"Cuando las historias de los leones ya no sean contadas por los cazadores furtivos sino por los mismos leones, entonces el continente africano conocerá su verdadera historia e independencia" (LEOPOLD SEDAR SENGHOR poeta senegalés)
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martes, 20 de enero de 2015
El Che Negro, héroe revolucionario de Burkina Faso
lunes, 9 de diciembre de 2013
El mundo entero dice adiós a Madiba
lunes, 15 de agosto de 2011
Una biblioteca digital para Burkina Faso
sábado, 5 de septiembre de 2009
Benín: Sobrevivir en la pobreza
En el hospital local, que recuerda más bien a un campo de refugiados con muchas chozas y colas de pacientes que esperan ser atentidos, cada mano para prestar ayuda es recibida con alegría. Y aún así, en muchas ocasiones se llega demasiado tarde. "Continuamente mueren personas víctimas de la malaria o del tifus, las enfermedades más corrientes aquí", explica este joven de 25 años, que hace sus prácticas a modo voluntario por algunos meses. "El problema es que mucha gente sigue sin confiar en la medicina moderna y prefieren acudir a un curandero tradicional y entonces a veces ya es demasiado tarde".
La localidad de Nikki pertenece a ese tipo de ciudades africanas en las que parece que el tiempo se detuvo: La gente vive en chozas de barro, sin agua corriente. Internet es una palabra extranjera. Y algunos niños pequeños empiezan a llorar ante la llegada de un blanco. El índice de analfabetismo es tan elevado que no hay ni diarios para comprar. Y a pesar de que la ciudad posee cierto prestigio por ser la sede real de la tribu de los "bariba", por ningún lado se ve un bienestar de realeza.

Mujeres y niños cruzan el río cerca de Nikki
Eso lo demuestra también poca oferta en cuanto a alimentos: prácticamente no hay productos lácteos y en muy pocas ocasiones hay frutas y verduras. En el humilde mercado, escasamente abastecido, se encuentra ñame, el principal alimento de los benianos. Aquí nadie tiene por qué pasar hambre mientras no haya cosechas catastróficas. "No nos podemos quejar", dice un hombre mayor, sentado en el suelo frente a su pequeña cabaña. "Si Dios quiere, nos va bien".
En realidad la confianza en Dios, que aquí se llama Alá, es mucho mayor que la confianza en el propio gobierno. "Los políticos son iguales en todo el mundo", opina este anciano mientras observa a un grupo de chiquillos que con gran alboroto intentan ahuyentar a una gallina. "Antes de las elecciones, lo prometen todo, pero después no lo cumplen".
Venta de gallinas en el mercado de Cotonou
Y una cosa está clara: Los políticos no han encontrado ningún medio para solventar la pobreza de este país del Atlántico, situado entre Nigeria y Togo. Con una renta per cápita de menos de 500 euros anuales, un alto índice de mortalidad infantil y una esperanza de vida de menos de 60 años, Benín figura entre los países más pobres del mundo. La economía es débil y está sustentada sobre todo por la agricultura y el comercio. Sin embargo, este país de muchas etnias es una de las democracias más estables del continente. Los contrastes quedan especialmente de manifiesto en la metrópolis costera de Cotonou, la sede del gobierno y el centro económico de Benín.
Más de un millón de personas le dan cierto encanto y vida a la ciudad. Personas pertenecientes a diferentes tribus y religiones pueblan sus calles. Motocicletas y un sinfín de taxis-motos, las llamadas "Zémidjan", dominan el tráfico. Pasando por edificios con riesgo de derrumbe, el palacio presidencial, estrictamente vigilado, y cibercafñes, se llega a "Dantokpa", el mercado más grande de África occidental.
Aquí se puede comprar fruta y verdura, gallinas vivas y utensilios de todo tipo, fetiches misteriosos y objetos de arte. La gente charla animosamente y tanto discute sobre política como sobre el cambio climático o las nuevas acusaciones de corrupción. Se trata de una sociedad abierta en la que la gente blanca no llama la atención.
Ciudad de CotonouCotonou es considerada a veces como "la puerta hacia Europa" porque cada dos días parte un avión de la compañía Air France hacia París. Sin embargo, para la mayoría de los beninos el sueño de volar sigue siendo una utopía, por ejemplo, para las miles de personas que viven en una barriada en la zona periférica de la ciudad. Las calles están atiborradas de chozas de barro y de hojalata, y montañas de basura despiden un olor fuertísimo. Aquí parecen darse cita los graves problemas que sacuden el país: agua subterránea contaminada, sida, malaria, chicos sin formación escolar.
