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lunes, 9 de enero de 2017

Cabo Norte, región de contrastes en Sudáfrica


Los amantes de la naturaleza pueden contemplar grandiosos paisajes y disfrutar de safaris que invitan a conocer más de cerca a la flora y la fauna de este destino exótico

El Cabo Norte de Sudáfrica, en la frontera con Botsuana y Namibia, es una región llena de contrastes: sabanas donde durante muchos años no cae ni una gota de agua y algunas de las explotaciones vitivinícolas más exitosas del país.

Suricatas
El sol de la mañana envía rayos centelleantes hacia el aire todavía frío de la noche. Nos encontramos medio dormidos delante de un edificio en el margen del parque nacional transfronterizo Kgalagadi, en el norte de Sudáfrica, cerca de la frontera con Botsuana. Y no estamos solos. Pequeños animales esponjosos con caras afiladas corretean curiosos sobre la arena roja hacia nosotros. 

Cabo Norte es la provincia más grande de Sudáfrica, en cuyo extremo se encuentra una delgada franja de tierra enclavada entre Botsuana y Namibia. Aquí comienza el paisaje de desierto arenoso del Kalahari y el parque transfronterizo Kgalagadi. Allí, en una superficie más grande que Gales, los animales endémicos pueden moverse libremente. Ninguna valla impide a los leopardos, ñus y chacales cruzar la frontera entre los países.

A unos 250 kilómetros más al sur, el imponente río Orange se dirige a Namibia abriéndose camino con rápidos por la tierra rocosa. Las dunas de arena quedan atrás para dar lugar a impresionantes paisajes rocosos y gargantas. Gracias al agua, aquí, muy lejos de la costa, se encuentra una de las regiones vitivinícolas más productivas del país.


Por kilómetros se extienden los viñedos y varias destilerías invitan a degustar brandys. Sin embargo, tampoco en esta región faltan los animales salvajes: en el parque nacional de las Cataratas Augrabies, en la frontera con Namibia, viven jirafas, babuinos y leopardos.

En cambio, la región del Kalahari es árida y seca. Los valles y las colinas resplandecen con tonos terrorosos, desde la arena casi blanca por la erosión en los valles hasta un rojo luminoso en las dunas. La vegetación está dominada por espinas de camello y las hierbas secas de las dunas. Salares marcan los lugares donde antes había lagos ya evaporados bajo el sol abrasador. Junto con el turismo, la explotación de los salares es una de las principales ramas de actividad económica de la región.

Para sobrevivir aquí, la flora y la fauna necesitan cualidades especiales: las raíces de las espinas de camello, una especie endémica de acacia, se hunden hasta una profundidad de 100 metros en el suelo arenoso.

Gracias a un sistema de refrigeración en la nariz, los macizos antílopes órice pueden aguantar temperaturas corporales de hasta 46 grados. Y estos animales cuentan con una reserva de agua especial: las raíces órice, que toman su nombre de esta especie de antílopes, tienen un alto contenido de agua. Las raíces saben muy amargas pero evitan la deshidratación.


En el margen occidental del parque se encuentra, escondida detrás de dunas, el lodge “!Xaus”. El signo de exclamación representa el ”cliqueo” en la lengua nama, un sonido que se produce chasqueando la lengua. Aquí hay una docena de cabañas de madera, intercomunicadas por pasarelas.
“¡Bajen las luces!”, ordena nuestra guía, Melissa, durante un safari nocturno, porque los coches han asustado a un par de avestruces. Si los animales miran directamente a las luces, se quedan ciegas durante un par de minutos y se convierten en un botín fácil para cazadores, explica Melissa.

La guía pertenece a los mier, un grupo étnico que, junto con los khomano san, son los pueblos nativos del Kalahari. La joven mujer se crió en una granja en la cercana ciudad de Rietfontein antes de que comenzara a trabajar como cocinera en el lodge y convertirse después en guía. Junto con Andries, miembro de la etnia khomano san, transmite sus conocimientos sobre el Kalahari.

Hoy, la sabiduría y las técnicas de caza de las dos etnias son más que nada folclore. En la década de los 60, los pueblos fueron expulsados del Kalahari y los privaron de su modo de vivir tradicional. A principios del presente siglo, una demanda presentada ante los tribunales fue aceptada y obligó a devolver a las dos comunidades 50.000 hectáreas de tierra.

Sin embargo, los tiempos de los recolectores y cazadores habían terminado de forma irreversible. Por esta razón, se instaló en su territorio un lodge como fuente adicional de ingresos. Una parte de los beneficios corresponde a los dos pueblos.

lodge “!Xaus
El alojamiento es gestionado por un consorcio con experiencia en el turismo. Sin embargo, la mayoría de los empleados proviene de las comunidades san y mier. “Ayudamos a mejorar su vida”, dice el director del lodge, Richard Ilett. Solo que una y otra vez le causa problemas la mentalidad de los san. “Ellos quieren disfrutar de la vida y relajarse”. Según Ilett, para los san el tiempo juega otro papel de lo que estipulan los contratos y las jornadas de trabajo.

