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miércoles, 17 de agosto de 2016

Los cristianos de Sudán en peligro de "limpieza étnica"

El 11 de julio de 2011, hace cinco años, Sudán del Sur se convirtió en el país más joven del mundo, después de la secesión con el norte. Tras una larga disputa acerca del lugar donde debía establecerse la frontera, se decidió que los estados predominantemente cristianos de Kordofán del Sur y el Nilo Azul de Sudán permaneciesen en el norte, de mayoría musulmana sunita. Desde entonces, en los últimos cinco años, el gobierno de Sudán ha llevado a cabo una campaña de bombardeos contra esta conflictiva región, rica en recursos.

Los cristianos de Sudán se encuentran entre los cientos de miles de personas que han sido desplazadas por la violencia y cuyas casas, cultivos, iglesias, escuelas y hospitales han sido destruidas. En el último incidente, en el mes de junio, la única escuela secundaria del condado de Umdorain, en el estado de Kordofán del Sur de Sudán, fue destruida.

En abril, el Departamento de Estado de EEUU designó por décimo año consecutivo a Sudán como un “país de especial preocupación”, conforme a la Ley de Libertad Religiosa, al “haber participado o tolerado en particular violaciones graves a la libertad religiosa”.


Un nuevo informe de Puertas Abiertas menciona ahora que los cristianos sudaneses, especialmente aquellos en los estados de Kordofán del Sur y Nilo Azul, han estado enfrentándose a la “limpieza étnica” y aún continúan enfrentándose a ella.

El modus operandi del gobierno de Sudán consistía en conquistar a los cristianos, convertirlos y / o acabar con ellos. Según este informe, los sucesivos regímenes islamistas han intentado convertir a Sudán en un estado bajo la ley sharia donde no se reconocen a otros grupos religiosos y con castigos duros para la apostasía, blasfemia y difamación del islam.

Estas leyes han sido particularmente duras en términos étnicos contra los cristianos africanos (a diferencia de los árabes), señala el informe, que refiere el caso prominente de Meriam Ibrahim, quien fue condenada a muerte en 2014 por convertirse del islam al cristianismo y que la final fue liberada y pudo asentarse en Estados Unidos.

Tras la independencia de Sudán del Sur, muchos cristianos en Sudán, especialmente aquellos cuyas raíces familiares se encontraban en lo que es hoy Sudán del Sur, se vieron obligados a abandonar el país ya que el gobierno se embarcó en la misión de crear una “nación homogénea” en la que el islam es la única religión, según indica el informe.

El informe, que también evalúa el historial del gobierno de Sudán en los últimos 30 años y considera las tendencias actuales, llega a la conclusión de que los ataques contra los cristianos en los estados de Kordofán del Sur y el Nilo Azul son “sistemáticos” y “extendidos” en su naturaleza y por lo tanto califican como “limpieza étnica “. De acuerdo con el informe, el modus operandi en los años 80 y 90 era “conquistarlos, convertirlos y / o acabar con ellos”. Esto continuó después de la guerra entre Sudán y el SPLM / N, movimiento político relacionado con el Ejército de Liberación del Pueblo de Sudán (SPLA en inglés: “Sudan People’s Liberation Army”), que luchó por la independencia de Sudán del Sur.

El informe concluye que el Gobierno de Sudán ha estado utilizando medidas administrativas no violentas, junto con la acción militar, para cumplir su misión. Se dice que los militares de Sudán han bombardeado aldeas civiles y tierras agrícolas, obstaculizando la siembra de los cultivos y obligando a la gente a vivir en cuevas. Otros estudios realizados por USCIRF, siglas en inglés de “Vigilancia de los Derechos Humanos y de los Derechos de África” indican también que son consistentes los testimonios de ataques “sistemáticos” y “generalizados” en contra de los cristianos.

El informe de la USCIRF señala: “Violando el derecho internacional de los conflictos armados, las Fuerzas Aéreas Sudanesas atacaron lugares de culto a través de ofensivas terrestres y bombardeos aéreos. Cuatro de las cinco iglesias de Kadugli fueron destruidas y atacadas sus oficinas y casas de huéspedes … Pastores episcopales y un Consejo de Iglesias de Sudán, representantes en Kadugli, describen puertas y ventanas tiradas abajo, documentos y papeles religiosos destrozados, áreas de las iglesias quemadas y equipos, vehículos y equipos electrónicos sustraídos”.

