuente: El Dia .es

martes, 10 de noviembre de 2015

Hora de hacer justicia en Sudán del Sur

El informe de la Unión Africana sobre el conflicto de Sudán del Sur que con tanto retraso se ha publicado contiene conclusiones alarmantes, aunque no sorprendentes, sobre la situación actual del país. Ha documentado homicidios, torturas, mutilaciones y violaciones de civiles, así como canibalismo forzado, que ponen de relieve la apremiante necesidad de emprender investigaciones imparciales sobre crímenes de guerra si se pretende poner fin a este tipo de atrocidades y hacer rendir cuentas a los sospechosos de tener responsabilidad penal por crímenes de derecho internacional.

En los 15 meses transcurridos desde que los investigadores de la Comisión terminaron sus pesquisas se ha recrudecido el conflicto y se tiene constancia de abusos y violaciones graves de derechos humanos cometidos por ambos bandos de este conflicto armado no internacional que se ha saldado hasta ahora con decenas de miles de víctimas mortales y que ha obligado a huir de sus hogares a dos millones de personas.


La publicación del informe es un paso importante, aunque tardío, hacia la rendición de cuentas en Sudán del Sur, pero los efectos que habrá de surtir dependerán de la rapidez con que se establezca un marco sistemático para investigar estos crímenes. Al irse degradando las pruebas y desdibujándose los hechos en la memoria, cada día que pasa aleja a las víctimas sursudanesas de la justicia.

El acuerdo de paz firmado en agosto por el presidente de Sudán del Sur, Salva Kiir, y el líder de la oposición, Riek Machar, es el camino que más oportunidades presenta para alcanzar una paz duradera en el país, a pesar de que se ha violado sistemáticamente el alto el fuego pactado. Dicho acuerdo prevé el reparto de poderes, la desmilitarización y la reforma del sector de la seguridad, así como importantes mecanismos de justicia transicional. Entre ellos cabe mencionar una autoridad encargada de otorgar reparaciones, una comisión de la verdad y la reconciliación y un tribunal penal especial híbrido, que será creado por la Comisión de la Unión Africana.

Sorprendentemente, el mecanismo penal de rendición de cuentas fue aceptado de buen grado por ambas partes en el conflicto. De hecho, cuando el presidente Salva Kiir firmó el acuerdo, formuló 16 reservas de peso, pero la creación de un tribunal penal que quizás algún día juzgue a dirigentes políticos y militares de alto rango no era una de ellas.

La región que se ha convertido en Sudán del Sur se ha caracterizado por una absoluta ausencia de rendición de cuentas en las oleadas de violencia ocurridas en el pasado, lo cual es en parte el germen del conflicto reciente.  Al no abordarse los hondos agravios ni impartirse justicia real, lo único que se consiguió en muchos casos fue alimentar la siguiente oleada de violencia colectiva. Salvo en contadas excepciones, la mayoría de los líderes comunitarios con los que hablé durante un viaje reciente a Sudán del Sur creen que toda esperanza de paz duradera en Sudán del Sur debe pasar por una verdadera rendición de cuentas ante las atrocidades cometidas. Consideran también que la inmensa mayoría de la población sursudanesa, que antes tal vez no compartía esta convicción, ve ahora la necesidad de que se rindan cuentas.


El acuerdo de paz estipula que, “desde su concepción”, el gobierno de transición debe elaborar legislación destinada a establecer el tribunal híbrido que, según el acuerdo, será creado por la Comisión de la Unión Africana.  Tal como ilustra una carta conjunta enviada el 23 de septiembre por numerosas organizaciones no gubernamentales internacionales y sursudanesas a la presidenta de la Comisión de la Unión Africana, Nkosozana Dlamini Zuma, es imperiosa la necesidad de que la Comisión cree un tribunal híbrido operativo lo antes posible.

Esta disposición es una medida positiva, pero lo importante es que se materialice. Y cuanto antes, mejor.  

Somos conscientes de que llevará tiempo establecer un tribunal plenamente operativo, dotado del personal, la infraestructura y los fondos necesarios.  Pero urge recabar y conservar desde ahora las pruebas. Las pruebas físicas se deterioran con rapidez en un clima tropical y también existe el riesgo de que se destruyan, alteren u oculten intencionadamente. Los recuerdos de los testigos se desdibujan y se pierde el rastro de estas personas. Se pierden para siempre pruebas vitales.  Por eso es importante que, junto con la adopción pronta de medidas encaminadas a establecer el tribunal híbrido, la Unión Africana o la comunidad internacional pongan en marcha urgentemente un mecanismo provisional dotado de un claro mandato para investigar posibles crímenes de guerra y recopilar y preservar pruebas.

Existen numerosos argumentos de autoridad y claros precedentes para tomar tales medidas.  Por ejemplo, antes de que se pusiesen en marcha y funcionasen plenamente los tribunales para la ex Yugoslavia y Ruanda ya había comisiones de expertos realizando investigaciones.

Igualmente, en Sudán se creó la Comisión Internacional de Investigación sobre Darfur como paso previo a que el Consejo de Seguridad remitiese la situación a la Fiscalía de la Corte Penal Internacional.


El informe de la Unión Africana –y otros muchos informes elaborados por diversas organizaciones, como Amnistía Internacional– no dejan lugar a duda sobre la comisión de crímenes de derecho internacional en Sudán del Sur por ambas partes en el conflicto. Es hora de encontrar a los autores de estos crímenes y hacerles rendir cuentas.

Al tomar medidas de inmediato para emprender investigaciones sobre el terreno se transmitirá un mensaje rotundo de que se está prestando atención a quienes reclaman justicia y de que el informe de la Unión Africana es algo más que palabras estremecedoras sobre el papel. Para que dicho informe tenga un valor real, debe actuar como desencadenante de medidas serias de rendición de cuentas que permitan avanzar verdaderamente hacia la justicia, la verdad y la reparación en Sudán del Sur.

Texto: Ken Scott
Fuente: Amnistía Internacional

martes, 22 de septiembre de 2015

El 'Terminator' del Congo se declara no culpable de crímenes de guerra y contra la humanidad

Bosco Ntaganda, el exlíder congolés apodado "Terminator" y acusado de crímenes de guerra y ataques contra la humanidad presuntamente cometidos en la República Democrática del Congo (RDC) entre el 2002 y el 2003, se ha declarado este miércoles "no culpable" ante los jueces de la Corte Penal Internacional (CPI).

"Me declaro no culpable de todos los cargos que se me acusan", ha señalado el exlíder guerrillero Bosco Ntaganda, después de la lectura de los cargos en la primera jornada del juicio contra él en La Haya.

El proceso contra Ntaganda comenzó con la lectura de la cronología de los hechos por el juez Robert Fremr, desde que en el 2006 la corte dictara su orden de detención contra el que fuera jefe adjunto del Estado Mayor General de las denominadas Fuerzas Patrióticas para la Liberación del Congo. El exlíder de las milicias rebeldes compareció más delgado que en las últimas imágenes difundidas tras su traslado a La Haya en el 2013.

