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miércoles, 7 de marzo de 2012

Mensajeros de la Paz solidarios con las reclusas de Benin

Mensajeros de la Paz suministrará colchones y construirá media docena de duchas en la cárcel civil de Cotonú, capital de Benin, donde la organización trabaja desde hace una décana, según el compromiso que ha trasladado a la dirección de la institución penitenciaria el presidente de la entidad, el padre Ángel García, que se encuentra en el país para conmemorar el 50 cumpleaños de esta asociación española, que desarrolla proyectos en medio centenar de países en apoyo a los colectivos más vulnerables.


En Benín, la asociación mantiene dos centros infantiles y colabora con distintas instituciones, como la citada Cárcel Civil de Cotonú, donde Mensajeros de la Paz lleva trabajando varios años en la mejora de las condiciones de vida de los reclusos. A la tarea ya realizada, como la construcción y equipamiento de un módulo para las internas, se suma ahora el compromiso de levantar media docena de duchas para las mujeres y de suministrar, este mismo viernes, colchones para los presos menores de edad.

Ese es el acuerdo al que ha llegado el Padre Ángel tras una visita a la institución penitenciaria donde se hacinan más de 2.400 hombres, mujeres y niños, aunque de ellos sólo 318 han sido condenados por un juez. El resto, 2.217 hombres, 122 mujeres y 55 menores, se encuentran en prisión preventiva en espera de juicio, pero, tal y como reconoce la misionera de la parroquia madrileña de San Bruno Begoña Díez, "en esta cárcel se sabe cuándo se entra y no cuándo se sale". 

Aunque Benín oficialmente ya no aplica la pena de muerte, que sigue reconocida en la Constitución del país, no son pocos los presos que fallecen mientras están en prisión, en la mayor parte de los casos, por enfermedad. Esta situación ha llegado también a la zona de encarcelamiento de menores, una corrala de arena con muros de hormigón adyacente al patio de los adultos, que cuenta con un barracón de 10 metros por cuatro donde la podredumbre de los colchones de espuma está intoxicando a los niños.
"Cuando vine la primera vez, visité la cárcel y me quedé encogido viendo que las mamás y los bebés dormían allí, en la misma tierra y me dije que esto no podía ser. He visto muchas cárceles y esta ha sido la más inhumana. Había que hacer algo", ha señalado el padre Ángel en declaraciones a Europa Press.

Díez señala que toda la población de la cárcel, que se concentra buscando la sombra en un laberinto de pasillos en torno a barracones austeros y pequeñas chabolas, es encerrada en los pabellones donde deben dormir a partir de las seis de la tarde. La superpoblación del centro es tal, que en estos recintos tienen que colocarse prácticamente "unos encima de otros" y aprovechar cada centímetro cuadrado de suelo para aguantar hasta el amanecer. Por eso, afirma, "si enferma uno, enferman muchos".
Esta es la preocupación que los propios menores han trasladado al padre Ángel, a quien han leído una carta acordada por todos en la que demandan además de los colchones, material escolar --disponen de dos pizarras viejas y gastadas--, maestros para no perder los estudios que cursaban antes de entrar en prisión, medicamentos, materiales para poder fabricar cualquier producto que se pueda vender dentro o fuera de la cárcel y un futbolín para matar el tiempo.


El encargado de la lectura ha sido Rodriguez, un joven beninés que ronda ya la mayoría de edad y que lleva 28 meses en la cárcel esperando a ser juzgado. Es uno de los mayores del grupo y, por eso, no tardará en ser trasladado a la zona donde se hacinan los adultos. Convive con otros 54 chicos, entre los que hay niños de 12 y 13 años de edad. La religiosa explica que si bien alguno de ellos tiene delitos de sangre, la mayor parte han sido acusados de hurto.

HACINADAS SIN VENTILACIÓN Y CON SUS BEBÉS

En la zona de las mujeres, donde viven 122 féminas, la situación es similar. El único barracón como tal, con ventilación y espacio para las literas es el construido por Mensajeros de la Paz, ya que los otros dos de que disponen las reclusas apenas cuentan con diez metros de largo por tres de ancho y, pese a que muchas viven allí con sus bebés, no hay camas, colchones ni esterillas suficientes para todas. Además, sólo disponen de dos duchas que hacen también las veces de retrete.

Por este motivo, sus peticiones de ayuda a Mensajeros de la Paz se han centrado en la necesidad de más espacio para su higiene, aunque también necesitan máquinas de coser y bordar para poder seguir produciendo algo que les permita tener ingresos suficientes para subsistir dentro de la prisión, donde los propios reclusos han organizado una especie de mercado en el que se compra y vende desde la comida hasta el agua potable.

En este caso, la portavoz del grupo ha sido Prisca Legba, que lleva 18 meses esperando a que se vea su caso y que aún confía en la justicia. Más intranquila está Amina Adebolá, una mujer mayor que lleva cuatro años encerrada en espera de juicio. Su mayor preocupación es la pérdida de contacto con la realidad ya que, según ha denunciado, las internas no tienen "papeles en ningún lado" por lo que fuera de los muros de prisión es "como si no existieran". "Ni siquiera sabemos cuándo vamos a salir, tienen que arreglarlo", ha pedido.

La religiosa recuerda que en esta cárcel conviven violadores con asesinos, con ladrones de comida y "con muchos, muchos inocentes" y coincide con el padre Ángel al destacar que sean o no culpables, son seres humanos y las condiciones de reclusión deben ser en cualquier caso, respetuosas con sus derechos fundamentales.

"En el transcurso de estos cincuenta años de Mensajeros de la Paz me he encontrado muchos técnicos y listos, pero hagop mía la afirmación de la Madre Teresa de Calcuta: 'a mí dejadme darles de comer, que para lo demás ya estáis vosotros'", ha añadido García, para incidir en que aunque estén encarcelados, no merecen que la sociedad les olvide.

Texto: Isabel Vega
Fuente: Informativos Telecinco

miércoles, 23 de marzo de 2011

Los dos candidatos a la presidencia de Benin se declaran ganadores

Los dos principales rivales en las elecciones presidenciales de Benín se disputan la victoria de los comicios celebrados este mes lo que ha aumentado la preocupación de que exista una nueva disputa en otro país de África Occidental.  El presidente interino, Boni Yayi, se enfrentó en las elecciones a catorce rivales, de los que el más importante es el veterano político Adrien Houngbedji al que venció en los comicios de 2006.
Benín, con una población de nueve millones, es uno de los pocos países que ha permanecido alejado del "cinturón de golpes de Estado", ya que ha conseguido celebrar elecciones libres y justas, lo que le ha granjeado elogios de la comunidad internacional.
Mientras, las facciones rivales han publicado sus propios resultados que muestran que la oposición lidera el escrutinio. Los simpatizantes de Yayi aseguran que el presidente interino gana por un amplio margen en primera ronda.


