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martes, 22 de marzo de 2016

Audrey Iteriteka, la “Beyoncé de Burundi”

Audrey Iteriteka es una estudiante de Burundi, país africano que se encuentra cerca de Ruanda y Tanzania, y posee una voz tan impresionante que fue  catalogada como la “Beyoncé de Burundi”. La joven de 18 años versionó “Halo” de Beyoncé frente a sus compañeros de colegio, quienes la grabaron y subieron el video a la red.

Lo que no se imaginaba Audrey era que su talento sería apreciado por millones de personas, convirtiéndola en un fenómeno musical. Su video, subido originalmente en Facbook, fue compartido por casi todas las celebridades locales y ahora se extendió al resto del mundo.


Actualmente, la joven estudia literatura moderna en el Lycée Sainte Therese Gitega, y canta en sus momentos libres, sin esperar a convertirse en famosa. Aunque ya intentan contratarla como cantante. Tras la repercusión, Audrey dijo : “Me causa felicidad y sorpresa al mismo tiempo”.

Además de “Halo“, la talentosa muchacha versionó “Without You”, de Mariah Carey.

Fuente: Exitoina

domingo, 31 de enero de 2016

La sequía de Etiopía pone en grave peligro a los bebés recién nacidos y a sus madres

Uno de cada diez etíopes, alrededor de 10,2 millones de personas, no pueden proveerse de alimentos porque sus cosechas se han estropeado y su ganado ha muerto a causa de la sequía.

"Dar a luz en una situación desesperada en donde hay una grave escasez de alimentos y en donde el ganado ha muerto en masa llevándose el principal recurso para la nutrición de las madres embarazadas o que amamantan a sus niños, es extremadamente peligroso tanto para los bebés como para sus madres", ha denunciado el director de Save the Children en Etiopía, John Graham.

Las madres embarazadas o que dan el pecho y que están desnutridas tienen más posibilidades de sufrir problemas durante el parto, además, sus hijos nacerán con un peso inferior al adecuado y no podrán alimentarles, ha asegurado mediante un comunicado.

"Esto es un código rojo de emergencia y se tiene que tratar como tal, pero todavía no he visto ninguna respuesta ante esta sequía de gran magnitud por parte de Naciones Unidas o de la comunidad internacional", ha lamentado Graham.

La ONU se ha comprometido a dar un cuarto de los 1.400 millones de dólares (1.300 millones de euros) que se necesitan para solucionar esta crisis, ha informado la Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Ayuda Humanitaria. Sin embargo, la mayoría de estas contribuciones aún no se han pagado.

"No he visto una sequía así en Etiopía en los 19 años que llevo viviendo en este país", ha lamentado Graham. Se espera que más de 2,5 millones de niños abandonen el colegio por la sequía de este año, ha asegurado la organización.

Etiopía es el segundo país más poblado de África. Ha sido golpeado por dos sequías consecutivas, la más reciente a causa del fenómeno meteorológico 'El Niño', un calentamiento en la temperatura de la superficie del mar en el Pacífico que está causando hambre alrededor del mundo.

El secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki Moon, se encuentra entre los asistentes a la cumbre de la Unión Africana, que se inició la semana pasada y que culminará con una reunión de los jefes de Estado el sábado y el domingo.

Fuente: Te Interesa. es

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Mi hijo beberá agua potable

Lúcidos, raros, imposibles, premonitorios. Existen multitud de sueños, y Nahla, pasa las horas soñando. Sueña despierta. Abiertos los ojos y dormidos los miedos, Nahla no canta, no vacila, no se queja. Sus dolores son el eco del más profundo silencio.

Ya no llueve en el Chad, y sin embargo Nahla camina mojada, ahogada en su propio sudor y sumergida en sus pensamientos. El mantón de percal atado a su espalda sostiene a Sindu, que dormido no reacciona a pesar del “en ocasiones” ajetreado caminar de su madre. A Sindu le sonríe la suerte. Gran hazaña por su parte la de no perecer en su primer año de vida, cosa tan habitual en las distintas partes del continente Africano.