Respecto a los ataques contra civiles en las Montañas de Nuba (parte de Kordofán del Sur), las conclusiones del informe de Puertas Abiertas están en línea con las pruebas enumeradas en los Informes de Nuba (un sitio web que narra los ataques contra el pueblo de Nuba, pero sin registrar la afiliación religiosa de las víctimas) y con incidentes reportados por otros grupos de defensa de derechos que trabajan con la gente de Nuba. De acuerdo con los informes, las fuerzas del Gobierno, en especial la aérea, han estado atacando a civiles sistemáticamente durante años. En un extenso informe del 2015 sobre los ataques contra civiles en Kordofán del Sur, Amnistía Internacional documentó el bombardeo de hospitales, escuelas, campamentos de desplazados internos y organizaciones de ayuda. Una vez más, el informe de Amnistía Internacional no enumera afiliación religiosa; sin embargo, el informe de Puertas Abiertas indica que se está apuntando expresamente a los cristianos.

Fuente: Gaceta Cristiana

martes, 10 de noviembre de 2015

Hora de hacer justicia en Sudán del Sur

El informe de la Unión Africana sobre el conflicto de Sudán del Sur que con tanto retraso se ha publicado contiene conclusiones alarmantes, aunque no sorprendentes, sobre la situación actual del país. Ha documentado homicidios, torturas, mutilaciones y violaciones de civiles, así como canibalismo forzado, que ponen de relieve la apremiante necesidad de emprender investigaciones imparciales sobre crímenes de guerra si se pretende poner fin a este tipo de atrocidades y hacer rendir cuentas a los sospechosos de tener responsabilidad penal por crímenes de derecho internacional.

En los 15 meses transcurridos desde que los investigadores de la Comisión terminaron sus pesquisas se ha recrudecido el conflicto y se tiene constancia de abusos y violaciones graves de derechos humanos cometidos por ambos bandos de este conflicto armado no internacional que se ha saldado hasta ahora con decenas de miles de víctimas mortales y que ha obligado a huir de sus hogares a dos millones de personas.


La publicación del informe es un paso importante, aunque tardío, hacia la rendición de cuentas en Sudán del Sur, pero los efectos que habrá de surtir dependerán de la rapidez con que se establezca un marco sistemático para investigar estos crímenes. Al irse degradando las pruebas y desdibujándose los hechos en la memoria, cada día que pasa aleja a las víctimas sursudanesas de la justicia.

El acuerdo de paz firmado en agosto por el presidente de Sudán del Sur, Salva Kiir, y el líder de la oposición, Riek Machar, es el camino que más oportunidades presenta para alcanzar una paz duradera en el país, a pesar de que se ha violado sistemáticamente el alto el fuego pactado. Dicho acuerdo prevé el reparto de poderes, la desmilitarización y la reforma del sector de la seguridad, así como importantes mecanismos de justicia transicional. Entre ellos cabe mencionar una autoridad encargada de otorgar reparaciones, una comisión de la verdad y la reconciliación y un tribunal penal especial híbrido, que será creado por la Comisión de la Unión Africana.

Sorprendentemente, el mecanismo penal de rendición de cuentas fue aceptado de buen grado por ambas partes en el conflicto. De hecho, cuando el presidente Salva Kiir firmó el acuerdo, formuló 16 reservas de peso, pero la creación de un tribunal penal que quizás algún día juzgue a dirigentes políticos y militares de alto rango no era una de ellas.

La región que se ha convertido en Sudán del Sur se ha caracterizado por una absoluta ausencia de rendición de cuentas en las oleadas de violencia ocurridas en el pasado, lo cual es en parte el germen del conflicto reciente.  Al no abordarse los hondos agravios ni impartirse justicia real, lo único que se consiguió en muchos casos fue alimentar la siguiente oleada de violencia colectiva. Salvo en contadas excepciones, la mayoría de los líderes comunitarios con los que hablé durante un viaje reciente a Sudán del Sur creen que toda esperanza de paz duradera en Sudán del Sur debe pasar por una verdadera rendición de cuentas ante las atrocidades cometidas. Consideran también que la inmensa mayoría de la población sursudanesa, que antes tal vez no compartía esta convicción, ve ahora la necesidad de que se rindan cuentas.


