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miércoles, 29 de junio de 2016

Los Abayudaya, judíos de Uganda

1917. Mientras en Rusia asesinan al zar y su familia, en Uganda un general del ejército, Simi Kakungulu, dirige una secta de carácter judeo-cristiano, resultado de las luchas políticas entre la administración británica y las tribus africanas convertidas al cristianismo. Dos años después ordenó a sus feligreses cumplir los Mandamientos de la Ley de Moisés, circuncidó a sus hijos y les llamó Yuda, Israel, Nimrod, Abraham, Jonás y Miriam. Los británicos, entonces, le dieron la espalda.


Kakungulu estableció una comunidad, la Kibina Kya Bayudaya Absesiga Katonda (la “Comunidad de Judios que confían en el Señor”). Con el tiempo, sus seguidores fueron conocidos como la Abayudaya. Y empezaron a guardar la kashrut en la medida de lo posible– esto incluye no comer carne de cerdo y sólo comer animales que habían sacrificado por sí mismos, así como la separación de la leche y la carne. También empezaron a observar el sábado como día de reposo. Kakungulu, sin embargo, permitió la poligamia masculina, citando que el patriarca Abraham lo hizo.

Gran parte del conocimiento de la comunidad sobre el judaísmo vino de un viajero, judío y comerciante, llamado José, que visitó la comunidad en 1920. Joseph, se dice, procedía de Europa y les enseñó acerca de las fiestas judías y el calendario judío. Por medio de José, el Abayudaya eliminó cualquier oración cristiana, dejó de leer el Nuevo Testamento y comenzó a usar kipá para cubrir la cabeza. Joseph se quedó con los Abayudaya durante unos seis meses.

Simi Kakungulu murió en 1928 a causa del tétanos, después sus seguidores divididos en dos grupos, uno que volvió al cristianismo y otra que fortalece su práctica judía, resistiendo al incalificable y sangriento dictador ugandés Idi Amín, que prohibió las prácticas judías. Conocieron entonces el cripto-judaísmo.

La comunidad, que está formada por unos mil miembros, tiene ahora su propio Libro de la Torá y un rabino conservador, Gersón Sizomu, que fue ordenado en la Escuela Ziegler de Estudios Rabínicos en la Universidad de Judaísmo (ahora llamado el American Jewish University) en Los Ángeles, en el año 2008.

Sizomu, un hombre de 39 años, es cuarta Generación Abayudaya. Se crió en la localidad de Nangolo, una pequeña comunidad a unas cinco millas de Nabugoye. Su abuelo y su padre ya fueron los líderes espirituales de la comunidad en su tiempo…Dice que unos 400 Abayudaya se han convertido bajo los auspicios del movimiento conservador y que otros 130 están realizando la conversión ortodoxa, pues esperan inmigrar a Israel una vez cumplimentada.

Hoy en día, la mayor parte de la comunidad vive alrededor de la sinagoga Moisés en Nabugoye, colina fuera de Mbale o la sinagoga cercana en el pueblo de Namanyoyi. Otros viven a varias millas de distancia de Mbale en Nasenyi y Putti. Una quinta sinagoga está en el pueblo de Magada.

La comunidad judía de Uganda, además, cuenta con dos escuelas judías (tanto de primaria como de secundaria), una clínica médica, una casa de huéspedes y hasta una “yeshiva”. Todo financiado por el Movimiento Conservador.

Fuente: CCIU

miércoles, 22 de junio de 2016

Paisajes de Gabón en la película "La Leyenda de Tarzán"

En los días previos al estreno de la película "La Leyenda de Tarzán", Warner Bros. Pictures, Village Roadshow Pictures junto a los realizadores y protagonistas de la película, se han unido con la ONG internacional "Stop Ivory", para afrontar uno de los retos más conservacionistas de nuestro mundo, como es la lucha para proteger los elefantes de los bosques raros de África y salvarlos de la extinción mundial.