Aunque quizás sería más correcto otorgar los honores de tal peripecia a Nahla. Las otras opciones diferentes a superar con sus rutinas el día a día son inviables, por ello, Nahla camina todas las mañanas. Emprende el viaje del agua con la esperanza de poder apagar su sed y la del niño que lleva a cuestas. En su cabeza, una palangana, y en su mano derecha otro pequeño barreño. Con suerte podrá utilizar parte del agua para cocinar alguna verdura al final del día. El precio a pagar no es mucho...”sólo” 14 kilómetros a pie por la sofocante estepa subsahariana.

Si el cielo se dignase a ofrecer algo de lluvia las cosas serían un poco diferentes. Nahla podría obtener el agua en el pozo de su aldea y el tiempo invertido en el viaje sería dedicado a otros menesteres, ya que ni el hambre, ni la malaria, ni la guerra separan a Nahla de su cometido. Mientras tanto, Nahla sueña lo mismo todos y cada uno de los días. “Mi hijo beberá agua potable” y es entonces cuando una fuerza inexplicable surge de ella como si de una gran corriente de agua se tratase. Donde unas potentes olas se dirigen a una orilla y Nahla no hace otra cosa que dejarse llevar, dejarse arrastrar.

Hay tantas cosas en la vida, tantas aspiraciones imposibles, tantas cosas que se desean y a veces no se consiguen, y sin embargo Nahla sigue intentándolo. Busca lo que no espera hallar, pero esa búsqueda sí le merece la pena.

Algún día lloverá, y ese día Nahla, dejará de soñar por un mísero instante. Ese día cantará bajo la lluvia. Porque es el agua el noventa por ciento de su cuerpo. Y es el agua lo que hará de Nahla una mujer feliz.

Fuente: Hechos de Hoy
Texto: Angeles Álvarez

viernes, 2 de marzo de 2012

La fauna de Burkina Faso cambia sus hábitos por la sequía del Sahel

Los humanos no son las únicas víctimas de la escasez de precipitaciones en la última temporada de lluvias en la franja del Sahel, en el oeste africano: la fauna de países como Burkina Faso también está cambiando sus hábitos en su búsqueda de agua. "Hemos notado una migración de animales fuera de su territorio en el este y noreste (de Burkina Faso). La escasez de agua ha provocado estas migraciones tempranas de elefantes y búfalos. Que no sorprenda a nadie que los leopardos y los leones sigan a los búfalos", advierte Urbain Bélemsobgo, del Ministerio voltense de Fauna.


Los búfalos llevan meses rondando algunas poblaciones del este del país en su lucha por beber: "Algunas veces incluso siguen al ganado para encontrar pasto", explica Arzouma Tindano, habitante de la localidad oriental de Bogandé. Según Celestin Zida, funcionario del Ministerio voltense de Medio Ambiente en el este del país, "los leones han abandonado su hábitat y han matado a los monos de la zona". Además, Zida relata que "hay varias quejas de vecinos a los que los animales salvajes les han destruido sus graneros".

Hasta el momento, la campaña de sensibilización con la fauna llevada a cabo por el ministerio del ramo han evitado la matanza de los animales, a pesar de que hayan llegado a herir a algún aldeano.
"Tenemos que hacer todo lo que podamos para salvar esos animales porque, tras su muerte, algunas especies desaparecerán", asevera Zida.

Desde diciembre, el Ministerio de Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible advirtió de las consecuencias "desastrosas" que podría acarrear la búsqueda desesperada de agua, que incluyen potenciales conflictos entre humanos y animales.
Ya en noviembre, el Gobierno percibió alteraciones por la pronta desaparición de las charcas usadas para beber por la fauna del lugar.
Pierre Kafando, coordinador nacional del Parque Transfronterizo "W" (llamado así por la forma que describe el río Níger a su paso por esa zona) asegura que se trata de una "situación catastrófica" a la que algunos pequeños mamíferos, como los cefalofos y algunos primates, no logran sobrevivir.
"Dentro del Parque (de 10.000 kilómetros cuadrados y compartido con Benin y Níger) tenemos siempre una media de 950 milímetros de lluvia por metro cuadrado, pero este año hemos recibido entre 600 y 650", precisa Kafando.

Según el responsable de la parte voltense del Parque "W", los elefantes "inteligentes" cavan pozos en las zonas en las que el agua está cerca de la superficie, "pero -alerta Kafando- estos pozos acaban convirtiéndose en trampas para los búfalos, que caen en ellos y mueren".


