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martes, 24 de noviembre de 2015

Malawi abandonada a su suerte a causa de la corrupción

«Después de tres años abandonados a nuestra propia suerte, sabemos que no recibiremos más ayuda externa para el país: tenemos que construir el desarrollo desde dentro», este fue el mensaje de Arthur Peter Mutharika, presidente de Malawi, para tratar de movilizar al país. «Pero, de hecho, en el mensaje se afirma que la población está abandonada a sí misma», comenta el padre Gamba, misionero en el país africano.

El presidente hizo referencia a la suspensión de las ayudas internacionales debido al cashgate, la malversación realizada por políticos y funcionarios corruptos, de los fondos donados por los Estados y las instituciones internacionales para ayudar en el balance del Estado en Malawi.

«Mutharika en su discurso prometió que se aprobarán nuevas leyes, incluida una que liberaliza la información (acceso a la información). Algo que lleva esperándose más de veinte años, prometida y luego olvidada, esta ley finalmente hará que la radio y la televisión estatal estén al servicio del pueblo y no sólo del partido en el poder», dice el misionero.

Otra ley muy esperada es la de la propiedad de la tierra, ya que Malawi es un país con una alta densidad de población, donde los campesinos no tienen tierras, mientras que grandes extensiones están en manos de unos pocos ricos. «Va a ser difícil que una ley por sí sola pueda dar respuestas a las expectativas de la población», dice el padre Gamba.

«Las expectativas de justicia de la población difícilmente podrán ser satisfechas por la conclusión del largo proceso sobre el cashgate, que en cinco años ha vaciado las reservas de Malawi de miles de millones de dólares e interrumpido para siempre las ayudas internacionales que permitían sobrevivir al país. La reducción del 50% del suministro ya limitado de electricidad no asusta a la gente, que ya sufre. Ni siquiera la lepra, que ha reaparecido con muchos contagios. Es el hambre lo que pone a prueba al país. Para los próximos meses no queda suficiente comida. Nos espera una Navidad pobre, sobre todo para los 15 distritos que el pasado enero se vieron afectados por graves inundaciones», dice el padre Gamba.

En todo esto recordamos la reciente visita a Malawi del Secretario de Estado Vaticano para las Relaciones con los Estados, Su Exc. Mons. Paul Richard Gallagher, al que el Presidente expresó su reconocimiento por la gran ayuda ofrecida por la Iglesia católica al país: desde el apoyo a la transición democrática, a la promoción de la paz, al compromiso en el campo de la educación y la salud. El Presidente invitó formalmente al Papa Francisco a visitar Malawi.

Fuente: Fides

jueves, 23 de abril de 2015

Burundi, los más pobres de los pobres

Este territorio africano vuelve a ser noticia, aunque poco divulgada, por las renovadas tensiones entre las etnias dominantes, que han dejado a más de 600 000 personas sin hogar y sin alimentos.
Ya conocía de la vida en Burundi por los relatos de Mario Verdugo, un buen amigo exdiplomático, exfutbolista y escritor jatiboniquense (Sangre de Jurados), de cómo a pesar de la malnutrición, vivían allí las personas más altas del planeta, con niños que sonreían y hasta jugaban sin tener nada que llevarse a la boca, inocentes de la herencia de explotación y muerte dejada por el colonialismo en uno de los países más pobres del mundo.


Este territorio africano vuelve a ser noticia, aunque poco divulgada, por las renovadas tensiones entre las etnias dominantes, que han dejado a más de 600 000 personas sin hogar y sin alimentos, recordando aquel 1993, año de matanza de hutus por tutsis, con más de 200 000 muertos y 500 000 desplazados, sin que Occidente, y principalmente Francia, hicieran algo para evitarla cuando tuvieron la oportunidad.

El lamentable hecho llevó la inestabilidad a la región y estuvo vinculado con el aún mayor genocidio de 1994 en Ruanda. De sus habitantes escribió un poeta que «Son pobres que no tienen nada de nada/ No piden limosna, no.../ Ni venden alfombras de lana./ Tampoco elefantes de ébano».

Pero mientras el 66,9% de la población vive en la miseria, hay una minoría que disfruta de unas condiciones materiales cada vez mejores.

Este país de África Oriental tiene el segundo Producto Interno Bruto más bajo, según el Banco Mundial, después de la República Democrática del Congo. Tras el sangriento genocidio y la estela de una guerra civil que duró 12 años, sigue sin recuperarse y carece de infraestructuras sanitarias y médicas apropiadas. Por no hablar de centros de educación adecuados.

Posee solo 600 kilómetros cuadrados de bosque: el resto fue defoliado, debido a la gran densidad de su población. Los más de siete millones de habitantes viven en unos 27 000 kilómetros cuadrados. Hay solo un 7% de carreteras asfaltadas y no hay ferrocarriles, aunque dispone de un aeropuerto internacional en la capital y otros siete aeródromos.


Volviendo a los más pequeños, son los que más sufren estas precarias condiciones. El índice del respeto de los derechos del niño en el país es de 4,67 puntos sobre 10, lo que significa que la situación es muy grave.