Los analistas no esperan que una disputa en las elecciones provoque un estancamiento del país y una ola de violencia, como en el vecino Costa de Marfil.  "Dando resultados cogidos directamente de los colegios electorales, es difícil imaginar una segunda vuelta", aseguró el portavoz de Yayi, Marcel de Souza, a los periodistas. Souza indicó que Yayi iba en cabeza en ocho de los doce departamento del país, mientras que Houngbedji lideraba en cuatro.
Houngbedji convocó su propia rueda de prensa y comunicó que iba en cabeza con un amplio margen en al menos cinco departamentos y que esperaba que la votación se decidiese en una segunda vuelta. "Ha comenzado una gran maniobra para condicionar las mentes de nuestros queridos ciudadanos (...) Tenemos estudios que nos dan una mayoría", indicó Houngbedji en Cotonou, la capital.
Unos 3,5 millones de personas estaban convocadas a las urnas para elegir al quinto presidente de Benín desde la llegada de la democracia multipartidista en 1990.
El Tribunal Constitucional de Benin confirmó hoy la reelección de Thomas Boni Yayi como presidente del país, tras las elecciones del pasado 13 de marzo, tachadas de fraudulentas por la oposición.


Según los resultados publicados por el presidente del Tribunal Constitucional, Me Robert Dossou, Boni Yayi obtuvo 1.579.550 votos frente a 1.059.396 de su principal adversario, Adrien Houngbédji. "Boni Yayi ha obtenido la mayoría absoluta que se requiere para ser declarado electo", aseguró Dossou durante una audiencia constitucional. Dossou añadió que "el anuncio no se hará definitivo hasta después de que el Tribunal Supremo haya decidido sobre las impugnaciones de los candidatos".


Según afirmó el viernes pasado la Comisión Electoral Nacional Autónoma (CENA), Boni Yayi obtuvo más del 53 por ciento de los votos, mientras que Houngbédji se hizo con un 35 por ciento. Sin embargo, el día después de la publicación de los resultados provisionales de la CENA, Houngbédji reivindicó su victoria en los comicios, y aseguró que "el pueblo de Benin no renunciará a lo que se ganó (...) para caer en la servidumbre de los traficantes de elecciones y déspotas".
"Nosotros hemos ganado las elecciones y reclamamos lo que es nuestro", añadió el líder opositor. Los observadores internacionales que vigilaron los comicios han valorado el buen desarrollo de las votaciones tanto en la capital económica, Cotonú, como en el interior del país, a pesar de los numerosos problemas de organización, especialmente en el censo, que complicaron la jornada electoral.
Las votaciones, que debían iniciarse a las 07.00 hora local (06.00 GMT), se retrasaron al menos una hora en buena parte de los 13.152 colegios electorales repartidos por todo el país, por la ausencia de responsables de las mesas y, sobre todo, por la falta de material que debía haber distribuido el Ejército.


Fuente:
Terra.es
Europa Press

martes, 16 de noviembre de 2010

La sonrisa de Alaine viaja a Togo

 
 Han pasado ya seis años desde que se apagó la sonrisa de Alaine. Con solo 16 primaveras un tumor cerebral le arrebató la vida. De la noche a la mañana su futuro se redujo a seis meses. Con ella se desvanecieron sus principales inquietudes como la desigualdad entre el primer y el tercer mundo. Inconformista con las injusticias buscaba explicación al porqué de su desgracia, mientras otros niños apenas tenían para vestirse o comer.
Tras su fallecimiento, la familia Herrera decidió sobreponerse al bache creando la Fundación Alaine, que el pasado octubre cumplió tres años. Mediante dos programas, 'Sonrisas' y 'Grano de arena', han conseguido reducir la desigualdad de oportunidades entre niños actuando en zonas como el África Subsahariana y Centroamérica. 
 
En su breve recorrido ya han construido escuelas de Educación Primaria, de Formación Profesional, una maternidad y hasta equipamiento pediátrico para un pequeño centro sanitario de Benin. Además, el hotel NH Villa de Bilbao celebrará la primera cena solidaria, con la que buscan financiar su próximo objetivo: una escuela de Secundaria en Kara, situado en la zona norte de Togo, proyecto que esperan poder iniciar a partir de enero. 
 
 «Porque nadie es tan pequeño que no pueda ayudar a que todo el mundo pueda sonreír». Ese es lema de la Fundación. La esencia de Alaine. La alegría con la que intentó mantenerse hasta el último momento. Su tía, Elena Herrera, recordaba ayer para este periódico los duros momentos de su enfermedad. «Le detectaron el tumor, se le aplicó quimioterapia en pastillas y la operaron. Pero fue más de lo que en un primer momento parecía. No había nada que hacer», explica. 
 
«Buscarle un sentido»
Al mes de ingresar en el hospital, Alaine ya intuía que su fin estaba cerca. La realidad se había adueñado de su mente. Agotados los tres primeros meses del plazo anunciado por los médicos, la joven apenas podía hablar y moverse. 
 
Se comunicaba con las manos, «apretándotela si la respuesta era afirmativa, o llorando» ante la impotencia de no poder articular palabra. Sus días estaban contados, pero en todo momento mostró una serenidad «que me maravillaba». Fue entonces cuando decidieron darle una grata sorpresa. «La familia le consiguió un póster firmado de Casillas y Beckham. La sonrisa que soltó cuando los vio iluminó la habitación, pero ya no podía hablar», cuenta. 
 
De ahí nació la Fundación. «Al final tienes dos opciones: hundirte y renunciar a la vida o salir adelante haciendo que esa falta que vas a notar siempre por lo menos tenga un sentido», reflexiona Herrera. Así, la educación y la igualdad en los niños necesitados fueron los pilares iniciales del ente, que comenzó actuando en Benin y hoy se extiende a la región africana de Togo y a Guatemala. 
 
El programa 'Sonrisas' se enfoca hacia los niños enfermos, que se encuentran en una situación similar a la que pasó Alaine y 'Grano de arena' pretende erradicar la desigualdad y disminuir la mortalidad infantil en los países pobres, ya que «más del 25% mueren en el parto o en los días siguientes». Pero además prestan especial atención a la mujer. Consideran que es el eslabón de la cadena que deben mimar para que las próximas generaciones puedan labrarse un futuro mejor. «Hay un dicho africano que dice que si educas a un hombre, formas un individuo. Si educas a una mujer, educas un pueblo», destaca Herrera. En la actualidad se plantean conceder microcréditos a estas mujeres «para que mediante trueques puedan, por ejemplo, comprarse una máquina de coser y adquirir relativa autonomía sin tanto dominio del hombre». 
 
Poco a poco, la Fundación ha ido adquiriendo cuerpo y lo que empezó como algo familiar ha logrado crecer hasta el centenar de socios y más de 500 colaboradores por proyecto. Alrededor de 2.000 niños ya han recibido su ayuda, «pero todavía queda mucho por hacer».

jueves, 7 de octubre de 2010

El país de los castillos de paja

El paisaje ejerce de hipotética frontera. A partir de la pequeña población de Natitingou, al noroeste de Benin, el terreno se va arrugando y encrespando y las manchas boscosas se transforman en una sabana jalonada por gigantescos baobabs de aspecto fantasmagórico, ceibas de voluminosos troncos, mangos preñados de gruesos frutos sonrosados, anacardos, tecas, irocos nerés, karités, higueras, largos papayos, árboles del fuego de copas incendiadas por el rojo intenso de sus flores y euforbias de varios metros de altura.