En el lado voltense, debería hallarse una charca cada 10 kilómetros, pero Kafando asegura que se puede viajar 30 ó 50 kilómetros sin encontrar una sola laguna en la que beber, cuando un elefante adulto necesita consumir alrededor de 200 litros al día. El "W" es el hogar de la concentración más grande de búfalos del África occidental, con entre 10.000 y 15.000, además de grandes antílopes -como el hippotragus o el damaliscus-, leones, leopardos y guepardos. Asimismo, da cobijo a unas 450 especies de pájaros.

Por el momento, el Ejecutivo voltense ha gastado el equivalente en moneda local a 137.000 euros (unos 180.000 dólares) en construcción de charcas. Para aliviar la situación, el Banco Mundial ha destinado, mediante un plan de emergencia, 534.000 euros (unos 700.000 dólares) para construir una treintena de lagunas artificiales que se llenarán con el agua que transporten varios camiones desde los ríos cercanos hasta el Parque. 

Fuente: ABC .es

viernes, 29 de julio de 2011

Somalia vive la peor sequía y hambruna de los últimos 60 años



Somalia sufre la peor sequía de los últimos 60 años, según datos de la ONU y del Gobierno del país, que está dejando a millones de niños y ancianos famélicos y a madres con pechos estériles, situación que se ve agravada por la presencia del grupo terrorista Al Shabab, vinculado a Al Qaida. 

A pesar de las lluvias torrenciales, que han acabado en los últimos días con la vida de al menos 15 personas en Mogadiscio, la sequía del Cuerno de África ha colocado a cerca de 11 millones de somalíes en situación de emergencia humanitaria, han advertido numerosas organizaciones no gubernamentales.
  
"Esto es más que una sequía. No ha llovido en los últimos tres años. Somos granjeros y dependemos de la lluvia, así que estamos pasando la peor hambruna", dijo Haji Ali Osman, un anciano que guió recientemente a 74 familias desde la zona rural de Gurban hasta Mogadiscio en una travesía de cientos de kilómetros para huir de la miseria y buscar alimento en la capital somalí. Pero "Al Shabab nos está afectando más que el hambre y las sequías. Han secuestrado a todos los hombres para que combatan para ellos. Y no dejan que la población hambrienta se acerque a las zonas controladas por el Gobierno para obtener ayuda", asegura Osman. Según el anciano, los 18 días de marcha con las familias hasta Mogadiscio causaron estragos en el numeroso grupo de desplazados, que se tenía que alimentar de las hojas de los árboles. 


"Cada una de las 74 familias perdieron al menos a un niño. Algunas los perdieron todos", afirma Osman, al tiempo que denuncia la "desesperanza y olvido" que sufren por parte de la comunidad internacional. El viaje también dejó a su esposa, Madina, en una situación crítica, pues aún no ha podido enseñarle a un médico las heridas en sus pies y piernas que la mantienen casi inmovilizada.
"Tengo las piernas infectadas. No puedo estar de pie. Cuando cayeron las fuertes tormentas estos días pasados, me tuve que arrastrar por el suelo para no quedarme bajo la lluvia", narra Madina. Sus hijos, Dahira, Nur, Ziyad y Hassan (4, 7, 13 y 16 años) padecen malnutrición y han enfermado de sarampión. Saredo Hilowle, de 39 años, apenas puede contar los sufrimientos del camino, en el que perdió a sus cuatro hijos: "No pude enterrar a ninguno. Los dejé bajo un árbol".