La sequía en el Kalahari ya dura casi cuatro años. Por esto, los animales se agolpan alrededor de los pocos charcos. Se impone la ley del más fuerte. El león del Kalahari, de melena negra, tiene un derecho irrestricto a beber. Si uno de los antílopes órice con sus cuernos afilados cuestiona la jerarquía en el seno de la manada, se desatan peleas pese al calor sofocante. Una lucha que levanta el polvo de la arena infinita.

Fuente: Diario Las Américas

jueves, 5 de enero de 2017

El saltamontes, una delicia culinaria en Uganda


Los niños corren entre los arbustos, saltando por aquí y por allá para atrapar saltamontes. En un día bueno, muchos regresarán a casa con bolsas de plástico llenas de insectos para freír y comer como botana.

Los "nsenene", como los ugandeses llaman a estos verdes insectos saltarines, son una delicia culinaria buscada por muchos en esta época del año, cuando millones de insectos nacen con la temporada de lluvias. La gente dice en broma que les caerá una maldición si la temporada de saltamontes pasa sin que ellos prueben los insectos.

"Vine a comprar estos nsenene porque mi esposa me envió por ellos", dice O.J. Gerald mientras compra a un vendedor ambulante en la capital Kampala. "A ella realmente le encantan. Se fríen con cebolla y un poco de sal y saben muy bien. Son muy crujientes en la boca". Cuando se fríen, los verdes saltamontes cambian a un color dorado y despiden un aroma a tierra que encanta a los entusiastas.

La cacería de saltamontes se ha vuelto una actividad comercial en Uganda. Algunos colocan brillantes lámparas para atraer a los insectos, los cuales se estrellan en sábanas estratégicamente colocadas y caen en barriles donde quedan atrapados.

Pueden verse cientos de trampas para saltamontes en toda Kampala, muchas veces violando las normas locales de seguridad debido a que las instalaciones pueden ocasionar peligrosos cortos circuitos. La temporada de insectos corre de noviembre a enero, cuando el país por lo general recibe fuertes lluvias, y otra vez en abril y mayo.

Los vendedores callejeros hacen buenos negocios con cada bolsa de medio kilo (una libra) de saltamontes que venden ya listos para comer por unos 2,75 dólares cada una. Para prepararlos, les quitan las alas, las patas y la antena mientras todavía están vivos.

Los saltamontes cocinados tienen enormes cantidades de proteína y grasa, además de fibra dietética, dice Geoffrey Ssepuuya, nutriólogo ugandés e investigador de los saltamontes en la Universidad de Leuven en Bélgica. "Los saltamontes son muy nutritivos", agrega el experto. "De hecho son más ricos en comparación con las fuentes convencionales de proteína".


En un ajetreado mercado en Kampala, Sylvia Namwanje fríe los insectos con aceite, cebolla y ajo, creando un acento distintivo que puede olfatearse a metros de distancia. Las personas estacionan sus camionetas y esperan a que les sirvan. Entre sus clientes también hay ugandeses que viven en el extranjero.

"Los nsenene son muy deliciosos", dice Namwanje. "Solo están en temporada ciertos momentos del año. Las personas los comen porque saben que es el único periodo que podrán comerlos. Son mucho más deliciosos que el pollo o cualquier carne".

La comerciante asegura que la venta de saltamontes representa una parte importante de su ingreso anual."Con lo que gano he podido educar a mis hijos, cuidar a mi madre y familia", comenta orgullosa.

Fuente: El Horizonte

viernes, 30 de diciembre de 2016

Los bebés prematuros, los más frágiles de Malawi

Mi abuela era una mujer de montaña. Nació y creció en un pueblo donde las nevadas fácilmente podían empezar en octubre y acabar en mayo o junio. “Así nevaba antes”, decía ella. Y en medio de todo eso, la vida. Y fue durante uno de esos inviernos cuando su vecina dio a luz a unos mellizos sietemesinos. Me contaba que durante meses aquellos pequeños vivieron literalmente envueltos en algodones arropados con sus mantitas y permanecían todo el día sobre la trébede, la superficie que había sobre la lumbre de la cocina. Esa fue su particular incubadora en aquel lugar y aquellos tiempos de hace más de 50 años.

Recordé esta historia cuando hace unos meses visité en Malawi una de las unidades de bebés prematuros que apoyamos desde Save the Children. Allí 17 madres permanecían ingresadas con sus pequeños para recibir la formación y los cuidados que necesitan. Entre ellas había una madre de 37 años con sus mellizos, niño y niña. Me senté junto a ella mientras, con uno de sus bebés sujeto a ella, cambiaba la tela que servía de pañal al segundo. Me contó que tenía otros 5 hijos esperándola en casa, y que hacía 8 días que había dado a luz a sus mellizos. “¿Cómo se llaman?”, le pregunté. “Todavía no tienen nombre”, me contestó. Y no me atreví a preguntar el por qué.