Las ramas de los tamarindos proporcionan a los escandalosos pájaros tejedores, amarillos y cabecinegros, una percha idónea donde colgar sus nidos de cestería en permanente renovación. En un plano inferior, emergiendo de los campos de cultivo, se elevan hacia el cielo las bocas de filigrana de legiones de termiteros, cuyas formas puntiagudas recuerdan las agujas de las catedrales góticas y sobre cuyas paredes se concentra tal número de nerviosos lagartos de cabeza anaranjada que trasmiten la sensación de que esas torres de color canela tostada se desplazan por el suelo agrietado y reseco.


Acaso sea el único movimiento perceptible pues a través de las ventanillas del vehículo discurre una imagen fija, un rosario permanente de casas idénticas, de aldeas gemelas. Una uniformidad realzada por un grueso manto de polvo que lo envuelve todo como esas sábanas que protegen los muebles de las casas deshabitadas. Es el país Somba, las tierras de las "gentes que caminan desnudas", una antigua etnia de guerreros que, semiaislados en las arrugas del macizo de Atakora, frontera con Togo, han mantenido sus costumbres casi intactas, por mucho que ya no vayan desnudos, hayan reemplazado sus armas por rudimentarios arados y cayados y unos pocos se desplacen en motocicleta.

Cabañas circulares
Su seña de identidad más palpable son sus viviendas llamadas tata, pequeños castillos de arena y paja que en otros tiempos les servían para defenderse de los ataques de las fieras y, sobre todo, de los cazadores de esclavos. Estas sorprendentes construcciones, cuyos muros sobrepasan los cuatro metros de altura, se siguen levantando de forma solidaria.


Los hombres de la aldea plantan los pilares de madera y las mujeres amasan la arcilla con la que se construirán las paredes de las cabañas circulares que, una vez unidas entre sí, cerrarán el conjunto confiriéndole el aspecto de una fortaleza, rodeada por los campos de cultivo. En la planta de abajo se encierra el ganado y está la cocina. Una tosca escalera permite acceder, a través de un agujero, a la terraza, donde se distribuyen las habitaciones y los graneros.

Las variaciones entre ellas son mínimas y vienen determinadas por el número de esposas que tenga el cabeza de familia, pues cada una de ellas dispone de su propia habitación y su granero, techados con una caperuza cónica de paja que, como voluminosas cabezas despeinadas, asoman superpuestas por encima de unos muros decorados con dibujos y filigranas tallados en el barro, miméticamente reproducidos en las escarificaciones que lucen en sus rostros las mujeres y niñas. Según la tradición, para elegir el lugar donde construirán su casa, los somba tiran al aire una lanza o una flecha hasta que se clava en el suelo. Si al cabo de una semana no se ha caído, ese es el lugar idóneo.


Una cosmogonía
Para ellos, las tata son algo más que una vivienda, representan toda su cosmogonía, es el lazo que los une con sus ancestros; es también su iglesia.

Junto a la única puerta de acceso siempre se encuentra el fetiche protector de la familia, embadurnado con la sangre seca y las plumas de las ofrendas, y dentro hay un pequeño altar en honor de los antepasados, cuya relevancia es tal que, si en la casa vive un anciano, este dormirá en esa primera planta, no solo porque pueda tener dificultades para subir a la terraza sino porque se considera que ese es su sitio natural, el más cercano a los espíritus con los que no tardará en encontrarse.

Frente a las tata, muchas de ellas engalanadas con las cornamentas de los animales sacrificados, se lleva a cabo una sorprendente ceremonia ancestral. Los somba, como muchos animistas, creen que la muerte no es algo natural, se debe a un descuido del muerto o a la intervención de sortilegios o fuerzas maléficas, en cuyo caso hay que descubrir la causa antes de proceder al entierro. Por ello, cuando alguien muere, tras 48 horas de espera, llevan el cadáver hasta la puerta de su casa para que los ancianos lo interroguen.

Durante todo el proceso, las miradas permanecen fijas en los cuatro hombres que sujetan a pie firme la angarilla donde reposa el cuerpo sin vida, pues si en algún momento mueven sus cabezas hacia adelante de forma acompasada, impulsados por el espíritu del muerto, según aseguran, es la señal de que hay que buscar un responsable y hacer sacrificios adicionales. Por el contrario, si ladean sus cabezas, está claro que la muerte no ha tenido un inductor maléfico.
El país Somba limita al norte, a unos 110 kilómetros de distancia de Natitingou, con un fascinante enclave natural poco conocido: el Parque Nacional de Pendjari, una superficie de 275.000 hectáreas regadas por el caprichoso cauce del río que da nombre a esta reserva de la Biosfera.

Esta mezcla de sabana y tupido bosque fluvial, perlada de lagunas naturales, en las que abundan los hipopótamos y los cocodrilos, además de acoger un sinfín de aves, es el hábitat natural de los más representativos exponentes de la fauna salvaje africana, excepto el leopardo, y no tiene nada que envidiar a los turistizados parques de Kenia o el norte de Tanzania. En la entrada sur, junto a la población de Tanguita, es recomendable acercarse a la cascada de Tanougu, un impresionante salto de agua en dos fases, en cuyas piletas, rodeadas de una vegetación exuberante, se puede hacer frente al polvo de los caminos del Pendjari.

Texto: Pedro Cases.

miércoles, 7 de julio de 2010

Nigeria consigue financiación para la carretera Abidján-Lagos

La nueva conexión de transporte por carretera Abidján-Lagos, que une la capital de Costa de Marfil con Ghana, Togo, Benín y Nigeria, a lo largo de esta costa densamente poblada, está siendo ahora revisada para reducir costes y tiempo de recorrido. También los puestos fronterizos serán más eficaces.

El gran plan para reformar los 998,8 kilómetros del corredor costero de África Occidental han obtenido ahora la financiación necesaria para ser puesto en práctica. El Banco Mundial ha anunciado la aprobación de 258 millones dólares para la primera fase del programa de rehabilitación.

El proyecto va a contribuir a la revisión de la arteria principal de transporte que se extiende a lo largo de la costa de África Occidental desde Abiyán a Lagos, así como los puestos de control fronterizo. Esta operación regional tiene como objetivo ayudar a "mejorar la circulación de personas y facilitar el comercio entre los cinco países comprendidos en el corredor", es decir, Costa de Marfil, Ghana, Togo, Benín y Nigeria.

La carretera costera conectará a algunas de las capitales más grandes y económicamente más dinámicas de África - Abidján, Accra, Lomé, Cotonou y Lagos - y beneficiará a una población de más de 35 millones de personas. Algunos de los segmentos de este corredor albergarán el mayor nivel de tráfico en África Occidental y Central, con más de 10.000 personas y varios miles de vehículos cruzan las fronteras de estos países cada día.

"El potencial del corredor a convertirse en un catalizador para el crecimiento económico y la integración regional en la subregión está bien documentada, de acuerdo con el Banco Mundial" y los gobiernos de los cinco países han contado con la asistencia del Banco Mundial para aprovecha este potencial de desarrollo socio-económico", señala un documento del Banco Mundial.
El objetivo de la rehabilitación es el de reducir las barreras comerciales y de transporte en los puertos y en las carreteras a lo largo de la carretera entre Abidján-Lagos. El programa está diseñado para ser ejecutado en dos fases. La primera fase, con unos costes estimados de 258 millones de dólares, abarca Ghana, Togo y Benín. Posteriormente, la segunda fase, con un costo estimado de 89,5 millones de dólares, cubre la conexión final entre Costa de Marfil y Nigeria.

