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martes, 20 de enero de 2015

El Che Negro, héroe revolucionario de Burkina Faso



Este 21 de diciembre en Burkina Faso se celebró el 65 aniversario del nacimiento del líder de ese país, Thomas Sankara, mejor conocido como el Che Negro.

Sankara nació en la ciudad de Yako, en ese entonces parte de Alto Volta, una dependencia de Francia en el África Occidental. Comenzó su carrera militar a los 17 años. Esta ocupación lo llevó a Madagascar a principios de la década de los 70, donde pudo conocer los levantamientos populares contra un gobierno que permanecía sometido a Francia, aún cuando había conseguido la independencia en 1960.

En Madagascar también se acercó a los movimientos revolucionarios y a las teorías de Marx y Lenin; además de conocer las luchas de Ernesto “Che” Guevara, Nelson Mandela, Fidel Castro, entre otros, que le sirvieron como guías para sus posteriores acciones.

El 4 de agosto de 1983, Sankara, junto a otros militares que compartían sus ideas, lideró la denominada Revolución Democrática y Popular en Alto Volta, que pese a conseguir su independencia de Francia en 1960, permanecía bajo el dominio de los colonizadores y el saqueo de las transnacionales.

Esta revolución popular logró tomar el poder en Alto Volta. Con Sankara como presidente del país, se cambió el nombre del país a Burkina Faso, compuesto por dos palabras que combinan los dos idiomas principales del país. En la lengua Mooré “burkina” significa íntegro, y en Bamanank, “Faso” se traduce por Patria; por ende, Burkina Faso significa País de los hombres íntegros.


Sankara comenzó un gobierno antiimperialista, como lo dejó claro en su Discurso de Orientación Política, emitido en octubre de 1983. Y dedicó sus esfuerzos a combatir el hambre y la corrupción; dando prioridad a la educación y la salud de los habitantes de Burkina Faso.

Además de modificar el nombre del país, Sankara escribió un nuevo himno nacional: Une Seule Nuit (Una Sola Noche). En este canto, al final del coro se entona: ¡Patria o Muerte, Venceremos!

Sankara sostenía que “para los africanos vivir como tales es la única manera de vivir libres y dignamente”. Tenía claro que “la llamada ayuda extranjera sólo produce desorganización y servilismo”. Enfatizaba que “el objetivo de la revolución es que el pueblo ejerza el poder”. Además de guiar a su país, Sankara, con su espíritu antiimperialista y la defensa de los más necesitados, se convirtió en uno de los líderes del Movimiento de Países No Alineados.

Cuatro años después de la instauración de la Revolución Democrática y Popular, Sankara fue asesinado. El hecho ocurrió el 15 de octubre de 1987, tras el golpe perpetrado por Blaise Campaoré, quien juraba lealtad al proceso. Campaoré estuvo en el poder hasta el 30 de octubre de 2014, cuando fue derrocado por el pueblo de Burkina Faso.

Es ahora con el gobierno de transición cuando la familia de Sankara recibirá ayuda económica y medios suficientes para exhumar el cuerpo del ex-presidente burkinabés, que fue enterrado en el cementerio de Dagnoën (en la capital Ouagadougou). 

Tanto su familia como numerosos seguidores de Sankara dudan que en su tumba se encuentre el cadáver del líder revolucionario. Ya en el año 2008 su familia logró que la Corte Africana de los Derechos del Hombre ordenara al gobierno burkinabés realizar pruebas de ADN en el cadaver que fue enterrado en la tumba de Sankara. Pero esta orden nunca fue cumplida ni autorizada por el gobierno de Campaoré.

lunes, 9 de diciembre de 2013

El mundo entero dice adiós a Madiba

Madiba, Tata, Mandela... en definitiva uno de los padres de África. Político, abogado, defensor, hombre de paz, recluso, demócrata, pensador, negociador, reconciliador... son muchos los adjetivos que podrían definir a Nelson Mandela lamentablemente desaparecido el pasado 5 de diciembre a la edad de 95 años.

Tras cumplir una prisión de 27 años Nelson Mandela fue excarcelado, recibió el Premio Nobel de la Paz y fue elegido presidente de Sudáfrica, cargo que ocupó entre 1994 y 1999. Su país y el mundo entero lloran ahora su pérdida, su marcha tras una larga agonía.

