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martes, 15 de marzo de 2016

La primera mujer negra enóloga, emprende en Sudáfrica


"¿Qué es el vino? ¿Es una sidra o qué? Odié el primer sorbo".  Esa fue la primera reacción de Ntsiki Biyela tras haber ganado una beca para estudiar la elaboración del vino en 1998.

Ahora ella es una premiada viticultora y enóloga residente en la bodega Stellekaya en Stellenbosch, al este de Ciudad del Cabo, Sudáfrica.También es la primera mujer negra enóloga del país en una industria dominada por hombres blancos. "Estoy rodeada de hombres que me apoyan, pero en general es una lucha debido a que tienes que esforzarte el doble para demostrar lo que vales", dijo Biyela. Su vino se vende a nivel mundial, pero su principal mercado es Estados Unidos, y tiene planes de comenzar su propia marca este año.

La vida de Biyela comenzó en 1978 en un pequeño pueblo de la provincia de Kwa-Zulu Natal, donde el único alcohol que conocía era la cerveza de elaboración casera. Como sudafricana negra, Biyela sufrió la discriminación y la opresión bajo el brutal régimen del apartheid. Movida por el deseo de forjarse una mejor vida, comenzó a buscar oportunidades fuera de su poblado. "Yo quería estudiar ingeniería química, pero no pude a causa de la situación financiera," dijo.

Poco después de la abolición del apartheid en 1994, South African Airways comenzó a ofrecer becas en enología como parte de un programa para ayudar a transformar la economía del país. Biyela no dejó pasar la oportunidad. "Era el momento para estudiar y convertirme en alguien", dijo. Así que dejó a su pueblo y a su familia para seguir una carrera en la fabricación de una bebida que nunca había probado.

En la Universidad de Stellenbosch, Biyela no sólo tuvo que aprender todo sobre el vino, además tuvo que estudiar en un idioma sinónimo de la opresión, la lengua afrikaans. "Fue difícil. No sabía afrikaans, pero no tenía otra opción," dijo. Graduarse fue sólo el primer paso. Biyela todavía tenía que encontrar trabajo en una industria que no era precisamente abierta a una mujer sudafricana negra.

Fue rechazada tres veces antes de que conseguir un trabajo en lo que ella llama la "moderna" Stellekaya. Pero rápidamente encontró el éxito. Su primera cosecha en 2004 produjo un vino muy premiado.

Biyela llevó de vuelta, a su pueblo natal, una botella de esa misma añada. Durante ese viaje, su abuela Aslina probó el vino por primera vez. ¿Su respuesta? "Es agradable". Biyela ahora prepara el lanzamiento de un nuevo vino como fabricante independiente. Dejará Stellekaya y comprará uvas de los agricultores porque, por el momento, no puede costear sus propios viñedos. Pero ya tiene un nombre para la marca: Aslina.

Fuente: CNN Expansión 
Texto: Eleni Giokos

viernes, 28 de agosto de 2015

El comercio de madera ilegal amenaza con deforestar Mozambique

La deforestación es una gran amenaza para Mozambique, que cada año pierde cerca del 0,6 por ciento de los 27 millones de hectáreas de bosque que posee debido a la explotación ilegal de madera, según explicó este jueves la ONG española Bosque y Comunidad, que trabaja en el país desde 2011.

"El único modo de reducir la deforestación pasa por mejorar las condiciones de vida de la población rural, que es mayoritaria en Mozambique. Y para ello es necesario aumentar el empleo y diversificar la producción en los sistemas agroforestales", añadieron fuentes de la entidad.

Esta ONG, ligada a la Universidad de Córdoba, trabaja en Mozambique en las zonas de Chokwe, Massingir y Manhiça, al sur del país, forma parte del plan de acción desarrollado por la Unión Europea y ejecutado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) .

Dentro de este plan de acción, ayer se presentó un nuevo proyecto para estimular el comercio de madera legal procedente bosques gestionados de forma sostenible y de esta forma conseguir que la madera exportada a la UE tenga origen únicamente en explotaciones legales.

"El Gobierno de Mozambique y la opinión pública deben tener consciencia de que el problema es serio. El desarrollo del sector pasa por la exportación de madera de forma legal y sostenible, pero también por la implantación de industria de procesamiento", afirmó Enrico Strampelli, jefe de la delegación de la UE en Mozambique.

En Mozambique están registrados 711 operadores privados con licencia para la explotación de madera y el Gobierno quiere revisar la legislación para promover el cambio de licencias de explotación, ya que tan solo 211 de estos operadores están inscritos en el nuevo decreto del 2012 que obliga a las empresas a la reforestación.

"El objetivo es que las licencias simples sean paulatinamente transformadas en licencias de concesión, que además de obligar a la reforestación, dan derecho a una área mayor y a un tiempo de explotación que varia entre 30 y 50 años", declaró el director nacional de Bosques de Mozambique, Xavier Sacambuera.



Según el estudio "Análisis del Sistema de Explotaciones de los recursos forestales en Mozambique", desarrollado por la ONG Justicia Ambiental y basado en datos del 2013 y 2014, más el 76 % de la madera cortada y exportada a China está por debajo del diámetro del tronco establecido por la ley para su comercialización.



Bosque y Comunidad es una Organización No Gubernamental española que trabaja en Mozambique en las áreas de formación y que está vinculada desde su origen con el departamento de Ingeniería Forestal de la Universidad de Córdoba. Además de en Mozambique desarrolla sus proyectos en Guinea Bissau y Bolivia.

Fuente: El Periodico.com

sábado, 22 de agosto de 2015

Una ecoaldea en Camerún

El camerunés Joshua Konkankoh tenía la convicción de que la respuesta a la inseguridad alimentaria estaba en utilizar métodos de cultivo sostenibles y orgánicos, una tendencia reciente que vincula la actividad agrícola con prácticas y costumbres tradicionales. Así que decidió ponerse manos a la obra. Konkankoh dejó su empleo como funcionario público para convertirse en agricultor y concretar sus ideas. Para ello, fundó la organización Better World Cameroon, dedicada a desarrollar estrategias agrícolas sostenibles a escala local en base a conocimientos indígenas con el fin de mitigar la crisis alimentaria y la extrema pobreza.


Ahora este agricultor promueve la primera y por ahora única aldea ecológica, la Ecoaldea de Permacultura Ndanifor, en Bafut, en la región Noroeste de Camerún. Konkankoh explicó a IPS que fertilizan el suelo de manera orgánica plantando y podando árboles que fijan el nitrógeno en haciendas con varios cultivos.

Cuando el árbol madura, se corta por el medio y se usan las hojas como compost. Luego el tronco se regenera y cuando está listo se repite la operación. “Aquí capacitamos a los jóvenes en la agricultura permanente o permacultura”, subrayó. “La llamo ‘permacultura a la africana’ porque el concepto fue acuñado por científicos, y nosotros lo adaptamos a nuestras viejas prácticas agrícolas y a proteger el ambiente”, añadió.

El gobierno no tiene participación, pero según Konkankoh, los consejos locales y las autoridades tradicionales alientan a la gente a seguir la iniciativa, que contempla el aspecto ecológico, social, económico y espiritual.

“Estuve activo durante la Década de Educación para el Desarrollo Sostenible, de las Naciones Unidas. Al estudiar las razones por las cuales muchos países no lograban cumplir los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), nos dimos cuenta de algunos vacíos, pero también nos dimos cuenta de que la permacultura era una solución para la sostenibilidad, en especial en África”, explicó. “Sentí que podía contextualizar el concepto, pensar de manera global y actuar de forma local”, resumió.

La permacultura aplicada en la ecoaldea usa al máximo las limitadas tierras cultivables, y los pobladores aprenden a plantar más de un cultivo en el mismo terreno, a utilizar fertilizantes orgánicos comunes y a obtener una gran producción. A los agricultores se los alienta a comercializar sus productos y no a buscar ayuda, puntualizó Konkankoh, para que saquen provecho de sus inversiones, así como a evitar que los intermediarios y las compañías transnacionales les quiten una parte importante de sus ingresos.

La agricultura orgánica que se practica y se enseña en la ecoaldea es una mezcla entre la cultura e iniciativas de comercio justo. “Alentamos a los agricultores a que aseguren su soberanía alimentaria produciendo lo que ellos mismos van a consumir, y no solo para cubrir la demanda del mercado, como cacao y café”, puntualizó.

También se capacita a los productores en la importancia del abono, de producirlo y venderlo a sus pares, así como en técnicas innovadoras contra la erosión del suelo, la gestión del agua, los cortavientos, los cultivos intercalados y los alimentos forestales. Konkankoh también remarcó que fue un error dejar fuera de los ODM al principio espiritual.

