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jueves, 25 de agosto de 2016

Explotación y tráfico de niños en África: una realidad en Togo y Gabón


La explotación y el tráfico infantil siguen siendo un problema sin resolver pese a que, en países como Togo y Gabón, las autoridades han adoptado en los últimos años leyes para tratar de atajarlo que sin embargo apenas están teniendo cumplimiento.

Ante ello, la sensibilización es clave, indica a Europa Press la misionera Covadonga Orejas, que trabaja en proyectos en estos dos países. “El tema de la trata y el reconocimiento del problema en los países en los que me muevo es reciente. Solo a partir del año 2000 después de una serie de encuentros internacionales, los gobiernos aceptaron que había un problema, aprobaron leyes y acogieron propuestas para combatirlo”, explica.

“En países en los que la comunicación es difícil y la educación escasa, que exista una ley no quiere decir ni que la conozcan ni que la apliquen”, subraya esta misionera carmelita vedruna, que vive desde hace 12 años en el continente. Por ello, siguen siendo necesarios “esfuerzos para divulgar la legislación existente contra el tráfico y sensibilizar a gobierno y sociedad para que la protección a las víctimas sea real”.

“No todo el mundo entiende que si una menor es extranjera tiene los mismos derechos que un niño del país”, incide Orejas, que trabaja en proyectos en ambos países destinados a la “protección de los menores en dificultad”.

 En el caso de Togo, el Centro KEKELI gestionado por las hermanas carmelitas vedrunas, ayuda a niñas víctimas de abuso sexual y a aquellas que trabajan y son explotadas en el mercado. Muchas de estas niñas han abandonado sus pueblos para viajar a la ciudad en busca de un futuro mejor y para ayudar a sus familias.

La realidad con la que se encuentran es muy distinta: en muchos casos nadie les paga, sufren malos tratos y reciben una alimentación deficiente, además de no poder ir a la escuela, explica la misionera, que también trabaja con niñas víctimas de abusos sexuales.

Dentro de una federación de asociaciones que luchan contra el tráfico, RELUTET, el Centro KEKELI trabaja en la “sensibilización en colegios y barrios para educar a niños y adultos sobre lo esencial de la protección del menor” y para que conozcan las leyes y acuerdos internacionales sobre la materia.

“Desgraciadamente aún tenemos el testimonio de maestros que nos explican en los pueblos de Togo cómo al comienzo del año tienen la clase llena y cómo se van yendo los jóvenes hacia Nigeria y Gabón para buscar una salida a la miseria”, lamenta.

En Gabón, las misioneras gestionan dos centros, Arcoiris y Esperanza, en los que acogen a niños y niñas que son víctimas de la trata y de cualquier otro tipo de violencia, así como a niños de la calle. En este caso, según Orejas, “el riesgo de exclusión o de terminar en prisión son fuertes”.

Hasta estos centros, según la misionera española, han llegado incluso menores procedentes de Camerún y de Congo, lo que demuestra que “es un fenómeno internacional”. La dificultad para combatirlo está, además de en la corrupción que permite la aparición de estas redes internacionales, “en la miseria de los lugares de origen que obliga a los menores a luchar por la supervivencia”, resalta.

En algunos casos, esta lucha les lleva “hasta el punto de arriesgar su vida en pateras, ser drogados durante el viaje, maltratados al llegar a su destino, ‘cosificados’ pues se comercia con ellos y a recibir un tratamiento inhumano para someterles por la violencia y obligarles a producir al máximo”.

Como en Togo, el trabajo de sensibilización también es fundamental en Gabón, donde las misioneras trabajan en colegios y mercados para recuperar a los menores que están pasando por situaciones difíciles puesto que los servicios sociales del Estado no realizan el trabajo de barrios o de calle, lo que genera “mucha indefensión”.

Asimismo, participan en las reuniones del Gobierno en las que se discuten leyes que afectan a los menores y realizamos informes complementarios a los del Ejecutivo. Sin embargo, según reconoce, todavía hay “muchas asignaturas pendientes en Gabón en lo relativo al tráfico de personas”.

“En el año 2000 la sensibilización se hacía continuamente pero se ha ido dejando y la corrupción ha impedido que a pesar de la ley de 2004 hayamos visto una sola condena de una persona gabonesa por tráfico de personas”, lamenta la misionera.

Para la hermana Covadonga, lo más “impresionante” de su trabajo es “experimentar al lado de las jóvenes que padecen este crimen, el proceso que se da en ellas”. Según explica, “llegan abatidas, enfermas, humilladas, deprimidas y después de un tiempo vamos viendo cómo cambia su rostro, recuperan la fuerza, aprenden a leer y a escribir, se atreven a contar su historia”.

“Y así llegan a rehacer su proyecto de vida, con objetivos de formación a corto plazo, el ahorro a medio plazo y la idea de regresar y recomenzar en su país con el tiempo”, añade la religiosa, subrayando que “cada caso es único”. “Hay que permanecer cerca para que tengan al menos una oportunidad de no quedarse atrapadas en las redes de la explotación y el abuso”, remacha.

Manos Unidas ha financiado con más de 57.000 euros la construcción por parte de las carmelitas vedrunas del centro KEKELI, al que asisten desde diciembre de 2015 más de 700 niñas rescatadas de un mercado situado a las afueras de Lomé, la capital. Este proyecto también cuenta con el apoyo de la Diputación de Vitoria.

Asimismo, Manos Unidas ha respaldado con 38.800 euros el proyecto ‘Formación y prevención comunitaria contra el maltrato infantil’ llevado a cabo por las religiosas en Gabón desde 2013 gracias al cual 970 niños en situación de vulnerabilidad están recibiendo formación y sensibilización sobre las posibles situaciones de trata y abusos a los que pueden enfrentarse.

Fuente: Irispress

domingo, 21 de agosto de 2016

El 98 % de las mujeres y niñas en Somalia han sufrido ablación

El 98% de las mujeres y niñas han sufrido ablación en Somalia, la tasa más alta en todo el mundo, debido a que la extirpación genital femenina sigue siendo una práctica cultural "universal" en el país, alertó hoy Unicef.

En el informe "Análisis de la situación de los niños en Somalia 2016" presentado hoy en Mogadiscio, Unicef alerta de que este conflictivo país del Cuerno de África es uno de los menos seguros en el mundo para los menores, que solo durante año pasado sufrieron más de 2.000 violaciones graves. A pesar de los esfuerzos para frenar la ablación por parte de sanitarios, grupos civiles, clero y agencias de ayuda, esta práctica sigue siendo habitual y supone un importante riesgo para la salud de todas las jóvenes somalís, advierte el informe.