Su consejero legal, Stéphane Bourgon, ya había explicado este martes en una rueda de prensa que el acusado había perdido peso, si bien confirmó que se encuentra "con buena salud".

RUANDÉS DE LA ETNIA TUTSI

Tras los alegatos iniciales que durarán hasta el próximo viernes, a partir del 15 de septiembre empezarán los testimonios y careos.

Ntaganda, que aunque tiene la nacionalidad congoleña es ruandés de la etnia tutsi de nacimiento, se enfrenta a trece cargos de crímenes de guerra y otros cinco contra la humanidad presuntamente perpetrados en la región de Ituri (al noreste de la República Democrática de Congo).

Se trata de los cargos de asesinato e intento de asesinato, ataque a civiles, violación, esclavitud sexual de civiles, pillaje, desplazamiento de civiles, ataque a objetos protegidos, destrucción de la propiedad del enemigo y violación y esclavitud sexual.

También se le acusa del alistamiento y reclutamiento de niños soldados menores de 15 años y de utilizarlos para participar activamente en hostilidades, de persecución y de transferencia forzosa de la población entre el 1 de septiembre del 2002 y finales de septiembre del 2003 en Ituri.

Fuente: El Periodico Internacional

miércoles, 16 de septiembre de 2015

La proximidad de las elecciones presidenciales "caldea" el ambiente en Costa de Marfil



El ambiente comienza a "caldearse" en Costa de Marfil y en concreto en la capital Abidjan a medida que se acerca la fecha de la celebración de las próximas elecciones presidenciales, previstas para el 25 de octubre. En los últimos días las manifestaciones celebradas en el país contra el actual presidente ya han causado 3 muertos y 65 heridos.

Las discrepancias por los resultados electorales de las últimas elecciones en Costa de Marfil, sumieron al país en un conflicto armado entre diciembre de 2010 y abril de 2011 provocando graves enfrentamientos y causando la muerte de 3.000 marfileños y el desplazamiento de casi un millón de personas. Ahora la población teme que la situación se repita de nuevo con esta convocatoria electoral, donde queda patente la fractura social que apoya políticamente al partido del gobierno y al principal partido de la oposición.

La última guerra marfileña motivó la detención del candidato de la oposición Laurent Gbagbo, de 69 años, que se mantuvo en el poder durante diez años, y que en 2011 fue acusado de crímenes contra la Humanidad asesinato, violación, actos inhumanos o degradantes, intento de asesinato y persecución. Los delitos fueron presuntamente cometidos durante la represión de las manifestaciones en Costa de Marfil entre diciembre de 2010 y abril de 2011, cuando Gbagbo quiso mantenerse en el poder pese a haber perdido las elecciones presidenciales frente a Alassane Ouattara en 2010.

Gbagbo detenido y trasladado a La Haya se encuentra desde entonces a la espera de juicio por parte de la Corte Penal Internacional, mientras muchos de sus seguidores y hombres fuertes del partido siguen encarcelados o en el exilio. Pero esta detención ha provocado en sus seguidores un efecto contrario al esperado, y lejos de desanimarse sus votantes se han hecho fuertes y no pierden la esperanza de que el partido de Gbagbo regrese a la presidencia del país.

LOS CANDIDATOS

Un total de 10 candidatos se disputarán el gobierno marfileño para los próximos cinco años. Entre esos candidatos se encuentran:


Alassane Ouattara (actual presidente) y que encabeza el partido RHDP: A sus 73 años, este economista cuenta con el respaldo de países como Francia así como del segundo partido político más importante del país el PDCI de Henri Konan Bedié, que ya le facilitó la presidencia en 2011 gracias a los votos de sus afiliados. Alassane siempre ha sido acusado por sus opositores de no ser realmente marfileño, sino burkinabés, y por lo tanto no cumplir uno de los requisitos que establece la constitución marfileña para presentarse como candidato a la presidencia del país, y que ya le impidió presentarse en los comiciones del año 2.000


Affi N’Guessan Pascal, ingeniero de telecomunicaciones y candidato por el FPI, anterior partido en el gobierno, y principal opositor de Alassane. N'Guessan representa ahora a la población descontenta con el gobierno actual que sueña con que el partido de Laurent Gbagbo regrese al poder. 

La validación de la candidatura de Alassane para presentarse de nuevo como candidato a la presidencia ha motivado las protestas de parte de la población en Abidjan que se han saldado con 3 muertos y 65 heridos.  Los enfrentamientos entre distintos grupos armados en la localidad de Bayota, al Este del país, se sumaron a los actos vandálicos registrados en el barrio de Yopougon en Abidjan, donde un grupo de personas quemó un autobús provocando varios heridos y la intervención de la policía. Las manifestaciones fueron convocadas por un nuevo bloque de oposición, la Coalición Nacional para el Cambio (CNC), en la que algunos de sus miembros vienen del Frente Popular Marfileño (FPM) una escisión del partido de Gbagbo. 

En Bonoua, localidad natal de la esposa de Gbagbo, condenada a 20 años de prisión, los manifestantes paralizaron la ciudad, mientras que en Gagnoa a 230 kilómetros de Abidjan, y ciudad natal de Gbagbo, los manifestantes quemaron neumáticos en las calles.



DETENCIONES

Una semana después de la celebración de estas manifestaciones, miembros de esta coalición opositora denuncian la detención de 21 de sus integrantes, que según su portavoz Cesar Etou, "están bajo custodia policial. La Policía les detuvo en sus viviendas o en la calle", dice Etou.

El presidente Ouattara ha ordenado por su parte extremar la vigilancia y control en las calles marfileñas de cara a los comicios electorales. Un total de 34.000 soldados, de los que 6.000 son cascos azules, asegurarán la celebración de las elecciones el 25 de octubre, y el escrutinio de los votos. A partir del día 1 de octubre 28.000 soldados (gendarmeria, policía y ejército) y 6.000 soldados de la ONU en Costa de Marfil serán movilizados y el dispositivo se mantendrá en alerta hasta el recuento final o hasta la celebración de la segunda ronda de elecciones, si esta se celebrase. 

Mientras Ouattara asegura que garantizará unas elecciones democráticas y tranquilas, los miembros de la oposición advierten que los grupos armados situados en el interior del país y conocidos como "dozos" podrían perturbar la seguridad del escrutinio.


miércoles, 13 de mayo de 2015

La violencia preelectoral en Burundi provoca la huida de 20.000 personas a Ruanda

Más de 20.000 ciudadanos de Burundi han llegado a la vecina Ruanda en las últimas dos semanas huyendo de la violencia desencadenada por las aspiraciones del presidente del país, Pierre Nkurunziza, a prolongar su mandato, informó hoy el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR). El número de muertos en los enfrentamientos registrados desde ayer entre manifestantes y la policía asciende a cinco, según fuentes de la oposición recogidas por medios locales.