"El proyecto ayudará a poner en marcha unos sistemas de transporte y comercio más eficientes y hacer cumplir las normas regionales armonizadas en la subregión", según el líder de proyecto del Banco Mundial, Anca Dumitrescu. Con este fin, se llevará a cabo un conjunto de reformas en los procedimientos de aduanas y fronteras a lo largo de este corredor costero. "Los resultados serán medidos y controlados de cerca para asegurar que se reduzcan al mínimo algunas de las principales barreras que impiden la integración regional real y significativa", añadió.
"Si tiene éxito, los resultados pueden ser ampliados a un corredor nacional y regional entre los países miembros de la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (CEDEAO)", señaló Richard Scobey, de la Agencia para la Integración Regional Africana.

La mejora de la eficiencia del corredor también espera tener un impacto en las exportaciones, así como las importaciones de la región. "El aumento de los volúmenes de importación beneficiará a los consumidores locales, incluidas las empresas locales que dependen de los insumos extranjeros", esperan los responsables del proyecto. A su vez, se confía en que "el aumento del volumen de exportación beneficiará a los productores locales mediante la apertura de oportunidades de mercado."

Fuente: Afrol News

jueves, 3 de junio de 2010

El bombeo solar: la diferencia entre comer y no comer


En muchos lugares de África, son las mujeres las que riegan a mano las cosechas, cuando hay agua. El bombeo fotovoltaico las permite disponer de agua de forma cómoda durante todo el año
Un equipo de la Universidad de Standford ha analizado las consecuencias del uso del bombeo solar en zonas áridas de África. En estos lugares, muchos cultivos sólo disponen del agua de lluvia durante las estaciones húmedas, y no es posible regar durante el resto del año. En la mayoría de los casos, son las mujeres las que riegan a mano los cultivos.

"Una gran parte de la población del África Subsahariana no tiene seguridad alimentaria durante todo el año", asegura la directora del estudio, Jennifer Burney, del Programa sobre Seguridad Alimentaria y Medioambiente del Departamento de Ciencias Medioambientales de la Universidad de Stanford. "Esta población es eminentemente rural, y frecuentemente sobreviven con menos de un dólar por persona y día. Y a pesar de que la mayoría de ellos trabajan en la producción agrícola, entre el 50 y el 80% de ese dólar lo gastan en alimentación. "

Burney y el resto de los participantes en el estudio se dieron cuenta de que sólo el 4% de los cultivos del África Subsahariana usa riego. Lógicamente, las poblaciones que más inseguridad alimentaria viven, son las que hacen depender sus cosechas de la lluvia. En algunos lugares, como Benin, los periodos lluviosos se limitan a una estación lluviosa que dura entre tres y seis meses.
Las familias, por lo tanto, afrontan anualmente el reto de estirar las reservas alimentarias hasta la siguiente cosecha. Por lo tanto fomentar la introducción de la costumbre del riego es una de las formas de reducir la pobreza en la región, y de disminuir el riesgo de hambrunas. Este fenómeno se ha estudiado profusamente en Asia, pero no así en África.

Para contrarrestar la falta de datos, Burney y sus colegas recopilaron datos de varios sistemas de riego instalados en el distrito de Kalalé, en el norte de Benin. Los sistemas de bombeo solar fotovoltaico fueron instalados por una ONG especializada, denominada Solar Electric Light Fund (SELF).
"Como cualquier bomba hidráulica, las bombas solares ahorran mucho trabajo en zonas rurales donde tradicionalmente son las mujeres y las chicas jóvenes las que hacen este trabajo" , asegura el autor. A pesar de que el bombeo solar no está muy extendido por estas zonas, debido al alto precio que tiene para el nivel económico de la zona, estos sistemas duran muchos años, y a medio plazo resultan más económicos que el bombeo utilizando combustibles líquidos. Además, el bombeo solar puede realizarse sin necesidad de baterías, puesto que puede utilizarse la energía solar en el momento en que se produce para realizar el bombeo, almacenando el agua en la superficie. De esta forma, la instalación y mantenimiento es mucho más sencillo y económico.

En noviembre de 2007, el equipo de investigadores comenzó a colaborar con grupos locales de mujeres agricultoras de dos pueblos de Benin. Cada mujer disponía de 120 m2 de superficie de cultivo para sí misma. Varias hectáreas se destinaron al cultivo conjunto para financiar un fondo común para los pueblos.

Los investigadores escogieron otros dos pueblos donde no se utiliza el riego por bombeo como grupo de control; estas mujeres seguían regando a mano según los métodos tradicionales. Un año más tarde, se analizó la realidad de los pueblos, y los resultados fueron llamativos. Los pueblos que utilizaron riego por bombeo solar produjeron de media casi dos toneladas de productos agrícolas mensualmente, entre ellos tomates, pimientos, zanahorias y otras hortalizas. Las mujeres que utilizaron el bombeo solar se conviertieron en potentes productores de alimentos, y consiguieron un sueldo extra gracias a la venta de sus productos. Además, lógicamente, su salud mejoró gracias al aporte regular de vitaminas durante todo el año, y no sólo durante la estación húmeda. Estas mujeres ganaron de media un 18% de peso durante el año en que utilizaron el bombeo solar.

Según los autores del estudio, "las hortalizas penetraron rápidamente en los mercados locales". En resumen, la introducción del bombeo solar donde antes no lo había, mejoró significativamente las condiciones de vida del poblado donde se instalaron, y esto de forma sostenible, dado que la fotovoltaica no emite emisiones. De esta forma, la expansión de los sistemas de bombeo solar puede ser una estrategia para aliviar la pobreza de estos países.

Fuente:  Science Daily

martes, 24 de noviembre de 2009

Benín, un ritual de tambores

El viaje, claro, comienza antes del viaje. El dedo recorre lomos sin tocarlos, a un centímetro de distancia, y se detiene en una obra maestra: El virrey de Ouidah, de Bruce Chatwin. El dedo, tembloroso tras las primeras páginas, dibuja la costa de África sobre el mapa. La costa de los esclavos, en el golfo de Guinea.
Benin. Una costa de 120 kilómetros de playas de arena, sin puertos naturales, y el país se eleva hacia el norte, ensanchándose al llegar a las fronteras norteñas con Burkina Faso y Níger. Ouidah era el puerto de Abomey; Abomey, la capital del reino Dahomey que dio lugar a un país, Benin, que hasta 1975 se llamó Dahomey y desde cuya capital se estructuró su riqueza en torno al tráfico de esclavos.

Gentes de los pueblos enemigos, que eran cualquier otro pueblo, capturados y vendidos a los comerciantes blancos que fondeaban sus grandes barcos a un centenar de metros de la playa de Ouidah y bajaban en piraguas que se encaramaban a las crestas de las olas y regresaban a las naves con hombres y mujeres encadenados que, una vez abolida la esclavitud por  Ingalterra en 1818, llenaron barcos hacia Brasil y Cuba de forma clandestina.