En Malawi, 1 de cada 5 niños nace prematuro o con bajo peso. A esta unidad acuden desde las zonas rurales del sur muchas madres con bebés que apenas superan el kilo de peso. Aquí la batalla por sobrevivir es doble para estos niños. En la unidad no hay incubadoras, pero el calor no falta. Al que generan los calentadores que permanecen encendidos día y noche en varios puntos del espacio que comparten las mujeres, se suma el de sus propios cuerpos. El trabajo del equipo médico se centra en enseñar a las madres el método canguro; un método tan sencillo como valioso que permite a los bebés permanecer 24 horas pegados piel con piel a sus madres y recibir de ellas la fuente de calor que necesitan. El equipo de enfermeras que permanece constantemente junto a ellas les enseña cómo colocar a sus bebés en la posición adecuada sujetos con las telas de algodón tradicionales y las pautas de alimentación que deben seguir. Muchos de estos bebés apenas tienen fuerza para succionar y las madres deben sacarse la leche y dársela con ayuda de unos pequeños vasos de plástico. Madres y enfermeras se turnan y se ayudan con esta tarea. Violet, la enfermera jefe de la unidad, me decía que la receta que le da a todas las madres que atiende es la misma: Alimento, calor y amor. “Lo primero le corresponde a ellas dárselo. Pero del amor –decía– nos ocupamos juntas”.

El equipo médico cuida también de estas madres y trata de enseñarles cómo deben de cuidarse durante el embarazo. Como decía Violet, “muchas volverán a ser madres, y si conseguimos que se cuiden correctamente podremos evitar que sigan naciendo más niños con bajo peso”.

LA ALIMENTACIÓN DE LA MADRE ES CLAVE

Una de las causas de estos nacimientos prematuros o con bajo peso es la mala alimentación que han tenido las madres durante el embarazo. Malawi sufre en los últimos años las peores inundaciones y sequías de su historia como consecuencia de los efectos de El Niño. Las cosechas se han perdido y los casos de desnutrición han aumentado de manera alarmante, afectando de manera muy significativa a los niños y las embarazadas. En unidades como esta cada gramo ganado es una victoria. Cuando los bebés alcanzan 1,8 kilos empiezan a estar en condiciones de irse a casa y tienen que volver periódicamente a las revisiones para comprobar que siguen ganando peso. De no ser así, vuelven a quedarse ingresados.

Si nacer en Malawi es ya de por sí una dura batalla por sobrevivir, nacer prematuro o con bajo peso dobla las dificultades. Con el riesgo de la desnutrición cada vez más presente y la escasez de recursos médicos o la lejanía de centros sanitarios que viven la mayoría de mujeres durante el embarazo y el postparto, el método canguro está ayudando a salvar miles de vidas en Malawi.

15 MILLONES A AÑO

Cada año nacen en todo el mundo más de 15 millones de bebés prematuros, y el 96% de ellos lo hacen en países en vías de desarrollo donde los recursos y el personal médico escasean. Contar con unidades de prematuros como esta de Malawi y con el apoyo y los cuidados médicos adecuados durante el embarazo, en el momento del parto y en los primeros meses de vida de estos bebés, es fundamental para lograr que millones de niños sobrevivan y tengan la oportunidad de un futuro.

En Save the Children trabajamos cada día para seguir formando personal médico y dotando de recursos a los equipos sanitarios para que miles de bebés como estos mellizos de Malawi puedan sobrevivir, y para que sus madres puedan sonreír mientras les acunan y les llaman por su nombre.

Fuente: El periódico.com
Texto: María Cimadevila

lunes, 26 de diciembre de 2016

La colonia de las focas monje de Mauritania se triplica desde su crisis en 1997



La colonia de focas monje de la península de Cabo Blanco, en Mauritania, ha triplicado su número desde el duro revés que sufrió en 1997, cuando una epidemia redujo su población a un centenar ejemplares e hizo temer por su futuro, gracias a un programa financiado por España.

Los planes de recuperación que se pusieron en marcha entonces han conseguido elevar de forma notable su censo, hasta el punto de que la península de Cabo Blanco va a cerrar 2016 con unos 270 ejemplares de foca monje y 83 nacimientos, cifras especialmente significativas para un animal que llevó a figurar en la lista roja de especies amenazadas entre los diez mamíferos con mayor riesgo de desaparecer.

El director del programa de conservación de la foca monje en ese enclave de Mauritania, Pablo Fernández de Larrinoa, de la Fundación CBD-Habitat, ha dado a conocer estos datos durante la decimocuarta Conferencia Atlántica de Medio Ambiente de Fuerteventura, una isla que sueña con reintroducir en el futuro esta especie en sus costas.
La colonia de focas monje de la península de Cabo Blanco, en Mauritania, ha triplicado su número desde el duro revés que sufrió en 1997, cuando una epidemia redujo su población a un centenar ejemplares e hizo temer por su futuro, gracias a un programa financiado por España.