Su tercera esposa Graça Machel le acompañó sin descanso los 181 días que Mandela estuvo encamado a causa de su enfermedad. Fue ella la que avisó a todos los miembros de la familia Mandela alertándoles del grave estado del patriarca y de que era el final. Mandela permaneció conectado a varias máquinas que le permitían respirar y luchar día a día contra su enfermedad pulmonar. 


Desde su fallecimiento rodeado de toda su familia y sus seres más queridos, el mundo entero llora su muerte, los sudafricanos celebran los funerales del que fue el padre del país, el guía de su pueblo, el reconciliador que evitó una guerra racial en su propia tierra que sin su presencia hubiera sido inevitable.

La muerte de Mandela reunirá hoy en Sudáfrica a decenas de mandatarios de todo el mundo en un funeral mutitudinario que se celebrará en una ceremonia prevista en el estadio de futbol de Soweto en Johannesburgo, hasta donde se desplazarán entre otros, Obama, Raúl Castro, David Cameron, Mariano Rajoy y Nicolás Maduro, así como representantes de 34 países africanos que ya han confirmado su asistencia, o miembros de distintas realezas europeas.

 El mundo entero tiene estos días la mirada y el alma puestos en Sudáfrica, y para que todos los sudafricanos puedan ver la ceremonia se han instalado más de 90 pantallas gigantes en parques y espacios públicos de todo el país.

Tras la ceremonia está previsto que los restos de Madiba viajen al pequeño poblado de Qunu donde el ex-presidente creció y deseaba ser enterrado.

Mandela dijo: "Si tengo que morir, declaro para todos los que quieran saberlo, que iré al encuentro de mi destino como hombre".

lunes, 15 de agosto de 2011

Una biblioteca digital para Burkina Faso


A pesar del panorama tan negro que pintan las cifras, hoy sigue habiendo personas que lo dejan todo por ayudar a los demás. Félix Pérez, amigo y colaborador de Nueva Tribuna, trabajaba en un puesto de alta responsabilidad en una empresa en España y decidió vender sus acciones, dejarlo todo e irse a Burkina Faso, el sexto país más pobre del mundo, donde está montando una biblioteca digital.

Olvido Ruiz de Valbuena, en honor a la madre de Félix, es el nombre que recibe este espacio que pretende conseguir ordenadores, tabletas e incluso una sala de cine en 3D pero, sobre todo, pretende hacerse con libros. En francés y técnicos o para estudiantes son las preferencias, aunque cualquier otro tipo también será bien acogido en Ouahigouya, ciudad en la que Félix Pérez ha desarrollado su proyecto. Los datos de la biblioteca son: BP 142, Ouahigouya, Burkina Faso.
Fuente: Nueva Tribuna

sábado, 5 de septiembre de 2009

Benín: Sobrevivir en la pobreza

Ya por las mañanas el calor se hace insoportable. Al joven holandés estudiante de medicina le baja el sudor por la frente mientras corre por el patio polvoriento hacia el edificio donde se encuentran las salas de operaciones. Se trata de una emergencia. "Complicaciones durante un parto o una operación. En la mayoría de los casos salimos adelante", dice Jorden Moorlag. En su país está a punto de finalizar los estudios. Aquí, en Nikki, un pequeña ciudad al norte de la república africana de Benín, su experiencia ya vale oro ahora.

En el hospital local, que recuerda más bien a un campo de refugiados con muchas chozas y colas de pacientes que esperan ser atentidos, cada mano para prestar ayuda es recibida con alegría. Y aún así, en muchas ocasiones se llega demasiado tarde. "Continuamente mueren personas víctimas de la malaria o del tifus, las enfermedades más corrientes aquí", explica este joven de 25 años, que hace sus prácticas a modo voluntario por algunos meses. "El problema es que mucha gente sigue sin confiar en la medicina moderna y prefieren acudir a un curandero tradicional y entonces a veces ya es demasiado tarde".

La localidad de Nikki pertenece a ese tipo de ciudades africanas en las que parece que el tiempo se detuvo: La gente vive en chozas de barro, sin agua corriente. Internet es una palabra extranjera. Y algunos niños pequeños empiezan a llorar ante la llegada de un blanco. El índice de analfabetismo es tan elevado que no hay ni diarios para comprar. Y a pesar de que la ciudad posee cierto prestigio por ser la sede real de la tribu de los "bariba", por ningún lado se ve un bienestar de realeza.