Los paisajes africanos que ocupan un lugar destacado en la película fueron capturados en el extraordinario país de Gabón, donde el conservacionista y documentalista Inglés Josh Ponte ha pasado los últimos 15 años trabajando para preservar la fauna del mencionado país. Ponte, quien se desempeñó como asesor técnico Africano en la película, ha centrado sus esfuerzos para detener la matanza ilegal de los elefantes del bosque raro que llaman "casa Gabón". En los últimos 30 años, la caza furtiva de marfil ha reducido la población mundial de elefantes del bosque en dos terceras partes y la mitad de estos están libres en el bosque de Gabón. Sin la acción, incluso éstos podrían desaparecer en una década.

Ahora, el elenco, los directores y las personas detrás de cámaras de la película "La Leyenda de Tarzán" han uniendo fuerzas en conjunto con Stop Ivory, apoyados por la Elephant Protection Initiative, para ayudar a salvar a este animal en peligro de extinción. La alianza se forjó enfocada en la creación de formas de entretenimiento, tanto informativos como significativos para estimular a la comunidad global a unirse al esfuerzo para poner fin a la caza furtiva de elefantes sobrevivientes del bosque de Gabón, al tiempo que se refuerza los temas centrales de la película con profundas conexiones de la humanidad con la fauna y la naturaleza.

La campaña comenzó con un anuncio de servicio público (PSA) para la Iniciativa de Protección de elefante, realizado por la estrella de la película Alexander Skarsgård, que aparece en las pantallas de los cines de los Estados Unidos como parte de su programa "Stars of Hope". 


En Twitter, Warner Bros y Stop Ivory la parada de Marfil están participando en una campaña "ReTweet for Good", haciendo una donación a la organización de los retweets de Stop Ivory PSAs, en los horarios establecidos. Los detalles estarán disponibles en Twitter y en la página web de la organización.

Además, el estudio ha creado un especial titulado "Desde Gabón a la gran pantalla", que narra el viaje del director David Yates con Ponte para capturar los paisajes de Gabón para la película. Esto traerá a los espectadores facetas hermosas cara a cara con los bellos animales que han unido sus fuerzas para salvar. Esta pieza de video se abrirá hasta las exuberantes selvas de Gabón y resalta los elefantes del bosque que juegan papel integral en la cadena ecológica de la región.

Por último, un número limitado de los aficionados al cine que ven la película en los mercados internacionales recibirá un elefante de peluche especial, lo que significa una donación adicional ha sido hecha por Warner Bros para la campaña Stop Ivory.

Fuente: Leyenda Digital

sábado, 11 de junio de 2016

Rastafaris: amantes de la paz y la naturaleza



En Port-Bouët, un barrio de Abiyán, la capital económica de Costa de Marfil, vive una gran comunidad de rastafaris. Su religión, el rastafarianismo, nació en los años 30 y se presenta como una evolución del cristianismo.

Los rastafaris de Costa de Marfil, muy devotos, viven en la orilla del mar, en la sombra que les proporcionan los cocoteros, y sus únicos ingresos provienen de sus actividades artesanales y musicales. Profesan la paz y la convivencia entre los pueblos, un escenario al que sólo se puede llegar si se siguen los preceptos dictados por Hailé Selassié I, el emperador de Etiopía que consideran como la segunda encarnación de Jesucristo, informa Notimex.

El nombre rastafarianismo proviene de Ras (rei) Tafari Makonnen Woldemikael, el emperador que en 1930 ascendió al trono de Etiopía bajo el nombre de Hailé Selassié I con una larga lista de títulos, incluyendo Rey de Reyes, León Conquistador de la Tribu de Judá, Luz del Mundo y Elegido de Dios. Después de su coronación, muchos vieron en él a Jesucristo en una segunda venida a la Tierra.