Los planes de recuperación que se pusieron en marcha entonces han conseguido elevar de forma notable su censo, hasta el punto de que la península de Cabo Blanco va a cerrar 2016 con unos 270 ejemplares de foca monje y 83 nacimientos, cifras especialmente significativas para un animal que llevó a figurar en la lista roja de especies amenazadas entre los diez mamíferos con mayor riesgo de desaparecer.

El director del programa de conservación de la foca monje en ese enclave de Mauritania, Pablo Fernández de Larrinoa, de la Fundación CBD-Habitat, ha dado a conocer estos datos durante la decimocuarta Conferencia Atlántica de Medio Ambiente de Fuerteventura, una isla que sueña con reintroducir en el futuro esta especie en sus costas.


Canarias figura como uno de los puntos negros en el mapa de los hábitats históricos de la foca monje (Monachus monachus), cuya presencia se extendía en el pasado desde el mar Negro hasta el Mediterráneo y el Atlántico oriental (de este a oeste) y desde el mar Cantábrico hasta las costas de Mauritania, de norte a sur.

En una entrevista con Efe, este experto de la CBD-Habitat recuerda que esta es "más amenazada" de todas las especies de focas, después de que "haya sido extirpada de todo su rango histórico de distribución al ser explotada, desde edades muy tempranas, para aprovechar su aceite y piel".

En la actualidad, el número de focas monje del Mediterráneo es de unas 600 repartidas por las islas del Egeo y Jónico, algunos ejemplares entre la frontera de Libia y Egipto y las dos poblaciones del Atlántico: la del archipiélago de Madeira, con unos 30 o 40 individuos, y la de Cabo Blanco.

En 1996, se calculaba que la familia de focas monje que vivía en esa zona fronteriza entre Marruecos y Mauritania estaba compuesta por unos 300 individuos. Al año siguiente, la colonia sufrió una gran mortandad debida a una marea roja que provocó que 200 animales adultos y subadultos desapareciera en dos meses.

Ante la situación crítica de esta especie, Portugal, España, Marruecos y Mauritania acordaron crear un plan de acción, dirigido por el Ministerio de Medio Ambiente español, para su conservación en el Atlántico oriental.

Fernández de Larrinoa señala que el objetivo de este plan era "mejorar su estado y llevarla a una situación de conservación favorable", para se tomaron decisiones como crear una red de zonas de especial protección que permitieran enlazar las poblaciones de foca monje en un futuro.

En resumidas cuentas, se trataba de asegurar que las áreas protegidas o de interés de los cuatro países que lideraban el proyecto fueran adaptadas para albergar poblaciones con el objetivo de ampliar el número de hogares de este mamífero marino.

Uno de los primeros pasos sobre el terreno fue la creación en 2001 de una reserva marítimo-terrestre, la Reserva de Costa de las Focas, en la península de Cabo Blanco, de seis kilómetros de largo.

La nueva reserva permitió proteger las cuevas de cría (tres en la actualidad), evitar la presencia humana desde costa y prohibir la instalación de redes de pesca.

Según explica Fernández de Larrinoa, la creación de "una línea de apoyo social, especialmente a los pescadores para conseguir su implicación y complicidad, permitió una relación muy positiva con ellos y delimitar un área de protección para las cuevas de cría".

Este especialista se muestra también optimista con el número de hembras reproductoras que habita en la reserva mauritana: "En 2015 había 99 identificadas y este año superaremos el centenar, un dato importante, porque la reproductividad es otro de los indicadores de que se está recuperando la colonia de forma muy clara".

Si el número de crías tras la mortandad quedó reducido a unas 26 por año, en 2016 se batirá el récord en nacimientos con unos 83.

Otro de los retos de la foca monje del Mediterráneo es la traslocación. En 2014, los países que firmaron el plan de acción acordaron en Fuerteventura explorar vías que permitieran crear nuevas colonias y la isla española figura entre los emplazamientos con más opciones para acoger focas de Mauritania, si esa idea se pone en práctica.

Fuente: El Diario
Texto: Eloy Vera

miércoles, 7 de diciembre de 2016

El héroe que salva niños en el Chad

El chamán le había frotado el cuerpo con un manojo de plantas y, entrado en éxtasis, se puso a recitar un conjuro para quitarle la fiebre al niño y sanar el dolor de su vientre. Pero aquella tarde cálida de mayo, cuando la malaria más aprieta, los dioses pasaron del brujo y el pequeño, en brazos de su madre, no pudo llegar a tiempo a la consulta del doctor español. Terminó en una fosa de tierra, envuelto en una sábana blanca. Y no fue solo. "Perdíamos tres o cuatro niños al día...". Jorge acababa de llegar al Chad, corazón de África, dejando atrás el confort de su moderno hospital en las Islas Baleares. Lo cambió todo por una camilla, unas cuantas vendas, algunas pastillas y una mesa blanca desconchada. "Ni siquiera había oxígeno". Fue su aterrizaje en el quinto país más pobre del planeta, donde el 80% de la población malvive con menos de un dólar al día (muy por debajo del umbral de laextrema pobreza) y la gente se muere antes de cumplir los 47.