Además, los matrimonios infantiles siguen siendo una práctica habitual en Somalia, donde las autoridades y líderes religiosos no priorizan la protección de las chicas y cerca de la mitad de los matrimonios se producen con menores de 18 años, denuncia Unicef. Esto se debe, entre otros factores, a la pobreza sistemática, la escasa escolarización, los altos niveles de mortalidad y el largo conflicto armado que azota el país.

"El futuro de la mayoría de las niñas en Somalia puede ser desolador. Nuestras leyes les pueden dar derechos y garantizar la igualdad hasta cierto punto, pero en la práctica todos sabemos que sus derechos son violados con frecuencia", lamentó la ministra de la Mujer, Zahra Samatar, quien prometió que su Gobierno desarrollará un plan para ofrecer un futuro a mujeres y niñas.

Somalia también tiene una de las tasas de mortalidad infantil más altas del mundo, ya que uno de cada siete niños no llega a su quinto cumpleaños y más de 300.000 menores de cinco años sufren malnutrición aguda.


El informe también alerta de los bajos niveles de escolarización en el país, donde más de la mitad de los niños no acuden al colegio. "Los niños menores de 18 años suponen más de la mitad de la población y necesitan ser el centro de la agenda humanitaria y de desarrollo", aseguró el representante de Unicef en Somalia,

Steven Lauwerier. Junto a los niños, las mujeres somalís también afrontan problemas sanitarios graves: cada tres horas muere una mujer por complicaciones relacionadas con el embarazo, apunta el informe. Somalia vive en un estado de guerra civil y caos desde 1991, cuando fue derrocado el dictador Mohamed Siad Barré, lo que dejó al país sin un Gobierno efectivo y en manos de milicias islamistas, caudillos tribales y bandas de delincuentes armados.

Fuente: Antena 3

miércoles, 17 de agosto de 2016

Los cristianos de Sudán en peligro de "limpieza étnica"

El 11 de julio de 2011, hace cinco años, Sudán del Sur se convirtió en el país más joven del mundo, después de la secesión con el norte. Tras una larga disputa acerca del lugar donde debía establecerse la frontera, se decidió que los estados predominantemente cristianos de Kordofán del Sur y el Nilo Azul de Sudán permaneciesen en el norte, de mayoría musulmana sunita. Desde entonces, en los últimos cinco años, el gobierno de Sudán ha llevado a cabo una campaña de bombardeos contra esta conflictiva región, rica en recursos.

Los cristianos de Sudán se encuentran entre los cientos de miles de personas que han sido desplazadas por la violencia y cuyas casas, cultivos, iglesias, escuelas y hospitales han sido destruidas. En el último incidente, en el mes de junio, la única escuela secundaria del condado de Umdorain, en el estado de Kordofán del Sur de Sudán, fue destruida.

En abril, el Departamento de Estado de EEUU designó por décimo año consecutivo a Sudán como un “país de especial preocupación”, conforme a la Ley de Libertad Religiosa, al “haber participado o tolerado en particular violaciones graves a la libertad religiosa”.


Un nuevo informe de Puertas Abiertas menciona ahora que los cristianos sudaneses, especialmente aquellos en los estados de Kordofán del Sur y Nilo Azul, han estado enfrentándose a la “limpieza étnica” y aún continúan enfrentándose a ella.

El modus operandi del gobierno de Sudán consistía en conquistar a los cristianos, convertirlos y / o acabar con ellos. Según este informe, los sucesivos regímenes islamistas han intentado convertir a Sudán en un estado bajo la ley sharia donde no se reconocen a otros grupos religiosos y con castigos duros para la apostasía, blasfemia y difamación del islam.

Estas leyes han sido particularmente duras en términos étnicos contra los cristianos africanos (a diferencia de los árabes), señala el informe, que refiere el caso prominente de Meriam Ibrahim, quien fue condenada a muerte en 2014 por convertirse del islam al cristianismo y que la final fue liberada y pudo asentarse en Estados Unidos.

Tras la independencia de Sudán del Sur, muchos cristianos en Sudán, especialmente aquellos cuyas raíces familiares se encontraban en lo que es hoy Sudán del Sur, se vieron obligados a abandonar el país ya que el gobierno se embarcó en la misión de crear una “nación homogénea” en la que el islam es la única religión, según indica el informe.

El informe, que también evalúa el historial del gobierno de Sudán en los últimos 30 años y considera las tendencias actuales, llega a la conclusión de que los ataques contra los cristianos en los estados de Kordofán del Sur y el Nilo Azul son “sistemáticos” y “extendidos” en su naturaleza y por lo tanto califican como “limpieza étnica “. De acuerdo con el informe, el modus operandi en los años 80 y 90 era “conquistarlos, convertirlos y / o acabar con ellos”. Esto continuó después de la guerra entre Sudán y el SPLM / N, movimiento político relacionado con el Ejército de Liberación del Pueblo de Sudán (SPLA en inglés: “Sudan People’s Liberation Army”), que luchó por la independencia de Sudán del Sur.

El informe concluye que el Gobierno de Sudán ha estado utilizando medidas administrativas no violentas, junto con la acción militar, para cumplir su misión. Se dice que los militares de Sudán han bombardeado aldeas civiles y tierras agrícolas, obstaculizando la siembra de los cultivos y obligando a la gente a vivir en cuevas. Otros estudios realizados por USCIRF, siglas en inglés de “Vigilancia de los Derechos Humanos y de los Derechos de África” indican también que son consistentes los testimonios de ataques “sistemáticos” y “generalizados” en contra de los cristianos.

El informe de la USCIRF señala: “Violando el derecho internacional de los conflictos armados, las Fuerzas Aéreas Sudanesas atacaron lugares de culto a través de ofensivas terrestres y bombardeos aéreos. Cuatro de las cinco iglesias de Kadugli fueron destruidas y atacadas sus oficinas y casas de huéspedes … Pastores episcopales y un Consejo de Iglesias de Sudán, representantes en Kadugli, describen puertas y ventanas tiradas abajo, documentos y papeles religiosos destrozados, áreas de las iglesias quemadas y equipos, vehículos y equipos electrónicos sustraídos”.

