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viernes, 1 de octubre de 2010

Poemas senegaleses en las Rías Baixas

Abdouyale Bilal Traoré nació en Dakar (Senegal) en 1968 y hace diez años decidió emigrar y fijar su residencia en Galicia tras un breve paso por Bélgica. Poco se podía imaginar cuando emprendió la aventura de dejar su país para buscar un futuro mejor que se convertiría en el primer inmigrante que publicaría un libro escrito en castellano en Galicia. Este jueves presentó en Vilagarcía su primer poemario, 'Oculto al sol'.

"Para mí escribir es una necesidad desde hace mucho tiempo. Estos poemas han salido casi de forma natural. Cuando lo siento, lo escribo. Uno de los primeros poemas de este libro lo escribí hace ya seis años, cuando supe el suficiente castellano para hacerlo", relató.
El poemario, publicado por la editorial pontevedresa 'El Taller del Poeta', recoge "mis vivencias durante estos diez años en Galicia, cosas vividas directamente aquí y también durante mis viajes, pero sin olvidar el sitio de donde vengo, porque soy senegalés y quiero que se recuerde siempre”.
Fueron sus amigos quienes le animaron a publicar sus poemas, pero este senegalés de 42 años habría seguido escribiendo poesía aunque sus textos nunca llegasen a ver la luz porque "me permiten explicarme y explicar por que me quedé a vivir en Galicia. Ahora vivo en Vilanova de Arousa (Pontevedra) y me quedé en las Rías Baixas porque es el lugar más próximos que encontré a aquel del que vengo, aquí puedes salir y hablar con la gente”.

El libro "es para mí un andar hacia el otro con el otro, que es lo mismo que decir, sin pérdida ninguna, hacia las únicas fronteras útiles, las que separan la libertad del desarraigo, que oponen la palabra viva y fraterna al silencio, que enarbolan la fraternidad frente a la xenofobia y el racismo, tristes frutos de la ignorancia", relata.

Un relato de sus vivencias

La obra de este poeta, narrador y músico africano consta de 56 poemas de temática muy diversa "porque habla de la vida y en ella pasa de todo", pero que en su mayor parte se centran en las experiencias y en la manera de cambiar el mundo que tiene a su alredor que percibió el autor durante los años de su estancia en Galicia.
Hijo de padre maliense y madre mauritana y licenciado en Letras en la Universidad Cheikh de Dakar, las circunstancias de su país y su propia inquietud llevaron a Bilal Traoré de Senegal a Gambia y después a Mauritania, país en el que permaneció dos años "haciendo de todo: llevando un taxi, vendiendo pescado, pintando casas... Fueron años duros, pero aprendí mucho", relata.
Tras regresar a Senegal abrió un taller para montar 'djembés', hasta que una organización belga le invitó a una feria sobre arte y música africana. Durante todo un año residió en la capital de Europa, hasta que el azar lo trajo a Galicia y optó por quedarse.

Su poemario cuenta todas estas vivencias, pero, especialmente, todo lo que le sucedió desde que llegó a Galicia, desde el tiempo que vivió como inmigrante indocumentado dedicado a la venta ambulante hasta que conseguió regularizar su situación y regentar un locutorio en Pontevedra.

Dedicado a la percusión y la enseñanza

Pero el arte estaba en sus venas y, una vez asentado en esta tierra, fundó el grupo de percusión africana Deggo y la Asociación Multicultural Sinfronteras. Desde entonces se dedica a dar clases de 'djembé', recitales musicales y poéticos y a escribir.
Bilal Traoré lleva años desarrollando este tipo de actividades, tanto para entidades públicas cómo personales, en diferentes localidades de Galicia. En la actualidad, compagina las clases con su actividad como músico en el grupo de afrojazz Deggo y con sus actuaciones como cuentacuentos infantil.

Este jueves decidió presentar su poemario en Vilagarcía de Arousa porque reside en Vilanova y por su vinculación con esta localidad, donde hace unos meses comenzó a impartir en el Auditorio un curso de percusión africana.

En esta nueva aventura poética está arropado por el concejal de Cultura de Vilagarcía, Xosé Castro Ratón; el editor de El Taller del Poeta, Fernando Pérez Poza; y el autor del umbral del libro, Miguel Cuña Casabellas.

viernes, 1 de enero de 2010

Una mentira llamada Europa

Para que otros africanos no sufran la misma pesadilla, el ugandés Sssuna Golooba filmó su vida como inmigrante ilegal. Después de cuatro años de suplicio regresa a África sin nada más que la verdad en una cinta.