“La biodiversidad estaba protegida por las creencias tradicionales. Talar algunos árboles y matar a ciertas especies de animales estaba prohibido en algunos bosques. Estaban protegidos por dioses y ancestros. Queremos proteger ese patrimonio”, remarcó

La ecoaldea también creó un proyecto para replantar bosques espirituales con 4.000 árboles frutales y medicinales, en un intento por reducir las emisiones de dióxido de carbono (CO2). Fon Abumbi II, jefe tradicional de Bafut, donde se ubica la ecoaldea, cree que el tipo de cultivo de frutas, verduras y plantas medicinales que se promueve en Ndanifor, mejorará la salud de la población local.

Además, está convencido de que con tantas empresas en el mundo dedicadas a productos en base a hierbas naturales, la demanda para la producción de la ecoaldea es alta, lo que garantiza un futuro prometedor para quienes cultivan allí. Las viviendas de la ecoaldea se construyen con materiales locales como sacos de tierras, ladrillos de barro y paja para los techos. Los aparatos domésticos, como hornos y cocinas, son de tierra y hechos a mano.

Sonita Mbah Neh, la administradora del centro de demostración de la ecoaldea, destacó que las cocinas de tierra no solo sirven para reducir el impacto del cambio climático, al minimizar el uso de leña para la combustión, sino que le permite a las mujeres que las fabrican, ganarse la vida.

Lanci Abel, alcalde de Bafut, dijo a IPS que su consejo municipal impulsa a los ciudadanos a adoptar la permacultura. “Cuando aparece una nueva idea, la gente solo la adopta si la recomiendan las autoridades. Sensibilizamos a la población sobre el retorno a métodos tradicionales de cultivo, como enseñan en la ecoaldea”, indicó.

Abel también opinó sobre el rendimiento de las plantitas de plátano genéticamente modificadas, una iniciativa implementada por el Ministerio de Agricultura a comienzos de la temporada de 2015, en la región Suroeste de Camerún, que solo permitió cosechar 30 por ciento de lo cultivado. El asunto llegó al parlamento de la mano del legislador Mbanya Bolevie, quien preguntó al ministro de Agricultura, Essimi Menye, por el fracaso de las semillas modernas, durante una sesión en junio.

Julbert Konango, delegado de la región de Litoral en la Cámara de Agricultura, explicó que el fracaso de la iniciativa se debió a que las semillas suelen ser viejas porque “faltan fondos para que haya organizaciones dedicadas a la investigación agrícola en Camerún, así como escasez de ingenieros en el sector”.

Esa es, a su juicio, una señal de que el país no está preparado para una agricultura de segunda generación. Abel opinó que ese problema no afectará a las personas que usan semillas y abonos naturales. “Además de la posibilidad de que fracasen los fertilizantes químicos, también está el problema de que contaminan el suelo”. La ecoaldea, que procura convertirse en un modelo para Camerún y para África occidental, forma parte de la Red Global de Eco-aldeas.

Fuente: IPS Noticias
Editado por Phil Harris / Traducido por Verónica Firme

miércoles, 15 de abril de 2015

Innovación "low cost" para conservar en frío las cosechas en Kenia

Cuando se investiga con pocos recursos económicos, hay que dar rienda suelta a la imaginación. Por eso, los científicos kenianos se las ingenian con pequeñas grandes ideas (y baratas) para modernizar el país y mejorar la vida de su gente.

Algo tan simple como carbón o ladrillos mojados pueden convertirse en la clave para combatir uno de los principales problemas que sufre la agricultura en Kenia: la falta de sistemas de conservación en frío, algo que provoca la pérdida de un tercio de las cosechas. "Busco tecnologías 'low cost', algo que pueda ser accesible para los pequeños agricultores, en cuyas manos se encuentra el 80% de los cultivos", explica a Efe la científica keniana Jane Ambuko.

Junto a sus alumnos de Agricultura de la Universidad de Nairobi, centra todos sus esfuerzos en encontrar nuevas técnicas que mejoren la seguridad alimentaria de su país.

La mayoría de las investigaciones para mejorar la agricultura en Kenia se ha centrado en aumentar la producción pero, ¿qué pasa después con los alimentos?. Más del 30% del cultivo (unas 1.300 millones de toneladas de comida) se tira a la basura por no poder conservarlo, según los últimos datos de la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).

"Emstas pérdidas corren a cuenta de los agricultores, que no tienen los medios necesarios para combatir el problema", añade Ambuko. Por eso, en el pequeño huerto del campus universitario, Ambuko y sus estudiantes experimentan nuevas técnicas para crear sistemas de refrigeración que funcionen sin energía, ya que en las áreas rurales la electricidad es casi inexistente.

Entre las investigaciones de los universitarios, Ambuko muestra con orgullo una pequeña cámara construida únicamente con arena y ladrillos, que se mantienen húmedos constantemente. Simple y barato, pero enormemente efectivo: en su interior, los alimentos se conservan a unos 14 grados, mientras que en el exterior la temperatura alcanza los 25.

A pocos metros, otro experimento: una habitación cuyas paredes están revestidas con carbón. Solo manteniendo el carbón mojado, la temperatura en el interior disminuye y se consigue el efecto cámara de frío. Estas pequeñas grandes ideas pueden marcar la diferencia en Kenia, donde la agricultura es el principal motor de su población.

Ambos sistemas permiten conservar los vegetales en perfecto estado hasta ocho días, mientras que si se envasan adecuadamente con una bolsa especial pueden mantenerse casi tres semanas. "Esto supone una gran diferencia para los pequeños agricultores. Incluso para los vendedores que no consiguen vender toda la comida en un día", apunta la profesora.

Fuera de las aulas, Ambuko trabaja codo con codo con la población local y lleva a cabo varios programas de formación en áreas rurales, donde unos 300 pequeños agricultores -en su mayoría mujeres- están aprendiendo a optimizar la producción y minimizar las pérdidas.

En zonas como Makueni, a unos 200 kilómetros de Nairobi, donde la mayoría de su población se dedica al cultivo de mangos, Ambuko está implantando sus experimentos. "Están esperando todo el año a poder vender su cosecha. Pero al no tener ningún sistema de conservación en frío, más del 50% de los mangos se pierden o se venden a un precio muy bajo. Hay que solucionar eso", asevera.

Ambuko es un ejemplo de cómo las mujeres africanas son, a todos los niveles, determinantes para alimentar el continente africano.

En África Subsahariana, son ellas las que producen cerca del 80% de los alimentos, tanto para el consumo del hogar como para la venta. Ahora luchan para hacerse un hueco en el mundo de la investigación para aportar otra mirada al problema de la inseguridad alimentaria.

En países como Namibia, Sudáfrica, Cabo Verde y Kenia, el porcentaje de mujeres investigadoras ya supera el 40%, según el último informe de Perspectiva de Innovación Africana, que destaca que este indicador sirve para medir el desarrollo de cada país. "No es fácil, pero estamos luchando y la situación está mejorando. Ahora el Gobierno ya está apoyando a las mujeres para que puedan investigar", explica.

En otros países, sin embargo, todavía queda mucho por hacer, como es el caso de Etiopía o Togo, donde las científicas apenas rondan el 10%. "Tenemos que demostrar que somos las mejores", manifiesta convencida Ambuko.

Fuente: AGENCIA EFE
Texto: Jèssica Martorel

miércoles, 29 de octubre de 2014

Costa de Marfil acogerá la planta de biomasa más importante de África



Costa de Marfil contará en 2015 con su primera gran central de biomasa , que se convertirá en la más importante del continente africano y que se pondrá en marcha gracias a las ramas y troncos de las palmeras de aceite. bautizada con el nombre de "Biokala" la central se ubicará en Aboisso a unos 120 kilómetros de Abidján donde SIFCA, lider en el sector agro-industrial de África del Oeste posee grandes plantaciones de palmeras de aceite. Este grupo privado marfileño ha firmado un acuerdo con la empresa eléctrica francesa EDF, que se convertirá en su socio técnico en este proyecto, que tendrá capacidad para producir 46 megawatios. Con un desembolso aproximado de 100 millones de euros, el proyecto contará además con el apoyo de la filial de la Agencia Francesa de Desarrollo (AFD). 