Respecto a los ataques contra civiles en las Montañas de Nuba (parte de Kordofán del Sur), las conclusiones del informe de Puertas Abiertas están en línea con las pruebas enumeradas en los Informes de Nuba (un sitio web que narra los ataques contra el pueblo de Nuba, pero sin registrar la afiliación religiosa de las víctimas) y con incidentes reportados por otros grupos de defensa de derechos que trabajan con la gente de Nuba. De acuerdo con los informes, las fuerzas del Gobierno, en especial la aérea, han estado atacando a civiles sistemáticamente durante años. En un extenso informe del 2015 sobre los ataques contra civiles en Kordofán del Sur, Amnistía Internacional documentó el bombardeo de hospitales, escuelas, campamentos de desplazados internos y organizaciones de ayuda. Una vez más, el informe de Amnistía Internacional no enumera afiliación religiosa; sin embargo, el informe de Puertas Abiertas indica que se está apuntando expresamente a los cristianos.

Fuente: Gaceta Cristiana

sábado, 13 de agosto de 2016

Chad, el lago de los olvidados

El mítico lago de Chad, antiguamente una de las reservas de agua dulce más grandes del mundo, aparece en el horizonte mutado, reconvertido en una sucesión de ríos, islas y balsas salpicando masas verdes de vegetación y el ocre de la tierra. Al fondo, el agua se confunde con el reflejo del intenso sol que nos aguarda.

En los años sesenta, el lago de Chad medía 25.000 kilómetros cuadrados –algo más que la Comunidad Valenciana– pero lleva años en retroceso. La falta de lluvias, el avance de la desertización y la sobreexplotación humana han llevado a que actualmente ocupe entre 2.500 y 12.000 kilómetros cuadrados, según el año y la temporada. En sus orillas viven 20 millones de personas de cuatro países diferentes (Chad, Níger, Nigeria y Camerún) que se lo repartieron a golpe de tiralíneas. No reina la paz en este medio natural único. En el último año, el lago se ha convertido en “un escenario de guerra”, según Acnur, por el avance de la secta terrorista Boko Haram.



En sus orillas hay alrededor de 2,3 millones de personas desplazadas –la mayor parte de ellas en Nigeria, ver mapa adjunto– debido a las acciones de Boko Haram pero también a las operaciones de seguridad llevadas a cabo por los ejércitos nacionales para cortarle el paso. La región, proclive a los problemas de desnutrición, vive inmersa en una crisis humanitaria que no cesa y que ha escapado del radar de la opinión pública internacional.

Boko Haram surgió en Nigeria como movimiento de contestación social en el 2002. Se pasó al terrorismo en el 2009 y el año pasado juró fidelidad al autodenominado Estado Islámico. La falta de educación, infraestructuras y perspectivas de futuro han arrojado a muchos a sus brazos. Su territorio está en retroceso pero aún controla unos 20.000 kilómetros cuadrados al este de Nigeria. El grupo ha causado más de 20.000 muertes.


Boko Haram (literalmente, la educación occidental es pecado) ha encontrado en las orillas e islas del lago un escondite ideal desde el que lanzar ataques terroristas a los países vecinos, como empezó a hacer con intensidad a finales del año pasado. Los milicianos de Boko Haram llegaron al pueblo de Mawua hace un año. “Vinieron un jueves por la mañana y nos dijeron que teníamos que irnos esa tarde. Algunos nos negamos pero al final todo el mundo se fue, salimos huyendo” mientras arrasaban el pueblo, explica en el campo de desplazados internos de Melea, a unos 40 kilómetros de Bol (Chad).

Mawua tiene 31 años y cinco niños. Con su marido, recorrieron los 60 kilómetros a pie y en piragua para buscar refugio. Llegaron con lo puesto. No tenían mucho pero antes podían vivir de la agricultura y la pesca. Ahora pasa los días sin nada que hacer. Quieren instalarse pero no pueden trabajar la tierra y no tienen útiles para pescar. “Nuestra vida es mucho más difícil ahora que antes pero no quiero volver, no es seguro allí”, cuenta, negando con la cabeza. Es buduma, etnia de la que los kanembu sospechan de simpatizar con Boko Haram.


Nadie sabe por cuánto tiempo estará en este campo de desplazados, uno de los más de cien de Chad y que acoge entre 4.000 y 5.000 personas que dependen de la ayuda alimentaria. A Bintu, una abuela de 82 años, la sacaron como pudieron de su casa. Tiene las dos piernas inmovilizadas. Llegó en dromedario y piragua y ahora pasa los días quieta bajo una chabola de paja, luzca el sol o llueva. “Estoy enferma y agotada, y no tengo ningún deseo de volver”, remata la anciana, que en la huida perdió de vista a sus hijos. Depende de la solidaridad de sus vecinos para alimentarse porque, cuenta, no tiene los papeles para recibir ayuda.

En otros casos, fue el ejército chadiano quien ordenó a la población abandonar sus casas en las islas para limpiar la zona de elementos de Boko Haram. Es la historia de la mayoría de los habitantes del campo de desplazados de Yakoua, que La Vanguardia también visitó en un viaje organizado por la Oficina Humanitaria de la Comisión Europea.

La crisis provocada por los siete años de campaña de terror de Boko Haram alcanza dimensiones gigantescas en su país de origen. Los desplazados siguen llegando a miles cada día a los pueblos e inmensos campamentos en el estado de Borno, al noreste del Nigeria, huyendo por sus propios medios de los terroristas o evacuados por el ejército.

La prioridad del Gobierno nigeriano, afectado por la caída del precio y la producción de petróleo, es derrotar a Boko Haram, no las necesidades básicas de los desplazados. Borno, antiguo granero del país, está devastado y la región se encuentra al borde de la hambruna, alerta Naciones Unidas, acusada por algunas oenegés de haber abierto los ojos tarde ante el drama que se estaba gestando.


“Lo que vi hace unos días en mi visita a tres campos fuera de la capital, Maiduguri, fue terrorífico. Gente tirada por el suelo, que no podía ni mantenerse en pie, esperando la muerte. Niños muriendo a diario. Gente que no ha tenido ningún tipo de asistencia de nadie durante demasiado tiempo. Podemos preguntarnos porqué ha sido así pero lo importante es decidir qué vamos a hacer”, replica Toby Lanzer, coor-dinador de ayuda humanitaria de la ONU para el Sahel. Lanzer confía en que las partidas de ayuda humanitaria anunciadas por la UE y EE.UU. para la región del Lago de Chad (18 y 58 millones de euros respectivamente) permitan actuar.

La crisis de Boko Haram saltó a los países vecinos a través del lago el año pasado, con atentados en Níger, Chad y Camerún. Los desplazamientos de personas no cesan. En mayo y junio, los combates en la región de Diffa (Níger) expulsaron a 76.000 personas. En Chad, el presidente, Idriss Déby, decretó el estado de emergencia en la región del lago en noviembre después de varios atentados suicidas perpetrados por Boko Haram en su territorio. En algunos emplearon niñas drogadas, cargadas de explosivos.