A diario intentan desesperados africanos entrar en la Unión Europea. Pero las condiciones de inmigración son cada vez más duras. Sólo un puñado recibe asilo o un permiso de trabajo. ¿Qué hacer entonces? - La mayoría entra y permanece aquí ilegalmente. Una pesadilla de temor, desempleo, pobreza y la sensación de haber fracasado. Muchos son expulsados: cada mes son deportados más de 70 ugandeses de Europa a su país.

Ficción versus sueño versus realidad…

La escena tiene lugar en un cinema de Kampala, capital de Uganda. Lleno total. Ansiosos esperan los espectadores, jóvenes en su mayoría, que empiece la película "Surprising Europe", "Europa sorprendente" que algunos prefieren llamar  "Una mentira llamada Europa".




Sssuna Golooba, su director, se esconde en las últimas sillas de atrás. Él se siente un poco inseguro durante el estreno de su primera película en África.  La cinta es nada menos que un documental sobre la vida de Sssuna Golooba en la ilegalidad de las calles europeas.

Sssuna Golooba regresó sin dinero europeo, sin computador, sin vestuario costoso. Sus pertenencias se reducen a una sola cosa: su película. Una historia que asusta por la pobreza, lo denigrante y los vejámenes que sufre por la carencia de papeles. Lo que les presenta aquí este ugandés a su familia y compatriotas no son pues riquezas materiales sino una vida llena de falsas esperanzas y sueños truncados.
"Antes de abandonar Uganda tenía amigos que había vivido por largo tiempo en Europa y que cuando visitaban África nos mostraban mucho dinero. Esos amigos ya no eran flacos; habían engordado muchísimo. Eso lo interpretamos de otra forma en nuestra sociedad. Lo que ellos no contaban es cómo se ganaban el dinero. Ellos crearon falsas expectativas que tienen a muchos paisanos sufriendo en Europa", cuenta Sssuna Golooba.

Hace cuatro años, Golooba vendió hasta la casa que tenía en África por irse a Europa en búsqueda de un puesto de trabajo. En Uganda dejó a su pequeña hija. Él quería estudiar en Holanda y ayudar a sacar a su familia de la miseria.

"Cuando le conté a una ugandesa en Holanda que buscaba trabajo, soltó una carcajada en mi cara. ¿Cómo? ¿Sin permiso? - Si ni siquiera muchos holandeses tienen empleo, me dijo". De casa en casa, durmiendo en sofás de conocidos y desconocidos se pasó el tiempo Sssuna Golooba en Holanda. A cambio de una cama lavaba platos y limpiaba baños. Pronto comprendió este africano que esa no era la vida que él quería llevar: "Hubiera querido regresar inmediatamente a Uganda", dice este ex inmigrante.














Dilema de emigrante: ¿vivir en el fracaso o regresar vencido?

Pero él no quería regresar con las manos completamente vacías. Y menos después de recibir las frecuentes llamadas de su familia que le pedían dinero para medicamentos, víveres, arriendo, etc.  A esto se agregaba el continuo temor a los controles de la policía que lo apresaría inmediatamente. Un miedo que aumentó tras ver en televisión cómo varios inmigrantes ilegales murieron presos de las llamas en el aeropuerto de Maastricht.

El miedo se convirtió en estupor y el estupor en deseos de contar la realidad. Al fin y al cabo, quienes sufrían y morían eran personas como él que sólo buscaban un trabajo en la Europa que les habían contado.

Sssuna Golooba decidió entonces "romper el silencio", plasmó en un papel su idea y la envió a una empresa de producciones cinematográficas. Hoy Golooba es coproductor de una película para la pantalla grande y siete episodios para televisión sobre la suerte que corren los africanos ilegales en Europa.

A los espectadores les gustó la función: "Al fin un africano nos cuenta la verdad sobre la vida en Europa."

Autora: Simone Schlindwein / José Ospina
Editor: Enrique López



jueves, 11 de junio de 2009

La inmigración africana: Senegal

El siguiente reportaje es un intento por exponer, gracias a las propias palabras de inmigrantes senegaleses afincados en España, buena parte de los rasgos y la naturaleza de las migraciones africanas hacia Europa. Con un contexto común de depauperación, de falta de oportunidades en sus países de origen, estos "pájaros de temporada" como los denomina Alfredo José Gonçalves, buscan en sus destinos no solo su propia mejoría económica sino la de toda su familia. La decisión de partir, el viaje y su asentamiento en Europa, no son más que una escalera circular que por lo general tiene como último destino, si las circunstancias no lo impiden, el regreso a sus países de origen de una manera digna.
El reportaje es de: Miguel Ángel Morales Solís es periodista y Master en Relaciones Internacionales y Estudios Africanos, además de miembro del Consejo de Redacción de la Revista Pueblos.

jueves, 30 de abril de 2009

Intérpretes para mejorar la sanidad

El aumento de la inmigración en España presenta un reto para los profesionales médicos: conseguir entender a los pacientes cuando no saben hablar castellano. El Hospital Ramón y Cajal ha realizado un Curso de Mediación Intercultural para vencer las trabas lingüísticas y culturales, además de para mejorar la calidad asistencial y la comunicación entre los facultativos y los pacientes. 18 extranjeros procedentes de varios países llamaron la atención de la plantilla del centro en los primeros días, aunque con sus 152 intervenciones en dos meses ya la fama les precede.