El acuerdo de paz estipula que, “desde su concepción”, el gobierno de transición debe elaborar legislación destinada a establecer el tribunal híbrido que, según el acuerdo, será creado por la Comisión de la Unión Africana.  Tal como ilustra una carta conjunta enviada el 23 de septiembre por numerosas organizaciones no gubernamentales internacionales y sursudanesas a la presidenta de la Comisión de la Unión Africana, Nkosozana Dlamini Zuma, es imperiosa la necesidad de que la Comisión cree un tribunal híbrido operativo lo antes posible.

Esta disposición es una medida positiva, pero lo importante es que se materialice. Y cuanto antes, mejor.  

Somos conscientes de que llevará tiempo establecer un tribunal plenamente operativo, dotado del personal, la infraestructura y los fondos necesarios.  Pero urge recabar y conservar desde ahora las pruebas. Las pruebas físicas se deterioran con rapidez en un clima tropical y también existe el riesgo de que se destruyan, alteren u oculten intencionadamente. Los recuerdos de los testigos se desdibujan y se pierde el rastro de estas personas. Se pierden para siempre pruebas vitales.  Por eso es importante que, junto con la adopción pronta de medidas encaminadas a establecer el tribunal híbrido, la Unión Africana o la comunidad internacional pongan en marcha urgentemente un mecanismo provisional dotado de un claro mandato para investigar posibles crímenes de guerra y recopilar y preservar pruebas.

Existen numerosos argumentos de autoridad y claros precedentes para tomar tales medidas.  Por ejemplo, antes de que se pusiesen en marcha y funcionasen plenamente los tribunales para la ex Yugoslavia y Ruanda ya había comisiones de expertos realizando investigaciones.

Igualmente, en Sudán se creó la Comisión Internacional de Investigación sobre Darfur como paso previo a que el Consejo de Seguridad remitiese la situación a la Fiscalía de la Corte Penal Internacional.


El informe de la Unión Africana –y otros muchos informes elaborados por diversas organizaciones, como Amnistía Internacional– no dejan lugar a duda sobre la comisión de crímenes de derecho internacional en Sudán del Sur por ambas partes en el conflicto. Es hora de encontrar a los autores de estos crímenes y hacerles rendir cuentas.

Al tomar medidas de inmediato para emprender investigaciones sobre el terreno se transmitirá un mensaje rotundo de que se está prestando atención a quienes reclaman justicia y de que el informe de la Unión Africana es algo más que palabras estremecedoras sobre el papel. Para que dicho informe tenga un valor real, debe actuar como desencadenante de medidas serias de rendición de cuentas que permitan avanzar verdaderamente hacia la justicia, la verdad y la reparación en Sudán del Sur.

Texto: Ken Scott
Fuente: Amnistía Internacional

miércoles, 4 de marzo de 2015

La Unicef denuncia el secuestro de centenares de niños en Sudán del Sur por un grupo paramilitar

Centenares de niños fueron secuestrados hace dos semanas por un grupo paramilitar en Sudán del Sur supuestamente vinculado con el ejército del país, dijo el sábado el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF). 


De acuerdo a un informe "más de 1.000" hombres y niños fueron enrolados a la fuerza Previamente, UNICEF había dicho que 89 menores, algunos de 13 años, fueron reclutados a la fuerza por un grupo armado a mediados de febrero cerca de la localidad de Malakal, capital del estado de Alto Nilo. La agencia dijo que los menores fueron secuestrados cuando hacían exámenes durante una operación de reclutamiento dirigida al parecer principalmente contra adultos en la zona conocida como Wau Shilluk.