Si la sequía acabó con sus hijos, Al Shabab hizo lo propio con su marido, a quien mató bajo la acusación de espiar para el Gobierno Federal de Transición de Somalia. Esta conjunción de factores ha forzado a desplazarse a cientos de miles de personas, bien a Mogadiscio, bien a la vecina Kenia, mientras que la ayuda humanitaria tarda en llegar. El Ejecutivo somalí trató la semana pasada esa situación con cuatro organismos de la ONU: el Fondo para la Infancia (UNICEF), el Programa Mundial de Alimentos (PMA), el Alto Comisariado para los Refugiados (ACNUR) y la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA).
"Hemos distribuido algunos alimentos, lonas para tiendas y otros bienes básicos, pero no son suficientes para cubrir las necesidades de la gente. Esperemos que la ONU pueda ayudar más", subrayó el ministro somalí de Defensa, Abdi Hakim Hji Fighi. Sin embargo, la sequía y el hambre son sólo una parte de un conflicto agravado por la presencia de los integristas de Al Shabab, que el pasado día 5 levantó el veto fijado en 2010 a la actuación de organizaciones humanitarias en las zonas del país bajo su control. "Al Shabab prohibió a las agencias humanitarias operar en las zonas afectadas y ahora está dejando morir a la gente sin dar ningún tipo de ayuda. Tratan de ocultar lo que está sucediendo", señala Meymun Sheij, un trabajador de una ONG.



"De esta forma -agrega Sheij-, están llevando a cabo un lento pero constante genocidio. La sequía ha acabado con miles de vidas, pero como no hay medios presentes, nadie lo sabe". Al Shabab pretende derrocar al Gobierno Federal de Transición somalí, respaldado por la comunidad internacional, e instaurar un Estado radical musulmán de corte wahabí. Somalia vive sin Gobierno efectivo desde 1991, cuando fue derrocado el dictador Mohamed Siad Barre, y pasaron a controlar su territorio señores de la guerra tribales, milicias islámicas y bandidos.



Campos de refugiados


Por su parte, La ONU ha lanzado un llamamiento a la comunidad internacional para realizar una intervención "urgente" que acabe con la crisis alimentaria que vive el Cuerno de África, en particular las dos regiones del sur de Somalia donde ha sido declarado el estado de hambruna. Varias agencias de la ONU y representantes gubernamentales se reunieron este lunes de urgencia en Roma para abordar la emergencia humanitaria que vive esa zona del planeta, donde preocupa, sobre todo, la supervivencia de los más pequeños, pues, según UNICEF, más de 500.000 niños corren el riesgo de una muerte "inminente" como consecuencia de una 
"malnutrición grave". Lo que más preocupa a Naciones Unidas es la situación que, según UNICEF, viven unos 2,3 millones de niños afectados por malnutrición "aguda" tanto en Somalia, como en Etiopía y Kenia, los dos países que están recibiendo el mayor flujo de refugiados somalíes desde las zonas que padecen la hambruna.


"Lo que nos preocupa más es el estado de los niños, el hambre de los niños, que están tan débiles. Tienen solo un 40 por ciento de posibilidades de sobrevivir", indicó la directora ejecutiva del Programa Mundial de Alimentos (PMA) de Naciones Unidas, Josette Sheeran, durante la rueda de prensa concluyente del encuentro. En el campamento de refugiados de Dadaab hay los que venden, los que compran y los que piden. Y también los que no sobreviven. Hay refrescos y harina, la que los burros arrastran en carros después de que sus dueños hayan recogido los sacos que distribuye el Programa Mundial de Alimentos. Pero no suficiente. Dadaab era originalmente una pequeña localidad, de hecho el pueblo aún existe, pero la continua llegada de refugiados durante los últimos 20 años la ha convertido en la tercera ciudad de Kenia, después de la capital, Nairobi, y de Mombasa. Aunque sus cerca de 400.000 actuales inquilinos que cuadruplican su capacidad inicial son en su mayoría somalíes.
Fuente: Europa Press y EFE

sábado, 23 de julio de 2011

La sostenibilidad reside en Mauritania


Solucionar problemas de abastecimiento de agua, utilizar energías renovables, plantar huertos ecológicos, ayudar al desarrollo e integrar a las mujeres en la gestión activa de las comunidades. Rebibir, nombre del proyecto y la asociación que ha impulsado todo lo referido en la comarca de Boutilimit, en Mauritania, demuestra cómo hay que hacer las cosas para que una iniciativa de este tipo no se quede en una ayuda puntual, sino en algo que continúen desarrollando las comunidades implicadas de forma autónoma y efectiva.