"Si necesitas una interpretación en consulta, no dudes en ponerte en contacto con información", reza un folleto que circula por las consultas y servicios del Hospital Ramón y Cajal, de Madrid. Se trata de una iniciativa de la Unidad de Medicina Tropical, para mejorar la calidad de la asistencia a los inmigrantes que acuden al centro y que no saben hablar español, y a los facultativos que los tratan.

Los encargados de realizar la mediación cultural son 18 personas de diferentes países que han realizado el Curso de Mediación Intercultural en el Ámbito Sociosanitario, dirigido por Rogelio López-Vélez, responsable de la unidad, y Luis Carlos Martínez Aguado, jefe de Servicio de Atención al Usuario. Su presencia ha llamado mucho la atención en el centro, los facultativos se preguntaban quiénes eran. Poco a poco se han ido dando a conocer y en las primeras tres semanas ya habían realizado 80 interpretaciones.

Desde hace cuatro años, el centro tiene un acuerdo con la Universidad de Alcalá y recibe a alumnos en prácticas para la mediación. Sin embargo, no contaban con intérpretes que hablaran lenguas africanas. Ahora, los inmigrantes que hablen wolof, bambara, pular, susu, malinké, djoula, diola, benin, berberer, ruso, esan... y otras lenguas, pueden comunicarse con los facultativos. El curso ha contado con una parte teórica, de octubre a diciembre, que ha incluido un módulo de salud sobre diversas patologías, desde salud sexual hasta materno infantil. Según explica Anne Guionnet, psicóloga de la unidad, se les formó en técnicas de mediación e interpretación cultural relacionadas con la medicina, el sexo, las diferentes culturas, y "temas de religión. Para ello, vino una persona del centro islámico y un sacerdote para que conozcan los rituales". Durante las prácticas -dos meses y medio- que finalizan a finales de mes, el equipo de 18 personas se ha dividido en dos grupos para la interpretación y los viernes se han supervisado los casos en los que han intervenido. Hasta ahora han realizado 152 intervenciones.

Los alumnos "también han participado en unas charlas de prevención sobre VIH y otras patologías infecciosas" que se realizan desde el servicio, dice Guionnet. El proyecto ha sido financiado por la Fundación Pfizer, y en el curso teórico también ha colaborado el Ministerio de Sanidad, comenta Miriam Navarro, coordinadora de la parte sanitaria.

"Ir al hospital para los inmigrantes supone un problema por la cultura y por el idioma, sobre todo para los africanos y los que no tienen papeles. Cuando vienen al hospital se asustan y creen que se les va a entregar a la policía. Estamos aquí para ayudar, y lo que le tenemos que transmitir al paciente es lo que el médico dice. Somos un puente para ellos. Así gana la comunidad inmigrante y la española", afirma Alban Kovakov, uno de los alumnos, que procede de Costa de Marfil.

Confianza y comunicación
"Tengo un amigo de Costa de Marfil que después de venir al hospital no quería volver más. Me dijo que los médicos sólo querían sacarle sangre y ya está. Estuve hablando con él y ahora está recibiendo su tratamiento, pero antes no quería porque no existía un entendimiento entre él y los profesionales y creía que los médicos querían sacarle sangre para venderla. Con este curso aprendemos a explicarles y a hacerles entender para qué sirven las pruebas. Es un proyecto muy importante, si un médico no se entiende con su paciente no puede tratarle", dice Youssouf Kalé, de Costa de Marfil.

Kovakov, Maxime Diedhou, de Senegal, y Rajae Elkertat, de Marruecos, tienen muy claro que cuando el paciente y los mediadores pertenecen a la misma raza, se establecen lazos de confianza, comprenden mejor las cosas, y se mejora la satisfacción de los pacientes. "No sólo es interpretar sino explicar las diferencias entre los sistemas sanitarios, cómo funcionan las cosas, y crear más confianza", puntualiza Guionnet.

"Antes del curso hacíamos la interpretación con familiares, pero la teoría nos ha venido muy bien porque nos han dado una formación para saber cómo hacerlo de la manera correcta", explica Anahit Harutyunyan, de Armenia. "El proyecto ayuda a convivir. He conocido a muchas embarazadas que durante toda la gestación se quedan en casa y no van a ningún médico pase lo que pase, porque no se saben comunicar. En el caso de algunas mujeres a veces no quieren que les atienda un hombre. Se trata de explicarles que es un profesional, que no tiene nada que ver con el mundo, y convencerlas", explica Elbertat. Además, "si te comprenden se convierte en un hospital más humano", puntualiza Alban.