Altas palmeras cocoteras con un tronco de hilo, como los fuegos artificiales de Binta y la gran idea de Fesser, un carril de tierra roja, y las deidades del vudú, que aquí es una religión (cristianos y musulmanes nos confesarán que participan en ceremonias vudú), y de aquí pasó a Brasil y a Cuba. Cuatro kilómetros de tierra roja desde la playa hasta el fuerte portugués y las casas nacidas alrededor, Ouidah, una ciudad que parece sometida a una deriva que la lleva al abandono, aunque no es así y se retuerce como las serpientes que nos esperan en el decepcionante templo de la Pitón, donde nos señalan el lugar de la última celebración vudú y al lado una botella de cerveza que nadie se ha molestado en recoger, y la casa que fue de Manoel da Silva y que sigue siendo de sus descendientes, todos negros.



Las generaciones se fueron oscureciendo, venciendo el color de la piel de esas caravanas de esclavos cuya ruta recorremos hasta la playa y el punto de no retorno, generaciones que nos alumbran el Macondo que es Ouidah que nos muestra Chatwin, ese genio, y miramos desde la playa el mar que miraron los esclavos y ya visitaremos Abomey, la capital, el palacio donde estuvo preso Manoel da Silva y fue salvado por el hermano del rey, Ghezo, que después fue rey y en la selva se hizo hermano de sangre de Silva, quien tardaría más de 30 años en comprender lo que eso conllevaba.

Un palacio de adobe

Benin es uno de los países más pobres de este pobre mundo y, sin embargo, desde que entramos por el norte, no hacemos más que escuchar carcajadas. Los poblados de chozas de adobe con planta circular y techo de paja de Burkina Faso dan paso en Benin y Togo a casas de adobe, pero casas, y en este aparente paso hacia delante se observa más la decrepitud, el color de la tierra alcanzando las casas con la excepción de los somba.

Esa tribu del norte que se extiende hacia Togo (donde son llamados tambermas), con unos poblados construidos a modo de auténticas fortalezas, castillos familiares con sus torres y sus adarves que les permitieron resistir al organizado ejército de Dahomey, constituido en gran parte por fieras guerreras que decapitaban a algunos enemigos y al resto los llevaban a Abomey, la capital, donde el rey, desde su palacio, cuyos muros están construidos de adobe y sangre, dirigía su parte del trato, sus negocios con Manoel da Silva, el mayor traficante de esclavos, el hombre más rico de  África Occidental, que murió en la ruina y que vivimos en este novelón de Chatwin que nos hace ir a Benin.

Benin aparcó su marxismo-leninismo y lucha por alejarse de la pobreza. La capital es Porto Novo, un pueblo grande, pero la ciudad más importante es la cercana y también costera Cotonou, de edificios y miles de motos, que será nuestro campamento base, con su oferta de puestos callejeros y hoteles baratos, pero también restaurantes buenos y hoteles de lujo. A una hora de Ouidah, a 40 minutos de Porto Novo, a hora y media de Gran Popo, a media hora de Ganvié.



Ganvié es la Venecia africana. Esos sobrenombres nos hacen desconfiar, pero no nos arrepentiremos de ir. Una ciudad diferente. Un pueblo de más de 20.000 habitantes sobre un lago, en ocasiones aprovechando un islote, la mayoría de las veces las casas construidas sobre un andamiaje de palos atados que sobresalen del agua, formando un caótico laberinto de canales y de innumerables canoas y barcas en las que sus habitantes se manejan como único medio de transporte.

Ganvié tiene iglesia, colegio, mercados y hasta un par de hoteles, modestos pero limpios. Un pueblo que gira en torno a la pesca desde que se establecieron aquí en el siglo XVlll huyendo del tráfico de esclavos. El ajetreo de la vida africana en un escenario de agua, canoas y redes que se detienen un segundo en el aire, infladas, antes de caer lentas al agua adonde han sido arrojadas para atrapar otro pez.

No es posible tener una visión completa del mundo sin el fondo de tambores que rodea el rostro amable de una pobreza brutal. Recorremos ciudades imposibles, atravesamos los renglones mágicos y exactos de Chatwin, y a la vuelta podemos dejar atrás Cotonou, su enmarañada grandeza de capital africana, y continuar por la costa en dirección a Togo, tan cerca. Detenernos en Gran Popo si queremos olvidarnos del mundo: la playa inmensa, las altas palmeras, el mar donde ya no fondean grandes barcos. Un hotel modesto, pocas casas, Chatwin, África, los tambores que ya van sonando en nuestro interior.

 Fuente: El Viajero
Texto: Pablo Aranda

lunes, 21 de septiembre de 2009

Dos de cada tres alumnos africanos sufren maltrato en la escuela







Escolares de Kenia
Un informe publicado por la ONG Plan Internacional titulado 'Aprender sin miedo' denuncia que los niños africanos son "los más proclives" a sufrir maltratos y castigos corporales en las escuelas. Según el estudio, en línea con una campaña para acabar con la violencia escolar, denuncia que dos de cada tres alumnos africanos son víctimas del 'bullying' (acoso escolar). Además, destaca que el castigo corporal sólo está prohibido en "21 de los 54 paí­ses" del continente.
Así, la campaña pretende atajar las tres causas de abusos que más afectan a los estudiantes: el maltrato corporal, la violencia sexual y el hostigamiento escolar.
En Kenia entre el 63,2% y el 81,8% de los estudiantes son objeto de 'bullying', según la ONG. Por ello, Plan Internacional desarrolló 'Childline Kenya', un número gratuito (116) al que ya han llamado 30.000 niños para denunciar algún maltrato. En Malawi, una de cada cuatro niñas "teme ser atacada en el camino a la escuela", asegura el estudio. Por otra parte, en Sudáfrica, el 25% de los maestros admite haber abusado de alguno de sus alumnos. Mientras que en Benin un 79% de los escolares dice ser castigado corporalmente por los profesores.
Por ello, la ONG concluye que para conseguir la seguridad en las escuelas el paso "fundamental" consiste en prohibir la violencia mediante la legislación de cada país.

Las consecuencias del maltrato

Las consecuencias del castigo corporal provocan que los niños sean más violentos, afectan a su desempeño académico, a su estabilidad emocional y les causan lesiones físicas e incluso la muerte, asegura el estudio de Plan Internacional. En cuanto al 'bullying', éste afecta tanto a la víctima como al acosador. El primero ve minada su autoestima. Además, se incrementa el riesgo de suicidios. Mientras que el segundo puede sufrir depresión y ansiedad.
Asimismo, las víctimas de la violencia sexual pueden sufrir traumas físicos y psicológicos, ser víctimas de embarazos no deseados, en el caso de las niñas y también incrementa el riesgo de contagio de enfermedades sexuales como el VIH, según los expertos.

La mortalidad infantil

Según Unicef, cada año, 4.5 millones de muertes golpean a los niños africanos menores de cinco años. Sin embargo, algunos países, como Eritrea, Etiopía y Malawi "han visto reducidas sus tasas de mortalidad infantil en torno a un 40% desde 1990", informa la organización.
Además, Unicef pide ayudar a la inmunización contra enfermedades evitables con vacunas. "Allá donde se han situado sistemas integrados de salud con base en las comunidades se han salvado vidas", declaró la directora ejecutiva de Unicef, Ann Veneman.
En este sentido, uno de los logros de las ONG ha sido la disminución de un 89% de los casos de sarampión entre los años 2000 y 2007 en el África subsahariana. Sin embargo, para evitar la mortalidad infantil es necesaria "la mejora de los cuidados prenatales y la atención especializada en los partos; la lactancia materna exclusiva durante los primeros meses y la nutrición adecuada", apunta Unicef.
El 16 de junio fue establecido como Día del niño africano en 1991, en memoria de los niños asesinados en Soweto, Johanesburgo, en 1976.
Fuente: El Mundo

sábado, 5 de septiembre de 2009

Benín: Sobrevivir en la pobreza

Ya por las mañanas el calor se hace insoportable. Al joven holandés estudiante de medicina le baja el sudor por la frente mientras corre por el patio polvoriento hacia el edificio donde se encuentran las salas de operaciones. Se trata de una emergencia. "Complicaciones durante un parto o una operación. En la mayoría de los casos salimos adelante", dice Jorden Moorlag. En su país está a punto de finalizar los estudios. Aquí, en Nikki, un pequeña ciudad al norte de la república africana de Benín, su experiencia ya vale oro ahora.