Además, 157 personas han sido detenidas, indicó hoy el director general de la Policía, André Ndayambaje, quien no dio cifras de muertos ni heridos en las protestas que Burundi vive después de que Nkurunziza anunciara el sábado que volvería a presentarse a las elecciones, algo que la oposición considera ilegal. Hasta ayer y en las últimas dos semanas, un total de 20.408 burundeses han cruzado la frontera con Ruanda, según datos del ACNUR.


La ONU, junto al Gobierno de Ruanda y otros socios locales, trabaja para trasladar a 16.000 refugiados desde los que hasta ahora han sido los dos principales centros de recepción, en Bugesera y Nyanza, en el sur del país, al nuevo campamento de Mahama, en el este. El "brusco aumento" en la llegada de refugiados ha obligado a redistribuirlos desde los asentamientos en el sur de Ruanda, que se encuentran desbordados, indicó el ACNUR en un comunicado.

Desde el pasado sábado, cada día han llegado 3.000 refugiados desde el país vecino, mientras que en la semana anterior Ruanda había recibido 500 burundeses al día. Otros 4.000 burundeses han buscado asilo en la República Democrática del Congo (RDC) mientras Tanzania acoge a apenas un centenar.

En la capital de Burundi, Buyumbura, las protestas se retomaron hoy con choques entre detractores de Nkurunziza y la policía, que usó gas lacrimógeno y también dispersó a miembros de las juventudes del partido del Gobierno, conocidas como "Imbonerakure". Sobre las 15.00 horas locales (14.00 horas GMT) funcionarios judiciales se personaron en la sede de la Radio Pública Africana (RPA), una emisora independiente, para clausurarla por orden de la Fiscalía de Buyumbura, según el portal digital local "Iwacu".

Aunque todavía no existe una emergencia humanitaria en Burundi, ACNUR estima que necesitará más de once millones de dólares para atender a las 50.000 personas que podrían verse afectadas en las primeras ocho semanas de violencia. "En el peor escenario posible, 350.000 personas podrían necesitar ayuda humanitaria en los próximos seis meses", alertó ACNUR.

El flujo de refugiados comenzó semanas antes de que el gobernante Consejo Nacional para la Defensa de la Democracia (CNDD-FDD) anunciara que el hutu Nkurunziza se presentaría de nuevo a las elecciones presidenciales, cuya primera ronda se celebrará en junio. El anuncio, hecho público el sábado, provocó una ola de protestas entre los partidarios de la oposición, que considera que la Constitución burundesa prohíbe las aspiraciones del presidente.

La candidatura de Nkurunziza ha suscitado el temor entre grandes sectores de la población burundesa, que apenas hace una década salió de una guerra civil (1993-2005) que hundió al país y todavía afecta a la sociedad. Tras su independencia de Bélgica en 1962, Burundi ha vivido dos sucesos calificados como genocidios: la masacre de hutus por el Ejército dominado por tutsis en 1972, y el asesinato masivo de tutsis por hutus en 1993. Ahora, son miembros de la oposición y familias tutsis los que han comenzado a dejar el país, ante las informaciones que apuntan a la distribución de armas a las Imbonerakure.

Fuente: LaVanguardia

miércoles, 4 de marzo de 2015

La Unicef denuncia el secuestro de centenares de niños en Sudán del Sur por un grupo paramilitar

Centenares de niños fueron secuestrados hace dos semanas por un grupo paramilitar en Sudán del Sur supuestamente vinculado con el ejército del país, dijo el sábado el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF). 


De acuerdo a un informe "más de 1.000" hombres y niños fueron enrolados a la fuerza Previamente, UNICEF había dicho que 89 menores, algunos de 13 años, fueron reclutados a la fuerza por un grupo armado a mediados de febrero cerca de la localidad de Malakal, capital del estado de Alto Nilo. La agencia dijo que los menores fueron secuestrados cuando hacían exámenes durante una operación de reclutamiento dirigida al parecer principalmente contra adultos en la zona conocida como Wau Shilluk.

UNICEF dijo en un comunicado que ahora "está seguro de que el grupo armado que secuestró a los menores... está alineado con el ejército de Sudan del Sur". El grupo lo encabeza Johnson Oloni, un general que alguna vez combatió al gobierno pero que se unió en 2013 al ejército nacional. Oloni tiene ahora el rango de general de división en el ejército de Sudán del Sur después de la integración de su milicia, según el brigadier Malaak Ayuen, funcionario militar del país a cargo de información y relaciones públicas.

El presidente Salva Kiir solicitó a Oloni que se presentara en Juba, capital de Sudán del Sur, para examinar las acusaciones sobre los secuestros, afirmó. El año pasado, 12.000 menores fueron utilizados como soldados por el ejército. El gobierno de Sudán del Sur condenó los secuestros y afirmó que está en marcha una investigación. De acuerdo con un informe semanal sobre asuntos humanitarios en Sudán del Sur difundido el viernes en la noche, "más de 1.000" hombres y niños fueron enrolados a la fuerza mediante la operación de reclutamiento en Wau Shilluk. El año pasado, 12.000 menores fueron utilizados como soldados por el ejército y grupos armados en diversas partes en Sudán del Sur, según el UNICEF.

Fuente: 20 Minutos


domingo, 1 de marzo de 2015

Nigeria, Camerún y Chad luchan conjunta contra Boro Haram

En los últimos meses las noticias sobre los ataques terroristas de Boko Haram en Nigeria, Camerún y Chad llegan de manera incesante demostrando el terror que este ejército ha sembrado en varios países africanos. Pero ¿qué es realmente Boro Haram y cuáles son sus intenciones?


Liderado por Abubakar Shekau, este grupo terrorista nació en Nigeria, en la localidad de Maiduguri, en el Estado de Borno, impulsado por Ustaz Mohammed Yusuf, militante y líder del mismo hasta julio de 2009. En 2004 la sede fue trasladada a Kanamma, en el estado de Yobe, donde se constituyó una central operativa denominada "Afghanistán", la cual sirvió para atacar y realizar atentados contra las fuerzas policiales nigerianas. Fue en  Luego pasó a ser liderado por Abubakar Shekau.

Este grupo terrorista de carácter fundamentalista islámico activo en Nigeria, ha protagonizado los ataques más sangrientos de los últimos meses en el continente africano. Uno de sus objetivos declarados es el establecimiento de la sharia como norma vigente en los 36 estados del país y no sólo en el norte de mayoría musulmana. Si bien en el norte de Nigeria, la sharia ha sido tradicionalmente considerada como un código de justicia informal, y es aceptado por sectores de la población del norte, es ampliamente rechazada en el sur de Nigeria, donde existe una proporción mayor de cristianos.


Desde el año 2011 los ataques de Boko Haram se han ido intensificando y en 2013 el grupo llevó a cabo varios secuestros en centros educativos del país, dejando numerosas víctimas mortales. En 2014 Boko Haram asesina y quema vivos a cerca de 60 estudiantes en una escuela cristiana, ese mismo año el grupo islamista tomó el control de una población Bama, al norte de Nigeria, en un ataque que causó miles de desplazados y que dejó víctimas fatales. El 14 de abril secuestraron más de doscientas niñas de una escuela en Jibik como parte de una campaña política en contra de la educación occidental de los estados de Borno, Yobe y Adamawa. De ellas, 53 niñas pudieron escapar en los días subsiguientes al secuestro. Todas las escuelas en el estado de Borno fueron cerradas.