Mujeres y niños cruzan el río cerca de Nikki

Eso lo demuestra también poca oferta en cuanto a alimentos: prácticamente no hay productos lácteos y en muy pocas ocasiones hay frutas y verduras. En el humilde mercado, escasamente abastecido, se encuentra ñame, el principal alimento de los benianos. Aquí nadie tiene por qué pasar hambre mientras no haya cosechas catastróficas. "No nos podemos quejar", dice un hombre mayor, sentado en el suelo frente a su pequeña cabaña. "Si Dios quiere, nos va bien".

En realidad la confianza en Dios, que aquí se llama Alá, es mucho mayor que la confianza en el propio gobierno. "Los políticos son iguales en todo el mundo", opina este anciano mientras observa a un grupo de chiquillos que con gran alboroto intentan ahuyentar a una gallina. "Antes de las elecciones, lo prometen todo, pero después no lo cumplen".









Venta de gallinas en el mercado de Cotonou

Y una cosa está clara: Los políticos no han encontrado ningún medio para solventar la pobreza de este país del Atlántico, situado entre Nigeria y Togo. Con una renta per cápita de menos de 500 euros anuales, un alto índice de mortalidad infantil y una esperanza de vida de menos de 60 años, Benín figura entre los países más pobres del mundo. La economía es débil y está sustentada sobre todo por la agricultura y el comercio. Sin embargo, este país de muchas etnias es una de las democracias más estables del continente. Los contrastes quedan especialmente de manifiesto en la metrópolis costera de Cotonou, la sede del gobierno y el centro económico de Benín.

Más de un millón de personas le dan cierto encanto y vida a la ciudad. Personas pertenecientes a diferentes tribus y religiones pueblan sus calles. Motocicletas y un sinfín de taxis-motos, las llamadas "Zémidjan", dominan el tráfico. Pasando por edificios con riesgo de derrumbe, el palacio presidencial, estrictamente vigilado, y cibercafñes, se llega a "Dantokpa", el mercado más grande de África occidental.

Aquí se puede comprar fruta y verdura, gallinas vivas y utensilios de todo tipo, fetiches misteriosos y objetos de arte. La gente charla animosamente y tanto discute sobre política como sobre el cambio climático o las nuevas acusaciones de corrupción. Se trata de una sociedad abierta en la que la gente blanca no llama la atención.

Ciudad de Cotonou

Cotonou es considerada a veces como "la puerta hacia Europa" porque cada dos días parte un avión de la compañía Air France hacia París. Sin embargo, para la mayoría de los beninos el sueño de volar sigue siendo una utopía, por ejemplo, para las miles de personas que viven en una barriada en la zona periférica de la ciudad. Las calles están atiborradas de chozas de barro y de hojalata, y montañas de basura despiden un olor fuertísimo. Aquí parecen darse cita los graves problemas que sacuden el país: agua subterránea contaminada, sida, malaria, chicos sin formación escolar.

"La falta de educación es el origen de muchos de los problemas de aquí", explica Rudolf König, un empleado alemán del servicio de desarrollo, mientras su todorreno trota por las calles polvorientas de la barriada. La radio del coche comunica sobre el robo a dos bancos durante los cuales murieron varias personas. De los ladrones faltan todo tipo de pista.

En realidad en Benín hay pocos secuestros y asesinatos y en comparación con países fronterizos como Nigeria es un país relativamente seguro. Esto se debe en parte a la estabilidad política de la antigua colonia francesa: Una constitución, elecciones independientes y libertad de expresión forman parte de los logros del "golpe de estado civil" de 1990.

Por otra parte, la seguridad es un concepto relativo en África, como demuestran los robos a bancos. Desde entonces, el gobierno ha ordenado soldados ante las filiales bancarias del país para transmitir la sensación de seguridad a la gente. "El gobierno cuida de ustedes", reza el mensaje.

El servicio de desarrollo alemán y numerosas instituciones occidentales intenta ayudar a la gente. "Trabajamos en distintos frentes", explica Rudolf König. "Impulsamos la democracia, el suministro de agua potable y el manejo de los recursos naturales, entre otras cosas". Él y su mujer viven desde hace un año en Benín. El trabajo es lento y a veces frustrante, y en pocas ocasiones se ve el resultado. Sin embargo, "el trabajo siempre es muy variado y uno hace algo con sentido".