En el hospital local, que recuerda más bien a un campo de refugiados con muchas chozas y colas de pacientes que esperan ser atentidos, cada mano para prestar ayuda es recibida con alegría. Y aún así, en muchas ocasiones se llega demasiado tarde. "Continuamente mueren personas víctimas de la malaria o del tifus, las enfermedades más corrientes aquí", explica este joven de 25 años, que hace sus prácticas a modo voluntario por algunos meses. "El problema es que mucha gente sigue sin confiar en la medicina moderna y prefieren acudir a un curandero tradicional y entonces a veces ya es demasiado tarde".

La localidad de Nikki pertenece a ese tipo de ciudades africanas en las que parece que el tiempo se detuvo: La gente vive en chozas de barro, sin agua corriente. Internet es una palabra extranjera. Y algunos niños pequeños empiezan a llorar ante la llegada de un blanco. El índice de analfabetismo es tan elevado que no hay ni diarios para comprar. Y a pesar de que la ciudad posee cierto prestigio por ser la sede real de la tribu de los "bariba", por ningún lado se ve un bienestar de realeza.


Mujeres y niños cruzan el río cerca de Nikki

Eso lo demuestra también poca oferta en cuanto a alimentos: prácticamente no hay productos lácteos y en muy pocas ocasiones hay frutas y verduras. En el humilde mercado, escasamente abastecido, se encuentra ñame, el principal alimento de los benianos. Aquí nadie tiene por qué pasar hambre mientras no haya cosechas catastróficas. "No nos podemos quejar", dice un hombre mayor, sentado en el suelo frente a su pequeña cabaña. "Si Dios quiere, nos va bien".

En realidad la confianza en Dios, que aquí se llama Alá, es mucho mayor que la confianza en el propio gobierno. "Los políticos son iguales en todo el mundo", opina este anciano mientras observa a un grupo de chiquillos que con gran alboroto intentan ahuyentar a una gallina. "Antes de las elecciones, lo prometen todo, pero después no lo cumplen".









Venta de gallinas en el mercado de Cotonou

Y una cosa está clara: Los políticos no han encontrado ningún medio para solventar la pobreza de este país del Atlántico, situado entre Nigeria y Togo. Con una renta per cápita de menos de 500 euros anuales, un alto índice de mortalidad infantil y una esperanza de vida de menos de 60 años, Benín figura entre los países más pobres del mundo. La economía es débil y está sustentada sobre todo por la agricultura y el comercio. Sin embargo, este país de muchas etnias es una de las democracias más estables del continente. Los contrastes quedan especialmente de manifiesto en la metrópolis costera de Cotonou, la sede del gobierno y el centro económico de Benín.

Más de un millón de personas le dan cierto encanto y vida a la ciudad. Personas pertenecientes a diferentes tribus y religiones pueblan sus calles. Motocicletas y un sinfín de taxis-motos, las llamadas "Zémidjan", dominan el tráfico. Pasando por edificios con riesgo de derrumbe, el palacio presidencial, estrictamente vigilado, y cibercafñes, se llega a "Dantokpa", el mercado más grande de África occidental.

Aquí se puede comprar fruta y verdura, gallinas vivas y utensilios de todo tipo, fetiches misteriosos y objetos de arte. La gente charla animosamente y tanto discute sobre política como sobre el cambio climático o las nuevas acusaciones de corrupción. Se trata de una sociedad abierta en la que la gente blanca no llama la atención.

Ciudad de Cotonou

Cotonou es considerada a veces como "la puerta hacia Europa" porque cada dos días parte un avión de la compañía Air France hacia París. Sin embargo, para la mayoría de los beninos el sueño de volar sigue siendo una utopía, por ejemplo, para las miles de personas que viven en una barriada en la zona periférica de la ciudad. Las calles están atiborradas de chozas de barro y de hojalata, y montañas de basura despiden un olor fuertísimo. Aquí parecen darse cita los graves problemas que sacuden el país: agua subterránea contaminada, sida, malaria, chicos sin formación escolar.

"La falta de educación es el origen de muchos de los problemas de aquí", explica Rudolf König, un empleado alemán del servicio de desarrollo, mientras su todorreno trota por las calles polvorientas de la barriada. La radio del coche comunica sobre el robo a dos bancos durante los cuales murieron varias personas. De los ladrones faltan todo tipo de pista.

En realidad en Benín hay pocos secuestros y asesinatos y en comparación con países fronterizos como Nigeria es un país relativamente seguro. Esto se debe en parte a la estabilidad política de la antigua colonia francesa: Una constitución, elecciones independientes y libertad de expresión forman parte de los logros del "golpe de estado civil" de 1990.

Por otra parte, la seguridad es un concepto relativo en África, como demuestran los robos a bancos. Desde entonces, el gobierno ha ordenado soldados ante las filiales bancarias del país para transmitir la sensación de seguridad a la gente. "El gobierno cuida de ustedes", reza el mensaje.

El servicio de desarrollo alemán y numerosas instituciones occidentales intenta ayudar a la gente. "Trabajamos en distintos frentes", explica Rudolf König. "Impulsamos la democracia, el suministro de agua potable y el manejo de los recursos naturales, entre otras cosas". Él y su mujer viven desde hace un año en Benín. El trabajo es lento y a veces frustrante, y en pocas ocasiones se ve el resultado. Sin embargo, "el trabajo siempre es muy variado y uno hace algo con sentido".

Jorden Moorlag también lo ve así. Para el joven holandés estudiante de medicina se trata de su primera estancia en África. "Algún día volveré", dice. "Todavía no sé dónde quiero trabajar, pero lo que está claro es que aquí se necesita mucha ayuda", concluye.

Texto y Fotos: Bastian Beege (dpa)

viernes, 10 de julio de 2009

Miles de evacuados por las lluvias en la República Centroafricana y Benín

Las intensas lluvias que están azotando a los países del África centro-occidental ya han causado algunos miles de evacuados y han aislado varias zonas, en especial en la República Centroafricana y en Benín, según informaraon la prensa local y la agencia misionera de noticias MISNA.



Desde mediados de junio hasta la fecha, unas 11.000 personas han perdido sus viviendas en Bangui, la capital de la República Centroafricana. La Cruz Roja, que se está ocupando de los sin techo, ha destacado que la verdadera causa del problema se encuentra en la urbanización rápida y sin reglas que ha hecho surgir en los últimos años barrios enteros sin los servicios básicos y fuera de todo plano regulador. Varias personas resultaron heridas en Bangui y por lo menos una murió.