También Yamena, la capital chadiana, está sujeta a medidas de seguridad especiales. Hay toque de queda y se ha reforzado la ya importante presencia militar en las calles. La ciudad acoge la Fuerza Militar Conjunta creada por Chad, Níger y Camerún. Dotada con 8.700 efectivos, libra una guerra brutal contra los yihadistas. El balance de sus operaciones es por ahora discreto. Su lucha contra el yihadismo ha convertido a Déby, que lleva 26 años en el poder y acaba de ser reelegido, en el aliado de preferencia de Occidente en la región.

“Boko Haram no es sólo un problema militar. Sus raíces están en unas condiciones socioeconómicas muy difíciles y hay que buscar soluciones desde varios ángulos. Es lo que hemos transmitido a las autoridades de Chad”, explicó Christos Stylianides, comisario europeo de Ayuda Humanitaria al término de una visita conjunta con Lezard y Susan Richards (US Aid).

Stylianides defiende actualizar el concepto de asistencia e incluir más acciones en el terreno de la educación. “Hay que trabajar en la educación y la extrema pobreza. Ambos factores son por desgracia un caldo de cultivo fértil para la radicalización. Debemos afrontar estos problemas para reducir la influencia de Boko Haram y los flujos migratorios a Europa”. Con otras palabras, Kantuma Abaka, una desplazada del campo de Melea, comparte su análisis. “Donde hay educación no hay crisis, no hay Boko Haram. Si hubiera habido escuelas, esto no habría pasado. Mucha gente llegó aquí pero como no hay de nada, porque no hay escuelas y muchos no encuentran nada que comer, volvieron a las tierras de Boko Haram”.

En Chad, la problemática humanitaria es más amplia. El país, con un 11,7% de su población afectada por desnutrición aguda, ha acogido a miles de personas que huyen de los conflictos que lo rodean por los cuatro puntos cardinales. Al norte, Libia, paraíso de yihadistas y traficantes. Al sur, República Centroafricana, donde continúan las matanzas religiosas. Al este, Sudán y Sudán del Sur. Y al oeste, Nigeria, cuna de Boko Haram, la siniestra sombra que planea sobre el lago.



Nigeria permite acceder a la zona

El panorama que las organizaciones internacionales se han encontrado al entrar a las zonas del estado de Borno, al noreste de Nigeria, que han pasado dos años bajo el control de Boko Haram es desolador: ciudades arrasadas llenas de personas desplazadas sin acceso a agua, alimentos ni la higiene más básica. Las autoridades de Nigeria, volcadas en el combate militar contra el grupo yihadista, se han resistido a facilitar el acceso a estas zonas recuperadas alegando problemas de seguridad pero finalmente han permitido entrar a parte del territorio.

A la vista de la situación, el Gobierno se ha comprometido a permitir la llegada de ayuda humanitaria. Tras visitar la zona escoltada por el ejército, la agencia Unicef ha advertido que 250.000 niños sufren malnutrición severa grave y un elevado riesgo de muerte. Hasta 49.000 perderán la vida si no se actúa urgentemente. La magnitud real del desastre humanitario se desconoce porque siguen habiendo amplias zonas del estado de Borno que son inaccesibles.

Fuente: LA VANGUARDIA

sábado, 6 de agosto de 2016

"Hienas", los hombres a los que pagan para tener relaciones sexuales con niñas en Malawi

En algunas áreas remotas del sur de Malawi es tradición que las niñas tengan relaciones con un trabajador sexual de pago, conocido como "hiena", una vez alcanzada la pubertad. Los ancianos de los pueblos no consideran el acto una violación, sino un ritual de "limpieza".

Sin embargo, tiene el potencial contrario, el de ser una vía para propagar enfermedades, según explica el periodista de la BBC Ed Butler desde el país africano.


Me encuentro con Eric Aniva en el polvoriento patio de su rústica casa de tres cuartos en Nsanje, un distrito del sur de Malawi, mientras las cabras y las gallinas buscan comida entre la basura. Luce una camisa verde y sucia, camina con una pronunciada cojera que sufre desde niño, según cuenta, y me saluda con entusiasmo. Diría que le gusta la atención de la prensa.

Aniva es, a decir de todos los habitantes, la preeminente "hiena" de este pueblo. El de "hiena" es un título tradicional que en varias áreas remotas del sur de Malawi se otorga a un hombre al que la comunidad paga para que lleve a cabo rituales de "limpieza" sexual. En varios distritos, a este rito suelen tener que someterse mujeres que quedaron viudas o aquellas que sufrieron un aborto.
Sin embargo, aquí en Nsanje, son las adolescentes quienes, después de haber tenido su primera menstruación, deben tener relaciones sexuales con la "hiena" durante tres días. Este ritual marca su paso de la infancia a la edad adulta. Y en caso de que se nieguen a someterse a ello, se cree que su familia, incluso el poblado entero, podría caer en desgracia.

"La mayoría con las que dormí fueron niñas, niñas en edad escolar", me reconoce Aniva. "Algunas tienen tan solo 12 o 13 años, aunque yo las prefiero mayores", dice. "Todas estas chicas encuentran placer en tenerme como su hiena. De hecho, están orgullosas de ello y le dicen a la gente que éste -él mismo- es un hombre de verdad, que sabe cómo darle placer a una mujer".


Pero a pesar de sus alardes, varias niñas a las que conozco en un poblado aledaño me muestran su aversión ante la dura prueba por la que tuvieron que pasar. "No había nada que pudiera hacer. Tenía que someterme a ello por el bien de mis padres", me cuenta una de ellas, María. "Si me hubiera negado mis familiares habrían enfermado, incluso muerto. Y eso me asustó", cuenta. Estas niñas me contaron además que a todas sus amigas las habían obligado a tener sexo con la hiena.

Aniva parece tener unos 40 años -habla de su edad con imprecisión- y tiene dos esposas, ambas conscientes de su trabajo. Afirma haber tenido relaciones sexuales con 104 mujeres y niñas. Aunque esa misma cifra fue la que le mencionó a un diario local en 2012, por lo que sospecho que hace tiempo perdió la cuenta.

El hombre, que él sepa, tiene cinco hijos. Aunque no está seguro de si ha dejado embarazadas a más mujeres o niñas. Me explica que es una de las 10 hienas de su comunidad y que requieren sus servicios en cada uno de los poblados del distrito de Nsanje. Les pagan entre US$4 y US$7 por sesión.