"Tres mil, cuatro mil, cinco mil... Ya he perdido la cuenta", dice el jefe de Pediatría del Hospital Quirón de Palmaplanas al hablar de los niños y adultos que ha salvado con Ayuda al Chad, su ONG. Va para seis años que este galeno de 48 y padre de cuatro hijos, con pinta de explorador romántico, baja a lo que él llama "el infierno más bonito que conozco". Donde los rayos X apenas hacen falta para ver por dentro los huesos de una criatura. Ahora ha sido finalista de los Premios One a los héroes anónimos (promovido por el Grupo Atenea), que se fallarán el 30 de noviembre. Por no importarle el riesgo. Porque los secuestros y los asesinatos son moneda corriente allí donde él se la juega para sacar adelante su labor humanitaria. Por eso su nombre en la categoría Mi héroe. Aunque Jorge, humilde, lo vea de otra manera: "Los héroes de verdad están ahí abajo, muy lejos de nuestros ojos, cerca de los huracanes, las epidemias, el hambre, la muerte...", dice.

En ese infierno de miradas profundas, negras, demasiadas veces perdidas, el hombre de éxito, el galeno del ojo clínico al que Paco de Lucía, amigo y escudero en las campañas a favor del Chad, acudía con sus hijos, experimentó su cambio radical. "He aprendido a ser más generoso, más paciente, a escuchar más, a sentir más...", resume el nuevo Jorge. Se entiende al contemplar las imágenes de Pep Bonet, ganador en 2013 del World Press Photo Multimedia, sobre el hombre blanco en medio de unos cuerpos oscuros como sombras. Entre el hueso y la piel no hay nada. Están vacíos. Muchos de ellos, moribundos. Otros, con gomas de alimento unidas a unas venas que parecen resecas.
Hay que completar 600 kilómetros y 12 horas de viaje por carretera arenosa desde Yamena, capital del país, para llegar al Hospital St. Joseph, en Bebedjia, donde oficia nuestro pediatra con su colega Reina Lladó, a la que ha embarcado en la aventura. Urgen antibióticos y sueros. Y manos, muchas manos abiertas. Basta un euro para pagar una cama y el tratamiento durante todo un día. Un lujo donde el salario medio ronda los 70 euros. 

"Y más que enseñaremos a la gente", adelanta el candidato a héroe. Habla del documental, firmado por Bonet, que verá la luz en febrero. Toma el nombre de El infierno más bonito que conozco, libro en el que Muñoz relata con desgarro sus primeros años en ese lugar maldito de África. Cuando se topó con Yahel, año y medio de vida. "Sentir esos huesecitos bajo una delgada y estropeada capa de piel (a causa de una desnutrición severa) te deja huella". O cuando la pequeña Charlene, con un quiste del tamaño de un melón en el estómago, fue a pedirle ayuda. O cuando al niño serpiente, sin cura y con parálisis cerebral por la malaria, lo vio marchar para siempre. Es la ley ancestral. Los niños que ya no son de utilidad para la familia son entregados a la abuela de la tribu. "Después de darle a beber su orina, quizás para intoxicarlos y aturdirlos, los llevan a una zona alejada, normalmente de juncos, poblada por serpientes...". 

Los reptiles se encargan de hacer el resto.Mensaje: "El mundo acomodado tiene que ver y escuchar lo que hay al otro lado". ¿Es lo que pretende con el documental? "Exacto... Un mazazo en las entrañas". En la conciencia.

Fuente: El Mundo
Texto: Paco Rego

miércoles, 30 de noviembre de 2016

El silencio de la violencia: millones de niños huérfanos en la R.D. Congo

Huérfanos en el Centro Don Bosco de Goma

Más de 4 millones de niños han perdido al menos a uno de sus progenitores en la República democrática del Congo, a lo largo de las dos últimas décadas. El silencio de estas víctimas sigue inmerso en oleadas de violencia.

Más de 26 millones de huérfanos vievn en el Oeste y Centro de África, uno de estos países es la R.D.Congo, el segundo en el mundo detrás del Sudeste Asiático, según Naciones Unidas. 

Estos niños crecen en un ambiente de conflicto, con continuos enfrentamientos étnicos y luchas por la extracción de minerales. La violencia y los desplazamientos provocan además la separación de familias enteras. Estas rupturas familiares obligan a muchos niños huérfanos a buscarse una vida sólos desde muy pequeños. Los más vulnerables son reclutados por grupos armados y milicias, y otros muchos son víctimas de la expotación sexual en un país donde la violación se ha convertido en un hecho habitual en las calles.