   En Benín, el Gobierno ha declarado el estado de emergencia y ha pedido ayuda a la comunidad internacional para hacer frente a una situación difícil, sobre todo en las zonas meridionales. Fuentes locales indicaron a MISNA que los dos meses de lluvias torrenciales han tenido graves consecuencias también en la capital Cotonou, en particular en las áreas más pobres, donde desde hace días faltan el agua potable y la energía eléctrica.

   Varias ciudades se encuentran inundadas también en la vecina Togo, donde las autoridades han organizado la evacuación de algunos barrios de Lomé. En Ghana, algunos puentes han sido destruidos y varias localidades se encuentran parcialmente inundadas. Particularmente afectadas son las localidades de Winneba y Apam.

lunes, 11 de mayo de 2009

Griots del siglo XXI



Un documental de 58 minutos, un libro de 96 páginas y un disco con 16 canciones. Esta trinidad, empaquetada con el título Fangafrika. La voix des sans-voix, resume y revisa la mayor y más vibrante factoría de rap africano: la que configuran Senegal, Burkina Faso, Malí, Níger, Camerún, Benín, Togo, Costa de Marfil y República Democrática del Congo, países del oeste del continente negro. El esfuerzo tiene acento francés, naturalmente, y hay que agradecérselo al colectivo Staycalm! (artistas eclécticos para los oídos, los ojos y el alma es su lema) y a Mondomix Editions.

La película (en francés con posibilidad de subtítulos en inglés) está filmada en Ouagadougou, la capital de Burkina Faso y sede del Festival Ouaga Hip Hop, el gran escaparate del rap de África occidental. Por ella desfilan rimadores underground y renombrados productores y MC.

Todos coinciden en dos conceptos clave: en que África es territorio abonado para el rap y en el poder liberador del género. "El rap es algo natural para nosotros. África tiene una cultura oral y la gente aquí transmite su sabiduría y las cosas esenciales con palabras. Por eso, para nosotros rap significa aprender a hablar de nuevo (reapprendre a parler)", escuchamos decir a Negrissim', de Camerún. Y el senegalés Didier Awadi habla de "repensar África desde la base, porque nuestra herencia ha sido dilapidada". De ahí que piense que el rap es un vehículo excelente para "informar, tomar el pulso y diagnosticar la enfermedad de la sociedad". Apkass, slammeur de origen congoleño residente en Francia, ejerce de hechicero electrónico que va conjurando los capítulos del filme. "En cada esquina nace un grupo, toma forma, desafía la norma y usa la palabra como una aspirina para combatir el dolor".

Opiniones, presentaciones en el festival Ouaga, actuaciones improvisadas... El documental de Fangafrika es una fuente de información notable. Como lo es el libro, profusamente ilustrado, que establece la relación entre los griots (trovadores de la cultura mandinga) tradicionales y los raperos, cuenta la penetración del hip hop en África, descubre las fuentes ideológicas de los jóvenes revolucionarios de la rima (desde el pensador y poeta Aimé Césaire a los líderes políticos visionarios Thomas Sankara y Patricio Lumumba, pasando por el resistente a la colonización y héroe mandinga Samory Touré y el profesor de la Universidad de Dakar Cheik Anta Diop), traza biografías de artistas, analiza la huella del rap africano en Francia... Y el disco, una compilación armada por el festival Ouaga, es un excelente muestrario de las diferentes tonalidades del rap made in West África. La selección presenta un par de títulos inéditos (los firmados por Konkret 53 y Ouaga All Starz, de Burkina Faso) y piezas registradas previamente por artistas como Pee Frois, WA BMG 44, Didie Awadi y Alif (Senegal), Faso Kombat, Smockey, Sofaa e Is (Burkina), Negrissim' (Camerún), Apkass (R. D. Congo), Djanta Kan (Togo), Assouka (Benín), ZM (Níger) y Tata Pound (Malí). Cadencias diferentes para un mismo objetivo, enunciado por Lord Aladji Man, del grupo Daara J: "Que la juventud africana comparta el mismo lenguaje musical, que hable con una voz unificada, con la misma mentalidad, en la misma dirección. Y eso se está logrando sin medios económicos. Ése es el milagro del rap africano".

Texto: Javier Losilla. El País


domingo, 1 de febrero de 2009

Níger: El río de los negros

Luis Pancorbo

El Níger es el río de los negros, eso se creyó al menos desde la antigüedad, aunque más justicia le hace su nombre de Ghirnigheren, una vieja voz de los nómadas sahelianos que significa río de ríos. Después de todo el Níger fluye a lo largo de 4.200 kilómetros.
Pero el Níger es también río de ríos por otras cuestiones y aureolas, empezando por la imponente historia de sus riberas. Imperios enteros subsaharianos se desarrollaron junto a las aguas del Níger. La misma Tombuctú, ciudad que se apareja al Sáhara como la uña a la carne, no es sino una criatura del Níger del que queda a sólo una veintena de kilómetros. Luego están los pueblos ribereños del Níger, las tribus y las costumbres que eso genera en nada menos que cinco países subsaharianos. Sin olvidar que el Níger sirve de espejo, y abrevadero, a una fauna singular: desde los dromedarios a los caballos de agua, más conocidos como hipopótamos.

En el Occidente de África no hay otro curso fluvial de esa importancia y majestuosidad. Ni siquiera el río Senegal se puede comparar con el Níger. Pero es que además el Níger riza su propio rizo. ¿Es un río o dos? He ahí un misterio de mayor calado que el de sus fuentes, que eso ya se resolvió en su día. El Níger nace en las montañas de Fouta Djalon, en Guinea, a unos 280 kilómetros del Océano Atlántico. Lo que pasa es que después el Níger tiene un comportamiento hidrológico casi de Guadiana. Tras recorrer un poco Guinea entra con pujanza en Mali, pero se deshace en el gran delta interior que se forma junto a Mopti. Luego, al tocar los márgenes del Sáhara, es como si el Níger entrara en extrañas alteraciones.

En la era cuaternaria el río Níger aún discurría más arriba que hoy, en pleno Sáhara, donde formaba la cubeta de Araouane. Con los milenios, las arenas desérticas empezaron a crecer y una de sus victorias consistió en hacer replegar al Níger y hacerlo confluir —y confundir— con el Tilemsi, río que bajaba desde el Adrar des Iforas, un lugar que en nuestros días es uno de los más resecos corazones saharianos. De esa azacanada historia hidrográfica, llena de corrimientos y desapariciones, todavía dan testimonio un curso zigzagueante y dos deltas, uno situado en medio de Mali y otro en Nigeria. En este último país se produce lo único cierto del Níger, su despedida. Brass, uno de los islotes del delta nigeriano, es una especie de barquita de papel en medio de una apoteosis de agua dulce que pugna en vano contra el Atlántico.

Es el canto del cisne del gran río tras un derroche de vida y leguas lamiendo mesetas y arenales, inundando una y otra vez los arrozales. Y pocos ríos, desde luego, pueden presumir de cuello como el Níger. Entre Niafounké y Gao el río forma una inmensa joroba de camello, así le dicen, que aún representa el punto más exótico de paisajes y gentes de todo el recorrido fluvial.