A una hora en coche carretera abajo, me presentan a Fagisi, Chrissie y Phelia. Las mujeres, en su cincuentena, son las custodias de las tradiciones de iniciación de su aldea. Su tarea es organizar a las adolescentes en campamentos cada año e instruirlas en sus labores de esposas y en cómo satisfacer sexualmente al marido.

La "limpieza sexual" con la hiena es la etapa final del proceso. Y son los padres de las niñas los que acceden voluntariamente a que sus hijas sean sometidas a la prueba, me cuentan las mujeres. Es necesario "para evitar infecciones en la familia y en el resto de la comunidad", subrayan.

Ante esto, les planteo que, al contrario, estas "limpiezas" podrían ser la vía para la propagación de enfermedades. Y es que, según marca la costumbre, la hiena no debe usar preservativo. Aunque las custodias aseguran que la hiena en cuestión se selecciona por su buena moral, y que por lo tanto no puede estar infectado con el VIH ni tener sida.

Pero dada la naturaleza de esta práctica, el riesgo de contagio del virus en la comunidad es evidente. De hecho, la Organización de Naciones Unidas calcula que uno de cada 10 habitantes de Malawi porta el virus. Así que le pregunto a Aniva si es portador del VIH y su respuesta me deja de hielo: Sí, tiene el virus, pero no se lo menciona a los padres de las niñas con las que debe tener sexo cuando lo contratan, aunque pronto me dice que ya no hace tantas "limpiezas" como antes."Aún hago algún que otro ritual aquí y allí, pero lo estoy dejando".


Los que están involucrados en estos ritos saben que son muchas las voces que condenan la costumbre.
No sólo la desaprueban las organizaciones no gubernamentales y la iglesia, también lo hace el gobierno. De hecho, las autoridades lanzaron recientemente una campaña contra lo que denominaron "las prácticas culturales dañinas".

"No vamos a condenar a esta gente" que está envuelta en los rituales de las hienas, dice May Shaba, del Ministerio de la Igualdad de Género, la Infancia, la Discapacidad y el Bienestar Social. "Pero les vamos a dar la información que necesitan para cambiar esas prácticas".

Me cuenta que los padres con un nivel educativo más alto ya decidieron no contratar a una hiena. Pero las custodias con las que hablo se muestran desafiantes. "No hay nada mal con nuestra cultura", me dice Chrissie. "Si miras la sociedad de hoy, verás que las niñas no son responsables. Así que tenemos que instruir a nuestras niñas, para que no se pierdan, para que (en el futuro) sean buenas esposas y tengan a sus maridos satisfechos, y así nada malo les pase a sus familias".

De acuerdo a Clause Boucher, un cura católico francés que lleva 50 años viviendo en Malawi y es un notable antropólogo, los rituales con hienas se remontan a siglos atrás. Derivan de las creencias ancestrales sobre la necesidad de introducir a las niñas en la edad adulta por medio de un acto sexual, explica el experto.

En el pasado, cuando la niña no alcanzaba la pubertad hasta los 15 o 16 años, el ritual era llevado a cabo por un hombre al que la familia había seleccionado como futuro marido de ella, prosigue. Pero hoy suele involucrar a un trabajador sexual, una hiena, y no es considerado nada vergonzoso, indica. Boucher señala que en áreas del sur del país se resisten con tenacidad a los esfuerzos del gobierno y las organizaciones para terminar con esta "sexualización de las niñas". Y se hace a pesar de 30 años de epidemia del sida.

Pero en otras zonas del país, sobre todo en los alrededores de la capital Lilongwe o en Blantyre, el centro financiero del país y la segunda ciudad más importante, la "limpieza sexual" es una costumbre prácticamente extinta. En el distrito central de Malawi, en Dedza, sólo las mujeres viudas o las que se cree infértiles se someten al ritual de la hiena. Pero a pesar de ello la inkosi o jefa suprema Theresa Kachindamoto, quien ejerce su autoridad no formal sobre unos 900.000 habitantes, ha hecho de la lucha contra esa tradición una prioridad personal. Y está tratando de convencer a los líderes tradicionales de otras regiones para que se unan a ella en ese esfuerzo.

Así, en algunos distritos, entre ellos el oriental Mangochi, las ceremonias están siendo adaptadas y se empezó a sustituir el sexo por una unción. En Nsanje, sin embargo, no se hace mayor esfuerzo para traer el cambio en ese sentido. Además, siendo Malawi uno de los países más pobres del mundo y con reportes de un hambre creciente en zonas rurales, no es una prioridad para los políticos.

En una remota aldea conozco a una de las dos esposas de Aniva, Fanny, quien carga a su hija menor, un bebé. Ella misma, cuando quedó viuda, tuvo que pasar por un ritual de "limpieza" con Aniva. Y poco después se casaron. Hoy su relación parece tensa. Sentada junto a su marido, me reconoce tímidamente que odia lo que él hace, pero que gracias a ello trae los ingresos necesarios.

Le pregunto si cree que en unos diez años su hija, hoy un bebé de apenas dos años, se tendrá que someter al ritual de la hiena. "No quiero que eso pase, quiero que esta tradición se termine", añade.

"Nos obligan a dormir con las hienas. No es de nuestra elección y me parece algo muy triste para las mujeres". Entonces, le pregunto: "¿Lo odiaste cuando te pasó?". "Todavía hoy lo odio", contesta.

Y cuando interpelo a Aniva sobre si quiere o no que su hija pase por un ritual de "limpieza" sexual, me sorprende:
-No, mi hija no. No puedo permitirlo. (Y por ello), ahora estoy luchando para que esta mala práctica termine.
-Entonces, ¿luchas contra ella pero la sigues practicando tú mismo?
-No, como te dije, lo estoy dejando.
-¿De verdad?
-Seguro. De verdad. Lo estoy dejando.

La policía de Malawi confirmó el arresto de Eric Aniva, el hombre con VIH/sida que dice cobrar por tener relaciones sexuales con niñas como parte de un ritual de iniciación.


Fuente: BBC

miércoles, 3 de agosto de 2016

Más de cien escuelas en Kenia fueron incendiadas por sus propios alumnos

Más de cien escuelas secundarias de toda Kenia se han visto afectadas por la ola de incendios causados de manera intencional por sus propios alumnos durante los últimos dos meses, informaron los medios locales.

Las investigaciones todavía no han conseguido determinar los motivos que están detrás de estos disturbios que se han producido en localidades de todo el país y, aparentemente, no tienen conexión.