Nacido en Etiopía, el rastafarianismo se ha establecido gracias al movimiento etiopista, extendido entre la diáspora africana en el territorio de Estados Unidos y de Jamaica a principios del siglo XX, que veía a Etiopía como un símbolo de la resistencia a la opresión y el racismo de todo el continente africano.
Los etiopistas, guiados por Marcus Garvey -un sindicalista y escritor jamaicano que se había mudado a los Estados Unidos-, predicaban la llegada de un Mesías que redimiría a la atormentada Etiopía. En 1930, asistiendo a su toma de posesión como emperador, vieron en Hailé Selassié I al largamente esperado salvador y a un supuesto descendiente directo de la tribu de Judá.
Reconocen como válido el principio de milenarismo, es decir, la idea de que Cristo debe establecer un reino terrenal antes del fin del mundo y del Juicio Final, de acuerdo con los dictados del apóstol Juan: Hailé Selassié I vendría a la Tierra para realizar esta profecía.

Los rastafaris hacen un llamamiento a los africanos deportados, que deben rendir honor a sus orígenes: la idea de la repatriación, que es importante para Hailé Selassié hasta el punto de poner a disposición de quien quiera regresar a África un extenso terreno en Etiopía, se convierte en un punto esencial de la doctrina rastafari.

A lo largo de las décadas el rastafarianismo ha conseguido una difusión modesta. No hay estimaciones oficiales, pero una de las organizaciones rastafaris más importantes, la del Reino Unido, habla de unos 15 millones de fieles en todo el mundo. Con la excepción de Jamaica, donde reside la comunidad rastafari más grande, los estados africanos son los que albergan el mayor número de creyentes.

'Nuestra comunidad tiene una historia bastante reciente. En el barrio de Port-Bouët estamos presentes desde hace quince años. Al principio no vivíamos en comunidad. Antes nuestro pueblo estaba a un centenar de metros de aquí, pero en 2012, al final de la guerra civil de Costa de Marfil, unos señores ricos pagaron a unos delincuentes para que quemaran el pueblo y nos alejásemos", explica Salomón, encargado de prensa de la Asociación Rastafari de Artistas de Costa de Marfil (Araaci).

'Estaban interesados en el terreno en el que nos habíamos establecido. La policía no hizo nada, por lo que nos vimos obligados a desplazarnos unos metros más allá. Al final no hay nada en esos terrenos, hoy sólo quedan escombros. Ese fue el único contraste, si podemos llamarlo así, con la sociedad marfileña. Los rasta (abreviatura de rastafaris) sólo queremos vivir en paz, nos llevamos bien con todo el mundo y no molestamos a nadie', enfatiza.

La comunidad rastafari de Port-Bouët cuenta con unos 800 miembros, pero los 'rastas de verdad', asegura Salomón, son sólo unos 50. Los más devotos viven en unas coloridas cabañas de madera que están aisladas, mientras que la mayoría ocupan las habitaciones de tres edificios abandonados.

También es de madera la pequeña iglesia que hay en construcción, dirigida por un anciano sacerdote que se hace llamar JA y que habla, al ritmo de una cantinela hecha de susurros, una lengua hecha de palabras inglesas, francesas y criollas. En todas las paredes del pueblo rasta están dibujadas las caras de Hailé Selassié I, de Marcus Garvey y de Félix Houphouët-Boigny, el primer presidente de Costa de Marfil.

Los rastafaris, por lo general personas muy pobres, sobreviven gracias a las ganancias que les proporciona la venta de sus productos artesanales. Prince Ambassada es, en opinión de sus hermanos, el mejor artesano de la comunidad.

'Me gusta decir que me ocupo de los aspectos culturales de nuestra asociación, que se traducen en productos como sandalias, collares, pomadas y champús naturales. También vendemos prendas de ropa, todas hechas por nosotros. No disponemos de maquinaria moderna, todo lo que hacemos con lo poco que tenemos. Y lo hacemos para promover la cultura', afirma.
Recomiendan hacer actividad física y rechazan las drogas, a excepción de la marihuana utilizada con fines meditativos para llegar más fácilmente a la contemplación de Dios. Los más conservadores también cuestionan la medicina moderna, porque no es natural.