Casi la mitad de la población no tiene acceso a agua potable, por lo que muchos, sobre todo en zonas rurales, se ven obligados a hidratarse con agua sucia, lo que causa graves consecuencias en la salud. La esperanza de vida asciende a tan solo 50,4 años. Malaria, diarrea y VIH-SIDA son algunas de las enfermedades más frecuentes.

  La alfabetización adulta masculina ronda la mitad de los habitantes, y la femenina cerca de un cuarto. Según los datos recientes, un 70% de los niños reciben educación, aunque la escolarización es obligatoria hasta los 12 años. Lamentablemente, los menores no tienen mucho tiempo para estudiar: uno de cada cinco es obligado a trabajar para ayudar con las necesidades familiares. La Universidad de Burundi es la única del país y fue fundada en 1960. La medicina tampoco tiene un buen nivel: hay solo un médico por cada 37 581 habitantes.

Detrás de la violencia

Independientemente de las diferencias entre etnias, insufladas por el neocolonialismo, los monopolios están detrás de las riquezas de una nación donde fue detectado el 5% de las reservas mundiales de níquel, además de las de oro, platino y otros metales. Además, fue descubierto petróleo, que está siendo explotado por la transnacional AMOCO.

Es el principal exportador mundial de café, aunque la extrema sequía y la mala atención a las tierras han dañado seriamente a una economía que depende de la agricultura, la silvicultura y la pesca, así como de las cosechas de té, algodón, yuca y boniato.

China ha estado asistiendo a la nación en materia de salud, y en un programa de recuperación de cultivos intensivos de oleaginosas, caña de azúcar y frijoles, entre otros, lo cual favorece, además, la creación de granjas cooperativas; pero la mala convivencia étnica y las maniobras occidentales para alejar cualquier influencia de la nación asiática han estado contribuyendo al mantenimiento de una situación tan precaria como volátil.

Subrayemos que más de 600 000 personas desplazadas por nuevos brotes de violencia se hallan al borde de la inanición en Burundi, donde las constantes violaciones del acuerdo de cese al fuego, combates esporádicos entre fuerzas del gobierno y opositores, atentados personales y la inseguridad alimentaria, mantienen en vilo a la población. Y es que las divisiones dejadas por el colonialismo y la ambición de intereses imperiales relacionados con esos conflictos étnicos, son los principales responsables de que en Burundi subsistan los más pobres de los pobres.

Fuente: CUBASI
Texto: Arnaldo Musa

viernes, 10 de enero de 2014

Aumenta la mendicidad infantil en Senegal

Siete noches a la semana, Cheikhou de 13 años y su hermano menor Bamba se dirigían a una cabaña de madera que compartían con decenas de otros niños descalzos que se dedicaban a la mendicidad. Acostados, todos cubrían el piso con sus cuerpos.

Una noche alguien tiró una vela y aquel lugar se convirtió en un infierno. Cheikhou se despertó ante los gritos de las personas. Se sumó a unos 50 menores que intentaban huir por la puerta mientras los vecinos llenaban cubos de plástico con agua en un intento inútil por sofocar el fuego.

Cheikhou logró ponerse a salvo, pero al menos ocho chicos perdieron la vida, entre ellos su hermano de 10 años y tres primos de menor edad.

La tragedia atrajo nuevamente la atención a la situación de decenas de miles de talibes (alumnos religiosos islámicos) senegaleses que son obligados a la mendicidad.


Los niños talibes (estudiantes religiosos islámicos) duermen apiñados en un cuarto que también sirve de salón de clases y lugar para vivir en una daara, una escuela de internado, en el suburbio de Medina Gounas de Dakar, Senegal, el 24 de septiembre de 2013. Los niños en estos lugares son obligados a mendigar, según las autoridades.

En este país del oeste de África, más de 50.000 chicos son obligados a mendigar durante los años que pasen en las escuelas de internado llamadas daaras, según la organización Human Rights Watch.

El gobierno de Senegal ha intentado durante años prohibir la práctica, pero está profundamente arraigadal, donde muchos padres pobres la consideran la única opción educativa para sus hijos.

Un número desconocido de talibes han muerto arrollados mientras mendigaban entre el tránsito, pero la tragedia ocurrida en marzo parecía que tendría un peso importante. Tres morabitos (profesores) fueron detenidos para interrogarlos y el presidente Macky Sall dispuso el cierre de todas las daaras que no reunieran los requisitos de calidad.

"Se adoptarán medidas para poner fin a la explotación de los menores con el pretexto de que son talibes", dijo Sall. "Esta tragedia nos obliga a intervenir e identificar todos estos sitios donde existan. Estos lugares serán cerrados y los niños devueltos a sus padres", agregó.

Sin embargo, nueve meses después de aquellas palabras firmes, nadie está detenido y tampoco fue cerrada ni una sola daara.

"En verdad nos sentimos traicionados... es verdadera esclavitud", dijo Bamba Fall, alcalde adjunto en el vecindario de Medina, de Dakar, donde ocurrió el fatal incendio.

El funcionario cree que el caso penal fue desechado por exigencias de los líderes religiosos de mayor rango.

En entrevista con The Associated Press, Fall afirmó: "Los niños eran explotados de día y apiñados de noche; hasta que murieron".

Texto: Krista Larson 
Fuente: El Nuevo Herald

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