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martes, 19 de marzo de 2013

"Las mujeres en Sudán del Sur creen que el matrimonio conlleva maltrato"


La euforia de la independencia de Sudán del Sur en julio de 2012 ha dejado paso al desencanto. El nuevo Estado se enfrenta a enormes desafíos humanitarios con más de 3,3 millones de personas en necesidad de ayuda en un país con 8,26 millones de habitantes y donde el 51% de la población vive por debajo del umbral de la pobreza. "Una parte importante de la población sufre inseguridad, ausencia de acceso a servicios básicos y aumento de las desigualdades, en particular las mujeres", explica la investigadora austriaca Ingrid Kircher, autora del informe Género, medios de vida e inseguridad entre las comunidades agropastoralistas en los estados de Warrap y Lakes de Sudán del Sur.


De la mano de Intermón Oxfam, la organización no gubernamental que lleva trabajando más de treinta años en Sudán del Sur, Kircher llamó la atención, en una conferencia en el Instituto de Derechos Humanos Pedro Arrupe de la Universidad de Deusto, sobre la situación de la población afectada por un conflicto a menudo olvidado. "Si las ayudas al desarrollo se reducen drásticamente, muchos de los proyectos en marcha se detendrán", dice preocupada.

Los conflictos armados agudizan la violencia de género convirtiendo a las mujeres y niños en víctimas propiciatorias de todos los males del país. ¿También ocurre lo mismo en Sudán del Sur?

Sí. Además es un país nuevo y la situación es muy difícil. Después de décadas de guerra tienen que reconstruirlo entero. Desde Intermón Oxfam trabajamos en comunidades muy aisladas y extremadamente tradicionales. En muchos de los pueblos donde tenemos los proyectos no disponen de infraestructuras y en la estación de lluvias no se puede acceder a ellos. En todo el país hay menos de cien kilómetros de carretera asfaltada y esto supone un gran problema. Los derechos de las mujeres también se ven vulnerados sistemáticamente. No pueden tener casi propiedades y la distribución del trabajo es enormemente desigual. Las mujeres siempre se quejan de que todo el trabajo recae en ellas. Los hombres solo les ayudan algo en los cultivos.

El país ha logrado su anhelo de independencia. Hay mucha voluntad entre la gente para salir adelante. Además, un gran número de jóvenes están dispuestos a trabajar; mucha gente ha vuelto para sacar adelante a su país. Por otro lado, como había grandes expectativas, la población ha perdido gran parte de la ilusión. Un año y medio después de lograr la independencia se sienten decepcionados con el Gobierno; tienen la impresión de que no disfrutan de los beneficios logrados, sobre todo, en las comunidades lejanas a la capital donde casi no tienen infraestructuras. En determinadas zonas, las mujeres deben caminar tres y cuatro horas para llegar al centro de salud y casi una de cada siete muere en el parto. La población observa también una falta de presencia de las autoridades y la inseguridad continúa, ya que hay bastantes conflictos entre diferentes grupos de etnias. Y las mujeres y las niñas son las que más los sufren. La gente se queja también de la corrupción y de que el enfoque del Gobierno no está dirigido hacia los servicios básicos, sino hacia los militares, que se llevan el 40% del presupuesto.

Población rural
El 80% de la población vive en zonas rurales. En las ciudades y en la capital hay más servicios, pero en los pueblos es más complicado también para las mujeres donde la igualdad no existe. Pero hay una luz que se está dejando ver. Y es que la actual legislación de Sudán del Sur habla de los derechos de las mujeres. En la práctica, la igualdad no se da; las niñas siguen siendo forzadas a contraer matrimonios concertados. Sin embargo, se están dando algunos pasos para que esto deje de ser así.

Las mujeres empiezan a asociarse. Cada vez hay más organizaciones que luchan por sus derechos. Se dan casos de niñas que logran quedarse en la escuela en lugar de casarse. Para ello necesitan educación. Y es que la tasa escolar es baja. Menos de la mitad de los niños de 6 y más años están en la escuela. En las niñas la situación se agrava; se las saca antes de que acaben los estudios para casarlas. Pero ya empieza a haber resistencia y esto es un buen ejemplo para las demás.


Desde Intermón Oxfam apoyan a los grupos de mujeres que luchan por los cambios. Pero los cambios no ocurren de un día para otro. Son tradiciones muy arraigadas en un país devastado por la guerra. Las culturas tradicionales están muy enraizadas en la población. La violencia de género entra dentro de estas costumbres. La familia del novio, cuando negocia un matrimonio, debe pagar a la de la novia varias vacas, que son distribuidas entre los hermanos de ella, que dependen de ellas para poder casarse. Por ello, muchos hombres piensan que las mujeres son de su propiedad. Creen que tienen derecho a pegar a sus mujeres porque han pagado por ellas. Y las mujeres, aunque la situación va cambiando, están resignadas a la violencia que ejercen sobre ellas. Piensan que el maltrato forma parte del matrimonio. En Intermón Oxfam trabajamos con las mujeres para darles alternativas.

Pequeños proyectos agrícolas, microfinanzas y, poco a poco, fortalecerles para que ellas tengan algo para subsistir. El apoyo a las mujeres es el más efectivo aunque tenemos que involucrar a los hombres. Los grupos de mujeres nos lo decían: hay que buscar argumentos acordes con la cultura, porque los líderes tradicionales, aunque su influencia va bajando, todavía persisten. Hay que trabajar con ellos para apoyar a las mujeres que quieren cambiar la situación. Es un proceso a largo plazo. Además hay que escuchar sus propuestas. Desde el norte no podemos ir a imponer nada.

Fuente: Deia


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