"Se trata de huérfanos con historias llenas de violencia desde 1994, es una generación de víctimas contínuas" dice Francisca Ichimpaye, un monitor del Centro Les Enfants INUKA. 

Algunos de estos huérfanos, que viven en Goma como:


Alpha Meleki, de 6 años, que a comienzos de este año fue encontrado entre un montón de cadáveres tras el ataque de los rebeldes en Beni, el pueblo en el que vivía, situado al Este del país. A pesar de que recibió un disparo logró sobrevivir. Las heridas de bala y la cicatriz de cirugía sobre el vientre inflado se han curado recientemente. 

Las cicatrices emocionales todavía son recientes. Todavía desconfía de los desconocidos y sólo busca la mano de los adultos que conoce. Mientras se acaricia la cicatriz que todavía está visible en su cabeza. "Ellos me golpearon con un machete" repite el pequeño.

No soporta oir los gritos de otros niños cuando llegan con heridas y tienen que recibir asistencia médica en el centro INUKA.  Desde el centro nos dicen que el niño puede tardar años en encontrar a algún miembro de su familia, porque los ataques persisten en el Este del pais.

O como Jeannette Umutsi de 17 años, que cuida de su hermano pequeño intentando que no conozca los horrores que ella ha sufrido. Al principio ella cuenta su historia que comienza unos años después del genocidio de Ruanda. Los guerrilleros armados asaltaron su casa la golpearon en la pierna con una pala y casi mataron a su hermana. 



Ella y su familia escaparon de su ciudad natal Kirolarwe en 2008 para evitar la violencia. En el siguiente pueblo, ella se ocultó en una caseta de madera durante 3 días para salvarse de otro ataque. Mientras escuchó disparos y vió cadáveres, incluyendo el de su tío. "Tengo tantas pesadillas ahora. Tantas pesadillas" dice. 

Su madre volvió para salvarla. Pero más tarde murió tras el parto en el que nació su hermano Shukuru, ahora de cinco años. Su padre solía ser un luchador, ella dice. Una vez, él amenazó con matarla con un machete. Cuando Jeannette habla de él, ella se inclina y mete la cabeza entre sus piernas, el miedo es palpable en sus ojos. Finalmente logró escapar de la familia, envolvió a su hermano pequeño, se lo cargó a la espalda y caminó durante días hacia el Campo Mugunga en Goma. Actualmente es la mayor de una docena de niños en el Centro de INUKA, donde ayuda a cocinar el pescado y el arroz para el almuerzo y cuida de los niños durante las siestas.

Moise Munoka, de 7 años, que habla susurrando mientras relata la pérdida de su madre. Ella murió en 2013 después de sufrir varias violaciones y las enfermedades que padeció. 



Las violaciones en la R.D.Congo son constantes, en el Centro la Voz de los Niños en la ciudad de Goma, Moise y su hermana Agata son algunos de los 30 menores nacidos fruto de violaciones a mujeres congolesas. Aunque Moise nunca ha conocido a su propio padre, él sabe que él era probablemente un  guerrillero que violó a su madre. 

Cuando alguien le pregunta si le gustaría conocer a su padre algún día, Moise responde con un "no". Él es feliz tras haber dejado a trás la guerra en el pueblo de Massissi. " Es un lugar malo porque hay guerra, la gente se odia y les gusta matar, " dice él. " Hay gente siempre muerta, y la sangre", recuerda. 
Actualmente él y su hermana están a cargo de una mujer viuda Arlette Kabuo Malimewa, de 45 años y madre de otros tres niños y que también se ocupa de un bebé.  Agata duerme en la sala de estar, que tiene varios posters de Jesucristo. Moise tiene su propio espacio, donde sus dos bolsas de libros cuelgan de dos clavos en los tablones de madera. Malimewa vende sábanas para la cama y consigue unos 5 dólares a la semana. 

Fuente: AP

miércoles, 26 de octubre de 2016

Mueren 44 hipopótamos por ántrax en Zambia

El gobierno de Zambia confirmó este jueves un brote de ántrax que causó la muerte de 44 hipopótamos en el distrito de Chama, en la región oriental del país africano.

El ministro de Salud, Chitalu Chilufya, dijo que el brote de la enfermedad podría deberse a los bajos niveles de agua, e informó que el primer caso se registró el pasado 22 de septiembre. En una declaración ante el Parlamento, el funcionario detalló que se ha aconsejado a las personas en el distrito no comer carne de hipopótamo porque podría estar infectada de ántrax.


“Hemos enviado un equipo de emergencia multisectorial a Chama y estamos sensibilizando a las personas en el área para que no coman carne de hipopótamo”, dijo.

También se instaló un laboratorio móvil en el área y se proporcionaron suficientes equipos, añadió. Sin embargo, el ministro pidió a la población no caer en pánico dado que la enfermedad no ha afectado a humanos en la zona.