Hace tan solo dos años, 50 pozos diseminados por esta comarca aparecían colmatados de arena o en ruinas, ya que era muy difícil seguir extrayendo agua de ellos con medios mecánicos y con la ayuda de burros o dromedarios. En ellos se fijaron los responsables de dos empresas extremeñas, Ingema, especializada en instalaciones de energías renovables, y Alternatura, centrada en la economía solidaria y la agricultura ecológica. Dos años después, seis de esos pozos ya están abiertos y riegan huertos ecológicos y cinco más están a punto de hacerlo gracias a la instalación de bombas accionadas con la energía de paneles solares fotovoltaicos que aportan un caudal de 20.000 litros diarios.
Mario Morales es el portavoz de Rebibir, asociación que ha tomado el relevo al impulso inicial de Ingema y Alternatura. Está a punto de viajar a Boutilimit para transportar y supervisar materiales e instalaciones, aunque se va a encontrar con parte del trabajo hecho. "Uno de los objetivos principales del proyecto es conseguir su autonomía y que no tenga fecha de caducidad, y para eso formamos a dos personas de la zona como técnicos montadores y de mantenimiento", afirma Morales. Es decir, que no llegan empresas occidentales, montan la instalación y ahí se queda, sino que se transfiere tecnología renovable y sostenible y la capacidad de gestionarla.

Además de lo que supone el acceso directo al agua en una tierra desértica, está la mejora de la alimentación gracias a los abrevaderos de los que dispone el ganado y a la innovación de la implantación de huertos ecológicos, hasta 16 por pozo. Los mauritanos obtienen hortalizas, huevos y leche en su misma localidad, algo que favorece la soberanía alimentaria. Mario Morales afirma que "en este caso también hay formación como usuarios y las mujeres se han convertido en auténticas gestoras de los huertos, donde cada año obtienen semillas derivadas de su propia producción, sin necesidad de comprarlas a ninguna empresa y con la posibilidad de compartirlas con las gestoras y agricultoras de otros huertos".
La soberanía alimentaría es algo trascendental en un país donde cuesta mucho sacar adelante las cosechas y un kilo de nabos se vende a un euro. El beneficio de las hortalizas y verduras ecológicas que crecen en los huertos es comunal, hay una parte que se lleva a los mercados, pero la principal se consume entre las 32 familias que suelen estar involucradas en cada instalación, e incluso con otras que no lo están pero a las que le llegan algunos alimentos gracias a la cultura de la cooperación comunal que existe en estas tierras.
¿Y cómo se sustenta económicamente todo esto? Con todos arrimando el hombro. A Mario le gusta decir que es un proyecto sin ánimo de lucro de "gente común para gente común". Ayuntamientos, el Fondo Extremeño Local de Cooperación al Desarrollo, un poeta que cedió las ventas de la tirada de su libro, un festival que derivó parte de los ingresos de las entradas y, sobre todo, mucha "gente común". Desde Boutilimit ceden también instalaciones y el trabajo desinteresado de algunas personas y, algo importante, con parte de los beneficios se crea un fondo de contingencia para el mantenimiento de toda la estructura, precisamente para reforzar la autonomía de las instalaciones. Pero faltan 39 pozos por recuperar, y para eso es necesaria la ayuda de más "gente común".

El presupuesto para "rebibir" un pozo en Mauritania (bir significa pozo, de ahí el juego de palabras) es de 15.287 euros, e incluye el sistema de bombeo y la puesta en marcha y seguimiento durante dos años del huerto ecológico asociado.

Fuente: EL País
Texto: Javier Rico

jueves, 3 de junio de 2010

El bombeo solar: la diferencia entre comer y no comer


En muchos lugares de África, son las mujeres las que riegan a mano las cosechas, cuando hay agua. El bombeo fotovoltaico las permite disponer de agua de forma cómoda durante todo el año
Un equipo de la Universidad de Standford ha analizado las consecuencias del uso del bombeo solar en zonas áridas de África. En estos lugares, muchos cultivos sólo disponen del agua de lluvia durante las estaciones húmedas, y no es posible regar durante el resto del año. En la mayoría de los casos, son las mujeres las que riegan a mano los cultivos.