Dentro del pueblo hay una pequeña tienda con las paredes azules. Su gestor, Bonu Bunton, explica las directrices de la alimentación rastafari: 'Practicamos la cocina Ital, una palabra rastafari que deriva de ‘vital', que significa que el que habla está en unión con toda la naturaleza'.

'Se trata de una cocina vegetariana, donde la comida debe ser lo más natural posible, sin aditivos. Para nosotros incluso el alcohol está prohibido, ya que puede conducir a la degeneración del género humano. Comemos sano y, por tanto, estamos llenos de fuerza', agrega.

La música nyabinghi es la forma más antigua de música de los rastafaris e incluye percusión, cantos y bailes. Se toca durante las ceremonias religiosas. Natural Man es un joven sacerdote rasta que se ha convertido en uno de los líderes de la comunidad gracias a su fe.

Tiene una voz profunda y cavernosa que contrasta con su delgado físico: 'Al menos una vez al día los hermanos y yo celebramos a Jah (Dios) al ritmo nyabinghi que tocamos nosotros mismos. Cantamos todos juntos la alegría del mundo, el mayor regalo que nos ha hecho Jah. Las letras de estas canciones son oraciones de la Biblia y del libro sagrado para los rastafaris y la Iglesia ortodoxa de Etiopía, el Kebra Nagast. Yo recito los versos y mis hermanos me siguen haciendo un coro. La magnificencia de Jah se grita a todo pulmón'.

La música reggae, que nació varios años después que el rastafarianismo, fue, sin duda, el medio por el que esta religión se extendió por todo el mundo. El reggae destacó al principio de los años 70 gracias a artistas de renombre internacional como Bob Marley, cuyas canciones se escuchan día y noche a todo volumen dentro de la comunidad.

Araaci tiene su propia compañía de producción discográfica, la Faya Love Studio, en el interior de una polvorienta y oscura cabaña pintada de rosa. La dirige Negosso Sisco, que cuenta con una larga carrera como DJ: 'Hace años en nuestro antiguo pueblo tenían lugar festivales de música reggae. En nuestro escenario han actuado artistas de renombre internacional como Alpha Blondy, Tiken Jah Fakoly, Ijahman Levi e Ismael Issaac'.

'Por aquel entonces la Faya Love Studio tenía un mejor equipo, pero hoy tenemos que arreglárnoslas con lo que tenemos. Es todo mucho más difícil, pero tratamos de colocar en el mercado las canciones de los artistas de la asociación. Sin embargo, llevamos a cabo nuestra misión, liberar a África de las cadenas difundiendo el mensaje de paz de Hailé Selassié I a través del arte y la cultura', dice contundente.

Fuente: Sipse.com

martes, 7 de junio de 2016

La vida y la muerte en una clínica spiquiátrica de Kenia

Makuyu es "un pueblo de putas y drogadictos" en Kenia, una aldea hostil a la que la periodista María Ferreira llegó hace cinco años para colaborar con una clínica psiquiátrica y en la que ha conocido historias nada bonitas que ha recopilado en el libro "Tierra de brujas".

"He contado el Makuyu feo", relata Ferreira, que explica que ha plasmado en el texto (Editorial Viajes al pasado) las historias que la descolocaron, la sacaron "de golpe" de su "zona de confort" y la mataron "el pavo de un plumazo".

Es la descripción de un pueblo hostil, sumido en las drogas, el alcohol y la brujería, donde la muerte es un habitante más. Historias como la de un bebé que murió en sus brazos deshidratado y su cadáver acabó en la nevera con las cervezas que se iba a beber después, o la de la bruja que la maldijo (dos veces) porque intentó convencerla de que su nieto de diez años tenía que ir al colegio en vez de fumar y beber.

"Los personajes de mi libro pasan por experiencias tremendas, pero no son víctimas; manejan momentos tremendos con una naturalidad que puede confundirse con crueldad", afirma esta periodista y escritora, que sigue diciendo: "Soy yo la que sufro y soy yo la que categorizo la situación".