UNICEF dijo en un comunicado que ahora "está seguro de que el grupo armado que secuestró a los menores... está alineado con el ejército de Sudan del Sur". El grupo lo encabeza Johnson Oloni, un general que alguna vez combatió al gobierno pero que se unió en 2013 al ejército nacional. Oloni tiene ahora el rango de general de división en el ejército de Sudán del Sur después de la integración de su milicia, según el brigadier Malaak Ayuen, funcionario militar del país a cargo de información y relaciones públicas.

El presidente Salva Kiir solicitó a Oloni que se presentara en Juba, capital de Sudán del Sur, para examinar las acusaciones sobre los secuestros, afirmó. El año pasado, 12.000 menores fueron utilizados como soldados por el ejército. El gobierno de Sudán del Sur condenó los secuestros y afirmó que está en marcha una investigación. De acuerdo con un informe semanal sobre asuntos humanitarios en Sudán del Sur difundido el viernes en la noche, "más de 1.000" hombres y niños fueron enrolados a la fuerza mediante la operación de reclutamiento en Wau Shilluk. El año pasado, 12.000 menores fueron utilizados como soldados por el ejército y grupos armados en diversas partes en Sudán del Sur, según el UNICEF.

Fuente: 20 Minutos


jueves, 9 de octubre de 2014

Etiopía alberga a más de 600.000 refugiados, el mayor número de África

Etiopía alberga en su territorio a más de 600.000 refugiados, lo que la convierte en el país africano con el mayor número de refugiados y solicitantes de asilo, informó hoy el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).

El aumento del número de refugiados en Etiopía se ha producido debido al conflicto que azota a Sudán del Sur, que desde mediados de diciembre del año pasado ha obligado a 188.000 personas a huir de la violencia y refugiarse en territorio etíope, según ACNUR.

"Junto con el Gobierno de Etiopía y otros socios, estamos brindando protección y ayuda humanitaria en 23 campos de refugiados y cinco lugares de tránsito de todo el país", explicó el portavoz de ACNUR, Adrian Edwards, en un comunicado difundido desde Adis Abeba. De esta manera, Etiopía, con un total de 629.718 refugiados, supera a Kenia, que alberga a 575.334 exiliados o demandantes de asilo, según datos de ACNUR.


Respecto a la nacionalidad de los refugiados en territorio etíope, 247.000 son sursudaneses, 245.000 somalís y 99.000 eritreos.Desde principios de este año, ACNUR ha creado tres campamentos y tres centros de tránsito para poder atener al creciente número de personas que han huido del conflicto en Sudán del Sur, y en la actualidad está desarrollando otros dos.Mientras que los refugiados esperan a ser trasladados a los nuevos campamentos, más de 18.000 se refugiaron en tres puestos temporales en Pagak, Pamdong y Matar, en la región occidental de Gambella.

ACNUR lamentó el hecho de que en las últimas semanas las fuertes lluvias han afectado a estos campos, donde muchas tiendas y refugios se han visto "gravemente" afectados

.Además, se teme que las lluvias conlleven graves problemas de salud, ya que muchas enfermedades son transmitidas por el agua.Tras repetidas interrupciones, las negociaciones de paz entre el Gobierno de Sudán del Sur y los rebeldes se reanudaron el 4 de agosto, con el objetivo de alcanzar un acuerdo que ponga fin al conflicto armado y lleve a la formación de un Gobierno de transición.

El conflicto político iniciado el pasado diciembre en Sudán del Sur entre el presidente, Salva Kiir, de etnia dinka, y el líder sublevado, Riek Machar, de los nueres y depuesto un año antes, pronto derivó en un conflicto étnico entre comunidades que se han atacado en los últimos meses.

FUENTE EFE

martes, 19 de marzo de 2013

"Las mujeres en Sudán del Sur creen que el matrimonio conlleva maltrato"


La euforia de la independencia de Sudán del Sur en julio de 2012 ha dejado paso al desencanto. El nuevo Estado se enfrenta a enormes desafíos humanitarios con más de 3,3 millones de personas en necesidad de ayuda en un país con 8,26 millones de habitantes y donde el 51% de la población vive por debajo del umbral de la pobreza. "Una parte importante de la población sufre inseguridad, ausencia de acceso a servicios básicos y aumento de las desigualdades, en particular las mujeres", explica la investigadora austriaca Ingrid Kircher, autora del informe Género, medios de vida e inseguridad entre las comunidades agropastoralistas en los estados de Warrap y Lakes de Sudán del Sur.