En 2010 murieron 30 hipopótamos por la misma causa en el Parque Nacional Queen Elizabeth, una reserva de la vida natural en el oeste de Uganda. Fue la segunda epidemia de la enfermedad; la primera se registró en 2004 y dejó un saldo mortal de 300 ejemplares de esa especie.

Fuente: Aristegui

lunes, 3 de octubre de 2016

Cinco leonas 'transexuales' en una reserva de Botsuana


Cinco leonas de la Reserva africana de Moremi, en Botsuana, a las que les ha crecido la melena, han empezado a mostrar comportamientos de leones macho, según ha publicado hace unos días 'New Science'. Incluso, según la publicación, hay una de ellas que ruge e intenta montar a las otras leonas hembras.
Los leones macho se distinguen claramente por su melena, que de hecho utilizan para atraer a las hembras, y rugen para proteger su territorio y/o llamar a los miembros de su manada. Las hembras, por su parte, carecen de melena (son pelonas) y no rugen.

Pero a veces, por causas que se desconocen, hay leonas a las que le crecen la melena e incluso muestran algún tipo de comportamiento de los machos. A pesar de ello, hasta la fecha no se había tenido conocimiento de un grupo tan nutrido de leonas que hayan tenido esas características; se sabía que existían, pero no demasiado cómo actuaban.

Fuente: El Periódico

jueves, 25 de agosto de 2016

Explotación y tráfico de niños en África: una realidad en Togo y Gabón


La explotación y el tráfico infantil siguen siendo un problema sin resolver pese a que, en países como Togo y Gabón, las autoridades han adoptado en los últimos años leyes para tratar de atajarlo que sin embargo apenas están teniendo cumplimiento.

Ante ello, la sensibilización es clave, indica a Europa Press la misionera Covadonga Orejas, que trabaja en proyectos en estos dos países. “El tema de la trata y el reconocimiento del problema en los países en los que me muevo es reciente. Solo a partir del año 2000 después de una serie de encuentros internacionales, los gobiernos aceptaron que había un problema, aprobaron leyes y acogieron propuestas para combatirlo”, explica.

“En países en los que la comunicación es difícil y la educación escasa, que exista una ley no quiere decir ni que la conozcan ni que la apliquen”, subraya esta misionera carmelita vedruna, que vive desde hace 12 años en el continente. Por ello, siguen siendo necesarios “esfuerzos para divulgar la legislación existente contra el tráfico y sensibilizar a gobierno y sociedad para que la protección a las víctimas sea real”.

“No todo el mundo entiende que si una menor es extranjera tiene los mismos derechos que un niño del país”, incide Orejas, que trabaja en proyectos en ambos países destinados a la “protección de los menores en dificultad”.

 En el caso de Togo, el Centro KEKELI gestionado por las hermanas carmelitas vedrunas, ayuda a niñas víctimas de abuso sexual y a aquellas que trabajan y son explotadas en el mercado. Muchas de estas niñas han abandonado sus pueblos para viajar a la ciudad en busca de un futuro mejor y para ayudar a sus familias.

La realidad con la que se encuentran es muy distinta: en muchos casos nadie les paga, sufren malos tratos y reciben una alimentación deficiente, además de no poder ir a la escuela, explica la misionera, que también trabaja con niñas víctimas de abusos sexuales.

Dentro de una federación de asociaciones que luchan contra el tráfico, RELUTET, el Centro KEKELI trabaja en la “sensibilización en colegios y barrios para educar a niños y adultos sobre lo esencial de la protección del menor” y para que conozcan las leyes y acuerdos internacionales sobre la materia.

“Desgraciadamente aún tenemos el testimonio de maestros que nos explican en los pueblos de Togo cómo al comienzo del año tienen la clase llena y cómo se van yendo los jóvenes hacia Nigeria y Gabón para buscar una salida a la miseria”, lamenta.

En Gabón, las misioneras gestionan dos centros, Arcoiris y Esperanza, en los que acogen a niños y niñas que son víctimas de la trata y de cualquier otro tipo de violencia, así como a niños de la calle. En este caso, según Orejas, “el riesgo de exclusión o de terminar en prisión son fuertes”.

Hasta estos centros, según la misionera española, han llegado incluso menores procedentes de Camerún y de Congo, lo que demuestra que “es un fenómeno internacional”. La dificultad para combatirlo está, además de en la corrupción que permite la aparición de estas redes internacionales, “en la miseria de los lugares de origen que obliga a los menores a luchar por la supervivencia”, resalta.

En algunos casos, esta lucha les lleva “hasta el punto de arriesgar su vida en pateras, ser drogados durante el viaje, maltratados al llegar a su destino, ‘cosificados’ pues se comercia con ellos y a recibir un tratamiento inhumano para someterles por la violencia y obligarles a producir al máximo”.