La central de biomasa más grande de África superará a la que actualmente existe en Kenia y que produce 30 megawatios. La nueva central creará además 800 puestos de trabajo directos e indirectos en un plazo de 25 años, e impulsará el sector con 30 millones de euros, favoreciendo además la renovación de 60.000 hectáreas de plantaciones. La puesta en marcha de esta central supondrá un enorme avance en la creación de energia verde en Costa de Marfil, potencia agrícola y principal productor de cacao del mundo.

Costa de Marfil dispone de uno de los principales yacimientos de biomasa del continente que está estimado en 12 millones de toneladas anuales, según las cifras ofrecidas por SIFCA.
El pais multiplica además sus inversiones en el sector de la energía para impulsar su crecimiento, estimado en un 9% en los últimos 3 años. 

Las autoridades marfileñas prevén que hacia el año 2020 el 15% de la electricidad del país sea procedente de esta planta de biomasa. La electricidad producida en Biokala será vendida al estado a través de la Compañía de Electricidad Pública (CIE). 

Actualmente la industria del aceite de palma mantiene a cerca de 2 millones de personas en Costa de Marfil, la producción alcanzo las 450.000 toneladas en el año 2013, lo que supuso el 3,13% del PIB. Según el Ministerio de Economia de Costa de Marfil la agricultura supone actualmente el 225 del PIB del país, mientras que las exportaciones suponen el 50% y ocupa a los dos tercios de la población activa. 

Fuente: Abidjan.net

martes, 2 de septiembre de 2014

Los recolectores marfileños de cacao prueban por primera vez el chocolate

El chocolate en Costa de Marfil es una delicatessen no apta para la mayoría de los bolsillos de los trabajadores africanos, cuyo salario no supera los 7 euros diarios. El chocolate, como lo conocemos, cuesta alrededor de 2 euros, lo que supone casi la mitad del suelo diario de uno de estos empleados, por lo que probarlo está al alcance de muy pocos.

Curiosamente este grupo de trabajadores de la plantación Alfonse en Costa de Marfil, llevan años trabajando en la recolecta de semillas de cacao, la materia prima del chocolate. Con lo que ganan al día tienen que alimentar a 14 miembros de su familia cada dia, por lo que nunca podían haberse permitido probar el resultado de su esfuerzo.

Este video muestra el primer momento en que un grupo de recolectores de cacao prueba y ve el chocolate por primera vez en su vida. "Nuestro invitado nos ha traido un regalo, las semillas secas del cacao son utilizadas por los blancos para hacer esto. Cógelo y pásalo. Se divide en cuadrados y se rompen para comerlos. Se llama chocolate", dice el capataz del grupo.




Sus reacciones no tienen precio. "Si soy sincero no se que es lo que los blancos hacen con mis semillas", dice un plantador marfileño. "He oido que lo usan como saborizante en las comidas, pero nunca lo he visto. No se aún si es verdad". Otro comenta que su padre le había comentado que lo usan para hacer vino.

Fuente: DESCONECTA

sábado, 16 de agosto de 2014

El hombre que detiene el avance del desierto

Su método ha recuperado más de tres millones de hectáreas de terrenos desérticos y se ha extendido desde Burkina Faso a ocho países de la región del Sahel.

Sahel. Yacouba Sawadogo es un agricultor burkinés que ha conseguido frenar el imparable avance del desierto en su país, informó el blog ‘Noticias positivas’.

La lucha de Sawadogo contra el avance del desierto comenzó en 1974. Mientras muchos de sus vecinos abandonaban sus aldeas, rodeadas de tierras estériles, este agricultor solo pensaba en hallar la forma de repoblar la región de Gourga. Cuarenta años después ha conseguido recuperar más de tres millones de hectáreas de terreno desértico en ocho países del Sahel y convertirlas en tierras de cultivo.

Para lograr su objetivo, Yacouba Sawadogo empleó una técnica de agricultura tradicional denominada ‘Zaï’, aunque adaptándola a los tiempos modernos.


Este método consiste en cavar hoyos de unos veinte centímetros en los que se deposita estiércol y compost al lado de las semillas. Tras tres años de experimentación, este obstinado burkinés se convence de que el ‘Zaï’ puede ser la solución definitiva para parar al desierto.

Los resultados parecen darle la razón. Desde las primeras lluvias, el rendimiento de las tierras se duplica e, incluso, llegan a multiplicarse por cuatro. Convencido de que puede revolucionar la vida de sus compatriotas, Sawadongo decide recorrer Burkina Faso en moto para enseñar la técnica a todos los agricultores que pueda.

Con el paso del tiempo, decidió mejorar el método plantando también árboles que ayudaran a mantener la humedad del suelo y favorecieran la infiltración natural del agua. Cuarenta años después de los primeros experimentos, su método ha recuperado más de tres millones de hectáreas de terrenos desérticos y se ha extendido desde Burkina Faso a ocho países de la región del Sahel.

Fuente: ABC

viernes, 31 de enero de 2014

Los esclavos de las rosas de Kenia


Las orillas del lago Naivaisha recuerdan a Almería. No por el paisaje -es una de las zonas más húmedas de Kenia- sino por el mar de plástico que hace las veces de orilla. En los invernaderos no hay fresas ni tomates; abundan las rosas, claveles y una gran variedad de lirios. Kenia es el cuarto exportador de flores del mundo. El 70% de su producción se concentra alrededor de este lago, 90 kilómetros al noreste de la capital, Nairobi.

Mientras cebras y jirafas pastan alrededor de las plantaciones, dentro se violan los derechos de los trabajadores. El objetivo: conseguir más beneficios económicos. Numerosos informes de diversas organizaciones internacionales denuncian la situación. El más reciente, al que ha tenido acceso este periódico, tiene fecha de marzo del 2013 y lo firma la Comisión de Justicia y Paz de la Diócesis de Nakuru, organización católica de defensa de los Derechos Humanos.

Los empresarios controlan el entorno y los trabajadores. No hay multas para los productores que contaminan el lago ni para los que perjudican la salud de quienes pasan todo el día curvados sobre las flores, respirando con abonos y pesticidas. El sindicalismo está penado con el despido o la no renovación de contrato. Es la situación que ha podido comprobar un equipo de periodistas gracias a la colaboración entre El Mundo y la Bill & Melinda Gates Foundation, a pesar de que los empleados de seguridad del recinto impidan grabar el interior y el exterior de los invernaderos.

Jornada hasta el crepúsculo

El sol marca la jornada laboral. Al amanecer empieza el movimiento de los trabajadores hacia los invernaderos. Muchos andan varios kilómetros; los afortunados se desplazan en autobús o matatu, una furgoneta que lleva decenas de pasajeros. La jornada durará hasta el crepúsculo. Por doce horas de trabajo, cobran menos de 40 chelines kenianos, unos 33 céntimos de euro al día. En España el precio del ramo de rosas de Kenia en una floristería ronda los 30 euros.

La mayor parte de los trabajadores viven en poblados y chabolas alrededor de las plantaciones. Algunos barrios están construidos por la empresa. A cambio, descuentan del sueldo del trabajador el alquiler y los suministros, según explica Silas Mwiti, periodista freelance que cubre la zona de Naivasha. Entre las precarias viviendas es frecuente ver animales y pequeños huertos para complementar los ingresos familiares.

Los días son todos iguales: en el ecuador del mundo, las horas de sol no varían. Este fenómeno, combinado con la humedad del lago y las temperaturas ecuatoriales, aumenta el rendimiento en el crecimiento de las plantas. Los cambios vienen por la propiedad de las plantaciones.

El negocio de las flores de Kenia ha estado históricamente en manos de empresarios holandeses, que, sin embargo, están vendiendo sus empresas a nuevos inversores. Se trata sobre todo de ricos habitantes de la India, que llegaron con los colones británicos y permanecieron en el país después de la independencia. Representan una minoría poderosa que controla, además, negocios clave como bancos y supermercados.

El barrio de los trabajadores, sin luz

Sher Karuturi Ltd, la productora de flores más grande de Kenia, ahora es de propiedad india. La empresa exporta cada día un millón y medio de rosas a Europa, según detalla en su página web, pero el barrio construido para sus trabajadores no tiene electricidad por impagos: Sher Karuturi alega problemas financieros que contrastan con los millones de beneficios que asegura recaudar anualmente de la venta de rosas. El hospital, pagado por la empresa y que daba servicio a los trabajadores, ha dejado de funcionar por falta de electricidad.

El sindicalista Issa Werukha Wafulla nos recibe en un modesto asador de Navaisah. Es una precaria chabola de chapa donde sirven platos sencillos, como nyama choma (carne asada) y ugali (un grano compacto similar al cuscús). Wafulla es un antiguo recolector de flores que ahora trabaja para el sindicato Kenya Plantations and Agriculture Workers Union (KPAWU) que actúa cómo la sección agrícola de la Central Organization of Trade Unions (COTU), el sindicato más grande de Kenia.