De la mano de Intermón Oxfam, la organización no gubernamental que lleva trabajando más de treinta años en Sudán del Sur, Kircher llamó la atención, en una conferencia en el Instituto de Derechos Humanos Pedro Arrupe de la Universidad de Deusto, sobre la situación de la población afectada por un conflicto a menudo olvidado. "Si las ayudas al desarrollo se reducen drásticamente, muchos de los proyectos en marcha se detendrán", dice preocupada.

Los conflictos armados agudizan la violencia de género convirtiendo a las mujeres y niños en víctimas propiciatorias de todos los males del país. ¿También ocurre lo mismo en Sudán del Sur?

Sí. Además es un país nuevo y la situación es muy difícil. Después de décadas de guerra tienen que reconstruirlo entero. Desde Intermón Oxfam trabajamos en comunidades muy aisladas y extremadamente tradicionales. En muchos de los pueblos donde tenemos los proyectos no disponen de infraestructuras y en la estación de lluvias no se puede acceder a ellos. En todo el país hay menos de cien kilómetros de carretera asfaltada y esto supone un gran problema. Los derechos de las mujeres también se ven vulnerados sistemáticamente. No pueden tener casi propiedades y la distribución del trabajo es enormemente desigual. Las mujeres siempre se quejan de que todo el trabajo recae en ellas. Los hombres solo les ayudan algo en los cultivos.

El país ha logrado su anhelo de independencia. Hay mucha voluntad entre la gente para salir adelante. Además, un gran número de jóvenes están dispuestos a trabajar; mucha gente ha vuelto para sacar adelante a su país. Por otro lado, como había grandes expectativas, la población ha perdido gran parte de la ilusión. Un año y medio después de lograr la independencia se sienten decepcionados con el Gobierno; tienen la impresión de que no disfrutan de los beneficios logrados, sobre todo, en las comunidades lejanas a la capital donde casi no tienen infraestructuras. En determinadas zonas, las mujeres deben caminar tres y cuatro horas para llegar al centro de salud y casi una de cada siete muere en el parto. La población observa también una falta de presencia de las autoridades y la inseguridad continúa, ya que hay bastantes conflictos entre diferentes grupos de etnias. Y las mujeres y las niñas son las que más los sufren. La gente se queja también de la corrupción y de que el enfoque del Gobierno no está dirigido hacia los servicios básicos, sino hacia los militares, que se llevan el 40% del presupuesto.

Población rural
El 80% de la población vive en zonas rurales. En las ciudades y en la capital hay más servicios, pero en los pueblos es más complicado también para las mujeres donde la igualdad no existe. Pero hay una luz que se está dejando ver. Y es que la actual legislación de Sudán del Sur habla de los derechos de las mujeres. En la práctica, la igualdad no se da; las niñas siguen siendo forzadas a contraer matrimonios concertados. Sin embargo, se están dando algunos pasos para que esto deje de ser así.

Las mujeres empiezan a asociarse. Cada vez hay más organizaciones que luchan por sus derechos. Se dan casos de niñas que logran quedarse en la escuela en lugar de casarse. Para ello necesitan educación. Y es que la tasa escolar es baja. Menos de la mitad de los niños de 6 y más años están en la escuela. En las niñas la situación se agrava; se las saca antes de que acaben los estudios para casarlas. Pero ya empieza a haber resistencia y esto es un buen ejemplo para las demás.


Desde Intermón Oxfam apoyan a los grupos de mujeres que luchan por los cambios. Pero los cambios no ocurren de un día para otro. Son tradiciones muy arraigadas en un país devastado por la guerra. Las culturas tradicionales están muy enraizadas en la población. La violencia de género entra dentro de estas costumbres. La familia del novio, cuando negocia un matrimonio, debe pagar a la de la novia varias vacas, que son distribuidas entre los hermanos de ella, que dependen de ellas para poder casarse. Por ello, muchos hombres piensan que las mujeres son de su propiedad. Creen que tienen derecho a pegar a sus mujeres porque han pagado por ellas. Y las mujeres, aunque la situación va cambiando, están resignadas a la violencia que ejercen sobre ellas. Piensan que el maltrato forma parte del matrimonio. En Intermón Oxfam trabajamos con las mujeres para darles alternativas.