Jorden Moorlag también lo ve así. Para el joven holandés estudiante de medicina se trata de su primera estancia en África. "Algún día volveré", dice. "Todavía no sé dónde quiero trabajar, pero lo que está claro es que aquí se necesita mucha ayuda", concluye.

Texto y Fotos: Bastian Beege (dpa)

domingo, 14 de junio de 2009

Una gallega protege a los chimpancés en el Congo


La Goodall gallega nació en Vilasánchez, Serantes, estudió veterinaria en la Complutense, vive en África y ya ha cumplido los 32. Se llama Rebeca Atencia y dice que echa de menos "la lluvia de Ferrol", y el "caldo de berzas de la aldea", "y el acento, y las fiestas de Nochebuena" en casa de sus tíos "comiendo marisco y turrón". Añora sobre todo a su familia, y las charlas con sus hermanas "hasta las tres de la madrugada", pero ahora es la directora del santuario para chimpancés de Tchimpounga, en la República Democrática del Congo, y sólo viene una vez al año. De ella dependen para sobrevivir 141 chimpancés, seis mandriles y cuatro monos cercopitecos, y no los piensa dejar solos: "No tengo hijos humanos, pero los chimpancés huérfanos, aquí, son mi familia".

A los ocho años, tras un fuego que arrasó el bosque de Vilasánchez, supo a qué se iba a dedicar cuando fuese mayor. Trabajaba allí un guarda forestal que se llamaba Jaime. "En mitad del incendio, se fue al bosque y salvó muchas crías de animales salvajes. Conocía dónde estaban los nidos y las madrigueras". Luego las crió en su casa, y cuando crecieron las devolvió a la naturaleza, recuerda Atencia. "Quizás no lo hizo de la forma más científica", comenta, "pero a mí aquello me impactó".
Debe de ser que eso de la llamada de la selva es algo que existe de veras. Ahí muy adentro, puede que en el estómago, o un poco más arriba, ella sentía un agujero, algo que le "faltaba", y al terminar la carrera creyó que podría taparlo trabajando en un zoo o en un safari park. Enseguida se dio cuenta de que no. Visitó todos los zoológicos de España, pero nada. "Mi sitio no estaba ahí", dice. "Tenía que buscar más lejos". Y persiguiendo su destino se tropezó con Fernando Turmo, "un apasionado de la evolución humana y la búsqueda de nuestros ancestros". Juntos decidieron dedicar la vida a "salvar el pasado del hombre, salvando al chimpancé en su medio natural". Y tanto convergieron sus vidas que se casaron.
Hace cuatro años empezaron a trabajar los dos para Help Congo, un proyecto de reintroducción de chimpancés en la selva congoleña. Llevaban ocho meses "incomunicados del mundo exterior", conviviendo con sus animales protegidos, pero también con elefantes bastante agresivos y "gorilas macho enfurecidos", cuando se les presentó delante Jane Goodall en Conkouati. La británica sabía que el de ellos era el único proyecto que había conseguido devolver con éxito estos primates a su medio, y les fue a pedir ayuda. Había acumulado 121 chimpancés en Tchimpounga y no les encontraba salida. Turmo y Atencia esperaron a que terminase su contrato y se fueron con ella.
Desde entonces, se han dedicado a acondicionar el santuario y a dar cobijo a los chimpancés enfermos, y sobre todo a aquéllos que han perdido a sus padres. "Cuando el mundo da la espalda a África y la deja sola, todo lo malo viene detrás", explica la ferrolana, "y cuando en la selva se abre una vía de acceso, porque se construye una carretera pública o una ruta para una empresa maderera, el final del equilibrio biológico de esa zona está próximo". "Cada año en el mundo se pierde una superficie como la de Castilla-La Mancha", y en cuanto el hombre consigue acceder a las poblaciones de chimpancés inaugura un nuevo capítulo del comercio de carne de ejemplares adultos y el tráfico de crías vivas. A Turmo, Goodall le encomendó una labor docente: concienciar a los congoleños de lo importante que es para su país preservar la naturaleza. Pero la crisis también ha llegado a Tchimpounga y, últimamente, el equipo ha recortado el gasto en divulgación para poder seguir alimentando y dando un techo de noche a las crías.
Para dar salida a estos animales devolviéndolos a la naturaleza lejos de la caza furtiva, el matrimonio busca selvas e islas vírgenes en los ríos. Necesitan comprar esos terrenos, y a veces les llega alguna ayuda extra, de algún blanco conmovido por el mensaje que difunde Goodall por el planeta, en charlas como la de hace un mes en A Coruña.
Desde que Atencia dirige el santuario, ya ha vivido unos cuantos momentos malos. "Los peores, cuando muere algún chimpancé", cuenta. "El pobre Gregoire, que tenía 67 años, murió estas Navidades. Ahora nos falta un amigo. Fue dramático ver cómo su compañera de instalación lloraba desconsolada cuando retiramos el cuerpo. Sus gritos eran desgarradores, ¡y tan humanos!". "Estos animales son tan próximos a nosotros que da escalofrío", sigue la veterinaria. "Siento que son mi responsabilidad, que la llave de su libertad está en mis manos. Sólo tengo que saber usarla".