Algunas fuentes del Ministerio de Educación aseguraron que los estudiantes podrían haber prendido fuego a sus dormitorios debido a su frustración por no haber podido copiarse en los exámenes. Sin embargo, el presidente de la Asociación de Escuelas de Secundaria en Kenia, John Awiti, explicó al diario Daily Nation que la comunidad educativa no ha encontrado ninguna evidencia que vincule los incendios causados en los colegios con un intento de hacer trampas en los exámenes.

Estos disturbios están causando una crisis en el país, donde la semana pasada el Gobierno decidió llevar a más de un centenar estudiantes ante los tribunales y los acusó de conspiración para causar incendios y destrucción de la propiedad. Pese a las acciones de las autoridades, los incendios, la mayoría de ellos provocados en los dormitorios de los alumnos, no han cesado y solo durante la noche del martes cinco escuelas se vieron afectadas por las llamas.

Uno de los casos más destacados tuvo lugar en Kisii, en el suroeste de Kenia, donde a finales de junio un grupo de alumnos prendió fuego a sus dormitorios en protesta por la decisión de la dirección de no dejarles ver un partido de fútbol de la Eurocopa.

Fuente: 

miércoles, 29 de junio de 2016

Los Abayudaya, judíos de Uganda

1917. Mientras en Rusia asesinan al zar y su familia, en Uganda un general del ejército, Simi Kakungulu, dirige una secta de carácter judeo-cristiano, resultado de las luchas políticas entre la administración británica y las tribus africanas convertidas al cristianismo. Dos años después ordenó a sus feligreses cumplir los Mandamientos de la Ley de Moisés, circuncidó a sus hijos y les llamó Yuda, Israel, Nimrod, Abraham, Jonás y Miriam. Los británicos, entonces, le dieron la espalda.


Kakungulu estableció una comunidad, la Kibina Kya Bayudaya Absesiga Katonda (la “Comunidad de Judios que confían en el Señor”). Con el tiempo, sus seguidores fueron conocidos como la Abayudaya. Y empezaron a guardar la kashrut en la medida de lo posible– esto incluye no comer carne de cerdo y sólo comer animales que habían sacrificado por sí mismos, así como la separación de la leche y la carne. También empezaron a observar el sábado como día de reposo. Kakungulu, sin embargo, permitió la poligamia masculina, citando que el patriarca Abraham lo hizo.

Gran parte del conocimiento de la comunidad sobre el judaísmo vino de un viajero, judío y comerciante, llamado José, que visitó la comunidad en 1920. Joseph, se dice, procedía de Europa y les enseñó acerca de las fiestas judías y el calendario judío. Por medio de José, el Abayudaya eliminó cualquier oración cristiana, dejó de leer el Nuevo Testamento y comenzó a usar kipá para cubrir la cabeza. Joseph se quedó con los Abayudaya durante unos seis meses.

Simi Kakungulu murió en 1928 a causa del tétanos, después sus seguidores divididos en dos grupos, uno que volvió al cristianismo y otra que fortalece su práctica judía, resistiendo al incalificable y sangriento dictador ugandés Idi Amín, que prohibió las prácticas judías. Conocieron entonces el cripto-judaísmo.

La comunidad, que está formada por unos mil miembros, tiene ahora su propio Libro de la Torá y un rabino conservador, Gersón Sizomu, que fue ordenado en la Escuela Ziegler de Estudios Rabínicos en la Universidad de Judaísmo (ahora llamado el American Jewish University) en Los Ángeles, en el año 2008.

Sizomu, un hombre de 39 años, es cuarta Generación Abayudaya. Se crió en la localidad de Nangolo, una pequeña comunidad a unas cinco millas de Nabugoye. Su abuelo y su padre ya fueron los líderes espirituales de la comunidad en su tiempo…Dice que unos 400 Abayudaya se han convertido bajo los auspicios del movimiento conservador y que otros 130 están realizando la conversión ortodoxa, pues esperan inmigrar a Israel una vez cumplimentada.

Hoy en día, la mayor parte de la comunidad vive alrededor de la sinagoga Moisés en Nabugoye, colina fuera de Mbale o la sinagoga cercana en el pueblo de Namanyoyi. Otros viven a varias millas de distancia de Mbale en Nasenyi y Putti. Una quinta sinagoga está en el pueblo de Magada.

La comunidad judía de Uganda, además, cuenta con dos escuelas judías (tanto de primaria como de secundaria), una clínica médica, una casa de huéspedes y hasta una “yeshiva”. Todo financiado por el Movimiento Conservador.

Fuente: CCIU

miércoles, 22 de junio de 2016

Paisajes de Gabón en la película "La Leyenda de Tarzán"

En los días previos al estreno de la película "La Leyenda de Tarzán", Warner Bros. Pictures, Village Roadshow Pictures junto a los realizadores y protagonistas de la película, se han unido con la ONG internacional "Stop Ivory", para afrontar uno de los retos más conservacionistas de nuestro mundo, como es la lucha para proteger los elefantes de los bosques raros de África y salvarlos de la extinción mundial.

Los paisajes africanos que ocupan un lugar destacado en la película fueron capturados en el extraordinario país de Gabón, donde el conservacionista y documentalista Inglés Josh Ponte ha pasado los últimos 15 años trabajando para preservar la fauna del mencionado país. Ponte, quien se desempeñó como asesor técnico Africano en la película, ha centrado sus esfuerzos para detener la matanza ilegal de los elefantes del bosque raro que llaman "casa Gabón". En los últimos 30 años, la caza furtiva de marfil ha reducido la población mundial de elefantes del bosque en dos terceras partes y la mitad de estos están libres en el bosque de Gabón. Sin la acción, incluso éstos podrían desaparecer en una década.

Ahora, el elenco, los directores y las personas detrás de cámaras de la película "La Leyenda de Tarzán" han uniendo fuerzas en conjunto con Stop Ivory, apoyados por la Elephant Protection Initiative, para ayudar a salvar a este animal en peligro de extinción. La alianza se forjó enfocada en la creación de formas de entretenimiento, tanto informativos como significativos para estimular a la comunidad global a unirse al esfuerzo para poner fin a la caza furtiva de elefantes sobrevivientes del bosque de Gabón, al tiempo que se refuerza los temas centrales de la película con profundas conexiones de la humanidad con la fauna y la naturaleza.

La campaña comenzó con un anuncio de servicio público (PSA) para la Iniciativa de Protección de elefante, realizado por la estrella de la película Alexander Skarsgård, que aparece en las pantallas de los cines de los Estados Unidos como parte de su programa "Stars of Hope". 