"Una gran parte de la población del África Subsahariana no tiene seguridad alimentaria durante todo el año", asegura la directora del estudio, Jennifer Burney, del Programa sobre Seguridad Alimentaria y Medioambiente del Departamento de Ciencias Medioambientales de la Universidad de Stanford. "Esta población es eminentemente rural, y frecuentemente sobreviven con menos de un dólar por persona y día. Y a pesar de que la mayoría de ellos trabajan en la producción agrícola, entre el 50 y el 80% de ese dólar lo gastan en alimentación. "

Burney y el resto de los participantes en el estudio se dieron cuenta de que sólo el 4% de los cultivos del África Subsahariana usa riego. Lógicamente, las poblaciones que más inseguridad alimentaria viven, son las que hacen depender sus cosechas de la lluvia. En algunos lugares, como Benin, los periodos lluviosos se limitan a una estación lluviosa que dura entre tres y seis meses.
Las familias, por lo tanto, afrontan anualmente el reto de estirar las reservas alimentarias hasta la siguiente cosecha. Por lo tanto fomentar la introducción de la costumbre del riego es una de las formas de reducir la pobreza en la región, y de disminuir el riesgo de hambrunas. Este fenómeno se ha estudiado profusamente en Asia, pero no así en África.

Para contrarrestar la falta de datos, Burney y sus colegas recopilaron datos de varios sistemas de riego instalados en el distrito de Kalalé, en el norte de Benin. Los sistemas de bombeo solar fotovoltaico fueron instalados por una ONG especializada, denominada Solar Electric Light Fund (SELF).
"Como cualquier bomba hidráulica, las bombas solares ahorran mucho trabajo en zonas rurales donde tradicionalmente son las mujeres y las chicas jóvenes las que hacen este trabajo" , asegura el autor. A pesar de que el bombeo solar no está muy extendido por estas zonas, debido al alto precio que tiene para el nivel económico de la zona, estos sistemas duran muchos años, y a medio plazo resultan más económicos que el bombeo utilizando combustibles líquidos. Además, el bombeo solar puede realizarse sin necesidad de baterías, puesto que puede utilizarse la energía solar en el momento en que se produce para realizar el bombeo, almacenando el agua en la superficie. De esta forma, la instalación y mantenimiento es mucho más sencillo y económico.

En noviembre de 2007, el equipo de investigadores comenzó a colaborar con grupos locales de mujeres agricultoras de dos pueblos de Benin. Cada mujer disponía de 120 m2 de superficie de cultivo para sí misma. Varias hectáreas se destinaron al cultivo conjunto para financiar un fondo común para los pueblos.

Los investigadores escogieron otros dos pueblos donde no se utiliza el riego por bombeo como grupo de control; estas mujeres seguían regando a mano según los métodos tradicionales. Un año más tarde, se analizó la realidad de los pueblos, y los resultados fueron llamativos. Los pueblos que utilizaron riego por bombeo solar produjeron de media casi dos toneladas de productos agrícolas mensualmente, entre ellos tomates, pimientos, zanahorias y otras hortalizas. Las mujeres que utilizaron el bombeo solar se conviertieron en potentes productores de alimentos, y consiguieron un sueldo extra gracias a la venta de sus productos. Además, lógicamente, su salud mejoró gracias al aporte regular de vitaminas durante todo el año, y no sólo durante la estación húmeda. Estas mujeres ganaron de media un 18% de peso durante el año en que utilizaron el bombeo solar.

Según los autores del estudio, "las hortalizas penetraron rápidamente en los mercados locales". En resumen, la introducción del bombeo solar donde antes no lo había, mejoró significativamente las condiciones de vida del poblado donde se instalaron, y esto de forma sostenible, dado que la fotovoltaica no emite emisiones. De esta forma, la expansión de los sistemas de bombeo solar puede ser una estrategia para aliviar la pobreza de estos países.

Fuente:  Science Daily

domingo, 7 de febrero de 2010

Somalia muestra la peor situación humanitaria de su historia

Somalia muestra hoy la peor situación humanitaria en su historia al coincidir la guerra, la sequía extrema, hambruna y piratería, todo lo cual disparó a cifras millonarias los desplazados internos y los refugiados en países vecinos.


  Datos del Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR) dan fe que cerca de un millón y medio de somalíes huyeron del conflicto y 560 mil están refugiados, fundamentalmente, en las vecinas Kenya (55 mil), Yemen (32 mil), Etiopía (22 mil) y Djibouti (tres mil).
Solo en los primeros días del año, el ACNUR confirma que unos 63 mil civiles abandonaron sus hogares y viven en improvisados campamentos que cambian constantemente de lugar por los violentos combates entre las milicias radicales islámicas y tropas afines al gobierno.