Cada capítulo cuenta una historia, una vivencia suya que habla de un mundo muy diferente al que conocemos, pero la autora afirma que entre cada capítulo hay "una cantidad de noches de charlas con amigos, atardeceres bonitos, lecturas interesantes y conversaciones" que le hacían "enamorarse una y otra vez" de la experiencia.

De hecho, insiste en que lleva una vida normal: "Acabo de cenar en mi hogar adoptivo, la casa de los Khan, en medio de Nairobi. Hemos preparado la cena juntos, mientras hablaba con mi amiga Aisha sobre la serie "Girls" y con Nabil de pacientes. Y Makuyu está ahí fuera, con sus cosas tremendas, y es Kenia. Pero esto, mis cenas, son Kenia también".

Aunque nadie le pidió ayuda, llegó con "veinti pocos años" con la intención de "ayudar", una excusa que se puso a sí misma porque no fue "lo suficientemente valiente" para decir "señores, quiero ser exploradora. Adiós".

Dice en el libro que Kenia es "un país que mata, pero mientras mueres te distraes siendo libre".

"No es un país pobre en absoluto, es un país injusto", recalca Ferreira, quien argumenta que tiene unos "niveles de corrupción inaceptables" y que algunos miembros del gobierno "manipulan la pobreza como un medio para conseguir ayudas económicas internacionales".

En este sentido, explica en el texto que en la clínica en la que trabaja abundan los pacientes a los que les "han llenado la mente de medicinas que les han enfermado" porque "algún día dijeron que no creían en Dios, que el Gobierno era una mierda o que se cagaron en la madre de los blancos que vivíamos en su país y disfrutábamos de privilegios que ellos jamás tendrían".

En el Makuyu del libro, ella es una extraña a la que llaman "mzungu" (blanca).

Cuenta que se ha encontrado con gente que le acoge primero para exigirle ayuda después, pero también con "personas importantísimas" como Ndung'u, el médico de la clínica.

"Tierra de brujas" es más que las historias de Kenia, partos peligrosos, prostitutas o ablaciones; es también la historia de María y su maduración "a la fuerza".

"Mamá no sabe que soy anoréxica en un país en el que los niños se mueren de hambre", confiesa en el libro; "les he visto morir de hambre. Y yo escupo la comida en servilletas, no trago, no trago para ser bonita".

Son dos mundos que se oponen y se confrontan, y que nacen de los prejuicios que se tienen de lo desconocido y de la imagen distorsionada de África.

"El problema viene cuando asumes esa imagen distorsionada como una verdad, y no como un desconocimiento natural", explica la escritora. 

Fuente EFE
Texto: Irene Escudero

viernes, 3 de junio de 2016

Cuatro de cada diez niños angoleños están casados o viviendo en pareja

Cuatro en cada diez niños de los 12 a 17 años de edad en Angola se encuentran casados o viviendo maritalmente, informó hoy, viernes, en Luanda, la Ministra de la Familia y Promoción de la Mujer, Filomena Delgado.

La advertencia fue hecha durante su discurso de apertura de la mesa redonda realizada por el Ministerio de Educación (MED) bajo el lema ”Educación sexual abarcadora y salud reproductiva para adolescentes y jóvenes".

Según la Ministra, las muchachas comienzan a relacionarse más temprano que los varones, y un tercio de ellas, de los 12 a los 14 años viven con un conyugue 10 años más viejo.

Adelantó que las niñas de las zonas rurales principalmente de las provincias de Lunda Sur, Moxico, Huambo, Bie y Malanje son las más vulnerables a los riesgos y consecuencias de los casamientos y embarazos precoces.

Con eso, realzó, las muchachas con nivel de escolaridad más bajo tienen mayor probabilidades de casarse temprano, y fue demostrado que el casamiento precoz resulta siempre en el abandono escolar.

De acuerdo con las Naciones Unidas, el casamiento y los embarazos precoces privan a las jóvenes de la vivencia de su infancia, perturba su proceso educativo, restringen sus oportunidades, aumentan los riesgos de sufrir actos de violencia y abusos sexuales y ponen en riesgo su salud.

Fuente: ANGOP

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