En Twitter, Warner Bros y Stop Ivory la parada de Marfil están participando en una campaña "ReTweet for Good", haciendo una donación a la organización de los retweets de Stop Ivory PSAs, en los horarios establecidos. Los detalles estarán disponibles en Twitter y en la página web de la organización.

Además, el estudio ha creado un especial titulado "Desde Gabón a la gran pantalla", que narra el viaje del director David Yates con Ponte para capturar los paisajes de Gabón para la película. Esto traerá a los espectadores facetas hermosas cara a cara con los bellos animales que han unido sus fuerzas para salvar. Esta pieza de video se abrirá hasta las exuberantes selvas de Gabón y resalta los elefantes del bosque que juegan papel integral en la cadena ecológica de la región.

Por último, un número limitado de los aficionados al cine que ven la película en los mercados internacionales recibirá un elefante de peluche especial, lo que significa una donación adicional ha sido hecha por Warner Bros para la campaña Stop Ivory.

Fuente: Leyenda Digital

sábado, 11 de junio de 2016

Rastafaris: amantes de la paz y la naturaleza



En Port-Bouët, un barrio de Abiyán, la capital económica de Costa de Marfil, vive una gran comunidad de rastafaris. Su religión, el rastafarianismo, nació en los años 30 y se presenta como una evolución del cristianismo.

Los rastafaris de Costa de Marfil, muy devotos, viven en la orilla del mar, en la sombra que les proporcionan los cocoteros, y sus únicos ingresos provienen de sus actividades artesanales y musicales. Profesan la paz y la convivencia entre los pueblos, un escenario al que sólo se puede llegar si se siguen los preceptos dictados por Hailé Selassié I, el emperador de Etiopía que consideran como la segunda encarnación de Jesucristo, informa Notimex.

El nombre rastafarianismo proviene de Ras (rei) Tafari Makonnen Woldemikael, el emperador que en 1930 ascendió al trono de Etiopía bajo el nombre de Hailé Selassié I con una larga lista de títulos, incluyendo Rey de Reyes, León Conquistador de la Tribu de Judá, Luz del Mundo y Elegido de Dios. Después de su coronación, muchos vieron en él a Jesucristo en una segunda venida a la Tierra.

Nacido en Etiopía, el rastafarianismo se ha establecido gracias al movimiento etiopista, extendido entre la diáspora africana en el territorio de Estados Unidos y de Jamaica a principios del siglo XX, que veía a Etiopía como un símbolo de la resistencia a la opresión y el racismo de todo el continente africano.
Los etiopistas, guiados por Marcus Garvey -un sindicalista y escritor jamaicano que se había mudado a los Estados Unidos-, predicaban la llegada de un Mesías que redimiría a la atormentada Etiopía. En 1930, asistiendo a su toma de posesión como emperador, vieron en Hailé Selassié I al largamente esperado salvador y a un supuesto descendiente directo de la tribu de Judá.
Reconocen como válido el principio de milenarismo, es decir, la idea de que Cristo debe establecer un reino terrenal antes del fin del mundo y del Juicio Final, de acuerdo con los dictados del apóstol Juan: Hailé Selassié I vendría a la Tierra para realizar esta profecía.

Los rastafaris hacen un llamamiento a los africanos deportados, que deben rendir honor a sus orígenes: la idea de la repatriación, que es importante para Hailé Selassié hasta el punto de poner a disposición de quien quiera regresar a África un extenso terreno en Etiopía, se convierte en un punto esencial de la doctrina rastafari.

A lo largo de las décadas el rastafarianismo ha conseguido una difusión modesta. No hay estimaciones oficiales, pero una de las organizaciones rastafaris más importantes, la del Reino Unido, habla de unos 15 millones de fieles en todo el mundo. Con la excepción de Jamaica, donde reside la comunidad rastafari más grande, los estados africanos son los que albergan el mayor número de creyentes.

'Nuestra comunidad tiene una historia bastante reciente. En el barrio de Port-Bouët estamos presentes desde hace quince años. Al principio no vivíamos en comunidad. Antes nuestro pueblo estaba a un centenar de metros de aquí, pero en 2012, al final de la guerra civil de Costa de Marfil, unos señores ricos pagaron a unos delincuentes para que quemaran el pueblo y nos alejásemos", explica Salomón, encargado de prensa de la Asociación Rastafari de Artistas de Costa de Marfil (Araaci).

'Estaban interesados en el terreno en el que nos habíamos establecido. La policía no hizo nada, por lo que nos vimos obligados a desplazarnos unos metros más allá. Al final no hay nada en esos terrenos, hoy sólo quedan escombros. Ese fue el único contraste, si podemos llamarlo así, con la sociedad marfileña. Los rasta (abreviatura de rastafaris) sólo queremos vivir en paz, nos llevamos bien con todo el mundo y no molestamos a nadie', enfatiza.

La comunidad rastafari de Port-Bouët cuenta con unos 800 miembros, pero los 'rastas de verdad', asegura Salomón, son sólo unos 50. Los más devotos viven en unas coloridas cabañas de madera que están aisladas, mientras que la mayoría ocupan las habitaciones de tres edificios abandonados.

También es de madera la pequeña iglesia que hay en construcción, dirigida por un anciano sacerdote que se hace llamar JA y que habla, al ritmo de una cantinela hecha de susurros, una lengua hecha de palabras inglesas, francesas y criollas. En todas las paredes del pueblo rasta están dibujadas las caras de Hailé Selassié I, de Marcus Garvey y de Félix Houphouët-Boigny, el primer presidente de Costa de Marfil.

Los rastafaris, por lo general personas muy pobres, sobreviven gracias a las ganancias que les proporciona la venta de sus productos artesanales. Prince Ambassada es, en opinión de sus hermanos, el mejor artesano de la comunidad.

'Me gusta decir que me ocupo de los aspectos culturales de nuestra asociación, que se traducen en productos como sandalias, collares, pomadas y champús naturales. También vendemos prendas de ropa, todas hechas por nosotros. No disponemos de maquinaria moderna, todo lo que hacemos con lo poco que tenemos. Y lo hacemos para promover la cultura', afirma.
Recomiendan hacer actividad física y rechazan las drogas, a excepción de la marihuana utilizada con fines meditativos para llegar más fácilmente a la contemplación de Dios. Los más conservadores también cuestionan la medicina moderna, porque no es natural.