Fuente:


Texto: Silvia R.

miércoles, 13 de mayo de 2009

"Todavía podemos salvar el planeta si nos movemos y actuamos"

Jane Goodall cree que es muy fina la línea que nos separa y, es por ello, por lo que les defiende como a iguales y por lo que viaja 300 días al año, para concienciar al mundo de que aún se puede salvar al planeta.

GEMMA MALVIDO - A CORUÑA
–Se cumplen 200 años del nacimiento de Darwin y 150 de la publicación del libro "El origen de las especies". ¿Se equivocó Darwin en algo o dos siglos son pocos para rebatir sus teorías?


–Seguro que se equivocó en algunas cosas, pero en general, sus teorías siguen siendo válidas.

–Proviene de una familia británica, ¿cómo se tomaron en su casa que decidiese irse a África a estudiar a los animales?

–Lo aceptaron porque siempre lo había querido. Cuando recibí la carta de mi compañera desde Kenia, ya se habían resignado: era lo que quería e iba a hacerlo. Como no podía estar sola en esa zona, mi madre estuvo conmigo cuatro meses. Más aceptación que ésa, imposible.

–Cuando ganó el Príncipe de Asturias dijo que destinaría el dinero a hacer del mundo un lugar mejor, ¿lo ha conseguido?

–Usé el dinero para multitud de proyectos. Cada céntimo ayuda.

–Dice que confía en los jóvenes para que continúen con su legado y para que trabajen en la defensa no sólo de los chimpancés, sino de toda la naturaleza. ¿Se puede confiar el futuro a una generación que ha crecido con el ratón del ordenador en una mano y con el teléfono móvil en la otra?

–Es trágico para los jóvenes, porque están viviendo en un mundo virtual y no es bueno, ni siquiera para su bienestar psicológico. En ocasiones, se sienten raros porque nunca han visto este tipo de comportamientos, aunque el hecho de haber aprendido a través de webs cambia la manera entender la naturaleza.
























–¿Estamos todavía a tiempo?


–Sí, si nos movemos y actuamos todavía podemos rescatar a algunos animales que corren un grave riesgo de extinción. Por ejemplo, el lince ibérico está en esta hoja de ruta, así que, si nos movemos, podemos salvarlo.

–¿Está a favor o en contra de la investigación con animales al servicio de los seres humanos?


–Hay que encontrar otra manera de hacer las cosas. Ya hemos aceptado que los animales tienen emociones y sentimientos, que muchos incluso pueden razonar: los chimpancés, los monos, los perros y los gatos... y ya no es suficiente con decir que se les tratará lo mejor posible. Hay que reconocer que lo que estamos haciendo con ellos es terrible y cruel y encontrar una manera de trabajar diferente.

–Sus investigaciones han sido revolucionarias para el mundo de la ciencia, ¿cuál es el siguiente paso que debemos dar?

–Mi siguiente paso es difundir por el mundo el programa de Raíces y Brotes [depende de su fundación] en el máximo de países posible. Quiero hablarle a la gente de los problemas que tiene la naturaleza y de cómo podemos solucionarlos y, a ver si tengo suerte, y puedo escribir más libros.























Si quieres saber más:
Instituto Jane Goodall

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