Un caos sin precedentes asola en el país del cuerno africano, opinan expertos, donde reina la ingobernabilidad desde 1991 y una guerra intermitente e interminable agudizada desde mayo pasado entre los radicales musulmanes de Al Shabaab e Hizbul Islam.



Somalia está dividida por regiones autodeclaradas autónomas y resultan baldíos los intentos del Gobierno Federal de Transición (GFT) por controlar los disímiles flancos sin apenas recursos. Sus habitantes sufren también las consecuencias de la sequía, típica de esa región africana, agudizada por los efectos del cambio climático y la crisis económica internacional que lacera aún más la inseguridad alimentaria.



A inicios de 2010 el Programa Mundial de Alimentos (PMA) anunció la disminución de sus actividades en el sur del país por "razones de seguridad", entre otras, porque el movimiento de resistencia islámica de Somalia, Al Shabaab exigió la entrega de 20 mil dólares semestrales para garantizar la vida de empleados de ONU y puso como requisito el retiro de las mujeres de la misión.

Aunque la portavoz de la Oficina de Ayuda Humanitaria de la ONU, Elizabeth Byrs, aseguró que varias agencias trabajan en el resto de la nación africana, a pesar de afrontar difíciles condiciones y el secuestro, asalto o asesinato de varios colaboradores. Lo cierto es que crecen los temores de mayores desplazamientos de grupos de somalíes hacia los países cercanos y se avizora un agravamiento del conflicto.

En mayo pasado los rebeldes de Al Shabaab e Hizbul Islam comenzaron una embestida contra el GFT, presidido desde hace un año por el islámico moderado Sharif Sheik Ahmed, quien recibe el apoyo de la comunidad internacional.


Los rebeldes ocuparon gran parte del territorio nacional incluida Mogadiscio, la capital, donde solo en las últimas semanas ocurrieron sangrientos combates que dejaron alrededor de 150 muertos y 14 mil desplazados. Ambos grupos insurgentes luchan contra el GFT y además entre sí, por el control de las zonas conquistadas a las cuales les imponen la ley islámica (Sharia) en su forma más extrema, admitiendo lapidaciones y crueles castigos corporales.

La invulnerabilidad del país acrecienta con la retirada de la ayuda en algunas zonas de Somalia y con el retraso y descoordinaciones de las organizaciones humanitarias que en 2009 incumplieron su compromiso con la nación.

Parece imposible cumplir entonces el nuevo pacto trazado a fines de año de entregar 689 millones de dólares para mitigar la peor crisis que vive Somalia en los últimos 18 años de guerra civil. Un país sumergido en el caos político asomó en 2010 para presentar en una sola nación el retrato del subdesarrollo del continente, que continúa siendo el más pobre del mundo.

Fuente: Prensa Latina

sábado, 26 de diciembre de 2009

Kenia afronta una de las peores sequías de la última década

Se supone que aquí no debería haber sequía, a un par de horas por carretera al este de Nairobi, la capital de Kenia. En la zona de Mwingi viven pequeños agricultores y granjeros, que cuando llegan las lluvias, dos veces al año, plantan maíz y alubias en su espesa tierra roja y sobreviven con lo ya recogido hasta la siguiente estación húmeda. Pero en los últimos años no ha llovido nada.

Mafuo David, una mujer de 36 años con cinco hijos, asegura que su finca de poco más de una hectárea produce unos ocho sacos de maíz y alubias. Pero habla sólo en teoría, porque el año pasado el maíz murió y no logró recoger nada, y el año anterior sólo consiguió dos sacos de cosecha; y el anterior a ese, nada de nada.

A lo largo de África oriental y del sur las comunidades se enfrentan a situaciones de hambruna debido a una sequía que va camino de convertirse en la peor de una década o más. Veinticinco años después de que un reportaje de la BBC desde Etiopía diese lugar a Band Aid y después a Live Aid y nos hiciese llegar la imagen real de África contemporánea (los niños escuálidos, las moscas sobre sus ojos que miran indiferentes a la cámara), la hambruna se cierne sobre Kenia, Etiopía, Yibuti y Somalia, y hay escasez de alimentos en Sudán, Eritrea, Uganda y Tanzania.