Está en Naivasha para reunirse con los propietarios de Sher Karuturi. Quiere intentar devolver la electricidad al barrio y hospital de los trabajadores. Su intento es en vano: los propietarios no le dejan ni siquiera entrar en la plantación y rompen cualquier tipo de negociación. "No está prevista su reapertura a corto plazo. Va para largo", asegura con aire resignado. ¿Y qué tiene previsto hacer el sindicato? Wafulla responde con un silencio.

El Hospital Karuturi fue construido por los antiguos propietarios holandeses. Pese a dar servicio a precios muy reducidos, sus prácticas eran de dudosa legalidad. John Ojimbi, uno de los autores del informe sobre Derechos Humanos y miembro de la comisión de Justicia y Paz, denuncia: "cuando un obrero enferma el centro sanitario no le entrega el informe médico, sino que lo remite a la empresa".

La estructura sería fundamental en un entorno donde falta el material adecuado para trabajar en plantaciones llenas de abonos y pesticidas. Los primeros síntomas son mareos y enfermedades cutáneas, pero los trabajadores, denuncia Ojimbi, no tienen acceso a paliativos básicos.

Al no ser comestibles, las flores se escapan de cualquier control de regulación de pesticidas para frutas y verduras. La flor tiene que ser atractiva. En caso contrario, pierde todo el valor de mercado. Los antiguos propietarios holandeses los trataban y escondían las pruebas. "Ahora con los indios no tenemos ni el hospital", se queja amargamente Issa Wafulla.


Fuente: El Mundo
Texto: Eduardo Martín Borregón

domingo, 22 de diciembre de 2013

Marginados de Camerún quieren hacerse oír

Lydia Njang, viuda y madre de cinco hijos en la Región del Noroeste de Camerún, perdió sus cultivos en tres ocasiones. La primera fue cuando su esposo murió y los parientes de este heredaron la propiedad. Ellos le cedieron otra parcela para que pudiera trabajar, pero debió abandonarla cuando su cuñado se casó. Finalmente le permitieron cultivar una tercera porción de tierra, que perdió cuando decidieron venderla.

“Me quedé con un terreno muy pequeño, de 150 metros cuadrados, donde solamente puedo cultivar maíz. Pero esto no es suficiente para alimentar a mi familia. Antes tenía granjas en lugares muy fértiles y solía vender los excedentes de mis cosechas, pero ya no tengo derecho a cultivar aquí”, dijo Njang.

Mary Fosi, de la Fundación Myrianthus Fosi, organización no gubernamental dedicada a promover el desarrollo sostenible en Camerún, dijo a IPS que la experiencia de Njang era común en esta nación de África occidental. “Los ricos compran grandes terrenos para invertir en ellos, dejando a los miembros de las comunidades pobres, en especial a las mujeres, sin nada para plantar y peleándose por los pequeños predios remanentes”, dijo Fosi.

Aunque la economía camerunesa registra un crecimiento de 4,9 por ciento, es claro que las ganancias no se distribuyen de forma equitativa. El estudio Perspectivas Económicas de África señala que, aunque Camerún cuenta con una gran riqueza natural, “los ingresos obtenidos por la explotación de los recursos, y del petróleo en particular, no se han canalizado de modo suficiente en inversiones estructurales en la infraestructura y en los sectores productivos”.

De los 20 millones de personas que se estima viven en Camerún, 8,1 millones viven en áreas rurales, de los cuales solo 14 por ciento tienen acceso a electricidad. Esto es significativamente menos que en las áreas urbanas donde, según el Banco Mundial, entre 65 y 88 por ciento de la población cuenta con energía eléctrica. Para que los pobres se beneficien del crecimiento económico es necesario que participen en la toma de decisiones que los afectan, dijo a IPS el subdirector del Departamento de Ingeniería Rural y Mejoramiento del Entorno Agrario de Camerún, Celestin Ondoa.


“En el pasado, los principales actores, como las mujeres vulnerables, los jóvenes, los indígenas y otros grupos marginados, fueron excluidos de la formulación y de la planificación de los esfuerzos de desarrollo”, señaló Ondoa. “Las comunidades en Camerún carecen de acceso a servicios básicos y están marginadas de las oportunidades sociales y económicas. Estas poblaciones tienen que lidiar con conflictos agrarios, mala infraestructura, corrupción y acaparamiento de tierras, lo cual se ve agravado por la degradación ambiental”, añadió.

Según Princely Njong, uno de los organizadores de las Audiencias Públicas sobre Equidad y Sostenibilidad, realizadas en comunidades locales, los cameruneses desean que se incluya una reforma agraria en una política de reducción de la pobreza.

Esas audiencias son parte de un proyecto de la Iniciativa para la Igualdad, organización internacional de investigación y difusión que abre vías para que los más pobres y excluidos se expresen y puedan influenciar el diálogo mundial sobre desarrollo sostenible. “Las comunidades locales quieren que el desarrollo reciba apoyo concreto, con la creación de clínicas, calles, escuelas y acceso a tierra, ingresos agrícolas y mercados”, dijo Njong.

Actualmente, el sistema de tenencia de tierras en Camerún dificulta que los ciudadanos adquieran títulos de propiedad, pues eso implica un costoso y largo proceso administrativo que solo los más adinerados pueden pagar.

Según la Ley de Tierras de 1974, todos los terrenos no registrados del país son propiedad del Estado. Esto incluye también a aquellos que son cultivados u ocupados históricamente por comunidades. En Camerún, “solo aproximadamente tres por ciento de los predios rurales están registrados, en su mayoría a nombre de propietarios de grandes granjas comerciales”, según la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID).

Camerún también tiene sufre el problema del acaparamiento de tierras. Cientos de miles de hectáreas han sido arrebatadas a comunidades. En el sur del país, el gobierno arrendó gran parte de los terrenos forestales, unas 47.000 hectáreas, a la compañía internacional United Forest Cameroon. En 2012 aceptó devolverles 14.000 hectáreas a las comunidades locales. En el Parque Nacional Korup, en el sudoeste del país, una firma agrícola con sede en Nueva York, Herakles Farms, planea iniciar una plantación de palmas aceiteras en 73.000 hectáreas. Y en la Región del Noroeste, la comunidad indígena mbororo acusa al millonario Alhadji Baba Ahmadou Danpullo de haberle robado su tierra. Los mbororos son tradicionalmente pastores nómadas.

Pero Deborah Rogers, coordinadora global de las Audiencias Públicas sobre Equidad y Sostenibilidad, dijo a IPS que “encontraron una forma de llevar a los más pobres y marginados directamente a los debates regionales y mundiales . Esto no es una investigación, sino un esfuerzo para empoderar a las personas, para que tengan una voz directa y colectiva, que es mucho más fuerte que la de individuos aislados o que los pensamientos de los grupos de la sociedad civil”, añadió.

En la pequeña aldea de Nshi-o-doh in Ndu, en la Región del Noroeste, Irene Kimbi sabe bien qué podría mejorar su vida: la creación de una cooperativa agraria. Las 1.500 personas que viven allí cultivan frijoles, maíz y papas. “Eso nos ayudaría a afrontar las dificultades de cultivo y del mercado, así como a reducir la pobreza en nuestra comunidad”, dijo a IPS.

Fuente: IPS Agencia de Noticias
Texto: onde Kingsley

miércoles, 18 de diciembre de 2013

El mango, motor de la igualdad de género en Burkina Faso

"Trabajar en la transformación del mango me ha cambiado la vida”, asegura Rosalie Soma, responsable de una unidad de secado de mango que emplea a 150 personas en Bérégadougou, una localidad de la región de Cascades, al suroeste de Burkina Faso. El 90% de las personas que trabajan en la planta de Rosalie son mujeres.

 "Gano lo suficiente para mantener a mi familia", continúa Rosalie, "somos mujeres que ahora podemos pagar el colegio de nuestros hijos, podemos darles de comer y mantenerles sanos". Soy una mujer independiente económicamente y me siento responsable.

 La transformación del mango no solo ha cambiado la vida de Rosalie, también la de cientos de mujeres que se quedaban relegadas en casa hasta que empezó a florecer esta pequeña industria impulsada por la actividad de la Asociación Wouol, con la que Intermón Oxfam colabora desde 2002. "Yo vendía el mango en la calle", dice Rosalie, "unas veces vendía más, otras menos, pero siempre era poco".