Pequeños proyectos agrícolas, microfinanzas y, poco a poco, fortalecerles para que ellas tengan algo para subsistir. El apoyo a las mujeres es el más efectivo aunque tenemos que involucrar a los hombres. Los grupos de mujeres nos lo decían: hay que buscar argumentos acordes con la cultura, porque los líderes tradicionales, aunque su influencia va bajando, todavía persisten. Hay que trabajar con ellos para apoyar a las mujeres que quieren cambiar la situación. Es un proceso a largo plazo. Además hay que escuchar sus propuestas. Desde el norte no podemos ir a imponer nada.

Fuente: Deia


domingo, 15 de abril de 2012

El síndrome que solo mata niños


La primera vez que el doctor Warren Cooper oyó hablar de la misteriosa enfermedad del cabeceo fue en 1998, en el destartalado y rudimentario hospital donde trabajaba, en la ciudad sursudanesa de Lui. Pero las preocupaciones del cirujano se ceñían entonces a mantener unas mínimas condiciones en el quirófano y a atender a los miles de heridos de la larga y sangrienta guerra civil que devastaba Sudán en esos años.

Con el tiempo, las historias que le contaban algunas familias empezaron a llamar su atención. Los padres aseguraban que sus hijos padecían unos extraños ataques que les hacían balancearse de atrás adelante, especialmente cuando comían. Los niños sufrían además mareos, convulsiones y pérdidas de consciencia. Eran los primeros síntomas del síndrome del cabeceo, una enfermedad desconocida entonces y que en 10 años ha matado a miles de niños en Sudán del Sur, Uganda y Tanzania, según las autoridades sanitarias, que han señalado un aumento de casos en los últimos años. Los relatos que escuchó el cirujano eran también el principio de un enigma científico que sigue irresoluble hasta la fecha.


Cooper, un médico misionero que trabajaba para la ONG cristiana La Bolsa del Samaritano, visitó las aldeas de la zona y grabó horas de vídeo con los pacientes. Los afectados apenas podían hablar y sufrían un retraso mental. Muchos ni siquiera lograban mantenerse en pie y tenían cicatrices causadas por los continuos golpes que se daban contra el suelo. "La enfermedad avanzaba con el paso del tiempo y los niños mostraban cada vez más síntomas de malnutrición. Tenían problemas para atender en la escuela y finalmente acababan presentando discapacidades mentales", recuerda Cooper desde Kansas, en Estados Unidos.

En una ocasión, Cooper atendió a un paciente que había caído al fuego y se había quemado la cara; en otra tuvo que amputar las manos de una niña con heridas similares. El cirujano informó a las autoridades médicas del misterio y les envió los vídeos que había grabado. "Intenté conseguir ayuda de varias organizaciones", comenta el médico. "Llegaron varios equipos de la Organización Mundial de la Salud. Uno de ellos contaba con especialistas en enfermedades infecciosas, toxicología, neurología y epidemiología. Hicieron encuestas y tomaron muestras biológicas. Los resultados no fueron concluyentes".

Una década después de que Cooper y otros médicos alertaran a la comunidad científica, el síndrome del cabeceo (nodding syndrome) continúa siendo un misterio que por ahora afecta exclusivamente a niños de 5 a 15 años en tres zonas de África oriental: Sudán del Sur, norte de Uganda y sur de Tanzania. El cabeceo es solo un síntoma de esta especie de epilepsia que se produce en la mayoría de los casos cuando los niños tienen frío o empiezan a comer. Pero las consecuencias van más allá. La enfermedad afecta al crecimiento y al desarrollo del cerebro. Los espasmos se hacen más incontrolables con la edad y acaban consumiéndoles hasta provocarles la muerte. A veces, esta llega antes si los niños, en uno de esos ataques, caen al agua o al fuego.
"Durante mi estancia en Sudán, intenté llamar la atención sobre la enfermedad", prosigue Cooper, "pero no parecía haber mucho interés sobre un mal que afectaba a una pequeña área de una zona destrozada por la guerra". "Afortunadamente, eso está cambiando", concluye el cirujano.