La organización humanitaria Oxfam calcula que la vida de más de 23 millones de personas está en peligro, y que sólo sobrevivirán si se les facilita rápidamente comida de emergencia.
El Programa Mundial de Alimentos (PMA), dependiente de las Naciones Unidas, ha pedido 1.000 millones de dólares para poder dar de comer durante los próximos seis meses a los habitantes de esta región del mundo castigada por la sequía. Pero no le está resultando fácil conseguir el dinero en un mundo en donde la recesión está bloqueando las ayudas caritativas.

Cosechas fallidas y almacenes vacíos

Grandes espacios de esta franja de África están habitados por una población dispersa de pastores, granjeros semi nómadas que viven en tierras semiáridas o desérticas del norte de Kenia y el sur de Somalia y Etiopía.

Estos pastores están acostumbrados a la vida dura, en condiciones severas, pero los últimos años de sequía han diezmado sus rebaños y han hecho que su existencia sea más marginal y precaria que nunca.
Es tal la dureza de la sequía que los granjeros e incluso los habitantes de las ciudades necesitan ayuda para subsistir, una situación que ha empeorado debido al encarecimiento de los alimentos en el mercado. Los pobres no pueden permitirse comprar maíz cuando se terminan las reservas de sus cosechas.

“Ha habido cuatro cosechas fallidas, los almacenes están vacíos y también se han agotado los pequeños ahorros para comprar comida”
, explica Gabrielle Menezes, del PMA en Kenia, que está alimentando a 3,8 millones de personas en el país: a uno de cada 10 habitantes. Los programas de alimentación en las escuelas alcanzan ahora a 1,1 millón de niños, algunos de ellos en las zonas consideradas tradicionalmente como el granero de Kenia.

 



Mucha agua para cambiar la situación

Las montañas escarpadas y bosques achaparrados de Mwingi deberían de estar salpicados por campos de maíz y alubias. Pero en vez de eso, sus habitantes se pasan el día mirando al cielo en espera de las lluvias. Hace unos días cayeron las primeras gotas, y el hijo mayor de Mafuo David, de 16 años, pudo por fin arar la tierra, a mano, y colocar las preciosas simientes en pequeños huecos abiertos entre el barro.

Ella nos asegura que está feliz de que haya vuelto a llover, pero sabe que un poco de agua no va a cambiar la situación.  “Cada año llueve un poquito y podemos llegar a plantar, pero no crece. Si llueve durante tres meses, entonces tendremos una buena cosecha”, dice. Mientras tanto, su familia sobrevive con la escasa ayuda mensual que reciben de maíz, alubias y aceite para cocinar.


En un pueblo cercano, Mutindi Maithya, de 36 años, también desea que la lluvia se prolongue. Ella complementa la ayuda de alimentos que recibe para su familia de seis hijos con el dinero que gana lavando ropa para los vecinos o cortando setos.

Aumentan las epidemias

Pero la lluvia en época de sembrado significa que no habrá tiempo para trabajar en otras cosas, así que los meses que vienen se presentan más duros. Y eso que para ella y su familia ya es extraño poder tener más de dos comidas al día, siendo la primera una simple taza de té negro con azúcar.
Las lluvias probablemente servirán de poco. En algunas partes del norte de Kenia ya se han producido inundaciones, lo que dificultará aún más el transporte de los alimentos a los hambrientos, ya que las carreteras se han convertido en mares de lodo.



También aumenta el riesgo de epidemias de malaria, cólera y enfermedades que se transmiten por el agua. El ganado, débil por el hambre y la sed, puede sucumbir rápidamente con el frío. En las zonas de cultivos, las inundaciones arrastran las capas fértiles de la tierra y las valiosas semillas. “La lluvia cambia el tema del agua, pero no acaba con el hambre”, apunta Menezes.

Texto y foto: Tristan McConnell 

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Se acuerdan de nosotros y nos premian. Gracias

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(Marzo 2009)

Concedido por Ong Mediterránea (Marzo 2009)

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Concedido por Bet y Marc de "Camí d'África" (Julio 09)

Concedido por Kagurafrica (Octubre 2009)