La vida cotidiana en Bérégadougou ha cambiado. Ahora los hombres tienen que ayudar en casas y en una de las plantas de secado han conseguido montar una guardería para cuidar a los hijos de las empleadas.



Omou Kone, empleada de una unidad de transformación del mango, observa que tener un empleo tiene más ventajas que tener un sueldo. "Trabajar ha contribuido a que cambie mi rol en casa y en la comunidad", cuenta, "soy una mujer independiente económicamente y me siento responsable". Omou tiene cuatro hijos y su sueldo le permite pagar su educación, la comida, la ropa y otros cuidados para su familia. "Mi marido estaba enfermo del riñón y ahora ya está curado", explica.

La asociación Wouol inició su actividad en Bérégadougou a finales de los años 70 con el objetivo de impulsar los cultivos propios en una zona en el que el 90% de la población es campesina. El cultivo del algodón o de los cereales los hacía vulnerables a los intereses comerciales internacionales, así que Wouol apostó por el mango. Este fruto autóctono demuestra cómo un solo alimento puede convertirse en el motor del cambio de cientos de vidas, como el arroz que enseña a leer o el maíz que evita el exilio. Es uno de los Alimentos con poder a los que Intermón Oxfam ha dedicado su última campaña "Alimentos con Poder". (Arroz, mango, café, patata, caña de azúcar...)

Treinta años después de que Wouol comenzara a trabajar en la región, la industria del mango se ha asentado y da empleo a unas 600 mujeres y genera riqueza para toda la comunidad. Pero esto es el resultado de años de trabajo. Antoine Sombié, presidente de la asociación, explica que a finales de los años noventa recogían unas 300.000 toneladas de fruta de las cuales más de la mitad eran mangos. Un 56% de la cosecha del mango se pudría bajo el árbol porque no encontraban compradores. Fue entonces cuando se topó con la solución: secar el fruto.


Gracias a este proceso, Wouol comenzó a exportar mangos secos a través de redes de comercio justo y los campesinos de la zona vendían hasta el 90% de su producción. Wouol ya está metido en la transformación del anacardo, el plátano, la piña y la papaya Esto también ha beneficiado a los agricultores.

Albert Hebir, campesino de la zona, ha recibido cursos de formación de la organización, ha aprendido nuevas técnicas y ha abandonado los pesticidas. "Mi producción ahora es mejor", reconoce Albert, "he aumentado mis ingresos con los que he podido escolarizar a mis hijos, atender a las necesidades alimenticias y sociales de mi familia y autofinanciar mis explotaciones". Y no solo eso, Albert ha contratado a tres hombres para que le ayuden en el campo, exiliados por la guerra en Costa de Marfil. 

Burkina Faso es uno de los países más pobres del mundo: un 65,7% de sus 16,4 millones de habitantes vive en “situación de pobreza extrema”, según las Naciones Unidas, y la OMS señala que un 73% de su población vive en zonas rurales. No es de extrañar que un proyecto como el de Wouol haya llamado la atención de las autoridades del país.

El primer ministro de Burkina Faso, su ministro de agricultura y expertos de organismos como el Banco Mundial o la ONU han viajado hasta Bérégadogou para ver sobre el terreno cómo funciona este proyecto. Wouol ya está metido en la transformación del anacardo, el plátano, la piña y la papaya, con los que consigue caramelos, aceite, jabón, confituras y zumos que se venden en el mercado local. En los próximos años, está previsto que construyan otras dos unidades de transformación, que su producción aumente en 80 toneladas y que se necesiten otros 400 trabajadores para llevarlo todo, lo que dará salida a la producción de más agricultores. En esta pequeña región de Burkina Faso hay futuro para el mango, para los agricultores, para los niños y para las mujeres.

Foto: Pablo Tosco

viernes, 20 de julio de 2012

La sequía provoca una fiebre del oro entre los campesinos de Burkina Faso


La crisis alimentaria que vive Burkina Faso empuja a miles de campesinos a abandonar sus tierras para trabajar a destajo en minas artesanales de oro, excavadas por ellos mismos sin las mínimas medidas de seguridad en busca de trazas de este mineral que creen les sacará de la pobreza.

Aunque este tipo de minas que nacen espontáneamente existen desde hace tiempo en Burkina, en el último año estos asentamientos se han multiplicado coincidiendo con el agravamiento de la escasez de comida entre la población, según han podido constatar periodistas españoles en un viaje organizado por la ONG Intermon Oxfam.


Los campesinos cavan agujeros de más de 40 metros de profundidad y, ayudados sólo por picos, palas, cuerdas y sus propias manos, extraen rocas que luego son seleccionadas y reducidas a una especie de arena, en la que ya empieza a ser visible las trazas de oro.
Al final del proceso, se suele utilizar el mercurio para acabar de aislar el oro. La manipulación de este material, altamente tóxico, se realiza sin cumplir con las medidas de seguridad que requiere y sin proteger la salud de las personas expuestas, algunas de ellas niños.

Las ONG que trabajan en Burkina y organizaciones internacionales como Unicef han alertado de las dimensiones que está tomando el fenómeno de las minas, que provoca un éxodo del campo de los hombres, los responsables precisamente de cultivar las tierras, y que arrastra incluso a muchos niños que abandonan así la escuela.
Además, las minas impulsan la instalación de asentamientos humanos anexos en los que crece la prostitución, la transmisión de enfermedades como el sida y el vandalismo, además de resultar un atentado contra el medio ambiente, ya que el mercurio y el cianuro se filtra en el subsuelo y produce enfermedades.
La mina Village Poegodo, en la provincia de Passoré, en el centro de Burkina, es una de ellas. Aparecida en septiembre de 2011, cientos de hombres trabajan en turnos de doce horas -no se descansa nunca- extrayendo rocas del interior.
La gran mayoría de los que trabajan allí son hombres jóvenes, algunos casi adolescentes, pero también se ven niños de unos 8, 9 y 10 años. Las únicas mujeres que se ven venden mangos entre los hombres y tienen el aspecto de prostitutas.
"No hay nada que comer en nuestros campos y por eso nos metemos en el hoyo para buscar oro", aseguran a los periodistas algunos de estos hombres, vestidos con camisetas y pantalones sucios y raídos, cuando no casi destrozados.

Lassané Guira, de 21 años, lleva algo más de dos meses en esta mina, aunque todavía no ha ganado nada porque no ha podido encontrar oro. "Tengo mi propio hoyo. Encontraré oro, podré comer y luego prepararé mi futuro", asegura con un cierto brillo de orgullo en su mirada.
En las minas de Koutula, en la provincia de Yarcé, Koanda Mohaimini, de 43 años y siete hijos, asegura que cada grupo de trabajo (de unas 7 personas) pueden ganar 100.000 francos CFA por semana (150 euros). Otros hombres dicen ganar entre 20 y 30 euros al día.
Pese a estos testimonios, la oficina de UNICEF en Burkina asegura que son muy pocos los hombres que ganan dinero en las minas.

"Es una fiebre. Se crean verdaderos pueblos alrededor de las minas y las costumbres que se generan son muy nocivas. Se dice, por ejemplo, que si un minero hace el amor con una mujer que tiene la regla y no se limpia después es más fácil encontrar oro. Esta práctica aumenta las enfermedades de transmisión sexual, entre ellas, el sida", asegura Mauro Brero, un portavoz de UNICEF.

Pese a que, en apariencia, cualquier hombre puede llegar y abrirse su propio agujero, está claro que hay una estructura de poder.
Al atardecer, en la mina de Kutula aparece una persona que dice ser el responsable de la seguridad y de la compra del oro que se encuentre y que pide explicaciones por la presencia de los periodistas. Asegura que trabaja para una empresa conocida como Oro Metal, de Burkina.
Pese a no existir estadísticas oficiales, los medios de comunicación locales contabilizan hasta 500 los emplazamientos mineros que existen en cinco de las provincias del país.
El oro es el principal producto que exporta Burkina, donde se han instalado multinacionales, entre las que destacan una de Canadá y otra de Rusia, que llevan a cabo las actividades extractivas con licencias del gobierno burkinés.

Fuente: Diario Vasco
Texto:  María Jesús Ezquerro

viernes, 2 de marzo de 2012

La fauna de Burkina Faso cambia sus hábitos por la sequía del Sahel

Los humanos no son las únicas víctimas de la escasez de precipitaciones en la última temporada de lluvias en la franja del Sahel, en el oeste africano: la fauna de países como Burkina Faso también está cambiando sus hábitos en su búsqueda de agua. "Hemos notado una migración de animales fuera de su territorio en el este y noreste (de Burkina Faso). La escasez de agua ha provocado estas migraciones tempranas de elefantes y búfalos. Que no sorprenda a nadie que los leopardos y los leones sigan a los búfalos", advierte Urbain Bélemsobgo, del Ministerio voltense de Fauna.