El 5 de mayo de 2014, el líder del grupo, Abubakar Shekau, reivindicó el secuestro a través de un video donde afirma que las venderían en el mercado y que la educación occidental debe cesar. Una niña raptada en un secuestro anterior, y que pudo escapar, cuenta que las cautivas eran violadas varias veces por día y forzadas a convertirse al islam, y que les cortaban la garganta si no lo hacían

El secuestro de estas estudiantes revolucionó las redes sociales de todo el mundo causando una mera de protestas a todos los niveles y reclamando la liberación de las jóvenes. 

Conflicto armado



Desde 2009, la irrupción de Boko Haram y la consiguiente represión por las fuerzas nigerianas ha causado más de 13.000 muertos y más de un millón de desplazados en Nigeria, sobre todo en el noroeste del país, feudo de la secta extremista. El grupo ha multiplicado sus atentados desde hace seis años, también los kamikazes. 

Desde hace unos meses Níger, Chad y Camerún tratan de acorralar a Boko Haram dentro de las fronteras de Nigeria de cara la ofensiva por tierra y aire por parte de la fuerza regional que está previsto que arranque el próximo mes, según ha indicado a Reuters un responsable militar nigerino. El grupo islamista, que ha matado a miles de personas en sus seis años de insurgencia en Nigeria, ha llevado a cabo intensos enfrentamientos con los ejércitos de los tres países en el sur de Níger y en el norte de Camerún, cerca de las fronteras de Nigeria, en las últimas semanas. Las fuerzas chadianas han llevado a cabo incursiones en Nigeria para repeler a los yihadistas, matando a cientos de ellos.

El ejército nigeriano anunció hace sólo unos días que ha recuperado la tristemente célebre ciudad de Baga, en el noreste de Nigeria, también a orillas del lago Chad, que había caído a principios de enero en manos islamistas donde perpetraron la peor matanza de civiles en seis años de actividad. "Todo lo que estamos haciendo ahora mismo es evitar que Boko Haram entre en Níger: si atacan nuestras posiciones les repelemos a una cierta distancia y Nigeria empuja desde el otro lado para contener la situación", ha explicado, en los márgenes de los ejercicios antiterroristas patrocinados por Estados Unidos 'Flintlock' en Chad.    "Hay iniciativas por parte de nuestros países para asegurarnos de que Boko Haram no se descontrola pero tenemos la fecha tope de finales de marzo para poner en marcha la fuerza conjunta".

Desde 2009, Boko Haram y la represión de las fuerzas nigerianas han dejado más de 13,000 muertos y 1.5 millones de desplazados. Nigeria y sus vecinos, Chad, Níger, Camerún y Benín, acordaron a principios de febrero movilizar 8,700 hombres en una fuerza internacional de lucha contra los islamistas.

Fuentes: Europa Press/ El Economista/ 

martes, 17 de febrero de 2015

La violación masiva en Darfur que Sudán no quiere investigar

Sudán continúa ahogando sus crímenes contra la humanidad en el silencio. En un informe de 48 páginas, la organización Human Rights Watch vuelve a echar leña al fuego sobre la violación masiva cometida el pasado 30 de octubre (y que se prolongó durante 36 horas) contra al menos 221 mujeres y niñas en la aldea de Tabit, en Darfur Norte por soldados del Ejército sudanés.

Los hechos, denunciados ya a principios de noviembre, tan solo provocaron, como ahora, la callada por respuesta por parte del Gobierno de Jartum: Pese a que el día 2 de ese mes, fuentes locales se hacían eco de la masiva agresión sexual, no sería hasta el pasado 9 de noviembre cuando un grupo de 18 trabajadores de Naciones Unidas accedería finalmente a la localidad, pero acompañados por un destacamento de las fuerzas armadas sudanesas. Entonces, la organización aseguró que no había encontrado ninguna prueba que justificara las denuncias de violación.


Ante la sorpresa general, el embajador australiano ante la ONU, Gary Quinlan, presidente del Consejo de Seguridad entonces, reconocía después que la fuerte presencia de militares de Sudán planteaba serias dudas sobre la investigación. De igual modo, un informe interno de la ONU, reconocía que «el comportamiento y las respuestas de los entrevistados indicaron un ambiente de miedo e intimidación».

En este sentido, ante las numerosas negativas por parte del Gobierno de Jartum para permitir nuevas investigaciones sobre el terreno, la embajadora estadounidense ante la ONU, Samantha Power, se expresaba así en las redes sociales a finales de noviembre: «Sudán ha negado en dos ocasiones el acceso a Naciones Unidas para investigar la violación en masa en Darfur, a pesar de los llamamientos del Consejo de Seguridad de la ONU y (el secretario general) Ban Ki-moon. ¿Qué esconde?».

De forma paralela, el Gobierno de Sudán exigía la salida del país de la operación híbrida de la Unión Africana y Naciones Unidas en Darfur (Unamid), quien iniciara sus operaciones en 2007 como forma de pacificar esta conflictiva región.

«Después de 10 años de guerra civil, Darfur es estable. Para justificar la presencia de la Unamid, fabricaron la historia de violaciones en masa en Tabit. Esperamos alegaciones similares en el futuro», aseguraba Abdallah Azraq, vicesecretario sudanés de Asuntos Exteriores.

Ahora, de nuevo, y en vista de las últimas pruebas, Jan Eliasson, vicesecretario general de la ONU, ha exigido a Sudán que permita una investigación independiente.

Conflicto que no cesa
Unamid inició sus operaciones en 2007. Sin embargo, a mediados de 2009, el descenso de los enfrentamientos en la región motivó que el comandante saliente de la operación híbrida, Martin Luther Agwai, anunciara que Darfur ya no se encontraba en estado de guerra y que el conflicto había finalizado.

Pese a ello, solo unos meses después, Ahmed Hussein Adam, portavoz del grupo rebelde Movimiento Justicia e Igualdad, denunciaba a ABC que  cualquier tipo de colaboración con el Gobierno local, presente o futura, era «inviable», por lo que esta milicia armado solo cesaría en su lucha «con la muerte del dictador Bashir».

Y, cumplida ya más de una década del inicio de la llamada «guerra de Darfur», en la que grupos, en su mayoría no árabes, se alzaron en armas contra Jartum (el 26 de febrero de 2003, el Frente de Liberación de Sudán atacaba la ciudad de Golo, para la gran mayoría de analistas, el punto inicial del conflicto), el conflicto continúa agitándose.

Diez años que tan solo han servido para cobrarse decenas de miles de vidas (se estima que los fallecidos por el conflicto son cercanos a los 300.000, así como hay más de dos millones de desplazados internos) y para que el presidente sudanés, Omar al Bashir, disponga de  una orden de busca y captura por el Tribunal Penal de la Haya por los crímenes de guerra y lesa humanidad  cometidos en la región.