La labor de los mediadores también implica instruir a los profesionales aspectos culturales o religiosos. Por ejemplo, respecto al Ramadán, "deben explicar qué es, la posibilidad de adaptar las medicaciones a las horas libres de ayuno, así como el hecho de que los enfermos y las embarazadas no tienen la obligación de cumplirlo", explican Guionnet y Elbertat.

Para los alumnos y los organizadores hay algo que está muy claro: la figura del mediador se tendrá que institucionalizar. "Si la inmigración sigue aumentando, será imprescindible". En el área del Hospital Ramón y Cajal, entre el 15 y el 20 por ciento de la población es inmigrante, y el centro asiste al aeropuerto de Barajas, tanto a los extranjeros en tránsito como a los que viajan a Madrid, explica Martínez. Para él lo ideal sería contar en plantilla con un grupo estable que ayudara a solucionar los problemas asistenciales. De hecho, el objetivo final es, con la ayuda de la Consejería de Sanidad de la comunidad, contar con un protocolo de actuación en dos niveles. Para el primero, la consejería ha facilitado unos teléfonos móviles con un sistema de traducción simultánea para su uso en urgencias, con la ayuda de la Fundación Caja Madrid, y en el segundo nivel entraría en juego consolidar un grupo de mediadores.

martes, 7 de abril de 2009

La llamada de socorro de Moszy, un africano albino

Moszy tiene 18 años, es africano e inmigrante. Llegó en cayuco a Tenerife el pasado 29 de marzo, junto a otros 60 subsaharianos de distintas nacionalidades, pero a diferencia de sus compañeros de travesía él es blanco; albino, para ser exactos.

Cuando los servicios médicos acudieron a la playa tinerfeña de La Tejita, en el municipio de Granadilla, para atender a los recién llegados, esperaban encontrar lo de siempre: quemaduras, insolaciones, llagas provocadas por la sal, casos de deshidratación, desnutrición e hipotermia. Pero además de todo eso encontraron a Moszy, un negro con la piel blanca, casi transparente, por la ausencia total de melanina.

Hace una semana que Moszy se encuentra en el Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE) de Hoya Fría, en Tenerife, y ahora ha pedido asilo político porque, según alega, en su país es perseguido para ser utilizado en rituales de brujería. "Mi cuerpo es codiciado para utilizarlo en rituales de brujería", asegura.

Aunque el principal enemigo de los africanos albinos es la radiación ultravioleta del sol, también se exponen a la discriminación de sus compatriotas y a la superchería local, informa Isabel Perancho. Las noticias hablan de persecuciones y asesinatos fruto de la creencia de que están hechizados y de que sus órganos atraen la riqueza.

Moszy teme literalmente que lo descuarticen y se lo coman. Según explica, se hacen auténticas barbaridades con el cuerpo de los albinos: los dedos son utilizados como amuletos y con su sangre se elabora el 'muti', una bebida que preparan los brujos locales con la creencia de que trae fortuna.

Fuentes del Centro de Internamiento de Hoya Fría aseguran que la relación del inmigrante albino con el resto de internos es "absolutamente normal". "No hemos notado que lo rechacen o que lo discriminen por su color de piel, la convivencia con sus compañeros es la habitual en estos centros", explicaron dichas fuentes, que no descartaron que Moszy haya "exagerado un poco" para tramitar su petición de asilo político. "Seguramente se ha sacado de contexto", añadieron las mismas fuentes.

La próxima semana la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) tramitará la solicitud de asilo y el Ministerio del Interior deberá decidir en un plazo máximo de 60 días si la admite a trámite. Si es así, Moszy podrá salir del Centro de Internamiento y será libre hasta que una comisión interministerial resuelva su expediente, lo que suele alargarse hasta un año y medio, según explicó Mauricio Valiente, portavoz de CEAR.

Una vez transcurrido el periodo de instrucción y deliberaciones, en el que participan el Ministerio del Interior, el de Asuntos Exteriores, el de Justicia y el de Trabajo e Inmigración, el ministro del Interior personalmente se encarga de firmar la resolución del expediente. Dicha resolución puede ser favorable, desfavorable pero autorizando la permanencia en territorio español por razones humanitarias, o simplemente desfavorable, en cuyo caso se aplicaría lo dispuesto en la Ley de Extranjería: deportación o expulsión del territorio español.

El Gobierno español tan sólo concede el estatuto de asilado o refugiado político al 5% de los solicitantes. Moszy es el segundo albino que llega a Canarias desde que comenzó la inmigración clandestina a las islas hace aproximadamente 15 años.

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