Los búfalos llevan meses rondando algunas poblaciones del este del país en su lucha por beber: "Algunas veces incluso siguen al ganado para encontrar pasto", explica Arzouma Tindano, habitante de la localidad oriental de Bogandé. Según Celestin Zida, funcionario del Ministerio voltense de Medio Ambiente en el este del país, "los leones han abandonado su hábitat y han matado a los monos de la zona". Además, Zida relata que "hay varias quejas de vecinos a los que los animales salvajes les han destruido sus graneros".

Hasta el momento, la campaña de sensibilización con la fauna llevada a cabo por el ministerio del ramo han evitado la matanza de los animales, a pesar de que hayan llegado a herir a algún aldeano.
"Tenemos que hacer todo lo que podamos para salvar esos animales porque, tras su muerte, algunas especies desaparecerán", asevera Zida.

Desde diciembre, el Ministerio de Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible advirtió de las consecuencias "desastrosas" que podría acarrear la búsqueda desesperada de agua, que incluyen potenciales conflictos entre humanos y animales.
Ya en noviembre, el Gobierno percibió alteraciones por la pronta desaparición de las charcas usadas para beber por la fauna del lugar.
Pierre Kafando, coordinador nacional del Parque Transfronterizo "W" (llamado así por la forma que describe el río Níger a su paso por esa zona) asegura que se trata de una "situación catastrófica" a la que algunos pequeños mamíferos, como los cefalofos y algunos primates, no logran sobrevivir.
"Dentro del Parque (de 10.000 kilómetros cuadrados y compartido con Benin y Níger) tenemos siempre una media de 950 milímetros de lluvia por metro cuadrado, pero este año hemos recibido entre 600 y 650", precisa Kafando.

Según el responsable de la parte voltense del Parque "W", los elefantes "inteligentes" cavan pozos en las zonas en las que el agua está cerca de la superficie, "pero -alerta Kafando- estos pozos acaban convirtiéndose en trampas para los búfalos, que caen en ellos y mueren".


En el lado voltense, debería hallarse una charca cada 10 kilómetros, pero Kafando asegura que se puede viajar 30 ó 50 kilómetros sin encontrar una sola laguna en la que beber, cuando un elefante adulto necesita consumir alrededor de 200 litros al día. El "W" es el hogar de la concentración más grande de búfalos del África occidental, con entre 10.000 y 15.000, además de grandes antílopes -como el hippotragus o el damaliscus-, leones, leopardos y guepardos. Asimismo, da cobijo a unas 450 especies de pájaros.

Por el momento, el Ejecutivo voltense ha gastado el equivalente en moneda local a 137.000 euros (unos 180.000 dólares) en construcción de charcas. Para aliviar la situación, el Banco Mundial ha destinado, mediante un plan de emergencia, 534.000 euros (unos 700.000 dólares) para construir una treintena de lagunas artificiales que se llenarán con el agua que transporten varios camiones desde los ríos cercanos hasta el Parque. 

Fuente: ABC .es

miércoles, 15 de febrero de 2012

Diseñan un micro silo para guardar semillas en Angola

Cada año Angola pierde entre el 30 y el 40% de sus cosechas debido a la falta de estructura de almacenamiento. Para evitar esta circunstancia la ONG Codespa ha diseñado un micro silo que permitirá a las familias campesinas guardar las semillas y así aumentar sus ingresos y su calidad de vida.

El micro silo ha sido impulsado por Codespa, a través de un convenio firmado por la Agencia Española de Cooperación Internacional y Desarrollo (Aecid), junto con la empresa Globaltec y puede almacenar hasta 1.000 kilos de producción, lo que equivale a la cantidad que necesita una familia de cinco miembros para alimentarse durante un año.


Según informa Codespa, el micro silo es fácilmente transportable y de producción local. "Esta tecnología de bajo coste reducirá las pérdidas en las cosechas, permitiendo el aumento de ingresos de las familias congoleñas y ayudándoles a salir de su situación de pobreza" afirma la ONG.

Este sistema de almacenamiento forma parte de un proyecto de mayor alcance que desarrolla Codespa en Angola y que tiene como objetivo identificar y resolver los fallos del mercado en Huambo y Bié, para conseguir que los productos básicos de alimentación puedan abastecer al mercado interno. De esta forma se contribuirá a que la población angoleña aumente sus ingresos y puedan salir de una situación de inseguridad alimentaria. Además propicia el establecimiento de un modelo local de desarrollo agropecuario que podrá ser replicable en otras zonas del país.

Fuente: El Economista.es

sábado, 18 de junio de 2011

Monta un bosque de alimentos en Senegal con el dinero ahorrado al dejar de fumar

En 30 meses, Juan Antonio Antón ha ahorrado 3.000 euros. Dejó de fumar en 2004 para destinar ese dinero a proyectos solidarios y, desde entonces, ya ha posibilitado dos, en El Congo y en Honduras. El próximo 16 de junio, este jubilado alcireño volará hasta Senegal donde, en compañía de la médica madrileña Pilar Blanco, tratará de materializar su tercer proyecto: implantar en una barriada pobre de la ciudad de Saint Louis su concepto de "agricultura contra el hambre", que basa en sus bosques de alimentos y en la agricultura vertical, dos propuestas válidas para zonas rurales y urbanas, según asegura.


Con sus tres mil euros -"y algo más que he cogido de mi cuenta", confiesa-, Antón quiere poner en marcha en la barriada de Léona varios bosques de alimentos, siguiendo el ejemplo de su huerto de la Portella de Severino, junto a Alzira.

El alcireño se llevará consigo simientes de algunas de las más de 30 especies diferentes de árboles frutales que crecen sin apenas cuidados ni atenciones en sus poco más de 3,5 hanegadas de bosque agrícola para experimentar su cultivo en Senegal, aunque su intención es que el dinero dé para comprar los árboles allí y repartirlos por la barriada, facilitando así el alimento a cada una de las familias que residen en ella. "Por los datos que yo tengo, existe mucha necesidad allí. Y si hay hambre, se ha de atacar", dice.


El problema de la salinidad

El principal problema con que se encontrarán los cooperantes es la salinidad de las tierras de Léona, una zona entre el río Senegal y el Atlántico, lo que condicionará la viabilidad de los cultivos. "He estado informándome y hay una lista muy larga de árboles que crecen en tierras salinas", asegura Antón. Otro de los posibles inconvenientes es el precio de la tierra en Saint Louis.

Antón también quiere comprar una extensión de entre 600 y 1.000 metros cuadrados para crear un bosque de alimentos comunitario. "Yo seré el propietario de las tierras. Les pagaré las semillas para que arranque el proyecto", comenta.

Un inmigrante senegalés, que ya ha comenzado a dedicarse a la agricultura de vuelta su país, será el encargado de coordinar la experiencia. A él se le entregará un ordenador comprado por Antón para que puedan estar en contacto y facilitar la gestión del proyecto. La doctora Pilar Blanco, miembro de la Fundación Terapia de Reencuentro que ya desarrolla proyectos de asistencia a necesitados mediante microcréditos en Senegal, también ayudará a la puesta en marcha del proyecto.

"Queremos llenar el barrio de árboles frutales que den de comer al tiempo que dan sombra", indica. El barrio ha sufrido recientemente inundaciones, por lo que Antón quiere también desarrollar en las casas lo que él llama agricultura en vertical: huertos en macetas colocadas en estanterías. "Con poca agua funcionan. Es una manera muy económica de producir comida", comenta.

Otra de las ideas que le acompañará a Senegal es la construcción de cocinas solares para tratar de frenar la deforestación, que es otro de los problemas de Senegal. "La cultura de la alimentación es necesaria, por eso quiero trasladar allí mi experiencia del bosque de alimentos: enseñar a las familias a cultivar lo necesario para no morirse de hambre", dice.
Clima favorable

A favor de su proyecto juega el clima de Senegal. "Allí no hiela", asegura. Lo que ayudará a que cultivos como la naranja, el plátano o frutas tropicales como el mango, la chirimoya o el aguacate puedan crecer sin problemas. Éstas son algunas de las que cultiva en su bosque de alimentos en Alzira, donde árboles autóctonos, como el naranjo, el membrillo, el olivo, el almendro o el melocotonero, conviven con nogales de Macadamia o feijoas.