"La falta de educación es el origen de muchos de los problemas de aquí", explica Rudolf König, un empleado alemán del servicio de desarrollo, mientras su todorreno trota por las calles polvorientas de la barriada. La radio del coche comunica sobre el robo a dos bancos durante los cuales murieron varias personas. De los ladrones faltan todo tipo de pista.
En realidad en Benín hay pocos secuestros y asesinatos y en comparación con países fronterizos como Nigeria es un país relativamente seguro. Esto se debe en parte a la estabilidad política de la antigua colonia francesa: Una constitución, elecciones independientes y libertad de expresión forman parte de los logros del "golpe de estado civil" de 1990.
Por otra parte, la seguridad es un concepto relativo en África, como demuestran los robos a bancos. Desde entonces, el gobierno ha ordenado soldados ante las filiales bancarias del país para transmitir la sensación de seguridad a la gente. "El gobierno cuida de ustedes", reza el mensaje.
El servicio de desarrollo alemán y numerosas instituciones occidentales intenta ayudar a la gente. "Trabajamos en distintos frentes", explica Rudolf König. "Impulsamos la democracia, el suministro de agua potable y el manejo de los recursos naturales, entre otras cosas". Él y su mujer viven desde hace un año en Benín. El trabajo es lento y a veces frustrante, y en pocas ocasiones se ve el resultado. Sin embargo, "el trabajo siempre es muy variado y uno hace algo con sentido".
Jorden Moorlag también lo ve así. Para el joven holandés estudiante de medicina se trata de su primera estancia en África. "Algún día volveré", dice. "Todavía no sé dónde quiero trabajar, pero lo que está claro es que aquí se necesita mucha ayuda", concluye.
Texto y Fotos: Bastian Beege (dpa)domingo, 14 de junio de 2009
Una gallega protege a los chimpancés en el Congo

Debe de ser que eso de la llamada de la selva es algo que existe de veras. Ahí muy adentro, puede que en el estómago, o un poco más arriba, ella sentía un agujero, algo que le "faltaba", y al terminar la carrera creyó que podría taparlo trabajando en un zoo o en un safari park. Enseguida se dio cuenta de que no. Visitó todos los zoológicos de España, pero nada. "Mi sitio no estaba ahí", dice. "Tenía que buscar más lejos". Y persiguiendo su destino se tropezó con Fernando Turmo, "un apasionado de la evolución humana y la búsqueda de nuestros ancestros". Juntos decidieron dedicar la vida a "salvar el pasado del hombre, salvando al chimpancé en su medio natural". Y tanto convergieron sus vidas que se casaron.
Hace cuatro años empezaron a trabajar los dos para Help Congo, un proyecto de reintroducción de chimpancés en la selva congoleña. Llevaban ocho meses "incomunicados del mundo exterior", conviviendo con sus animales protegidos, pero también con elefantes bastante agresivos y "gorilas macho enfurecidos", cuando se les presentó delante Jane Goodall en Conkouati. La británica sabía que el de ellos era el único proyecto que había conseguido devolver con éxito estos primates a su medio, y les fue a pedir ayuda. Había acumulado 121 chimpancés en Tchimpounga y no les encontraba salida. Turmo y Atencia esperaron a que terminase su contrato y se fueron con ella.
Desde entonces, se han dedicado a acondicionar el santuario y a dar cobijo a los chimpancés enfermos, y sobre todo a aquéllos que han perdido a sus padres. "Cuando el mundo da la espalda a África y la deja sola, todo lo malo viene detrás", explica la ferrolana, "y cuando en la selva se abre una vía de acceso, porque se construye una carretera pública o una ruta para una empresa maderera, el final del equilibrio biológico de esa zona está próximo". "Cada año en el mundo se pierde una superficie como la de Castilla-La Mancha", y en cuanto el hombre consigue acceder a las poblaciones de chimpancés inaugura un nuevo capítulo del comercio de carne de ejemplares adultos y el tráfico de crías vivas. A Turmo, Goodall le encomendó una labor docente: concienciar a los congoleños de lo importante que es para su país preservar la naturaleza. Pero la crisis también ha llegado a Tchimpounga y, últimamente, el equipo ha recortado el gasto en divulgación para poder seguir alimentando y dando un techo de noche a las crías.