Dentro del pueblo hay una pequeña tienda con las paredes azules. Su gestor, Bonu Bunton, explica las directrices de la alimentación rastafari: 'Practicamos la cocina Ital, una palabra rastafari que deriva de ‘vital', que significa que el que habla está en unión con toda la naturaleza'.

'Se trata de una cocina vegetariana, donde la comida debe ser lo más natural posible, sin aditivos. Para nosotros incluso el alcohol está prohibido, ya que puede conducir a la degeneración del género humano. Comemos sano y, por tanto, estamos llenos de fuerza', agrega.

La música nyabinghi es la forma más antigua de música de los rastafaris e incluye percusión, cantos y bailes. Se toca durante las ceremonias religiosas. Natural Man es un joven sacerdote rasta que se ha convertido en uno de los líderes de la comunidad gracias a su fe.

Tiene una voz profunda y cavernosa que contrasta con su delgado físico: 'Al menos una vez al día los hermanos y yo celebramos a Jah (Dios) al ritmo nyabinghi que tocamos nosotros mismos. Cantamos todos juntos la alegría del mundo, el mayor regalo que nos ha hecho Jah. Las letras de estas canciones son oraciones de la Biblia y del libro sagrado para los rastafaris y la Iglesia ortodoxa de Etiopía, el Kebra Nagast. Yo recito los versos y mis hermanos me siguen haciendo un coro. La magnificencia de Jah se grita a todo pulmón'.

La música reggae, que nació varios años después que el rastafarianismo, fue, sin duda, el medio por el que esta religión se extendió por todo el mundo. El reggae destacó al principio de los años 70 gracias a artistas de renombre internacional como Bob Marley, cuyas canciones se escuchan día y noche a todo volumen dentro de la comunidad.

Araaci tiene su propia compañía de producción discográfica, la Faya Love Studio, en el interior de una polvorienta y oscura cabaña pintada de rosa. La dirige Negosso Sisco, que cuenta con una larga carrera como DJ: 'Hace años en nuestro antiguo pueblo tenían lugar festivales de música reggae. En nuestro escenario han actuado artistas de renombre internacional como Alpha Blondy, Tiken Jah Fakoly, Ijahman Levi e Ismael Issaac'.

'Por aquel entonces la Faya Love Studio tenía un mejor equipo, pero hoy tenemos que arreglárnoslas con lo que tenemos. Es todo mucho más difícil, pero tratamos de colocar en el mercado las canciones de los artistas de la asociación. Sin embargo, llevamos a cabo nuestra misión, liberar a África de las cadenas difundiendo el mensaje de paz de Hailé Selassié I a través del arte y la cultura', dice contundente.

Fuente: Sipse.com

martes, 7 de junio de 2016

La vida y la muerte en una clínica spiquiátrica de Kenia

Makuyu es "un pueblo de putas y drogadictos" en Kenia, una aldea hostil a la que la periodista María Ferreira llegó hace cinco años para colaborar con una clínica psiquiátrica y en la que ha conocido historias nada bonitas que ha recopilado en el libro "Tierra de brujas".

"He contado el Makuyu feo", relata Ferreira, que explica que ha plasmado en el texto (Editorial Viajes al pasado) las historias que la descolocaron, la sacaron "de golpe" de su "zona de confort" y la mataron "el pavo de un plumazo".

Es la descripción de un pueblo hostil, sumido en las drogas, el alcohol y la brujería, donde la muerte es un habitante más. Historias como la de un bebé que murió en sus brazos deshidratado y su cadáver acabó en la nevera con las cervezas que se iba a beber después, o la de la bruja que la maldijo (dos veces) porque intentó convencerla de que su nieto de diez años tenía que ir al colegio en vez de fumar y beber.

"Los personajes de mi libro pasan por experiencias tremendas, pero no son víctimas; manejan momentos tremendos con una naturalidad que puede confundirse con crueldad", afirma esta periodista y escritora, que sigue diciendo: "Soy yo la que sufro y soy yo la que categorizo la situación".

Cada capítulo cuenta una historia, una vivencia suya que habla de un mundo muy diferente al que conocemos, pero la autora afirma que entre cada capítulo hay "una cantidad de noches de charlas con amigos, atardeceres bonitos, lecturas interesantes y conversaciones" que le hacían "enamorarse una y otra vez" de la experiencia.

De hecho, insiste en que lleva una vida normal: "Acabo de cenar en mi hogar adoptivo, la casa de los Khan, en medio de Nairobi. Hemos preparado la cena juntos, mientras hablaba con mi amiga Aisha sobre la serie "Girls" y con Nabil de pacientes. Y Makuyu está ahí fuera, con sus cosas tremendas, y es Kenia. Pero esto, mis cenas, son Kenia también".

Aunque nadie le pidió ayuda, llegó con "veinti pocos años" con la intención de "ayudar", una excusa que se puso a sí misma porque no fue "lo suficientemente valiente" para decir "señores, quiero ser exploradora. Adiós".

Dice en el libro que Kenia es "un país que mata, pero mientras mueres te distraes siendo libre".

"No es un país pobre en absoluto, es un país injusto", recalca Ferreira, quien argumenta que tiene unos "niveles de corrupción inaceptables" y que algunos miembros del gobierno "manipulan la pobreza como un medio para conseguir ayudas económicas internacionales".

En este sentido, explica en el texto que en la clínica en la que trabaja abundan los pacientes a los que les "han llenado la mente de medicinas que les han enfermado" porque "algún día dijeron que no creían en Dios, que el Gobierno era una mierda o que se cagaron en la madre de los blancos que vivíamos en su país y disfrutábamos de privilegios que ellos jamás tendrían".

En el Makuyu del libro, ella es una extraña a la que llaman "mzungu" (blanca).

Cuenta que se ha encontrado con gente que le acoge primero para exigirle ayuda después, pero también con "personas importantísimas" como Ndung'u, el médico de la clínica.

"Tierra de brujas" es más que las historias de Kenia, partos peligrosos, prostitutas o ablaciones; es también la historia de María y su maduración "a la fuerza".

"Mamá no sabe que soy anoréxica en un país en el que los niños se mueren de hambre", confiesa en el libro; "les he visto morir de hambre. Y yo escupo la comida en servilletas, no trago, no trago para ser bonita".

Son dos mundos que se oponen y se confrontan, y que nacen de los prejuicios que se tienen de lo desconocido y de la imagen distorsionada de África.

"El problema viene cuando asumes esa imagen distorsionada como una verdad, y no como un desconocimiento natural", explica la escritora. 

Fuente EFE
Texto: Irene Escudero

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