Fuente: Levante-emv.com
Texto: TERESA JUAN-MOMPÓ

jueves, 21 de octubre de 2010

El frijol de la esperanza para África occidental

Científicos reunidos la semana pasada en Dakar para participar de la Quinta Conferencia Mundial del Frijol de Ojo Negro coincidieron en que el producto tiene potencial para impulsar el desarrollo económico y aliviar la pobreza en la región. 


Los participantes del encuentro, que concluyó el viernes, también subrayaron el potencial del frijol para mejorar la condición de campesinos, industriales y vendedores. La investigadora Miriam Otto, estudiante de doctorado en el Departamento de Economía Agrícola en la estadounidense Universidad Purdue, presentó un estudio sobre la venta callejera de productos en base a frijol de ojo negro en Níger y Ghana.

La investigación de Otoo se concentró en la "akara" (una torta frita hecha en base a frijol de ojo negro), también conocida como "kossai". Este alimento es hecho casi siempre por mujeres que lo venden en las calles.

Otoo recolectó información en Ghana y Níger en 2009 a través de entrevistas personales a 336 vendedoras. Los resultados del estudio indicaban que la producción de la akara es muy importante para el desarrollo económico por varias razones. Por ejemplo, la investigación concluyó que las vendedoras ganaban entre cuatro y 16 veces más del salario mínimo en Níger y Ghana respectivamente gracias a ese producto.

Las vendedoras, la mayoría sin educación formal, se servían de esos ingresos para mejorar la salud, la educación y otras necesidades básicas de sus familias. Además, generan una demanda anual de más de 1,2 millones de kilos de frijoles de ojo negro solo en Niamey, la capital nigerina, y así crean un dinámico mercado para los productores locales.

"Las vendedoras callejeras utilizan grandes cantidades de frijol de ojo negro, y sin embargo ha sido un sector grandemente ignorado por investigadores", dijo Otoo. Además, subrayó la necesidad de mejorar el acceso de estas mujeres a créditos, a espacios en los mercados y a mejores tecnologías de procesamiento para poder atender la creciente demanda de los consumidores.

"Cuando las vendedoras callejeras han accedido a créditos, ha habido un envidiable récord de éxitos en sus empresas", señaló el estudio. También indicó que, actualmente, hay muy pocos países africanos en los que grupos de la sociedad civil trabajen para brindarles préstamos a las vendedoras. El estudio por tanto recomendó la intervención del gobierno.

Aissatou Diagne Deme posee un molino que produce 800 kilogramos de harina de frijol de ojo negro al mes. "Le proveo de harina a los panaderos y a las personas que la usan para preparar alimentos para los niños", dijo la empresaria a IPS durante una visita a su negocio ubicado en el corazón de Dakar. "Tengo buenos pedidos, y me gustaría impulsar el mercado, porque hay un creciente interés en la harina de frijol de ojo negro", señaló.

Deme comenzó su negocio en su casa en 1994 con una inversión de 12.000 dólares, y ahora emplea a 52 mujeres y exporta harina a Europa. Según el Instituto Internacional de Agricultura Tropical (IITA, por sus siglas en inglés), más de cuatro millones de toneladas de harina de frijol de ojo negro son consumidas en todo el mundo cada año, 70 por ciento de ellas en África.

Esta leguminosa, ignorada por muchos años debido a su escasa producción y promoción, regresa como el "cultivo maravilla" por su alto contenido en proteínas, su capacidad de adaptación ante el cambio climático y su uso como forraje para el ganado en África.

El Instituto de Tecnología Alimenticia en Dakar, que trabaja en colaboración con el gobierno de Senegal, está desarrollando un pan fortificado para reducir la deficiencia de proteínas entre los niños y niñas de las escuelas. El pan es fabricado con harina, frijoles de ojo negro y maní.

Pero, a pesar del renovado interés en este frijol, su oferta es aun pequeña para un uso comercial. Una de las razones es su alto costo de producción y su susceptibilidad ante insectos y enfermedades. "La cantidad de frijol de ojo negro producida en este momento es insuficiente para su consumo", dijo a IPS Christian Fatokun, del IITA.

Bussie Maziya-Dixon, otro especialista del IITA, está de acuerdo. "En cuanto a la harina de frijol de ojo negro, hemos hecho muy poco, simplemente porque no tenemos suficiente producción para crear un excedente para otros usos", señaló. "Cuando hay, no alcanza para la fabricación de productos tradicionales a los que la gente está acostumbrada", añadió. Por su parte, el investigador Larry Murdock, dijo a IPS que había una posibilidad de cultivar variedades mejoradas del frijol que ofrecieran mejores cualidades para su procesamiento en harina. "Quizás algunas variedades serían mejores para los molinos, y esto significaría además una oportunidad para los cultivadores", dijo Murdock.

martes, 31 de agosto de 2010

Etiopía asegura que no necesitará más ayuda humanitaria

Etiopía no necesitará recibir más ayuda alimentaria dentro de cinco años gracias al Plan de Desarrollo 'Crecimiento y Transformación', que prevé un crecimiento del 14,9 por ciento durante ese periodo, ha asegurado este miércoles el primer ministro, Meles Zenawi. "En el futuro, nos alimentaremos a nosotros mismos y seremos capaces de gestionar nuestras propias estrategias de seguridad social", declaró a los periodistas, al tiempo que calificó el objetivo como "bastante factible".

   El plan quinquenal predice un escenario base de crecimiento del 11 por ciento y una media de crecimiento del 14,9 por ciento. Etiopía aspira a expandir sus relaciones comerciales con China, India y Turquía e intenta atraer a visitantes de estos países para dar un empuje al sector turístico nacional. Entretanto, inversores extranjeros están interesados en sus reservas de gas y petróleo y en la exportación de mercancias.


   Las autoridades etíopes prevén a su vez que la producción agrícola se multiplique para 2015. El país es el mayor exportador de café de África y el cuarto mayor exportador de sésamo del mundo. "Creo que es un plan muy ambicioso", estimó Meles.

   Mientras que el Gobierno vaticina que en el curso 2010/2011 habrá un crecimiento de cerca del 10 por ciento, el Fondo Monetario Internacional (FMI) rebaja ese porcentaje al siete.

   La población etíope suma los 80 millones de habitantes, lo que lo convierte en uno de los grandes mercados africanos, pero la mayoría de la población no tienen teléfono o una cuenta bancaria. Meles ha descartado privatizar los sectores bancarios y de telecomunicaciones pese a las presiones de donantes occidentales. 'Crecimiento y Transformación' también contempla importantes inversiones en infraestructuras y energía.

   Según datos oficiales, en los últimos cinco años la economía ha crecido del orden del 11 por ciento anual, si bien la oposición cree que estas cifras están manipuladas. Además, uno de cada diez etíopes continúa dependiendo de la ayuda humanitaria para subsistir y el país sigue siendo uno de los que más asistencia recibe del exterior.
 
Fuente: Europa Press

sábado, 6 de marzo de 2010

Kenia se convierte en el primer exportador mundial de te

Según los datos del Consejo, en 2009 Kenia exportó 342 millones de kilos de té a 47 países, lo que representó un 22 por ciento del mercado mundial de exportación de té.
Sri Lanka, que hasta el año anterior era el mayor exportador mundial, vendió 280 millones de kilos de té en 2009, según el Consejo keniano.


"Hemos superado a Sri Lanka como el país líder en la exportación de té y esperamos mantenernos en esta posición", dijo a los periodistas Sicily Kariuki, directora ejecutiva del Consejo del Té de Kenia, durante una reunión comercial entre representantes kenianos y de los Emiratos Árabes Unidos.
La exportación de té es una de las mayores fuentes de divisas para Kenia y, actualmente, hay en el país unas 150.000 hectáreas de plantaciones de té.

El centro de la producción tetera de Kenia es la localidad de Kericho, en el Valle del Rift, en el oeste del país, que gracias a su clima fresco y a sus lluvias casi diarias es un emplazamiento ideal para el cultivo de té

sábado, 26 de diciembre de 2009

Kenia afronta una de las peores sequías de la última década

Se supone que aquí no debería haber sequía, a un par de horas por carretera al este de Nairobi, la capital de Kenia. En la zona de Mwingi viven pequeños agricultores y granjeros, que cuando llegan las lluvias, dos veces al año, plantan maíz y alubias en su espesa tierra roja y sobreviven con lo ya recogido hasta la siguiente estación húmeda. Pero en los últimos años no ha llovido nada.