Eso está cambiando por el alarmante aumento de casos que se está produciendo, según las autoridades de Sudán del Sur y Uganda. Aunque no hay cifras exactas, las investigaciones parecen confirmar la existencia de miles de afectados.

En el oeste de Sudán del Sur, los ataúdes son últimamente demasiado pequeños. Junto a los tukuls, las típicas chozas de barro y paja, los hombres cavan las tumbas de sus hijos, destrozados por la enfermedad. La escena se repite en algunos reportajes emitidos por televisión. Entre un grupo de niños que juegan en el poblado, uno cabecea junto a un árbol sin que los demás le presten atención. Luego el niño cae al suelo y entra en una especie de letargo que dura unos minutos. Después despierta, como si nada hubiera pasado, aunque su rostro sigue aturdido. A veces es frecuente verles atados al tronco de los árboles para evitar que se adentren en el bosque y se pierdan.


Nadie en las aldeas tiene explicación para lo que les pasa a los niños. Los más viejos han contado a los investigadores las teorías más peregrinas. Los dinka, la tribu mayoritaria en Sudán del Sur, culpaban del mal a la costumbre de algunas tribus de comer carne de mono. La superstición también sembró dudas sobre las vacunas occidentales, las armas químicas utilizadas durante los conflictos, los matrimonios entre los miembros de algunas tribus con desplazados de la guerra, el ataque de unas moscas y otras causas sobrenaturales, según relataron en 2011 a un grupo de expertos sudaneses en Witto Payam, al oeste de Sudán del Sur. (Investigation into the Nodding syndrome in Witto Payam, Western Equatoria State, 2010, Southern Sudan Medical Journal).

Ninguno de los investigadores que estudiaron los casos encontró ni una sola prueba que apoyara estas teorías. En otras ocasiones han sido los propios científicos los que han anotado curiosidades que solo han servido para oscurecer aún más el enigma. A principios de la década, algunos estudios señalaron como curiosidad que los ataques solían producirse cuando los niños ingerían comida local, normalmente un plato de alubias y fécula. Los científicos señalaban que, aparentemente, las barritas de chocolate y otras golosinas que los niños jamás habían probado previamente no habían causado el mismo efecto.


Por supuesto, los curanderos locales tampoco han encontrado remedio para aliviar la enfermedad. En Witto, los jefes de la comunidad determinaron que lo mejor sería aislar a los niños que padecían los ataques. Los afectados dormían solos, bebían solos y comían solos. Pero eso no sirvió para que no hubiera más casos. Una de las pocas cosas que parecen estar claras, según todas las investigaciones, es que el síndrome no es contagioso.

Lo único que ha servido para calmar los ataques, o más bien para distanciarlos en el tiempo, ha sido el fenobarbital. El pediatra ugandés Martin Otine utilizó este frecuente anticonvulsivo a principios de la década para tratar a los pacientes. "Algunos mejoraban, pero solo temporalmente", señala el doctor Cooper, que intentó hacer una biopsia cerebral a un niño que había fallecido. "No conseguí que me dejaran, probablemente por razones culturales".

En Lui, la ciudad donde Cooper trabajó durante cinco años, hay familias en las que dos o más niños tienen la enfermedad. La revista The Lancet encontró en 2003 casos como el de la familia Badi. Charity Badi, madre de seis niños, tres de ellos afectados por el síndrome, lo relataba así: "Mis hijos estaban creciendo bien. Entonces empezaban a dejar de comer y a cabecear. La enfermedad venía y les atacaba". Otro testimonio publicado en la revista médica, el del administrador de Amadi, señalaba: "Hace tiempo ni siquiera veíamos la enfermedad. Ahora nuestros hijos ni siquiera pueden crecer".