FUENTE: ABC.ES


sábado, 27 de diciembre de 2014

Cada día un niño en República Centroafricana es asesinado o mutilado




Un año después de que la violencia extrema sacudiera la República Centroafricana, dos de cada cinco niños que necesitan urgentemente el apoyo de UNICEF siguen sin recibir ayuda humanitaria vital, según la organización. Los datos señalan que aunque sean ya los grandes olvidades del mundo hay mucho de lo que preocuparse.

“Los niños en la República Centroafricana ya no están en los titulares, pero más de 2,5 millones siguen viviendo en un miedo constante”, dijo Manuel Fontaine, Director Regional de UNICEF para África Occidental y Central. “Tienen muy poco acceso a los servicios esenciales y dependen totalmente de la ayuda humanitaria. Mientras nos preparamos para celebrar el Año Nuevo, debemos aprovechar la oportunidad para dar un futuro mejor a estos niños”.

UNICEF dice que la grave falta de financiación y la inseguridad –como por ejemplo las barricadas en las carreteras, los saqueos y los ataques contra trabajadores humanitarios– han dejado sin acceso a los servicios esenciales de salud, agua, educación y protección a los niños que esperaban ayudar este año.


Debido a que este año se ha recibido menos de la mitad de los fondos de emergencia necesarios, y a que el acceso humanitario ha estado limitado debido a la violencia, UNICEF ha tenido que realizar grandes esfuerzos para ofrecer la asistencia vital que las comunidades necesitan.

•      620.000 personas no pudieron recibir atención médica ni medicamentos básicos

•      250.000 personas no tuvieron acceso a fuentes mejoradas de agua

•      33.000 niños no fueron vacunados contra el sarampión

•      5.000 niños gravemente desnutridos menores de cinco años no recibieron tratamiento.

En el momento más álgido de la crisis, la lucha y los enfrentamientos generalizados obligaron a cerca de medio millón de niños a abandonar sus hogares. El conflicto ha destrozado las comunidades de todo el país, dejando una estela de destrucción y el colapso de los servicios básicos. Según UNICEF, un promedio de por lo menos un niño fue asesinado o mutilado todos los días de este año en la República Centroafricana. Los grupos armados reclutaron una cifra cercana a los 10.000 niños.

“Detrás del horror de la violación y el asesinato hay muchos maestros, vacunadores, trabajadores sociales y médicos en la primera línea de batalla que se arriesgan todos los días en pro de los niños”, dijo Manuel Fontaine. “Sin apoyo, su trabajo para salvar vidas está amenazado, y es muy posible se echen a perder la mayor parte de los progresos alcanzados este año."

Junto con las autoridades y los aliados locales, UNICEF pudo prestar servicios esenciales a miles de familias necesitadas. Cerca de 1,4 millones de personas recibieron medicamentos; más de 1 millón de niños fueron vacunados contra la poliomielitis; aproximadamente 550.000 mosquiteros fueron distribuidos para proteger a las familias contra el paludismo; y más de 22.300 niños con desnutrición grave recibieron tratamiento terapéutico.


Al mismo tiempo, la crisis se está ampliando a lo largo de las fronteras. En los últimos 12 meses, la violencia ha generado 188.000 nuevos refugiados que han huido a los países vecinos, como el Camerún, el Chad, el Congo y la República Democrática del Congo. Más del 80% de las personas que huyen de la violencia a través de las fronteras son niños y mujeres. Además, cerca de 430.000 personas que han huido de sus hogares siguen desplazadas dentro de la propia República Centroafricana. Más de 16.000 personas de las poblaciones minoritarias se mantienen sitiados en enclaves rodeados por grupos armados.

UNICEF hace un llamamiento por 72 millones de dólares para llevar a cabo en 2015 sus programas de emergencia en la República Centroafricana; el objetivo es reconstruir los servicios sociales, proteger a los civiles, involucrar a las comunidades para fomentar la reconciliación y promover la paz.

FUENTE: Te interesa. es

lunes, 10 de noviembre de 2014

Burkina Faso: Cuando el bombero se convierte en pirómarno

Burkina Faso vive desde comienzos de mes una nueva etapa de su historia, intensa políticamente y revolucionaria socialmente. La intención del ahora ex-presidente Blaise Campaoré de modificar la constitución para poder permanecer en el cargo después de 2015, le ha costado caro a uno de los más conocidos dictadores africanos.

Esta vez la población civil no se ha quedado de brazos cruzados y ha salido a las calles de Ouagadougou, la capital burkinabesa. Mareas de civiles se manifestaron contra la intención de Campaoré de modificar la constitución, entraron en el parlamento, incendiaron la sede de la Asamblea Nacional, se hicieron con la sede de la televisión, y protagonizaron escenas violentas inundando las calles principales de barricadas y combates entre ejército y manifestantes. Ante esta oleada de protestas el presidente de Burkina Faso declaraba el estado de sitio, suspendía todos los vuelos cerrando el aeropuerto y cortaba todas las emisiones de radio y televisión.


Pero la oposición de la población civil, la insistencia social a negarse a una modificación de la constitución, la presión política de la oposición y la vigilancia internacional obligó a Campaoré a disolver el gobierno el pasado 30 de octubre,  y un día después a presentar su dimisión. 

El mismo día el jefe del Estado Mayor, el general Nabéré Honorè Traoré se proclamaba públicamente responsable y jefe del Estado conforme a las disposiciones constitucionales. Pero el anuncio no tardó en enfurecer a la población civil temerosa de un "golpe de Estado encubierto" ya que el general siempre se ha mostrado muy próximo al ex-presidente burkinabés. No tardó mucho en que el lugarteniente-coronel Isaac Zida y uno de los impulsores de la suspensión de la constitución, anunciara el cierre de las fronteras terretres y aéreas y se proclamara responsable y representante del Estado en transición, invitando a los demás grupos políticos y a la sociedad civil a participar en este proceso de transición democrática.

El pasado día 2 de noviembre los Estados Unidos reclamaban a los militares burkinabeses que iniciaran un proceso de traspaso de poderes a las fuerzas civiles del país, para convocar en 2015 unas elecciones libres y democráticas.

La traición

Mientras el desconcierto reinaba en el país, Campaoré y su familia huían buscando refugio en la vecina Costa de Marfil, Burkina Faso despartaba asi de un largo letargo político que comenzó hace 27 años cuando Campaoré llegaba a la presidencia del país gracias a un golpe de Estado en 1987.
Sospechoso desde sus inicios de ser el impulsor de su predecesor en el poder Thomas Sankara, Blaise Campaoré siempre tuvo numerosos enemigos que nunca le perdonaron su traición hacia Sankara, considerado como el "Che Guevara Africano" , revolucionario marxista y teórico panafricanista.

Thomas Sankara
Impulsor de un cambio social y económico en el país, Sankara apostó por el avance de Burkina como país independiente luchando contra el imperialismo colonial francés, cambiando incluso el nombre del país que anteriormente se llamaba Alto Volta y que pasó a denominarse Burkina Faso. Su política se centró en luchar contra el hambre, mejorar la situación sanitaria de los ciudadanos, priorizar la educación, promover los derechos de la mujer y llevar a cabo una reforma agraria.