HISTORIAS
Muchas son las maneras de disfrutar en el río Níger, aunque siempre conviene ir con ojo. El joven explorador inglés Christian Velten pretendía hacer un documental sobre el río al hilo del mapa de Mungo Park. Christian desapareció en Mali en febrero de 2003 y no se sabe nada de él. Dos veteranos detectives de Sussex (Reino Unido) acaban de ser enviados en busca del joven. ¿Lo mataron para robarle, se ahogó, se ha perdido en el desierto...? Otra vez resuenan las historias fatídicas de Mungo Park, Laing y otros pioneros que murieron en el empeño de conocer los mejores secretos malianos. El Níger pasa por Guinea, Mali, República de Níger, Benin y Nigeria, y eso supone un mundo de pueblos y culturas distintas. Ciñéndonos a Mali, donde el Níger casi siempre es navegable (al menos desde Koulikoro, el puerto a 57 kilómetros al norte de la capital Bamako), el río da pábulo a muchas historias y pie para intensos viajes. A lo largo del río se pueden ir conociendo gentes y territorios ubicados en los viejos reinos sahelianos, Ségou, Kaarta, Songhaï... Los mandingas, con sus dos grandes divisiones étnicas, malinké y bambara, constituyen la columna vertebral de Mali. Luego hay pueblos de origen sudanés (en torno al 20 por ciento de la población), como los sarakolé, songhaï, dogon, bozo...

Todo eso se traduce en ríos de costumbres distintas, en 15 lenguas muy diferenciadas, en paisajes no tan monótonos como se podría pensar por la abundancia de caña fístula y de arrozales en las riberas. Un crucero por el Níger, por grande o pequeño que sea, permite captar la alternancia de ambientes del África Occidental.
Por un lado la planicie herbosa, desconsideramente ancha y aplastada contra un cielo lechoso. Por otro lado, todas las variantes de la sequedad hasta llegar a su apoteosis sahariana en Tombuctú y Gao. Ése ya es el mundo de los turbantes, de los moros, los tuaregs, gentes seminómadas que llevan puñal, si no espada, al cinto. Las armas reclaman una ascendencia española que se remonta al siglo XV, cuando la expulsión de los moriscos. Tras pasar por Marraquech algunos llegaron a Tombuctú y otros se aposentaron en Gao. Ismael Didié, oscuro de piel como cualquier otro maliano, mantiene lo español a su manera. Es el custodio de una valiosa biblioteca en Tombuctú, con más de 3.000 manuscritos que tratan temas de Al Andalus y que están escritos en aljamiado.


El aljamiado, español escrito en caracteres árabes, merece atención retrospectiva. Propició el recuerdo de nuestro idioma en medio del desierto. Algunos andalusíes recriados en el Sáhara lanzaban esos mensajes aljamiados, como si fuesen botellas abandonadas en un mar de arena, el que rodea Tombuctú. Todavía en el siglo XIX Tombuctú era la ciudad que más apetecía encontrar a los europeos, pero para eso había que embarcarse y había que bajar por el Níger. El comandante francés Raffenel en su magnífico Pays des Nègres (1856) escribe: «Los ríos son los caminos naturales de África, las arterias de ese gran cuerpo y su función es llevar la vida». La diferencia entre los ríos africanos y las arterias del cuerpo humano es acaso, para Raffenel, que los primeros no llevan la vida, o la sangre, del corazón a las extremidades, sino al contrario. Aparte, lo que dio desde la antigüedad grandes quebraderos de cabeza a geógrafos y exploradores fue saber si el Níger discurría hacia el Este o hacia el Oeste.
POR EL RÍO
El Níger, antes de desplegar su gran caudal en Mali, es también conocido como Djoliba, o Ghiolibâ, como decían los franceses que pretendían apropiárselo. Djoliba es otra manera de decir río. Un río que se llama río es todos los ríos. Y a eso hay que sumar la importancia estratégica del Níger, que fue tanta o mayor que la del Nilo. La cuestión era conocer a fondo de qué iba el Níger.
En 1791 se creía que no era algo distinto del río Senegal o el río Gambia. Mungo Park, el pionero inglés en esta parte de África, pagó con su vida el intento de adueñarse del gran río y su secreto. Mungo Park murió en Boussa, a sólo 130 leguas del delta final. Su expedición demostró que el Níger era navegable —y por más de 1.700 kilómetros en Mali— hasta los rápidos de Boussa. Ese tramo situado en lo que hoy es Nigeria, el que va de Boussa a la desembocadura, fue navegado con éxito por los ingleses Laird y Olfied. Con lo mismo Gran Bretaña pensó añadir el entero Níger a su repertorio colonial, pero los franceses estuvieron listos y acabaron llevándose la mayor parte del agua del Níger a su molino. «Dueños del Níger seríamos dueños de África...», decían agentes coloniales con mucho callo y ambición, como el comandante galo Raffenel.

Hierro, oro, cera, aceite, pieles, colorantes..., todo eso se sacaría fácilmente y en abundancia usando el Níger. Lo que ocurrió fue que al final los ingleses se quedaron con el último delta, o dicho de otro modo, controlaron Nigeria, uno de los mayores países africanos y uno de los que tienen mayores yacimientos de petróleo. Ironías de la historia colonial. Con todo, en las riberas del Níger revolotea una historia africana, una cultura fuera de la lógica y de la dominación de los blancos. Los bambaras toman aspirinas si les duele la cabeza, pero también hacen un agujero en la tierra, echan ascuas, cenizas y agua hirviendo, y aplican ahí su vientre desnudo. Otras veces las enfermedades son más temibles.

Con el gusano de Guinea, también conocido como gusano de Medina (filaria medinensis), ha pasado como con la sifílis que se peloteó con insidia entre los países como morbo gálico, inglés, español... El gusano, o filaria, viene por la mala calidad del agua, decían antes en Kaarta. En cualquier caso es un peligro a lo largo del Níger y el remedio no es aguardar a que el gusano empiece en el pie y salga por la nariz. Para combatirlo, en algunos pueblos todavía ponen a los enfermos guirnaldas y coronas con hojas de un arbusto medicinal (kougnié). Antaño era el único remedio. Después de ese rito silvano se machacaban las hojas y el polvo se bebía diluido en agua.

En principio no era algo peor que la enfermedad. Si los fetiches querían, se sanaba. En el año 2003 sólo en Mali hubo 93 casos de cólera. Sin embargo, y siempre con las lógicas precauciones, quedan pocos viajes tan perdurables en la memoria como los que ofrece el gran río de los negros. No disponiendo de mucho tiempo la opción que no suele defraudar es ir en barco desde Mopti hasta Djenné, la Meca de barro para los islámicos de Mali. En esa región es donde el Níger y el Bani se salen de madre (menos desde que han hecho la presa de Talo, en 2003) y forman archipiélagos repletos de islotes o toguérés. Ha habido años en que la propia Djenné se ha convertido en una isla. Navegar por el Níger con sequías tan contumaces como las que hubo en los años 80 roza el sufrimiento.

En años de lluvias abundantes y una buena crecida, un crucero por el Níger al país Massina, entre Djenné y Mopti, revela el gran estallido de la vida que oculta el Sahel. Los arrozales están a reventar, las vacas casi no pueden moverse de comer tanto pasto fresco y los peces capitanes, blancos y sabrosos como merluzas de agua dulce, no oponen mucha resistencia a los anzuelos. Aún menos a las sartenes donde acaban dignamente sus días rebozados a la romana

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