Para dar salida a estos animales devolviéndolos a la naturaleza lejos de la caza furtiva, el matrimonio busca selvas e islas vírgenes en los ríos. Necesitan comprar esos terrenos, y a veces les llega alguna ayuda extra, de algún blanco conmovido por el mensaje que difunde Goodall por el planeta, en charlas como la de hace un mes en A Coruña.
Desde que Atencia dirige el santuario, ya ha vivido unos cuantos momentos malos. "Los peores, cuando muere algún chimpancé", cuenta. "El pobre Gregoire, que tenía 67 años, murió estas Navidades. Ahora nos falta un amigo. Fue dramático ver cómo su compañera de instalación lloraba desconsolada cuando retiramos el cuerpo. Sus gritos eran desgarradores, ¡y tan humanos!". "Estos animales son tan próximos a nosotros que da escalofrío", sigue la veterinaria. "Siento que son mi responsabilidad, que la llave de su libertad está en mis manos. Sólo tengo que saber usarla".
miércoles, 13 de mayo de 2009
"Todavía podemos salvar el planeta si nos movemos y actuamos"
Jane Goodall cree que es muy fina la línea que nos separa y, es por ello, por lo que les defiende como a iguales y por lo que viaja 300 días al año, para concienciar al mundo de que aún se puede salvar al planeta.GEMMA MALVIDO - A CORUÑA
–Se cumplen 200 años del nacimiento de Darwin y 150 de la publicación del libro "El origen de las especies". ¿Se equivocó Darwin en algo o dos siglos son pocos para rebatir sus teorías?
–Seguro que se equivocó en algunas cosas, pero en general, sus teorías siguen siendo válidas.
–Proviene de una familia británica, ¿cómo se tomaron en su casa que decidiese irse a África a estudiar a los animales?
–Lo aceptaron porque siempre lo había querido. Cuando recibí la carta de mi compañera desde Kenia, ya se habían resignado: era lo que quería e iba a hacerlo. Como no podía estar sola en esa zona, mi madre estuvo conmigo cuatro meses. Más aceptación que ésa, imposible.
–Cuando ganó el Príncipe de Asturias dijo que destinaría el dinero a hacer del mundo un lugar mejor, ¿lo ha conseguido?
–Usé el dinero para multitud de proyectos. Cada céntimo ayuda.
–Dice que confía en los jóvenes para que continúen con su legado y para que trabajen en la defensa no sólo de los chimpancés, sino de toda la naturaleza. ¿Se puede confiar el futuro a una generación que ha crecido con el ratón del ordenador en una mano y con el teléfono móvil en la otra?
–Es trágico para los jóvenes, porque están viviendo en un mundo virtual y no es bueno, ni siquiera para su bienestar psicológico. En ocasiones, se sienten raros porque nunca han visto este tipo de comportamientos, aunque el hecho de haber aprendido a través de webs cambia la manera entender la naturaleza.

–¿Estamos todavía a tiempo?
–Sí, si nos movemos y actuamos todavía podemos rescatar a algunos animales que corren un grave riesgo de extinción. Por ejemplo, el lince ibérico está en esta hoja de ruta, así que, si nos movemos, podemos salvarlo.
–¿Está a favor o en contra de la investigación con animales al servicio de los seres humanos?
–Hay que encontrar otra manera de hacer las cosas. Ya hemos aceptado que los animales tienen emociones y sentimientos, que muchos incluso pueden razonar: los chimpancés, los monos, los perros y los gatos... y ya no es suficiente con decir que se les tratará lo mejor posible. Hay que reconocer que lo que estamos haciendo con ellos es terrible y cruel y encontrar una manera de trabajar diferente.
–Sus investigaciones han sido revolucionarias para el mundo de la ciencia, ¿cuál es el siguiente paso que debemos dar?
–Mi siguiente paso es difundir por el mundo el programa de Raíces y Brotes [depende de su fundación] en el máximo de países posible. Quiero hablarle a la gente de los problemas que tiene la naturaleza y de cómo podemos solucionarlos y, a ver si tengo suerte, y puedo escribir más libros.

Si quieres saber más:
Instituto Jane Goodall
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