Como en Togo, el trabajo de sensibilización también es fundamental en Gabón, donde las misioneras trabajan en colegios y mercados para recuperar a los menores que están pasando por situaciones difíciles puesto que los servicios sociales del Estado no realizan el trabajo de barrios o de calle, lo que genera “mucha indefensión”.

Asimismo, participan en las reuniones del Gobierno en las que se discuten leyes que afectan a los menores y realizamos informes complementarios a los del Ejecutivo. Sin embargo, según reconoce, todavía hay “muchas asignaturas pendientes en Gabón en lo relativo al tráfico de personas”.

“En el año 2000 la sensibilización se hacía continuamente pero se ha ido dejando y la corrupción ha impedido que a pesar de la ley de 2004 hayamos visto una sola condena de una persona gabonesa por tráfico de personas”, lamenta la misionera.

Para la hermana Covadonga, lo más “impresionante” de su trabajo es “experimentar al lado de las jóvenes que padecen este crimen, el proceso que se da en ellas”. Según explica, “llegan abatidas, enfermas, humilladas, deprimidas y después de un tiempo vamos viendo cómo cambia su rostro, recuperan la fuerza, aprenden a leer y a escribir, se atreven a contar su historia”.

“Y así llegan a rehacer su proyecto de vida, con objetivos de formación a corto plazo, el ahorro a medio plazo y la idea de regresar y recomenzar en su país con el tiempo”, añade la religiosa, subrayando que “cada caso es único”. “Hay que permanecer cerca para que tengan al menos una oportunidad de no quedarse atrapadas en las redes de la explotación y el abuso”, remacha.

Manos Unidas ha financiado con más de 57.000 euros la construcción por parte de las carmelitas vedrunas del centro KEKELI, al que asisten desde diciembre de 2015 más de 700 niñas rescatadas de un mercado situado a las afueras de Lomé, la capital. Este proyecto también cuenta con el apoyo de la Diputación de Vitoria.

Asimismo, Manos Unidas ha respaldado con 38.800 euros el proyecto ‘Formación y prevención comunitaria contra el maltrato infantil’ llevado a cabo por las religiosas en Gabón desde 2013 gracias al cual 970 niños en situación de vulnerabilidad están recibiendo formación y sensibilización sobre las posibles situaciones de trata y abusos a los que pueden enfrentarse.

Fuente: Irispress

domingo, 21 de agosto de 2016

El 98 % de las mujeres y niñas en Somalia han sufrido ablación

El 98% de las mujeres y niñas han sufrido ablación en Somalia, la tasa más alta en todo el mundo, debido a que la extirpación genital femenina sigue siendo una práctica cultural "universal" en el país, alertó hoy Unicef.

En el informe "Análisis de la situación de los niños en Somalia 2016" presentado hoy en Mogadiscio, Unicef alerta de que este conflictivo país del Cuerno de África es uno de los menos seguros en el mundo para los menores, que solo durante año pasado sufrieron más de 2.000 violaciones graves. A pesar de los esfuerzos para frenar la ablación por parte de sanitarios, grupos civiles, clero y agencias de ayuda, esta práctica sigue siendo habitual y supone un importante riesgo para la salud de todas las jóvenes somalís, advierte el informe.


Además, los matrimonios infantiles siguen siendo una práctica habitual en Somalia, donde las autoridades y líderes religiosos no priorizan la protección de las chicas y cerca de la mitad de los matrimonios se producen con menores de 18 años, denuncia Unicef. Esto se debe, entre otros factores, a la pobreza sistemática, la escasa escolarización, los altos niveles de mortalidad y el largo conflicto armado que azota el país.

"El futuro de la mayoría de las niñas en Somalia puede ser desolador. Nuestras leyes les pueden dar derechos y garantizar la igualdad hasta cierto punto, pero en la práctica todos sabemos que sus derechos son violados con frecuencia", lamentó la ministra de la Mujer, Zahra Samatar, quien prometió que su Gobierno desarrollará un plan para ofrecer un futuro a mujeres y niñas.

Somalia también tiene una de las tasas de mortalidad infantil más altas del mundo, ya que uno de cada siete niños no llega a su quinto cumpleaños y más de 300.000 menores de cinco años sufren malnutrición aguda.


El informe también alerta de los bajos niveles de escolarización en el país, donde más de la mitad de los niños no acuden al colegio. "Los niños menores de 18 años suponen más de la mitad de la población y necesitan ser el centro de la agenda humanitaria y de desarrollo", aseguró el representante de Unicef en Somalia,

Steven Lauwerier. Junto a los niños, las mujeres somalís también afrontan problemas sanitarios graves: cada tres horas muere una mujer por complicaciones relacionadas con el embarazo, apunta el informe. Somalia vive en un estado de guerra civil y caos desde 1991, cuando fue derrocado el dictador Mohamed Siad Barré, lo que dejó al país sin un Gobierno efectivo y en manos de milicias islamistas, caudillos tribales y bandas de delincuentes armados.

Fuente: Antena 3

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