Finalmente Sankara fue derrocado y asesinado en un golpe de estado liderado por Campaoré y respaldado por Felix Houphouët-Boigny, primer presidente de Costa de Marfil  y por Francia en octubre de 1987.

Formación militar

Desde su llegada al poder Campaoré  eliminó a dos relevantes líderes revolucionarios, Henri Zongo y Jean-Baptiste Boukary Lingani, acusados de conspiración contra el régimen, y fundó el partido Congreso para la Democracia y el Progreso. Procedente de la Escuela Militar de Camerún y con formación especializada en Infantería en Francia,
Blaise Campaoré
Señalado como uno de los principales aliados de Francia y de explotar al máximo los recursos naturales del país a favor de multinacionales francesas, Campaorè ha sido acusado de apoyar al ex dictador y criminal de guerra en Liberia, Charles Taylor (acusado de crímenes de guerra por le Corte Penal Internacional), de vender armas a los rebeldes del RUF de Sierra Leona por intereses en las minas de diamantes, de enviar  al ejército burkinés a apoyar la toma de poder de Bozizé en República Centroafricana, del golpe de estado militar de Baré Maïnassara en Níger en 1996, o incluso lo relacionan con el Movimiento Anticomunista de, Jonan Samvibi en Angola, donde las explotaciones de diamantes estaban en juego.

También en la crisis que en 2002 atravesó Costa de Marfil donde Campaorè fue señalado directamente por el entonces presidente marfileño, Laurent Gbagbo por apoyar la rebelión del norte de Costa de Marfil para derrocar a Gbagbo. Campaoré fue relacionado entonces con el Movimiento Patriótico de Costa de Marfil (MPCI) integrado por rebeldes situados en el norte del país, entrenados por fuerzas burkinabesas y rebautizados como Forces Nouvelles, y a las que se le suministro uniformes, armamento pesado, recursos tecnológicos y equipos militares.

Estos guerrilleros rebeldes fueron poco después los que apoyaron militarmente al actual presidente marfileño Alassane Ouattara que consiguió llegar al poder en abril de 2011, con el respaldo militar  de las Forces Nouvelles y también de Francia.

La última intervención de Blaise Campaorè se produce en el conflicto de Mali, donde de nuevo juega un papel crucial, La mayor parte de los tuaregs rebeldes malienses fueron formados en Burkina Faso antes de entrar de nuevo en el país. Su implicación en esta crisis ha quedado demostrada cuando el propio Campaorè se autoproclamó como único mediador en representación de la CEAO (Comunidad Económica del los Estados de África del Oeste).

El falso pacificador

Campaorè se convirtió así en uno de los principales negociadores y mediadores en diversos conflictos políticos que se sucedieron a lo largo de estos años en distintos países del África del Oeste. De cara a la comunidad internacional Campaorè ofreció una imagen de pacificador en la región africana, hasta el punto de pretender optar al Premio Nobel de la Paz. Intervino además en los conflictos de Guinea y Mali ganándose el reconocimiento internacional,

Campaorè y Gbagbo

Pero detràs de esta imagen idílica de negociador en busca de la paz en la región Campaoré consiguió que el miedo reinara en su país gracias a su mano férrea durante 27 años de dictadura. Ahora ya son muchos los que apuntan a Campaorè no como un pacificador sino como el pirómano manipulador que intervino en numerosas crisis africanas.

Pero su intervención en estos conflictos escondían además un interés personal político y convertirse de cara a la comunidad internacional en un interlocutor importante en África del Oeste. Fue tras la muerte del presidente marfileño, Felix Houphouët-Boigny en 1993, cuando Francia se queda sin su principal interlocutor en la región africana y decide que sea Campaorè quien asuma el papel, asegurando así que éste defendería los intereses franceses en la zona.

La huída

La rebelión social registrada hace solo unas semanas en Burkina Faso obligó a Campaoré y su familia a huir del país buscando refugio en la vecina Costa de Marfil, Burkina Faso despertaba así de un largo letargo político que comenzó hace 27 años cuando Campaoré llegaba a la presidencia del país en 1987. Su esposa, originaria en Costa de Marfil, le acompañó en esta escapada hacia Yamoussokro, la capital administrativa de Costa de Marfil, donde su amigo Alassane Ouattara, presidente marfileñó, les dió refugio en una de las residencias presidenciales de la capital.

Esta escapada se produjo por tierra y después en helicóptero gracias a la intervención de la armada francesa, como demostración de agradecimiento de Francia hacia uno de sus principales aliados en la región africana.

La llegada de Campaorè a Costa de marfil y la visita de cortesía que Ouattara ha realizado estos días a la pareja burkinabesa y a su séquisto, ha levantado multitud de reacciones entre los políticos y ciudadanos marfileños, muchos de los cuales consideran que se está refugiando a un "dictador" que no merece tal recibimiento.

Mientras Ouattara justifica este acto alegando que Campaorè ha sido presidente de un país hermano y vecino y que intervino en las negociaciones de la última crisis política de Costa de Marfil en 2010-2011.



Por el momento Campaorè y su familia se encuentran protegidos y ayer bajo fuertes medidas de seguridad se han trasladado a la localidad de Duekoue (Oeste de Costa de Marfil) en helicóptero, donde el Ministro de Energia y Petróleo, Adama Toungara posee una hacienda que dará cobijo al burkinabés.
Esta localidad se sitúa en una región donde se concentra un elevado número de burkinabeses que residen en Costa de Marfil, y donde se refugian también numerosos ex milicianos y ex militares de Burkina Faso.

El presidente marfileño ya ha anunciado que su amigo podrá quedarse en Costa de Marfil, todo el tiempo que sea suficiente, a pesar de que una buena parte de la sociedad marfileña se manifiesta en contra de esta medida considerando al burkinabés "persona non grata".

miércoles, 25 de diciembre de 2013

República Centroafricana: las claves de un conflicto al borde del genocidio

Como parece ser la norma cuando se trata de África, el conflicto no ocupa demasiado espacio en los informativos, ni provoca la urgencia política internacional con la que se responde a otras crisis en zonas teóricamente más estratégicas del mundo. De hecho, de no ser por la inminencia de una intervención militar francesa, es probable que ni siquiera hubiese alcanzado un lugar mínimamente visible en los medios de comunicación occidentales. Y, sin embargo, los devastadores efectos del caos y la violencia en que está sumida la República Centroafricana desde hace meses pueden verse incluso desde el espacio.