Enfermedad parasitaria
La principal pista que siguen los investigadores se encuentra en una enfermedad común a las tres zonas donde se han dado casos del síndrome del cabeceo. Se trata de la oncocercosis o ceguera del río, una enfermedad parasitaria causada por un gusano llamado Onchocerca volvulus que es transmitido por varias especies de moscas negras. Efectivamente, el gusano es un habitual en Sudán del Sur, Uganda y Tanzania, pero también lo es en otros países africanos, asiáticos y sudamericanos donde no se ha documentado ni un solo caso del síndrome del cabeceo.

El Centro para el Control de Enfermedades, en Atlanta, sigue esa pista desde hace un par de años. En su último informe, de enero de 2012, el centro proporciona datos que apuntan a algún tipo de asociación entre ambos males.

Los investigadores evaluaron a 38 pacientes que padecían el síndrome en dos localizaciones del oeste, Witto y Maridi. El 76% de los niños con el síndrome tenía oncocercosis. En los que no padecían la enfermedad, la prevalencia era solo del 47%. Los investigadores no tienen la más remota idea de cuál de las dos enfermedades surgió primero. Los datos tampoco son concluyentes porque, según el informe del CDC, la coincidencia de ambas enfermedades solo era significativa en Maridi, una zona semiurbana. En el poblado de Witto, la coincidencia solo se daba en un 58% de los pacientes. "Lo que sabemos es que los niños con la enfermedad del cabeceo tienen más probabilidades de tener oncocercosis. Pero no estamos seguros de que haya una relación causal", explica el epidemiólogo Jim Sejvar, del CDC.


"No tenemos ninguna prueba de que el parásito esté entrando en el sistema nervioso. Se necesitan más estudios para entender la etiológía de este posible nuevo tipo de epilepsia", había declarado años antes, en 2008, Andrea Winkler, autor de un estudio que analizaba casos del síndrome en la localidad de Mahenge, al sur de Tanzania. Este país pudo ser el primero en el que se registraron casos del síndrome. A principios de los sesenta, la doctora Louise Jilek-Aall había descubierto que la tribu wapogoro, en las montañas de Mahenge, hablaba de un mal que les estaba aniquilando. Le llamaban kifafa y quienes lo padecían sufrían convulsiones y un extraño cabeceo. Los wapogoro creían que estaban malditos y los apartaban de la comunidad. La doctora les proporcionó medicinas para tratar la epilepsia y trató de aliviar sus miserables vidas con la fundación de la Clínica de Epilepsia Mahenge. La relación entre los brotes de Tanzania y los de Uganda y Sudán del Sur no ha sido comprobada del todo.


Para el CDC, el síndrome del cabeceo se ha convertido en una prioridad. Ocupa el primer lugar en una lista de las enfermedades que está investigando. Desde 2009, sus expertos visitan las zonas afectadas habitualmente y están en permanente contacto con las autoridades para tratar de saber si la enfermedad va en aumento. Dicen que pueden tardar años en encontrar la causa, pero prometen que no cejarán en su empeño y resolverán el misterio.

Para ello no necesitan más dinero. Sejvar no se queja de falta de financiación. "Nosotros tenemos para seguir investigando, los que necesitan el dinero son las comunidades. Estos pueblos tienen ahora un montón de niños con discapacidades, y eso supone un gran coste para las familias", explica el epidemiólogo.

En el caso de Sudán del Sur, existen además otros problemas. El país se convirtió en un nuevo Estado el año pasado. Tras la guerra civil, que duró más de 20 años (1983-2005), y un periodo de autonomía, los sudaneses del sur, cristianos, decidieron en referéndum separarse de sus hermanos del norte, musulmanes, y emprender un nuevo rumbo solos. Pero sigue habiendo tensiones en la frontera con el norte.

Y la enfermedad del cabeceo es solo una más dentro de la larga lista de enfermedades que se dan en el país: tuberculosis, sida, fiebre tifoidea, lepra, oncocercosis, dracontosis, filariasis, malaria o enfermedad del sueño. Todo está por hacer en Sudán del Sur, un país pobre pese a sus reservas de petróleo donde a todas las instituciones, también a las sanitarias, aún les queda mucho camino por recorrer.

Fuente: El País
Texto: Álvaro de Cozar



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