Mafuo David, una mujer de 36 años con cinco hijos, asegura que su finca de poco más de una hectárea produce unos ocho sacos de maíz y alubias. Pero habla sólo en teoría, porque el año pasado el maíz murió y no logró recoger nada, y el año anterior sólo consiguió dos sacos de cosecha; y el anterior a ese, nada de nada.

A lo largo de África oriental y del sur las comunidades se enfrentan a situaciones de hambruna debido a una sequía que va camino de convertirse en la peor de una década o más. Veinticinco años después de que un reportaje de la BBC desde Etiopía diese lugar a Band Aid y después a Live Aid y nos hiciese llegar la imagen real de África contemporánea (los niños escuálidos, las moscas sobre sus ojos que miran indiferentes a la cámara), la hambruna se cierne sobre Kenia, Etiopía, Yibuti y Somalia, y hay escasez de alimentos en Sudán, Eritrea, Uganda y Tanzania.

La organización humanitaria Oxfam calcula que la vida de más de 23 millones de personas está en peligro, y que sólo sobrevivirán si se les facilita rápidamente comida de emergencia.
El Programa Mundial de Alimentos (PMA), dependiente de las Naciones Unidas, ha pedido 1.000 millones de dólares para poder dar de comer durante los próximos seis meses a los habitantes de esta región del mundo castigada por la sequía. Pero no le está resultando fácil conseguir el dinero en un mundo en donde la recesión está bloqueando las ayudas caritativas.

Cosechas fallidas y almacenes vacíos

Grandes espacios de esta franja de África están habitados por una población dispersa de pastores, granjeros semi nómadas que viven en tierras semiáridas o desérticas del norte de Kenia y el sur de Somalia y Etiopía.

Estos pastores están acostumbrados a la vida dura, en condiciones severas, pero los últimos años de sequía han diezmado sus rebaños y han hecho que su existencia sea más marginal y precaria que nunca.
Es tal la dureza de la sequía que los granjeros e incluso los habitantes de las ciudades necesitan ayuda para subsistir, una situación que ha empeorado debido al encarecimiento de los alimentos en el mercado. Los pobres no pueden permitirse comprar maíz cuando se terminan las reservas de sus cosechas.

“Ha habido cuatro cosechas fallidas, los almacenes están vacíos y también se han agotado los pequeños ahorros para comprar comida”
, explica Gabrielle Menezes, del PMA en Kenia, que está alimentando a 3,8 millones de personas en el país: a uno de cada 10 habitantes. Los programas de alimentación en las escuelas alcanzan ahora a 1,1 millón de niños, algunos de ellos en las zonas consideradas tradicionalmente como el granero de Kenia.

 



Mucha agua para cambiar la situación

Las montañas escarpadas y bosques achaparrados de Mwingi deberían de estar salpicados por campos de maíz y alubias. Pero en vez de eso, sus habitantes se pasan el día mirando al cielo en espera de las lluvias. Hace unos días cayeron las primeras gotas, y el hijo mayor de Mafuo David, de 16 años, pudo por fin arar la tierra, a mano, y colocar las preciosas simientes en pequeños huecos abiertos entre el barro.

Ella nos asegura que está feliz de que haya vuelto a llover, pero sabe que un poco de agua no va a cambiar la situación.  “Cada año llueve un poquito y podemos llegar a plantar, pero no crece. Si llueve durante tres meses, entonces tendremos una buena cosecha”, dice. Mientras tanto, su familia sobrevive con la escasa ayuda mensual que reciben de maíz, alubias y aceite para cocinar.


En un pueblo cercano, Mutindi Maithya, de 36 años, también desea que la lluvia se prolongue. Ella complementa la ayuda de alimentos que recibe para su familia de seis hijos con el dinero que gana lavando ropa para los vecinos o cortando setos.

Aumentan las epidemias

Pero la lluvia en época de sembrado significa que no habrá tiempo para trabajar en otras cosas, así que los meses que vienen se presentan más duros. Y eso que para ella y su familia ya es extraño poder tener más de dos comidas al día, siendo la primera una simple taza de té negro con azúcar.
Las lluvias probablemente servirán de poco. En algunas partes del norte de Kenia ya se han producido inundaciones, lo que dificultará aún más el transporte de los alimentos a los hambrientos, ya que las carreteras se han convertido en mares de lodo.



También aumenta el riesgo de epidemias de malaria, cólera y enfermedades que se transmiten por el agua. El ganado, débil por el hambre y la sed, puede sucumbir rápidamente con el frío. En las zonas de cultivos, las inundaciones arrastran las capas fértiles de la tierra y las valiosas semillas. “La lluvia cambia el tema del agua, pero no acaba con el hambre”, apunta Menezes.

Texto y foto: Tristan McConnell 

martes, 1 de diciembre de 2009

La semilla extremeña crece en Senegal

La Asociación Sociocultural Macodou S.Sall trabaja por el codesarrollo del país subsahariano gracias a la ayuda de la Diputación de Cáceres, el Ayuntamiento de Romangordo y la Junta de Extremadura, entre otros. Es conocido como el país de los cayucos, como la meta de un conocido rally, como el puerto de partida de los esclavos que llegaron a América. También es el país del color y del calor, del respeto a la religión, de ser zona de fusión entre desierto, sabana y selva, de ser cuenca de grandes ríos, de ser el principal puerto de Africa Occidental. Senegal está definido por todo esto, pero también por ser uno de los lugares a los que Extremadura destina fondos de cooperación.

Casi diez años lleva trabajando la Asociación Sociocultural Macodou S.Sall (Asomacs) para cambiar la realidad de Senegal, para que haya un sistema de saneamiento, para eliminar las basuras de las calles, para que todo el mundo tenga acceso al sistema sanitario y educativo, para que los cultivos sean rentables... Para que las miradas llenas de esperanza, ternura y emoción de los niños de ahora se conviertan en miradas de trabajo, desarrollo y, sobre todo, oportunidades en un futuro cercano. Ni siquiera han pasado 50 años desde que Senegal se independizó de Francia y hay muchas cosas por hacer. El trabajo que resta es inmenso, casi inabarcable, pero ya se han recorrido los primeros pasos de un camino que Extremadura ha decidido andar. Las semillas extremeñas germinan en las tierras senegalesas.



La Agencia de Cooperación regional ha destinado 271.000 euros para que la comunidad rural de Meouane labre 100 hectáreas con plantas como el mango o la jatrofa. A varias horas de allí, se encuentra la ciudad de Touba, marcada por la silueta de su mezquita y por la fe que profesan sus habitantes, donde Macodou tiene varios proyectos, y donde también han llegado los fondos extremeños. La semana pasada, el presidente de la Diputación de Cáceres, Juan Andrés Tovar, inauguró un centro de salud, que forma parte de un ambicioso centro multidisciplinar. Allí, ante más de un centenar de senegaleses, Tovar habló de Extremadura, una de las regiones más pobres de España, pero también de las más solidarias, según afirmó.



La delegación extremeña -de la que también formaba parte el párroco de Navalmoral David González, activo colaborador y socio de la asociación- también acudió a una escuela de Touba, en la que Ayuntamiento de Romangordo y la Diputación han construido cuatro nuevas aulas. La sonrisa de los niños y el cariño transmitido marcó a Rosario Cordero, alcaldesa de Romangordo, quien no dudó en comprometerse ante el director y los docentes para continuar enviando material escolar en el futuro. El reparto de los casi 150 kilos de cuadernos, bolígrafos y lapiceros que los vecinos del pueblo han donado hizo vivir a la delegación extremeña momentos de emoción y reflexión.
Todo viaje tiene su fin. Y a pesar del despegue del avión, la huella extremeña continúa en Senegal. Alfa Bocar y Amadou Bamba Sall, los responsables de Macodou en el país africano y en España, no tienen horarios y sus ideas para nuevos proyectos marcaron la mayoría de las conversaciones con la delegación extremeña, que se comprometió in situ a seguir colaborando. La colocación de la primera piedra de un centro de recuperación y transformación de plásticos, al que la Junta ha destinado 100.000 euros, ha sido la última semilla plantada.

Texto: M.A. Fernández

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Árbol Babobab de Madagascar (Foto de Viaje a Africa)

Se acuerdan de nosotros y nos premian. Gracias

Se acuerdan de nosotros y nos premian. Gracias
(Marzo 2009)

Concedido por Ong Mediterránea (Marzo 2009)

Concedido por Cristina y Diego desde "Mi trocito de África" (Marzo 2009)

Concedido por Bet y Marc de "Camí d'África" (Julio 09)

Concedido por Kagurafrica (Octubre 2009)