La ONG Human Rights Watch (HRW) ha publicado esta misma semana unas imágenes tomadas por satélite de la remota aldea de Camp Bangui, un poblado minero situado en el noroeste del país. Según la ONG, las fotografías se realizaron el pasado 23 de noviembre, un par de semanas después de un ataque brutal que dejó más de 200 viviendas (la mitad del poblado) reducidas a cenizas. De momento, la inseguridad existente en toda la zona ha hecho imposible acceder a la aldea para poder llevar a cabo un cómputo independiente de las víctimas, pero, en palabras de la propia organización, la imagen es "el aspecto que tiene un crimen de guerra visto desde el espacio"

Ataque

Según denunció HRW, la aldea, de mayoría cristiana, fue víctima, como muchas otras en toda la región, de un ataque de los exrebeldes de la coalición Seleka, de mayoría musulmana y responsables del golpe de Estado (el quinto desde que el país proclamó su independencia, en 1960) que el pasado mes de marzo derrocó al presidente François Bozizé.

El ataque habría sido una represalia contra las milicias civiles cristianas, responsables, a su vez, de numerosos atropellos. Se trata, en cualquier caso, de un episodio más en una escalada de violencia que está adquiriendo tintes cada vez más sectarios, en un país donde la autoridad estatal ha quedado totalmente desintegrada, y que carece de gobierno efectivo desde el golpe de Estado.

Según datos de la Agencia de Refugiados de la ONU, cerca de 470.000 civiles (el 10% de la población total) se han visto obligados a abandonar sus casas en el último año, dejando aldeas enteras vacías. En su defensa de una intervención militar por parte de su país, el ministro de Exteriores de Francia, Laurent Fabius, ha llegado a decir que la excolonia francesa se encuentra "al borde del genocidio", una palabra que han empleado también, reflejando el temor a lo que puede ocurrir, funcionarios de la ONU. La embajadora estadounidense en Naciones Unidas, Samantha Power, calificó lo que está ocurriendo como "una de las peores crisis que se han oído jamás".

La guerra en República Centroafricana ha dejado ya unos 108.000 desplazados en Bangui, la capital del país. Una cifra que se ha multiplicado en los últimos dos días por los intensos enfrentamientos entre los combatientes de Séleka y los milicianos 'antibalaka' que continúan a pesar del despliegue de 1.600 soldados franceses y que han provocado la muerte de más de 400 personas.


Claves:

Estas son algunas de las claves de un conflicto que ha venido a agravar, más aún si cabe, las difíciles condiciones de vida de una población cuya esperanza de vida es de 51 años, en un país que, al igual que otras excolonias europeas en África, apenas ha conocido un momento de estabilidad desde su independencia, y que, a pesar de sus grandes reservas de uranio, oro, diamantes y madera (pasto abonado para la proliferación de 'señores de la guerra'), es uno de los diez más pobres del mundo, con una renta per cápita de 535 dólares.

El origen: Un golpe de Estado tras otro el 15 de marzo de 2003 el general François Bozizé, antiguo jefe del Estado Mayor del Ejército, dio un golpe de Estado en ausencia del presidente del país y al día siguiente se proclamó presidente de la República Centroafricana, cerrando un paréntesis de diez años de legalidad constitucional. Era la cuarta asonada militar con éxito (intentos fallidos ha habido varios más) desde que la excolonia francesa proclamó su independencia en 1960. El país ha sufrido cinco golpes de Estado desde su independencia, en 1960.

El nuevo líder suspendió la Constitución y el Parlamento, e instauró un gobierno de unidad nacional, tras lo que fue elegido en referéndum con el 64% de los votos. En enero de 2011 Bozize renovó su mandato con acusaciones de fraude electoral, y en diciembre de 2012 la coalición de fuerzas rebeldes Seleka ("alianza", en lengua sango) tomó varios pueblos del noroeste, aduciendo que Bozizé no había respetado los acuerdos de paz firmados en 2007, unos acuerdos que contemplaban, entre otras cosas, la integración de combatientes rebeldes en el Ejército centroafricano, la liberación de prisioneros políticos y el pago a los milicianos sublevados que optaran por el desarme.

La revuelta, que originó la intervención de soldados de Chad y el envío de un contingente de militares franceses y de una misión de paz de la ONU (BINUCA), culminó el 24 de marzo de 2013 con la toma de la capital, Bangui por parte del líder de la coalición rebelde, Michel Djotodia. En un nuevo golpe de Estado, y tras la huida de Bozizé a la vecina República Democrática del Congo, Djotodia asumió el poder, convirtiéndose en el primer presidente musulmán en un país donde el 50% de la población es cristiana, y solo pertenece al islam el 15%.

Exodo:

Días más tarde se formó un gobierno de unidad nacional con los partidos de la oposición, que finalmente acabaron abandonando el Ejecutivo por discrepancias por la distribución de carteras. Se inició entonces una crisis que provocó decenas de muertos por los enfrentamientos entre grupos armados leales a Bozizé y los exrebeldes de Seleka, y que ha acabado causando la huida de más de 37.000 personas a los países vecinos y cerca de medio millón de desplazados internos.

La Comunidad Económica de Estados Centroafricanos (CEECA) ha reconocido a Djotodia como líder de un gobierno de transición que deberá celebrar elecciones en un plazo de 18 meses.

Los protagonistas: Milicias y grupos de autodefensa, la coalición Seleka, un movimiento formado originalmente por cinco milicias, se deshizo el pasado mes de septiembre tras no acatar la mayoría de sus hombres la orden del presidente Djotodia de que se integrasen en el Ejército nacional. Desde entonces, los exrebeldes (más de 20.000 milicianos con fácil acceso a armas, de acuerdo con Amnistía Internacional) habrían reclutado, según sus oponentes (ellos lo niegan), a centenares de mercenarios de Chad, Sudán y Níger, a quienes estarían pagando con las grandes reservas de oro y diamantes existentes en la zona que controlan.

Organizaciones de derechos humanos denuncian asimismo la presencia en las milicias de miles de niños soldado. En el bando opuesto están los grupos de autodefensa conocidos como anti balaka (antimachete), enfrentados a Djotodia, partidarios del expresidente Bozizé y contrarios a la llegada de mercenarios extranjeros. Los ataques: ¿Un conflicto confesional? Ambos grupos están utilizando el discurso religioso con fines políticos. Los milicianos de Seleka atacan sobre todo barrios y aldeas de mayoría cristiana; los grupos de autodefensa, enclaves musulmanes. La violencia interconfesional, sin embargo, es un fenómeno reciente en el país, donde los diferentes grupos religiosos han convivido hasta ahora en relativa armonía, a pesar de las históricas quejas de la minoría musulmana del norte, que se ha sentido abandonada por los sucesivos gobiernos cristianos que han dominado la excolonia francesa.


Ahora, ambos grupos están utilizando el discurso religioso con fines políticos, pero resulta difícil obviar los intereses económicos y la corrupción generados en la lucha por el control del lucrativo tráfico de diamantes y de madera, tanto en el interior del país como en los países vecinos. No obstante, y con independencia de las auténticas motivaciones, la realidad sí parece estar girando hacia un enfrentamiento general de carácter sectario.

Según señaló el embajador de Ruanda ante la ONU, Eugene Richard Gasana, el conflicto se parece cada vez más a la situación que desembocó en el genocidio sufrido por su país en 1994. Las consecuencias: Pánico, violencia, éxodo y emergencia sanitaria. El caos es total. Las organizaciones humanitarias sobre el terreno y testigos, que responsabilizan principalmente a los ex-rebeldes, denuncian ejecuciones extrajudiciales, torturas, ataques indiscriminados a civiles, agresiones sexuales a mujeres y niñas, pueblos arrasados, infraestructuras destruidas, viviendas y cosechas incendiadas, hospitales saturados, escuelas saqueadas... La falta de seguridad, además, hace que ni Naciones Unidas ni las agencias internacionales puedan acceder a los lugares más remotos en los que se precisa ayuda.

Población infantil:

Aproximadamente un 70% de los niños en edad escolar no pueden acudir a clase. Los desplazados han buscado refugio en el campo, en la selva o en las misiones católicas, donde, según ha alertado el Comité Internacional de la Cruz Roja, las condiciones son muy precarias, sin acceso a agua potable o a comida, y sin las necesarias medidas de higiene, por lo que se teme la propagación de enfermedades como la malaria. 

En la localidad de Batangafo, por ejemplo, el número de consultas en el hospital que mantiene Médicos sin Fronteras aumentó en 5.000 casos entre enero y julio con respecto al año pasado (de 33.000 a 38.000), debido al cierre de puestos de salud en la zona después del golpe de Estado, que forzó al personal del Ministerio de salud a buscar refugio, principalmente en la capital. 

La respuesta internacional: Presencia insuficiente 

Actualmente hay dos misiones internacionales desplegadas en la República Centroafricana, una de la ONU (BINUCA), que trata de fomentar el diálogo entre los grupos rivales, y otra regional (Misión Internacional de Apoyo a la República Centroafricana, MISCA), cuya misión es supervisar un desarme y proteger a la población civil. La Unión Africana prevé aumentar a 3.600 los soldados de la MISCA, pero Naciones Unidas no cree que sea suficiente, y tampoco la UE, que calcula que habría que multiplicar por cuatro el número de efectivos. El vicesecretario general de la ONU, Jan Eliasson, ha pedido al Consejo de Seguridad que refuerce la presencia militar hasta 6.000 soldados y que convierta la misión en una operación de pacificación.

El problema, como explicaba un miembro de la ONG Comité Internacional de Rescate a la BBC, es que no basta con proteger las ciudades, ya que en cuanto llegan las fuerzas extranjeras, los milicianos se desplazan a regiones más remotas. Una nueva intervención en África por parte de Francia, que tiene ya 410 militares desplegados en la capital del país, Bangui, empezó este jueves con el envío de más hombres y material desde países vecinos, a la espera de una próxima resolución de la ONU que autorice una intervención militar.

El ministro francés de Defensa, Jean-Yves Le Drian, anunció el martes el próximo despliegue de un millar de soldados para "restablecer el orden" en la República Centroafricana. Francia, que está a la espera de una resolución de la ONU, ha anunciado el despliegue de un millar de soldados. El pasado mes de enero, Francia emprendió una operación militar en Mali para contener el avance de grupos islamistas, y actualmente cuenta en este país africano con unos 2.800 militares. Evitar que la República Centroafricana se convierta en un "vivero de grupos extremistas" es, también en este caso, el principal objetivo estratégico de París. La República Centroafricana, un territorio rico en minerales y sin salida el mar, está encajonada entre seis países, cada uno de ellos vinculado a una zona más amplia de inestabilidad, y Francia teme que el vacío causado por la descomposición del Estado en su excolonia pueda atraer a redes de traficantes de drogas o armas, o a grupos radicales islamistas o de terroristas regionales.

El conflicto tiene repercusiones directas en los países vecinos de la República Centroafricana. Por un lado, el expresidente Bozizé llegó al poder apoyado por el ejército de Chad, país que ha acogido a miles de refugiados centroafricanos, y para el que el ascenso de Djotodia representa ahora una seria amenaza. Por otro lado, el ejército de Uganda combate en la República Centroafricana a facciones del tristemente famoso grupo rebelde ugandés, Ejército de Resistencia del Señor, cuyo líder, el fanático Joseph Kony, ha sido acusado por la Corte Penal Internacional de crímenes contra la humanidad. Djotodia asegura, aunque sin ofrecer pruebas, que está a punto de lograr la rendición de Kony, uno de los jefes guerrilleros más buscados del continente.

El contexto: Una historia turbulenta

El territorio Ubangui-Shari, actual República Centroafricana, fue ocupado por Francia en 1894. La región se convirtió en colonia en 1905, se vinculó a la denominada África Ecuatorial Francesa (junto a Gabón y el Congo Central) en 1910, y se constituyó en territorio de ultramar de la Unión Francesa en 1946. En 1958 Francia le otorgó el autogobierno y se declaró la autonomía de la República Centroafricana en el seno de la Comunidad Francesa. Su primer presidente, Barthélemy Baganda, fue sustituido tras su muerte por su sobrino David Dacko, quien el 13 de agosto de 1960 proclamó la independencia plena del país. Desde entonces, la inestabilidad política ha sido constante.


En 1965 el coronel Jean-Bedel Bokassa da un golpe de Estado, abole la Constitución y disuelve la Asamblea Nacional. En 1972 se declara presidente vitalicio y en 1976, en una fastuosa ceremonia, se proclama "primer emperador del Imperio Centroafricano". Su mandato, dictatorial y caracterizado por represiones y torturas, tendrá el apoyo de Francia, que recibe del país africano el uranio necesario para su programa nuclear. En 1976 Bokassa es depuesto por su asesor personal, David Dacko, quien asume la presidencia del país. El exemperador será condenado a muerte en 1988, acusado de traición, asesinato, apropiación indebida de fondos estatales e incluso canibalismo.

En 1979 Dacko promulga una nueva Constitución, aprobada en referéndum, que establece un sistema multipartidista. Tras ganar las elecciones, Dacko será depuesto en 1981 por el general André Kolingba, quien promulga una nueva Carta Magna, aprobada en 1986. La nueva norma institucionaliza el partido dirigente de la Agrupación Democrática Centroafricana (RDC), partido único, y confía el poder ejecutivo al presidente de la República. En el año 1993 Ange-Félix Patassé gana las elecciones y es designado jefe de Estado, acabando con el régimen militar. Durante su mandato habrá tres sublevaciones y cuatro intentos de golpe de Estado.

En 2003 el general François Bozizé, antiguo jefe del Estado Mayor del Ejército cesado por Patassé, da un nuevo golpe de Estado y se proclama presidente de la República. El nuevo líder instaura un gobierno de unidad nacional integrado por todas las fuerzas políticas y dirigido por Abel Goumba. En 2005 Bozizé es elegido presidente con el 64% por ciento de los votos. Renovará su mandato en 2011en unos comicios que fueron calificados de fraudulentos por la oposición. En diciembre de 2012 la coalición de fuerzas rebeldes Seleka toma varios pueblos del noroeste del país. El 24 de marzo de 2013 se produce la toma de la capital, Bangui, por parte del líder de Seleka, Michel Djotodia, quien se proclama nuevo presidente, tras la huida de Bozizé.

Fuente: 20 minutos

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